Centro Martin Luther King

De Cuaresma a Semana Santa: Camino del bien, camino de vida

Es tiempo de detenerse, repasar cada momento, preparar el espíritu, re-descubrir el camino…

Cuarenta días estuvo el pueblo de Israel en el desierto: constituyéndose como nación, reconociéndose pueblo escogido, enfrentando sus propios conflictos, creciendo frente a las amenazas, a los peligros internos y externos.

Cuarenta días se mantuvo Jesús en el desierto: alejado de todo, encontrándose consigo mismo. Espantó las miserias que lo apartaban del gran ministerio para el cual había sido escogido, recobró fuerzas, buscó la sabiduría de Dios, enfrentó el Mal que venía en forma de tentación, de desaliento, de indefinición.

Cada año esta es la invitación de Cuaresma: atravesar nuestro propio desierto, enfrentar nuestros miedos, tentaciones, descubrir nuevas fuerzas internas, redirigir nuestros pasos al Camino del Bien. Solo así podremos vivir día a día la Semana Mayor, la Semana Santa.

Hoy el Mal, se presenta de diferentes maneras, con diversos rostros y la vida cotidiana hace que nos descuidemos, que lo normalicemos. La tentación de aceptar o callar frente a lo injusto, de olvidar la responsabilidad que tenemos con el otro/a que está más allá de nuestra familia y nuestros amigos, la indiferencia con que destruimos el planeta, la conformidad con que aceptamos ser infelices, la negación de la existencia del Bien, del Amor, la superficialidad con que valoramos la Vida, la incapacidad de servir, de ofrecer, nos obliga a ir una y otra vez al camino del desierto. Aun cuando no estamos dispuestas y dispuestos a atravesarlo.

Ese es el Camino que durante cuarenta días Dios nos da la oportunidad de desandar: sin juicios, sin cuestionamientos, sin exigir holocaustos, solo con la promesa de caminar junto a nosotras y nosotros cada segundo. Cuaresma es el camino difícil, pero necesario si en verdad queremos resucitar con Jesús. Cada Día Santo dependerá de la fuerza que recobremos desde nuestro propio desierto.

Atravesaremos estos días de Semana Santa:

- El jueves, nos comprometeremos con el servicio, denunciaremos las exclusiones, las discriminaciones y ofreceremos un lugar en nuestra mesa a aquellos que la sociedad ignora, aparta, rechaza.

- El viernes bajo la cruz confesaremos nuestros pecados, nuestros males interiores, nuestras miserias. Nos arrepentiremos por herir, ofender, ser egoístas, prepotentes, crucificar a quienes aun haciendo el bien no entendemos, no amamos, ignoramos o no hacemos parte.

- El sábado, si la honestidad ha guiado cada paso, meditaremos, recobraremos fuerzas, prepararemos nuestro espíritu, dejaremos atrás lo que nos paraliza, nos desvía, nos oprime y esperaremos con esperanza el día después.

Solo entonces, el domingo, con la salida del sol, entenderemos que es posible resucitar, volver a la Vida, recomenzar, renacer, caminar junto a Jesús sintiendo la necesidad de hacer de nuestras vidas, nuestro país, nuestro mundo un lugar mejor.

Desandemos el Camino del Bien, el Camino de Vida, desde Cuaresma hasta Resurrección. Solo tengamos en cuenta que todo empieza dentro de nosotros mismos.

Última modificación: 12 de abril de 2017 a las 13:34
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