Centro Martin Luther King

Una invitación a la lectura de “Una aventura hecha palabras”

Los textos hablan de sus autores y de su tiempo. A través de un texto nos acercamos a la personalidad y el pensamiento de quien lo escribe pero ese texto es también una ventana al mundo en el cual vive –o vivió- su autor. De este modo, un texto siempre es un testimonio de la persona y su entorno histórico. Pero ahí no termina la experiencia de la lectura de un texto, del adentramiento en el mundo íntimo y circundante de quien escribe. En la lectura también se produce un diálogo entre el autor y el lector. Cuando leemos también nos colocamos bajo la mirada de la persona que dejó allí escrito su testimonio, interactuamos con su vida y su contexto desde nuestra vida y nuestro contexto. Finalmente, esa interacción no solo nos puede ayudar a reflexionar en los temas expuestos; debe también movilizarnos hacia el cambio, dejando que el texto nos interpele y haga siempre nueva su vigencia.
Bajo esta premisa, quisiera invitar a la lectura de esta compilación de textos-testimonio que constituyen parte del legado del Maestro Castellanos. Sus palabras –que también son gestos, acción, compromiso- hablan de la vida de René y, a la vez, de la vida del país, de la iglesia donde militó, del mundo que conoció y con el que supo solidarizarse en su fibra más humana; del itinerario ecuménico del cual también fue parte, mentor y protagonista. Todos estos escenarios dan fe elocuente de la luz aventurera, quijotesca, profética, de René, convirtiéndolo en uno de los espíritus más inquietos e inquietantes de la historia reciente del cristianismo cubano. Sus textos no son mercancía para mirar y seguir de largo; ellos desafían e invitan constantemente a la revisión de ese camino que es la vida, y dentro de él, de las opciones, convicciones y certezas que matizan ese camino.
Hablo por experiencia propia. Conocí al Maestro en la segunda mitad de la década de los ochenta en un pequeño curso para jóvenes líderes de las iglesias de la región occidental del país. Y fue el comienzo de una hermosa amistad, de una jornada de mutuo acompañamiento, de constantes búsquedas y de una sincera admiración y respeto por su persona y su obra. “Conócete a ti mismo”, “acéptate a ti mismo” y “cultívate a ti mismo” fueron frases escuchadas por primera vez de los labios de René, y desde ese momento, marcaron la aventura de mi propia vida.
Recuerdo con especial cariño las “noches de Prometeo” en el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas, donde René esperaba cada semana a los estudiantes, sus amigos, y apartar un breve tiempo para compartir, dialogar y crecer juntos como seres humanos. Cualquier tema, cualquier incidente, cualquier testimonio de vida o lectura reciente podía convertirse en el disparador de una grata conversación, de un círculo de confidencias que siempre dejaba bien alta la expectativa por el próximo encuentro. Y es que René sabía escuchar, motivar y ofrecer su amistad o su consejo oportuno con la mayor naturalidad, sin ánimo ostentoso. Años después, comencé a organizar con el grupo de jóvenes de mi iglesia local una serie de encuentros informales donde compartíamos sobre aquellos temas que más nos interesaban, a la luz de una vela encendida y de un libro de poesía, degustando alguna infusión que alguno de ellos preparaba. Así hicimos nuestra las “noches de Prometeo”.
Los textos que ahora se abren al lector o lectora ofrecen la posibilidad de satisfacer los más diversos intereses. La multifacética formación de Castellanos, aderezada por su carisma personal, garantiza una lectura amena y edificante. Ya sea que nos atraigan las temáticas de actualidad científica, la antropología, la lingüística, la reflexión teológica, el estudio de la Biblia o aquellas cuestiones que inciden más en las preocupaciones y vivencias cotidianas –como la ancianidad o la soledad- siempre se encontrará en estos textos alguna mirada sugerente, informada y con una manifiesta preocupación por el bienestar humano, por el crecimiento humano.
De manera especial, los textos del Maestro nos ayudan a comprender mejor la historia de una iglesia en Revolución y el pensamiento cristiano que se ha venido desarrollando a lo largo de esta historia y como respuesta de fe ante ella. René fue testigo e intérprete de ese proceso y supo dejarnos a quienes formamos parte de la iglesia cubana en la actualidad, valiosas herramientas y criterios para saber escudriñar –desde una inspiración cristiana y evangélica- las señales de los tiempos y aceptar el desafío de ser una iglesia que no se encierra en sí misma, en sus propias seguridades o dogmas, sino que sabe acompañar la historia siendo parte activa de ella, añadiéndole un poco de sal, luz y fermento.
En un sermón predicado en la Iglesia Presbiteriana de La Habana, nos dice:
Vivir en un mundo que cambia con la vertiginosidad de un rayo, y experimentar, en específico, la hermosa aventura de obrar en una sociedad en revolución, es existir bajo el signo de opciones de todo género; porque se vive, también, bajo el signo del cambio frente a valores tradicionales. Y hay que usar el discernimiento para saber cuáles valores deben ser abandonados y cuáles renovados.
En medio de los cambios históricos y de los reduccionismos que ha vivido la iglesia cubana en el ejercicio de su misión en una sociedad en Revolución, René mantuvo con claridad lo que consideró los ejes fundamentales que conforman la identidad de la iglesia de Jesucristo: el culto a Dios y el compromiso con lo humano en la práctica del amor. En ambas dimensiones de la misión de la iglesia se conjugan lo que él llamaría el mensaje acerca del Cristo de la esperanza –que esclarece la búsqueda de un sentido a la existencia individual- y acerca del Cristo del compromiso –que esclarece el camino de la transformación de la realidad histórica.
Estas palabras nos siguen lanzando a la aventura de la vida y recuerdan a cristianos y no cristianos el sagrado deber de sentirnos responsables por el presente y el futuro de la iglesia y el proyecto social cubano, respondiendo a las necesidades humanas en su dimensión individual y colectiva. Una iglesia y una sociedad que hoy siguen replanteando sus propias opciones, defendiendo algunos valores y resignificando otros. La invitación queda abierta y en pie, como la propia vida del Maestro. Es la necesaria osadía de revisitar estos escritos y dejarnos sorprender, permitir que el texto nos muestre su mundo y que nuestro mundo sea también transformado por el texto y la vida que lo ilumina.

Última modificación: 10 de febrero de 2016 a las 13:09
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