Centro Martin Luther King

Cinco siglos de una indignación latente

Amenazante, la grisura de la tarde del 15 de febrero no ensombreció la disposición de cientos de cubanas y cubanos de participar de la XII Feria Internacional del Libro y la Literatura, que cada febrero inicia su carnaval de letras en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, en La Habana.

Allí estaban, desafiando la intermitencia de una lluvia invernal, los incorregibles determinados a llevarse un material impreso a casa, y con esa voluntad asistieron también a la sala José A. Portuondo, donde un panel ahondaría en los 500 años de la Reforma Protestante, y luego se presentaría la revista Caminos, con un dossier dedicado a este tema.

Pero eventualidades de las que nos ponen a prueba todos los días, en este caso un atascamiento en el puerto de La Habana de la revista, no permitieron su llegada a tiempo para la presentación, e hicieron dudar del éxito de un panel sin texto en medio de una Feria del Libro. Sin embargo, sus protagonistas eran, precisamente, representantes del Centro Memorial Martin Luther King Jr. (CMLK) y su Editorial Caminos, personas que conocen muy bien el significado de la fe y la esperanza, y saben que en la vida los obstáculos se vencen, no se lamentan.

Así, con la certeza –confirmada tras una hora de grata charla con el público, de que la ausencia de la revista no mellaría el significado profundo de las palabras reservadas para aquella tarde, sino que quizás avivaría la motivación de adquirirla cuando estuviera a la venta, posibilidad anunciada para esta semana– inició la presentación del panel Ailed E. Villalba Aquino, de la Iglesia Episcopal Protestante quien, además, coordina el Programa de Reflexión/formación socioteológica y pastoral del CMLK.

Este se realizaba, explicó la moderadora, en el segundo año del quinquenio por la celebración de los 500 años de la Reforma Protestante —corriente de rebelión ante la iglesia católica que dio origen a varias denominaciones de iglesias cristianas en la Europa del siglo XVI—; y se proponía indagar en qué tenían para aportar a la sociedad cubana las cristianas y los cristianos acogidos a esta doctrina, por qué la defendían, sus retos…

Parte de los testimonios al respecto serían ofrecidos por los presentes en la sala, y otros le llegarían al público a través del documental Okoiumene que abordaría esencialmente el trabajo que desarrollan las iglesias protestantes de Cuba por el ecumenismo y el sentido que le confieren a este vocablo que, según recordó Villalba, significa “casa habitada” y en nuestra nación se connota además del sentido de saber habitar, cada vez mejor, la casa cubana.

Los diferentes entrevistados para el audiovisual —entre ellos autoridades religiosas, estudiantes de teología y líderes eclesiales— coincidieron en defender que el ecumenismo tenía que rebasar las fronteras de la religión y tocar a aquellos que, aun sin haber escuchado el llamado divino, tenían sueños de justicia que compartir, anhelos de un espacio de reconciliación, no solo entre cristianos.
En tal sentido Joel Ortega Dopico, presidente del Consejo de Iglesias de Cuba, apuntó hacia el vértice innegable de los valores (de solidaridad, defensa de los más desvalidos, entrega, compañerismo), que comparten la religión cristiana y el proyecto revolucionario cubano, y más adelante se refirió a la imagen de un portal —elemento arquitectónico característico de nuestros hogares— como referente de lo que debía entenderse por ecumenismo: movimiento no solo proyectado hacia el interior de la iglesia, sino abierto al exterior de la sociedad.

“La iglesia cubana se va actualizando como el modelo”, reflexionó desde una interesante perspectiva un joven del Centro Lavastida de Santiago de Cuba, a propósito de las transformaciones que desde el punto de vista económico y social emprende la Isla para perfeccionar su sistema humanista e impulsar el desarrollo en un mundo donde el desamparo parece ser la solución a todas las crisis.

Por su parte Reynerio Arce, rector del Seminario Evangélico de Teología de Matanzas, comentó cómo el diálogo abierto y franco entre las iglesias protestantes y las estructuras de gobierno en los últimos tiempos, era también expresión de ese acercamiento a partir de lo que los unía. Más adelante, destacó el esfuerzo realizado por el Centro Martin Luther King y otras instituciones ecuménicas por promover la ecumenía, es decir: “preocuparnos todos y todas por la casa de Dios”, afirmaba en otro momento.

Este esfuerzo en el que destaca el trabajo del CMLK nace de una certeza: “la necesidad del ecumenismo no se debilita”, aseguró el reverendo Raúl Suárez, su director, y ejemplificó con la amplia diversidad de personas que en los últimos años se han sumado a la iglesia. “Los prejuicios puede que estén en las estructuras eclesiásticas, en las jerarquías, pero el pueblo cristiano nos desafía a la ecumenía”.

Y tal desafío consiste en tener la sabiduría de integrar a cubanos y cubanas en torno a lo que somos: hombres y mujeres de bien, por un futuro mejor. No era otro el sueño del maestro José Martí —cuyo natalicio 160 recién conmemoramos—, cuando se refirió a la necesidad de una iglesia nueva, como bien recordó el reverendo Suárez, una iglesia preparada para asumir el reto de unificarnos a propósito (y no a pesar) de nuestra variedad.

En el camino por lograrlo, aunque grandes pasos de avance han sido dados, queda aún mucho por avanzar. Y precisamente a los desafíos de la iglesia protestante cubana en el quinquenio por la celebración de la Reforma Protestante, dedicó su intervención una de las panelistas de la tarde: “reformarse siempre, buscar constantemente la forma de ser alternativa”, fue el planteamiento general de Izett Samá Hernández, pastora de la Iglesia Presbiteriana Reformada en Cuba de Los Palos.
Para lograrlo, opinó que se precisa ante todo “volver al primer amor”, según lo describe la escritura bíblica; reencontrar aquello que es esencial por los caminos de la indignación contra quienes se oponen a la palabra divina; estar en consonancia de pensamiento y acción con el amor ético de Jesús.

El segundo gran desafío para que la iglesia alcance el objetivo mayor de siempre reformarse, en opinión de la panelista, tiene que ver con la posibilidad de gestar acciones concretas que transformen nuestra sociedad, “y a eso le llamamos profetismo”. Una iglesia profética no hace demagogia, sino dice lo que tiene que decir según el evangelio de Jesucristo, expresó.

Un tercer paso se concretaría al hacer de la iglesia un espacio completamente educativo, a tono con la intención de los primeros misioneros que llegaron a Cuba, manifestó Samá. Y lo singular estaría en que esa educación “no se remite solamente a enseñar la Biblia o difundir el pensamiento de teólogos, sino que prepara a cada uno de sus miembros en el respeto, el amor, y la manera de colaborar con el prójimo, que bíblicamente definido es todo aquel ser humano que nos encontramos en el camino”.

Un cuarto y enorme desafío para los protestantes, es dejar cada vez más de ser institución para convertirse en comunidad. “En el intento de disciplinarnos, de cumplir leyes y normas, estamos institucionalizándonos de forma tal que olvidamos el sentido práctico y ético de lo comunitario”.

La iglesia —invitó la pastora— debe unirse al resto de los cubanos y cubanas de bien que todos los días tratan de hacer una Cuba mejor; y “para llevar este anhelo adelante tenemos los fundamentos bíblicos, y la herencia de aquellos reformadores del siglo XVI”.
A modo de síntesis histórica, Samá recordó que “la iglesia protestante surge por un acto de indignación ética de alguien —el fraile Martin Lucero— que no quiso seguir permitiendo que la fe fuera manipulada desde la institución, y eso permitió que la iglesia se abriera a nuevos caminos de libertad”.

Los aires de la iglesia protestantes llegan a Cuba, dijo, como parte de su historia de liberación, “en la voz de hombres indignados por la manera en que el gobierno español dominba al pueblo, y contaban con una fe que sabían que podía acompañarlos en esta lucha”. La iglesia protestante vino a nuestro país “no solo con el deseo proselitista de convertir a las personas al evangelio, sino de ponerse al servicio del pueblo”, pues además de templos abrió espacios en donde podían satisfacerse necesidades básicas como el hambre, la educación…, enfatizó.

La respuesta a “¿por qué soy protestante?” llegó de las voces de Adriana Hernández Bequet y Yunier Trujillo, distantes generacionalmente y cercanos en sus argumentos.
La primera, de la Iglesia Presbiteriana Reformada en Cuba de Los Palos, tras reconocer la influencia de sus padres en el acercamiento a la promesa bíblica de que “el justo por su fe vivirá”, se refirió a los ejemplos de sacrificios que abundan en la historia del protestantismo, y que la conminaron a sumarse a él.

“Tres años antes de la Campaña Nacional de Alfabetización —rememoró— en una misión campesina cercana a nuestro pueblo, el pastor de la iglesia comenzó a alfabetizar a todos los que no sabían leer, pues decía: ¿cómo conocerán la palabra de Dios si no saben leer?”.

Al argumentar por qué su experiencia de cristiana la habían conducido a la Iglesia Presbiteriana, y afirmar que siempre sería protestante, presbiteriana y reformada, mencionó: “porque camina con los tiempos, se integra a la comunidad en sus tristezas y alegrías, pone su empeño en ayudar a quienes la necesitan. Sus puertas se abren sin distinción de color, edad, sexo y situación económica, porque todos necesitamos la gracia de Dios”.

En cambio el joven Yunier Trujillo, de la Fraternidad de Iglesias Bautistas de Cuba, llegó al protestantismo “buscando más significados”. Reconoció haber nacido “más cerca de la tradición militante partidista que de cualquier iglesia”, pero sin dudas muy ligado a los ideales de justicia y equidad, que son la base del discurso revolucionario humanista, pero también de la palabra de Jesús. El acercamiento a esta doctrina se lo facilitó, confiesa, el CMLK y la teología de la liberación.

“No solo soy protestante por el carácter liberador que tuvo en la historia este concepto, sino porque me exige estar en renovación constante para no dejar de ser liberador”. Por ello, declara, hoy su Dios “es un Jesús de a pie, es un Dios del camino, que no puede llegar con consignas construidas al pueblo, sino que las levanta del propio pueblo desde su sentir”. El ser protestante no es un concepto cerrado, enfatizó, es una perenne evolución para no dejar de ser herramienta de liberación.

La invitación a que los presentes en el auditórium ofrecieran sus testimonios o hicieran preguntas, provocó a una de las presentes a indagar en cómo acoplar los desafíos mencionados por Izett Samá en torno a la iglesia protestante, con los del resto de la sociedad.

Los panelistas respondieron que ante todo debía entenderse el proyecto de nación no desde una posición individualista, sino comunitaria, ávido de nutrirse del aporte de todos; que celebrar y respetar nuestras diversidades, así como permitirnos la indignación contra lo mal hecho, era una motivación para transformar; y que el ejercicio de pensar cómo contribuir a la sociedad desde lo religioso, era parte de un análisis a hacer desde cualquier otra identidad: la de jóvenes o adultos mayores, profesionales u obreros, cubanos y cubanas en definitiva…

Por último, cautivado sin dudas por las provocaciones del panel y la presentación de las propuestas editoriales de Caminos, desde el público surgió el interés por conocer más sobre esta editorial, la cual fue fundada en 1995 y produce dos series de libros: una dedicada a promover el pensamiento (incluye ensayos, monografías y textos de carácter reflexivo sobre temas relacionados con la teología popular, la educación cristiana y pastoral, la educación popular y la participación, el desarrollo local, el trabajo comunitario, la comunicación popular, los movimientos sociales y las luchas antihegemónicas, de género, raza y racismo, entre otros); y la otra encaminada a la ficción, donde se incluyen textos en los géneros novela, cuento y poesía.

Tiempos para tomar la palabra

Resulta imposible hablar de justicia social sin deconstruir las relaciones de poder desiguales que justifican y sustentan la discriminación contra las mujeres y la violencia machista. No puede pensarse la realización de un proyecto social más humano, sustentable, ético y participativo sin el protagonismo de los movimientos feministas y de mujeres.

Para suerte nuestra el engranaje teórico y práctico que han acumulado los movimientos de mujeres y feministas a lo largo de la historia se ha sumado, como otras ideologías de izquierda, al quehacer de las organizaciones populares y movimientos revolucionarios de América Latina y el Caribe.

Justamente el volumen que presentamos Palabras nuestras. Minga Informativa de Movimientos Sociales, Cuaderno de Comunicación Popular 2, de la Editorial Caminos, visibiliza a distintos niveles la importancia de las perspectivas feministas y de género en el quehacer comunicativo de organizaciones sociales y movimientos populares, no solo en los diversos contenidos e intercambios que estos generan, sino también en los modos de construir y compartir la información, en la manera de conformar un universo simbólico realmente inclusivo y humano.

Y es que, como bien apuntan las primeras páginas del volumen, la comunicación resulta un espacio estratégico y terreno de disputa por ser fundamental para el ejercicio del derecho a la comunicación y la construcción de ciudadanía. Pero deconstruir y generar nuevos modos de comunicación, libres de las múltiples formas de dominio no resulta fácil.

Desde finales del siglo pasado, el imperativo de tomar la palabra en su sentido más abarcador estaba claro no solo para los colectivos de mujeres y feministas sino que, en general, era uno de los objetivos de la mayoría de los movimientos sociales contestatarios. Por ejemplo, en 1989 desde Europa, Pierre Bourdieu, reconocido sociólogo, convocaba a las feministas a hacer la “revolución simbólica”, construir nuevos signos como vía fundamental para lograr la emancipación y la superación definitiva de la hegemonía patriarcal; pero Bourdieu no dijo ¡cómo hacerlo!

Respondiendo a esta necesidad a finales del siglo XX surgieron diversas experiencias desde el ámbito comunicacional —redes de profesionales por una comunicación no sexista; sitios informativos, revistas, sellos editoriales, cuya producción asume la divulgación del pensamiento feminista y la realidad de las mujeres— a la par que fue creciendo el trabajo concienzudo y colectivo en materia de comunicación social desde los diversos proyectos y movimientos sociales de la región.

Unir experiencias actuales de estos dos campos de lucha constituye otro de los aportes de este cuaderno. Desde el accionar cotidiano de organizaciones de la región el colectivo de autores —una docena de voces— reúne un enjundioso volumen de conocimiento teórico, información actualizada y herramientas para la formación en comunicación desde una perspectiva de género y para el trabajo social.

Así quienes se aproximen a estas páginas podrán encontrar diversas lecturas. En la primera parte titulada «Ellas tienen la palabra. Comunicación, organización y género» aparecen reflexiones sobre la necesidad de romper con la ideología machista y los aportes de las mujeres a la construcción de un pensamiento antihegemónico, conceptos básicos para comprender la dominación patriarcal y su representación mediática, claves y ejemplos de cómo incluir la perspectiva de género en estrategias y campañas de comunicación, observatorios y diagnósticos al interior de los grupos sociales y también como parte de su práctica revolucionaria.

El segundo capítulo «Hacer nuestra palabra» comparte herramientas sobre el campo comunicativo que incluye desde lo conceptual hasta el planificar, coordinar y asumir el proceso comunicativo de manera creativa, democrática y plural.

Pero los aportes de este cuaderno superan los contenidos de sus páginas. Por ejemplo, la edición de este material llega gracias a la unión de dos textos formativos de la Minga Informativa de los Movimientos Sociales, iniciativa continental que reúne a más de una docena de proyectos, colectivos y movimientos latinoamericanos y del Caribe. Esta amplia red, surgida a partir de la cobertura informativa de los Foros Sociales y Cumbre de los Pueblos, se ha establecido como un espacio de articulación de agendas comunicativas, intercambio de información y espacios formativos.

Resulta interesante dar seguimiento a una red que demuestra cuanto se puede hacer desde la diversidad pues aquí convergen grupos LGBT, feministas, ecologistas y organizaciones campesinas de afrodescendientes, entre otras.

Para Cuba, el texto pudiera significar un aporte “a tiempo” para la comprensión de los cambios inevitables que, en materia de comunicación y práctica social emancipadora, debemos consolidar. Por ejemplo, aún nos falta mucho en asumir los aportes que provienen del activismo por los derechos de personas homosexuales y transgénero (grupos LGBT); necesitamos liberar de prejuicios nuestra mirada hacia los diversos feminismos —incluyendo el propio— y las organizaciones políticas y de masas cubanas pudieran hacer mucho más desde la integración de la diversidad social y a partir de la educación y la comunicación popular.

Y por último —aunque no es menos importante— en varios acápites del cuaderno se hace referencia a las nuevas tecnologías, para qué y cómo usarlas. Las Tics, como se les conoce en la jerga mediática, han venido a revolucionar nuestras sociedades dando origen a la sociedad de la información. En el caso cubano, la brecha tecnológica nos ha impuesto, en cierta medida, estar demasiado tiempo a espaldas de los nuevos lenguajes y plataformas digitales. Esa ausencia ha repercutido negativamente en la manera de comunicar de nuestras instituciones, grupos sociales, pues el cambio no es solo a nivel tecnológico sino también conceptual y práctico.

Para asumir los retos económicos actuales debemos también reforzar las diversas iniciativas sociales que problematicen, incentiven, creen un universo cultural y comunicativo autónomo, crítico, creativo, diverso, que es una de las formas de construir un sujeto y una sociedad revolucionarios. Ese empeño, se enfrenta hoy a innumerables retos, entre ellos la asunción del feminismo y los aportes de la teoría de género como ideología de izquierda y campo del saber relevante, junto al entrenamiento en comunicación y sus discursos más actuales.

Para ello Palabras nuestras. Minga Informativa de Movimientos Sociales de la Editorial Caminos puede ser una herramienta muy útil.

Dos libros y un debate

La tarde dominical en que la Editorial Caminos satisfizo las ansias de muchos visitantes de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, sede de la XII Feria Internacional del Libro, por ahondar más en ¿Qué es la educación popular? con la presentación de un volumen homónimo, en el hermano país de Ecuador el líder de la Revolución Ciudadana, Rafael Correa, era reelecto como presidente de esa nación.

Aparentemente, ambos hechos pudieran resultar un tanto inconexos; sin embargo, por los caprichos inextricables de ese “azar concurrente” del que hablaba Lezama, la victoria de Correa venía a ratificar uno de los valores fundamentales del material puesto a disposición del público, a decir de su presentador, el pedagogo Dairon Roque, quien apuntó que el libro “hace una mirada al contexto cubano e internacional desde la óptica de los excluidos —en consonancia con el pensamiento del educador brasileño Paulo Freire y su Pedagogía de los oprimidos—; con cuyo uso, la historia lo ha demostrado, corremos pocos riesgos de equivocarnos.

El volumen, compilado por Martha Alejandro, María Isabel Romero y José Ramón Vidal, expone de forma que lo pueda entender cualquier cubano y cubana que se acerque a él, cuál es la propuesta del Centro Martin Luther King (CMLK), su concepción metodológica, propuesta de comunicación y participación en los espacios comunitarios, hasta tocar lo ambiental.

Esto lo logra a partir de “construir” y no imponer; “debatir” y no dictar; “dialogar” y no ordenar; verbos claves que unidos a los de “levantar, clarificar, transparentar, animar, compartir, recuperar, reflexionar y devolver” caracterizan el discurso del libro y lo distancian del lenguaje cotidiano habitual; lo que en opinión de su presentador no se trata de una cuestión formal o exclusivamente lingüística, sino que su uso devela la esencia de la educación popular, pues cuando en los espacios formales hablamos de decir, aquí se utiliza compartir.

_¿Qué es la educación popular? _es un material reeditado por su importancia, “realmente una joya para todos los que quieran iniciarse en la educación popular”, de acuerdo con Roque; sin embargo, apenas constituye un primer asomo, una puerta hacia un camino de liberación. Traspasarla, profundizar en esta filosofía de vida —más que metodología de la enseñanza— exige buscar otros textos indispensables que puedan redondear la idea de que “la educación popular es una propuesta que se vale de maneras nuevas para formar hombres y mujeres nuevos”.

Una pregunta del joven Claudio Peláez, estudiante de Periodismo de la Universidad de La Habana, también formado en los talleres de educación popular, permitió descubrir otra de las singularidades del material: solo lo entiende cabalmente quien ha pasado por los espacios formativos del CMLK, y conoce el valor de la lectura en grupo, pues leer individualmente garantiza apenas una interpretación personal; sin embargo, cuando se hace en colectivo se ganan múltiples decodificaciones, comentó su presentador.

Y es precisamente el compartir miradas múltiples y críticas sobre los diferentes fenómenos, lo que puede ayudarnos a encontrar la senda certera en ese viaje hacia lo ignoto que constituye la construcción del modelo socialista cubano, según lo catalogara el presidente cubano, Raúl Castro.

Por eso, _¿Qué es la educación popular? _resulta un texto oportuno para el anhelo de reeditar el socialismo, concluyó su presentador.

Curiosamente la periodista Lirians Gordillo, quien reseñó el segundo material publicado por la Editorial Caminos en esta Feria, compartió en esencia la misma valoración trascendente respecto al volumen Palabras nuestras, al calificarlo de “un aporte a tiempo para emprender los retos que en materia de comunicación emancipadora debemos consolidar o comenzar a desarrollar”.

Este segundo cuaderno de la colección Comunicación Popular, elaborado a partir de recopilar materiales de comunicadoras y comunicadores de la Minga Informativa de movimientos sociales, contribuye al difícil empeño de construir y generar nuevos modos de comunicación, libres de la ideología dominante.

Una docena de voces dio lugar a este volumen enjundioso, lleno de conocimientos teóricos e información actualizada sobre comunicación desde una perspectiva de género y de trabajo comunitario, comentó la periodista de la revista Mujeres. En él, se unen coherentemente la teoría y la ejemplificación práctica; así como se integran las experiencias comunicacionales desde una perspectiva feminista, y los nuevos modos de comunicar del resto de los movimientos sociales emancipadores.

En el primer capítulo se abordan los aportes de las mujeres en la deconstrucción del pensamiento machista y contrahegemónico, su “toma de palabra”. Se comparten conceptos claves para comprender la dominación patriarcal y su representación mediática y se muestran ejemplos de cómo incluir el enfoque de género en estrategias y campañas de comunicación, ahondó.

Pero como no basta con tener claridad de lo que queremos, el objetivo del segundo capítulo es desentrañar el cómo alcanzarlo: mostrarnos los modos de “hacer nuestra palabra”, adelantó Gordillo. En este acápite, por tanto, se presentan herramientas que incluyen desde lo conceptual, hasta elementos prácticos de cómo diseñar los procesos comunicativos de manera creativa, democrática y plural.

Al referirse al uso de las ya no tan nuevas Tecnologías de la Información (Tics), y a cómo estas han revolucionado los códigos comunicativos a nivel mundial, la presentadora recordó que nuestra brecha tecnológica nos ha conllevado en muchas ocasiones a estar de espaldas a este fenómeno, y ello opinó constituye una debilidad que ha repercutido negativamente en las maneras de comunicar; pues las Tics no solo implican un cambio de medio, sino de contenido.

Por último, quedó argumentado por qué Palabras nuestras es un libro capaz de superar lo contenido en sus páginas: el hecho de que deba su origen a la fusión de textos de la Minga Informativa, brinda una plataforma para visibilizar esta experiencia, desconocida por no pocos.

La Minga Informativa de Movimientos Sociales, de acuerdo con el sitio www.movimientos.org, “es una iniciativa de comunicación impulsada por diversas redes y coordinaciones sociales de América Latina y el Caribe, que se han planteado unir fuerzas y buscar respuestas conjuntas en este plano, entendiendo que la comunicación es estratégica para la acción social”. Su portal es catalogado, además, como “un espacio de reflexión, intercambio, formación y construcción, referido a los retos y las experiencias de la comunicación en las organizaciones sociales”.

La inquietud lanzada por un estudiante de Sociología de la Universidad de Buenos Aires, sobre cómo legitimar a la educación popular en la lucha por la construcción de sentidos, frente a instituciones como las del Estado, desató varias intervenciones en el público y en el propio panel.

De acuerdo con Lirians Gordillo, el principal escenario de disputa de la educación popular no sería el del Estado, por lo menos en el caso cubano, pues muchos de los ideales de nuestro sistema revolucionario son afines con lo que predica la educación popular. En su opinión, los espacios fuera del control estatal y sujetos a los intereses del mercado serían los que plantearían mayores desafíos a esta ideología emancipadora. Por ejemplo, señaló, el consumo cultural de los adolescentes y jóvenes de nuestro país es fundamentalmente audiovisual, y sus principales contenidos son películas y series no producidas por el Estado ni transmitidas a través de la televisora estatal, las cuales reproducen la ideología clasista, mercantilista, machista…Claro que, en este sentido, el reto de la educación y la comunicación popular estaría en lograr erigirse como espacios atractivos para la recreación de estos jóvenes.

Para Dairon Roque, en cambio, la educación popular ya tiene legitimidad en Cuba, a partir de la fortaleza que le dan más de 4 mil educadores y educadoras populares en diversos lugares, desde espacios escolares, centros comunitarios, talleres de transformación integral del barrio, órganos locales del poder popular, entre otros. A estas personas, dijo, se les estima desde el hacer.

Marta Muñoz, educadora popular y representante de Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), apuntó que la reflexión no dejaba de ser interesante, pues desde el presupuesto de que hay múltiples maneras de participar, se hace necesario pensar en cómo dinamizar las capacidades instaladas en tal sentido la sociedad cubana.

La propuesta del CMLK y de la red de educadoras y educadores populares es acompañar los procesos de transformación que están teniendo lugar en nuestra nación, aseguró, con un mayor enfoque en las personas que están en el centro del proceso, en la base. Y tal propuesta no es contradictoria con la del Estado cubano.

Por último Herman Van de Velde, de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, cerró con la anécdota de cómo, a partir de un taller celebrado en su país, una profesora universitaria había llegado al convencimiento de que toda la educación debía ser popular; por lo que la necesidad de ser coherentes con esta filosofía exigía luchar por su generalización a todos los niveles.

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