Centro Martin Luther King

Miedo a las palabras

Hay palabras que nos paralizan, otras que nos sacuden. También sabemos de palabras que duelen… y de las prohibidas. Pero hay otras palabras de las que desconocemos el significado, y sin embargo le colocamos una carga peyorativa tan grande que nunca más queremos acercarnos a ella, ni escuchar hablar de ella, y mucho menos que alguien intente convencernos de que son nuestros prejuicios los que han revestido esa palabra.
Una de esas palabras “innombrables u ofensivas” es Ecumenismo. No quiero listar todo lo que se dice del ecumenismo, solo buscar un poco en su origen. Ecumenismo proviene de la palabra griega oikoumene, que significa “casa común” o “mundo habitado”. Es una casa muy amplia que da amparo a diversidad de culturas, lenguas y expresiones de fe.
Oikoumene, desde la perspectiva neotestamentaria debe entenderse como un proceso donde el ser humano, ante el llamado de Dios es colaborador de una nueva casa de todos y todas. El encuentro de Jesús con la sirofenicia en Mc. 7, 24-30 es un ejemplo de diálogo ecuménico. Jesús andaba fuera de Galilea, específicamente en la región de Tiro, intentando pasar desapercibido, cosa que ya para aquel entonces era imposible, porque sus hechos y enseñanzas generaban muchas expectativas en los lugares donde se presentaba. Y allí llegó una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu inmundo y se postró ante sus pies para pedirle que expulsara de su hija el demonio.
Llegó con urgencia, con el corazón exaltado por la posibilidad de que su hija se restableciera. No se intimidó ante el popular extranjero, ni se dejó llevar por las buenas costumbres. Salió al espacio público para interpelar a este hombre, para insistirle que hiciera algo por su hija. Pagaba el precio de estar frente a todos, a los pies de él, humillada. Humillada por varias razones: por la condición de ser mujer, por ser griega de religión y sirofenicia de raza y nacionalidad. Y además por estar experimentando el sufrimiento de su hijita.
Jesús desestima toda impureza con la que podía estar asociada esta mujer y escucha su petición. Pero sus palabras parecen negarle el milagro. ¿Qué ha pasado? No se negó a la petición del centurión que vino a pedirle que sanara a su criado. Al centurión le dijo: Yo iré y le sanaré (Mt 8,5). Pero a esta mujer le dice: Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.
¿Qué hay de diferente en la manera en que Jesús se proyecta en esta situación? ¿Acaso alguna vez demoró para actuar en favor de alguien? ¿A quién llamó perrito? ¿Por qué esa distinción entre hijos y perritos, no es su misión para todos?
Estas han sido algunas de las interrogantes que ha generado el texto a lo largo de la historia de la iglesia. Este relato ha servido de pretexto para justificar la supremacía de Israel. Otros lo usan para argumentar una visión sectarista y exclusivista del evangelio, haciendo que pierda la iglesia su preocupación evangelística, misionera y social. Hay quienes solo ven a Jesús, en este texto, como un representante fiel de su cultura al tratar a los gentiles como perros, expresión cotidiana y de desprecio hacia todas las naciones fuera de Israel. Y leen también el desprecio en sus palabras. Acorde con esta interpretación muchas iglesias defienden su lugar como hijos de Dios, y se atribuyen el derecho de llamar a los demás de impíos, mundanos o cualquier otra expresión que los desvalore.
El texto, sin embargo también tiene lecturas positivas sobre las que quiero enfatizar. El simple hecho de que Marcos coloque a Jesús en un país pagano no es un suceso ingenuo. Marcos reivindica aquí la autenticidad de la misión a los paganos, demuestra cómo, mientras que el espacio judío se cierra a la predicación de Jesús, el mismo Jesús abre otro espacio, fuera de las fronteras del judaísmo.
Prestemos atención ahora a los principales actores de esta historia, Jesús y la mujer, pensando en el diálogo que sostienen, los espacios que comparten, y la resolución. Porque aunque el relato es una historia de milagro, el eje central no es el milagro, sino la actitud de Jesús hacia la mujer.
El recurso que utiliza Jesús cuando dice: Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos. Es una analogía, un modo de comunicarse a través de la comparación, un recurso muy empleado en las parábolas. Jesús está utilizando la comparación y no una expresión peyorativa. El otro detalle lingüístico interesante es que no utiliza la palabra perros, como el resto de los judíos, para suavizar la expresión prefiere decir perritos o cachorro doméstico.
La mujer es coprotagonista de la historia. Su insistencia expresa una fe implícita. No permanece callada cuando le postergan su petición y se convierte en portavoz de todos los marginados. Se atreve a rebatir el argumento de Jesús: Sí Señor, otra vez se humilla, pero con toda su pasión argumenta: Pero también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños. Se coloca junto a su niña, debajo de la mesa. Permanece a la espera, bajo la mesa. Quizás ya está acostumbrada a ser invisibilizada. Es una migaja lo que pide, una migaja a la que no va a renunciar.
Jesús no se defiende ni se aleja de ella. Se deja vencer por el argumento de la mujer. Se vuelve vulnerable. Y acepta que “se comparta el pan de los hijos”. Le contestó: Por eso que acabas de decir, puedes irte; el demonio ha salido de tu hija. El evangelista Marcos le da valor a las palabras de la mujer mientras Mateo prefiere elogiar la fe (Mt 15,28). Es su palabra la principal virtud, la razón por la que ocurre el milagro.
La mayoría de los textos de los evangelios, cuando Jesús hace algo que puede llamar la atención, se aclara que Jesús sabía que lo estaban probando. O aclaran que Jesús sabía lo que había de ocurrir, o que había dicho algo para probar a los demás. No hay ninguna aclaración de este tipo en la perícopa que nos ocupa. Se presenta a Jesús en toda su humanidad, es capaz de aprender, de cambiar sus decisiones cuando hay mejores argumentos. A Jesús lo aceptamos tierno cuando se relaciona con los niños, perdonador, amigo de los pobres y enfermos, pero no concebimos a un Jesús que rectifica, que dialoga. Este Jesús debe ser rescatado por la iglesia que practica el ecumenismo, e inspirarnos al diálogo, a hacer los cambios pertinentes, y también a mirar debajo, por si alguien espera.
Este relato nos ilumina desde varias direcciones:
Como mujeres, a ser libres de expresarnos, de reclamar nuestros derechos, de romper la humillación del silencio. De sentirnos lo suficientemente libres como para expresar nuestras ideas y sueños.
Como familias, en la persona de la mujer nos anima a interceder por el milagro de la liberación de nuestros seres queridos, nos invita a no quedarnos callados, a acercar a Dios, que siempre nos escucha.
Como iglesia, nos invita a repensar en la misión de Dios, que no es hacia dentro, hacia los de nuestra raza y nuestra cultura. La misión de Dios es de puertas afuera, de ventanas abiertas. De una mesa donde el pan se comparte, donde hay pan para todos, porque el Reino no es propiedad privada.
Como creyentes, también es una invitación a repensar en nuestra actitud hacia los otros. A pedir perdón por todas aquellas veces en que menospreciamos a los demás, o no los creemos dignos de merecer nuestra atención, o cuando actuamos sin misericordia, o ignoramos al diferente.
Y quiero compartir un comentario de Ricardo Foulkes sobre este pasaje: “Nos gusta pensar que Jesucristo está sentado “con nosotros”, alrededor de nuestra particular mesa eclesiástica. Busquémosle mejor debajo de la mesa, partiendo el pan con los que tantas veces hemos olvidado o despreciado. Jesús se hace vulnerable, identificándose con la condición de los que sufren rechazo y pobreza de cuerpo y espíritu. Nuestro amado Señor nos invita a acompañarle; que seamos vulnerables con él. Nos insta a dejar nuestras mesas de privilegio para que todos juntos podamos comer del Pan de Vida en el suelo, alrededor de una mesa de patas muy cortas, donde nadie quepa debajo.”

Última modificación: 8 de marzo de 2017 a las 10:44
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