Centro Martin Luther King

En la siembra de semillas de libertad

“La fe y el amor son resortes fundamentales para construir comunidad y alcanzar el Reino de Dios. Fidel, martiano de corazón, tuvo infinita fe en los seres humanos, en la utilidad de la virtud y en la justicia social”, señala la misiva del Reverendo Raúl Suárez al presidente Raúl Castro, como parte del homenaje al líder histórico de la Revolución cubana.

fidel y suarez

Querido Raúl:

En estos días de homenaje por la vida de Fidel y su contribución al pueblo cubano y a la humanidad, desde el Centro Memorial Martin Luther King Jr., compartimos el orgullo por ser parte de este proyecto de luz que él guió y que seguirá fertilizando con su ejemplo.

La fe y el amor son resortes fundamentales para construir comunidad y alcanzar el Reino de Dios. Fidel, martiano de corazón, tuvo infinita fe en los seres humanos, en la utilidad de la virtud y en la justicia social.

Sustentó su obra en valores esencialmente humanos, como la solidaridad, el compromiso y la honradez. Fue hidalgo de la esperanza y acompañó a los más desposeídos, como mismo hizo Jesús en su tiempo. Fue profeta en su tierra y creyente “del Dios de la Vida y la Fraternidad”, como dijera el Obispo brasileño Pedro Casaldáliga.

Las iglesias cubanas comprometidas con el proyecto social cubano de soberanía popular, damos acción de gracias por la plenitud de su existencia, por la oportunidad que tuvimos de caminar a su lado, de dar testimonio de una manera diferente de ser cristianas y cristianos en Revolución.

Fidel no solo entró por la puerta ancha a la Historia, también a esa nube de testigos que nos acompaña siempre en cada acción de transformación, que multiplica la vida, que salvaguarda la creación e ilumina el camino de las mujeres y hombres de bien en la siembra de semillas de libertad.

Un abrazo de hermano,
Rev. Raúl Suárez Ramos, junto a la familia que integran
nuestra Red de educadores y educadoras populares y
la Red ecuménica Fe por Cuba.

Fidel, Aterciopelados, la paz, y un azar rechinante

El último 13 de agosto, Fidel había cumplido 90 años. Como tengo abuelitas de esa edad en la familia, pensé que para él la fecha debía suponer un cortocircuito luminoso en la memoria. Junto a los besos y los regalos de la familia, los abrazos y las noticias del festejo en toda Cuba, seguro que a Fidel le comenzaron a llover ese día cientos de postales de recuerdos.

Su papá español, su mamá cubana, el columpio y el pasto de Birán, la primera maestra, el colegio de Santiago, la mirada tierna de los jesuitas, los años en la universidad, sus compañeros y compañeras de la Sierra, el olor húmedo de la cárcel, los libros y las palabras de Martí, el color del mar en el Granma, y el desembarco y el Che y Celia y Camilo y sus hermanos queridos y sus amores y la entrada triunfal a La Habana y las ráfagas de años mágicos y revolucionarios y las ráfagas de años duros y difíciles y los aciertos y también los errores y la bendición que supone todo eso para un ser humano de 90 años, mire como se mire. Todo el tiempo deslizándose en postales en el cumpleaños de Fidel, sentado allí, en su sillón, arropado en su chaqueta deportiva de anciano feliz.

El último 25 de noviembre, la banda colombiana de rock Aterciopelados ofrecía un concierto en el Sauce, un centro cultural ubicado a pocos minutos del sitio donde viven Fidel y su familia. Como varios de los allí presentes, yo había esperado más de 20 años para poder verlos en vivo. Aterciopelados es —junto a Santiago Feliú, Café Tacuba, Soda Stereo, Carlos Varela, los Fabulosos Cadillacs y Fito Páez— el grupo que mejor conectó para mí, desde los años noventa, mis necesidades estéticas y políticas de friki nacido en los setenta. Esto es, la creencia de que una revolución debe ser hermosa, crítica y permanente, y que las canciones (como los discursos) deben evitar por sobre todas las cosas oler a panfletos, dogmas y consignas aburridas. Por eso estaba allí, bailando y cantando en El Sauce ese día, junto a algunas de las personas que más amo en la vida, cuando cayó la noticia de la muerte de Fidel.

La primera reacción fue una bomba de disgusto. Andrea Echeverri, con sus pantalones grafiteados con la palabra Paz, acababa de cantar una canción tremendamente feminista y simpática, cuando llega un hombre externo a la banda a tomar el micrófono e interrumpir el concierto. Pero hubo decencia en ese hombre, contención, y luego aplausos. Aterciopelados se recogió como los caracoles se recogen en una vereda colombiana. Desenchufaron conmovidos sus antenas, y se retiraron sin decir palabras.

Solo Andrea y Héctor Buitrago regresaron al escenario, agachados, dando las manos y consolando bajito a los que se quedaron allí, como nosotros y nosotras, sin saber qué hacer. Y entonces caí en las jugadas del azar rechinante. Habíamos esperado 20 años para ver a Aterciopelados, y justo en ese momento moría Fidel. Habían venido los colombianos con sus pantalones grafiteados, en un bonito tributo también a todo lo que Cuba (y Fidel) hacen por la paz en Colombia, y justo en ese momento moría Fidel.

Acabábamos de escuchar la mitad de un concierto que irradiaba alegría y mensajes de inclusión, respeto, fraternidad, tan necesarios en la Cuba y la Latinoamérica de hoy, y justo en ese momento moría Fidel. Tocaba Aterciopelados, ¡caballero!, y justo en ese momento moría Fidel.

Tres días después, mi versión definitiva es que Fidel vino caminando de su casa cerquita, escuchó el concierto con detenimiento, y luego invitó a los Aterciopelados a debatir y hablar sobre sus letras y la paz en Colombia. Eso seguro. Y entonces nosotros y nosotras fuimos muy felices, porque sentimos que la Revolución cubana se resiste a morir aún con los noventa años y la muerte de Fidel, y mueve la cabeza en un concierto hermoso (y definitivo).

Un antes y un después

MURIÓ FIDEL. Si Lenin y la revolución bolchevique conmovieron al siglo XX, pero sobre todo su primera parte, Fidel, el Che y la Revolución cubana marcaron a fuego la segunda mitad. El planeta crujió (misiles nucleares incluidos), desde Nuestra América hasta Vietnam, desde la rebelión negra en EEUU hasta la independencia anticolonial de África y la rebelión estudiantil en Europa Occidental. Un antes y un después.

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Fidel pasará a la historia por la puerta grande, ¿qué duda cabe? No quiero escribir de apuro y para salir del paso. Me importan un pepino los insultos de la derecha. No valen nada. Me dan lástima los avisos fúnebres progres y oportunistas que ahora lo aplauden por predicar “la paz”. Patético. Y me dan asco las notas hipócritas que lo critican cuando sus autores, pusilánimes y reformistas, no se animaron jamás ni
a enfrentar a la policía ni al ejército de sus propios países.

FIDEL. Un conversador incansable. Tuve la suerte y el honor de conocerlo personalmente y conversar varias horas con él. No en una charla “íntima”, sino rodeado de varios compañeros y compañeras de Casa de las Américas. Un hombre muy culto, tremendamente leído. Sencillo y al mismo tiempo erudito. Respondía cada pregunta que le hacía como un sabio, desde la Reforma Universitaria argentina de 1918 hasta el pensamiento de Mella, Roa e Ingenieros, desde el asalto al cuartel militar Moncada hasta las teorías marxistas del Che Guevara, desde la segunda guerra
mundial hasta Stalin.

A propósito de Stalin, lo escuché criticarlo por su actuación militar durante la segunda guerra mundial. “Si no fuera por sus errores me dijo la Segunda Guerra Mundial terminaba en Lisboa, no en Berlín. El Ejército Rojo hubiera tomado toda Europa”. No me dejó una sola pregunta sin contestar. Esa vez le regalé el libro “DE INGENIEROS AL CHE” (donde analizo la influencia de Fidel y la Revolución cubana
en distintas corrientes de Argentina).

Entonces lo publicaron en Cuba. Dos años más tarde, le di “GRAMSCI PARA PRINCIPIANTES”. Luego escribí “FIDEL PARA PRINCIPANTES”, ilustrado por Nahuel Scherma. No es un texto “para niños o adolescentes”. Me llevó años de investigación estudiar, periodizar y sintetizar con lenguaje accesible la historia de Cuba, desde Martí a Fidel y el Che, pasando por Mella y Guiteras. ¡Y leerme sus larguísimos discursos!, sin olvidar las muchas polémicas internas de la Revolución cubana. Tampoco es neutral, está escrito desde el guevarismo y el marxismo latinoamericano. Salió publicado en Argentina y Estados Unidos (en una versión más amplia donde discuto con la comunidad cubana de Miami), aunque creo que también lo piratearon en
México. Tal vez en otros lugares.

Nunca fui obsecuente. Tuvo errores y se los critiqué, por ejemplo en el trabajo “«Pensamiento Crítico» y el debate sobre las ciencias sociales en la Revolución Cubana”: http://cipec.nuevaradio.org/?p=116

Cuando se enfermó hace diez años, en 2006, escribí “Y después de Fidel: ¿qué?”: http://www.lahaine.org/mundo.php/iy_despues_de_fidel_que

No voy a redactar entonces ahora un ensayo improvisado. Simplemente quiero recordar tres cosas suyas, además de su sonrisa sarcástica y su mirada pícara. (1) Que fue un gran amigo de la insurgencia guevarista argentina del Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) y de los Montoneros. (2) Su frase, más vigente que nunca, que lo define a fondo: “Nuestro campo de batalla abarca todo el mundo”. (3) El documental “Mi hermano Fidel”, que lo tuvo como protagonista, junto a un viejito cubano ciego (realizado por
Santiago Álvarez, 1977, en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=fQFnYBOyjcs).

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!, QUERIDO FIDEL.
Muchas gracias por todo. Siempre agradecidos.

Buenos Aires, 26 de noviembre de 2016

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