Centro Martin Luther King

VII Congreso del PCC. Partido, democracia, nación y socialismo

Cincuenta y cinco años atrás Fidel declaró que esta Revolución era socialista y democrática. La idea de lo democrático reaparece después de años de ausencia en el posicionamiento oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC) y en los debates más perentorios alrededor de su último Congreso (del 16 al 20 de abril de 2016).

Raúl reitera que si la opción es el partido único, este tiene que ser el más democrático. Afirmación que tiene tensiones en su verificación práctica pues, al tiempo que el VII Congreso fue, en su proceso previo, el menos democrático entre los congresos de la organización partidista, el espíritu de democracia gestado en años logró un punto importante en la agenda final del encuentro.

El VII Congreso abrió sus sesiones para discutir, esencialmente, la conceptualización del modelo socio económico que el PCC propone para la nación. Pero el hecho más relevante fue la discusión política que implicaba, de un lado, cerrar el debate sobre los documentos en el Congreso, y de otro, regresar a una discusión con las bases del Partido y con amplios sectores sociales.

En su proceso, el VII Congreso alimentó la opinión de que no hay un partido único. Hay, al menos, dos partidos: el de arriba y el de abajo.

En el Partido único de abajo no pocos militantes de base, en contra del secretismo respecto a los contenidos de las resoluciones, se resistieron a que la organización política fuera contra las normas democráticas que se ha dado en los anteriores congresos. Estas implican amplia discusión de los documentos previo al Congreso con las bases del Partido y otros sectores sociales.

Frente a ese partido único de abajo y su reclamo democrático se encuentra el partido único de arriba, que trabaja desde lógicas de mando, donde la intención fue hacer una presentación, discusión y aprobación expedita de los contenidos de las resoluciones. Partido este que orienta y no dialoga, que no comprende que la legitimidad es una victoria de todos los días, y que el escrutinio público es permanente, sea escuchado o no.

Ambos partidos, nominalmente socialistas, tienen visiones diferentes no solo como práctica/política, sino en la comprensión sobre la democracia. El debate en una de las comisiones del VII Congreso develó este particular. Ante la propuesta hecha por un delegado de incluir el término democrático a la definición del socialismo (es decir, retomar la comprensión primigenia de Fidel) se opuso la comprensión de la democracia como arma del enemigo o como cuestionamiento a lo logrado en el orden político cubano después de 1959. No fue aceptada la propuesta.

Es cierto que el VII Congreso continuó el trabajo sobre lo discutido en el proceso de los lineamientos. Pero la continuidad está en enmendar una ausencia cuya respuesta implica, en términos estrictamente democráticos, una discusión con el soberano, el pueblo, pues el debate sobre los lineamientos, momento claramente democrático, tuvo un déficit de partida: no se esclareció la definición del socialismo que ganaría concreción en ese cuerpo de medidas.

Pero resulta que el orden y los valores democráticos no se reducen a momentos. La democracia lo es en tanto proceso de acumulación social y cultural permanente. La conceptualización del modelo es la propuesta de país que se hace a la nación cubana desde el PCC. Razón más que suficiente para que sea refrendada, o no, en la más estricta búsqueda del consenso nacional.

Otra idea cobró fuerza en este Congreso: este es el Partido de la Nación. En este punto el debate sería ¿qué entender por nación representada? ¿solo representación por edades, territorios, color de la piel, género, sectores productivos? ¿acaso la nación no se representa también en sus imaginarios ideológicos?

Miremos desde otra perspectiva el rol del Partido como guía de la Nación, esta vez desde la estructura de su Comité Central, mandatado por el Congreso para cerrar la discusión sobre la conceptualización, sea cual sea el curso de los debates que se avecinan. El mismo está compuesto por 142 miembros. De ellos el 49% son dirigentes del Gobierno, el Partido y organizaciones de masa a nivel nacional; el 23% dirigentes de los niveles provinciales y municipales; 13% dirigentes empresariales y cooperativos; 12% trabajadores/as directos de la producción y los servicios; y el 4% directivos universitarios.

En términos clasista, como también debe leerse la complejidad y estructura de la nación, estos datos muestran que el Comité Central del Partido Comunista está compuesto en un 72% (si se suma nivel nacional, provincial y municipal) por funcionarios. Frente al 12 % de militante con vinculación directa a la producción y los servicios y un 12% de empresarios. ¿Qué sector o intereses nacionales están representados en el Partido en general y en su Comité Central en particular? Desde un enfoque socialista, ¿qué representación han de tener los productores directos? ¿De quién es el Partido; de la nación, de los trabajadores, de los empresarios, o de los funcionarios?

Debemos, sí, mirar el asunto en su integralidad. Nación, revolución y socialismo no son la misma cosa, pero cada una condiciona el alcance y plenitud de la otra. No son lo mismo, pero tienen una relación acumulada cuyo conector es la política práctica y creadora desde la que se busca aportar, sostener y reinventar un orden social que garantice la concreciones del proyecto revolucionario de la nación cubana: soberanía y justicia social. Política que, al mismo tiempo, implica enfrentar a la política que niega, posterga o tergiversa la posibilidad del orden social que realice tal proyecto.

Visto así, el socialismo, en tanto cualidad del proyecto revolucionario de la nación cubana y camino fraguado hacia la plena soberanía, tiene que potenciar un orden social con base en la democracia popular, el desarrollo socio económico y la mayor equidad.

Comparto el principio, martiano por cierto, de que para superar la crisis y encausar el desarrollo no puede prescindirse de nadie que esté honestamente dispuesto a contribuir a ello, algo que sería difícil sin el contraste de criterios y sin la búsqueda de consensos.

Tal búsqueda adiciona un desafío para el imaginario socialista dada la presencia y articulación de otros cuerpos ideológicos que, desde la honestidad, pretenden la redefinición del proyecto nación, y no necesariamente se involucran en la redefinición que, para él, ha de acometer el proyecto socialista.

Es vital atender este asunto si asumimos, con Valdés Paz, que no sólo tenemos que producir una buena idea de sociedad sino que tenemos que acompañar cualquier propuesta de ella con un nivel de consenso que garantice el apoyo de las grandes mayorías del país.

Circunscripto solo al análisis del proyecto socialista, tema esencial del debate nacional que se nos avecina, asumo dos aseveraciones: a) la compresión socialista que encarnó, después de 1959, el proyecto revolucionario de independencia y justicia social de la nación, está en crisis; y b) es necesaria una revolución dentro de la revolución. Es decir, una corrección a sus contenidos y formas socialistas que actualice y potencie la posibilidad de realizar el proyecto nación.
Podemos coincidir, o no, en que es necesaria una revolución dentro de la revolución. Pero, ¿por dónde empezar? Para esbozar una respuesta miremos el contrapunteo que evidencian, al menos, dos “líneas gruesas” sobre el socialismo en Cuba, vista de una parte como socialismo de matriz soviética (estadocéntrico, economicista, burocratizado y dirigido desde arriba), y de otra parte vista como socialismo crítico democrático (creciente proceso de control del productor/ciudadano, socialización de la propiedad, el poder y el saber, dirigido desde abajo).

De un lado se plantea como desafío esencial desarrollar la economía nacional, sin que las decisiones que se tomen signifiquen una ruptura con los ideales de igualdad y justicia de la Revolución. Por otro lado, se apunta como el desafío mayor no la economía sino la política, es decir, la permanente relación entre ambas con preponderancia de la segunda sobre la primera. Esto atañe a la desestatización y descentralización en función de más autogobierno y más autogestión.

En materia de propiedad se reafirma, de un lado, el predominio de la propiedad de todo el pueblo (estatal) sobre los fundamentales medios de producción. Visión contrapuesta, de otro lado, en una perspectiva socializadora de la propiedad que implique, además, potenciar relaciones de producción democráticas como la autogestión y cogestión de la propiedad estatal.

En materia de orden político una de las partes apunta a estimular por parte del Partido único, representante y garante de la unidad de la nación, el intercambio de opiniones, dentro de la organización partidista como en su vínculo en la base con los trabajadores y la población. Al tiempo que potenciar y perfeccionar permanentemente la democracia, garantizar la participación cada vez mayor de la ciudadanía en las decisiones fundamentales de la sociedad. Para esto es necesario asegurar el compromiso y ética de quienes sean promovidos a responsabilidades vinculadas al control y disposición de recursos materiales y financieros.

Visto en otra perspectiva, se apunta a enfocar el desarrollo que implica procedimientos democráticos para establecer y controlar las regulaciones, encausar la politización del ámbito público en general y del ámbito laboral en particular, entendida como prácticas sociales en la definición, decisión y control de la política; a lo que se añade la elegibilidad de todos los cargos públicos.

Ambas comprensiones reafirman la cultura anticapitalista y antiimperialista. La diferencia práctica apunta a, de un lado, combatir con argumentos los patrones de la ideología pequeño burguesa: el individualismo, el egoísmo, el afán de lucro, la banalidad y la exacerbación del consumismo. De otra parte, se comprende tal ideología como visiones sustitucionistas y vanguardistas cuya base está en no creer en las capacidades políticas transformadoras del pueblo en general y de los trabajadores/as en particular.

De cualquier manera, lo cierto es que ser socialista no es una condición que vive fuera de las personas, de la subjetividad. Es un aprendizaje social, una práctica histórica, una acumulación cultural. Su contenido humanista, liberador, anti opresivo, incluyente y colectivo no florece por decreto o declaraciones, sino por las prácticas concretas que den testimonio de que se puede vivir de otra manera. Para ello es condición el desarrollo de políticas socialistas que apunten a acumular formas sociales de producción material y espiritual potenciadoras de actitudes y sentimientos democratizadores.

Por el momento está anunciado el debate sobre las resoluciones del VII Congreso. Cabe preguntar ¿qué partido organizará el debate que se avecina, el de arriba o el de abajo? ¿El partido de la nación, el de los trabajadores, el de los empresarios o el de los funcionarios? Esperemos que el espíritu democrático abra las puertas de los núcleos de base. Esperemos que la nación en su complejidad y alcance pueda debatir las condiciones socialistas de su proyecto revolucionario para un orden social justo y soberano, que reencause el imaginario martiano de un pueblo “próspero y de carácter libre”.

Jóvenes abren más ventanas al software libre en Cuba

La filosofía de esta tecnología garantiza soberanía y seguridad informática, dicen sus defensores.

sw libre

La primera conferencia internacional de software libre efectuada en Cuba trajo a este país las experiencias y puntos de vista de usuarios y desarrolladores de todo el mundo, con el fin de mantener actualizado el uso de esas tecnologías y abrir nuevas posibilidades.

“Queríamos darle carácter internacional, pues quienes vivimos en esta isla no tenemos muchas posibilidades de viajar a otros lugares para participar en eventos de este tipo”, dijo a la Redacción IPS Cuba Pablo Mestre, uno de los organizadores de Cuba Conf 2016, realizada del 25 al 27 de abril en el Colegio San Gerónimo de La Habana.

Según explicó, la idea de hacer en Cuba un encuentro como ese surgió hace más de dos años y la convocatoria se hizo a través de los grupos de software libre que existen en diferentes naciones y también por medio de las redes sociales.

Tuvo una tremenda acogida y finalmente, participaron personas de 18 países, la mayoría jóvenes, de Cuba, Estados Unidos, Canadá, México, Venezuela, Colombia, Perú, Costa Rica, Brasil, Bolivia, Argentina, Uruguay, Turquía, Alemania, Italia, España, Suiza y Francia, indicó Mestre.

“Nuestro objetivo es crear un espacio para el intercambio y mantenernos actualizados de lo que sucede en otros lugares”, apuntó este joven técnico en informática, quien desde hace años impulsa en Cuba el Festival Latinoamericano de Instalación de Software Libre (Flisol).

En los talleres, charlas y conferencias deCubaConf 2016 se debatió sobre software, hardware y geomática libre, además del uso de esas tecnologías en las comunidades y en áreas de vital importancia como la salud y la educación.

El acceso a esas plataformas en los países en vía de desarrollo y las dificultades aún existentes ocuparon varias de las discusiones, como las sostenidas por el Grupo de Resistencia del Software Libre en Latinoamérica.

Experiencias desde Cuba

El historiador Delio Orozco, de 49 años, es uno de los desarrolladores que utiliza las plataformas de software libre y está vinculado a la comunidad cubana que como él, hace lo mismo.

Cuando me enteré en 2007 de la existencia del Grupo de Usuarios de Tecnologías Libres (GUTL) en Cuba, me atrajo enseguida porque esas plataformas sin propietarios son un principio de libertad, de inclusión y participación, dijo a la Redacción IPS Cuba.

Además, se puede hacer un empleo emancipador, la filosofía del software libre garantiza soberanía y seguridad informática, además de facilidad de acceso, señaló Orozco, quien vive en Manzanillo, ciudad de la oriental provincia de Granma.

Bajo esa idea, el historiador junto a dos ingenieros informáticos y un diseñador, comenzó a concebir aplicaciones para socializar la memoria histórica de su localidad y creó Alarife, herramienta que le permite generar una enciclopedia temática o un sitio web.

Así surgió una enciclopedia digital de Manzanillo y una dedicada al prócer independentista cubano Carlos Manuel de Céspedes, entre otras.

“Esos proyectos tienen soporte en el software libre, pues trato de utilizarlo en función del servicio público. Ojalá el uso de esa tecnología se extendiera por toda Cuba e impactara de forma directa en las localidades.”

También abogó porque las escuelas cubanas promuevan e impartan clases sobre el uso del software libre, en lugar del sistema operativo Windows.

La ingeniera informática Aliuska Marrero, de 29 años, una de las pocas féminas participantes en el evento, opinó que muchos creen que esta esfera solo la dominan los hombres, pero están completamente equivocados quienes así piensan.

Hace un tiempo saqué la licencia de programadora de cómputo y ahora trabajo “freelancer”, siempre me ha gustado emplear el software libre y por eso me interesó tanto el CubaConf, comentó.

Para Alberto García, el del software libre es un mundo de colaboración, por eso en Cuba afecta tanto la falta de acceso y comunicación, son más las dificultades que las posibilidades, consideró.

Encuentros como CubaConf 2016 permiten difundir los beneficios de las tecnologías libres y contactar con especialistas de primera línea en áreas prácticamente desconocidas aquí, consideró este profesor de 60 años, tal vez uno de los más veteranos usuarios de ese tipo de software en Cuba.

“Cuando comencé como profesor de computación, pues en realidad soy graduado de Química, me sentí atraído por todas las posibilidades de Linux, eso fue en el año 1995 y era casi un chiste aquí usar ese sistema operativo”, añadió.

Ahora, como especialista de informática en la Fábrica Partagás, desarrolló un software basado en propietario libre, pues de lo contrario no habría sido posible, según precisó, que le permite llevar un control de la producción del centro.

De la comunidad de software libre de Venezuela vino a Cuba Angélica Delgado, quien expresó que este evento le permitió encontrarse con personas de muchas naciones y descubrir por dónde se mueve el mundo en esta área.

La ponencia de esta ingeniera en Telecomunicaciones abordó cómo son pocas las mujeres que se acercan a la informática, debido a que muchas veces se sienten discriminadas. “En Cubaconf apenas había unas 20 mujeres de entre participantes de 18 países”, comentó.

Organizaciones como Best of Open Technologies eV, Python Software Foundation, Thought Works, Mapbox, Renewable Freedom Foundation y Open Street Map apoyaron la realización de esa cita en Cuba (2016).

Retrato de familia

En la última semana de abril el Centro Memorial Martin Luther King organizó el taller anual sobre Género y Diversidades, una oportunidad para reflexionar sobre las relaciones humanas en múltiples ámbitos y promover cambios a favor de la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres de todas las edades. Al respecto, el diario Juventud Rebelde publicó este trabajo periodístico que compartimos como provocación para seguir mejorando nuestros espacios desde los más íntimos y cercanos hasta la sociedad toda.

_ Dondequiera que hay una mujer, hay un espacio de privilegios que la sociedad tiene negados para ella. Paula Companioni, joven periodista y feminista cubana._

Ella tomó el título de ingeniera, el primero en su familia, y lo apretó en el pecho, colmada por las ansias de mejorar el mundo y la alegría de saber cómo hacerlo. Dos días después se casó y en un mes comenzó a trabajar en una plaza inferior, pero que le permitía estar cerca de la pareja.

Sus planes de marcar la diferencia en una profesión tradicionalmente asignada a hombres fueron pospuestos ante la urgencia de impresionar a la familia política, criar dos hijos, construir casa propia, ajustarse al cambio socioeconómico, asumir el envejecimiento familiar…

Dos décadas después, la vida de esa mujer no se parece en nada a sus sueños. En calzoncillos y despatarrados sobre los sillones de la sala, dos veinteañeros exigen que la madre les alcance el desayuno y conteste el teléfono para no perderse ni una patada del fútbol, aunque eso signifique atrasarla en sus otras tareas domésticas.

Al oírlos criticar la mediocridad del empleo materno o cuestionarle el valor de estudiar una carrera, se pudiera creer que la derrota del equipo favorito los ha vuelto groseros, pero eludir responsabilidades y menospreciar el sacrificio de sus mayores es lo «normal» para esos chicos, cuyas muecas de ingratitud se reflejan en el pulido cristal de los títulos de ambos padres, enmarcados en una pared detrás del televisor.

Luces en la noche

Del mal sabor de aquella imagen logró curarme esta semana el Centro Martin Luther King y su taller anual sobre Género y Diversidades, espacio que esa institución organiza para promover una mirada más equitativa a las relaciones entre hombres y mujeres en todos los ámbitos, con énfasis en la familia y la comunidad.

Una veintena de profesionales de distintas provincias y dos muchachas colombianas nos reunimos para recrear experiencias mediante los divertidos métodos de la Educación Popular, que el centro promueve por su capacidad de estimular en la gente un proceso de cambio hacia conductas más respetuosas de la otredad.

El diálogo con textos y especialistas generó la consecuente revisión interna y la confirmación de metas esperanzadoras, pero el tema más inquietante fue, sin duda, el de los modos de nombrar y vivir nuestra diversidad como seres sexuados.

El intercambio con el médico y activista cubano Alberto Roque derramó sal y pimienta sobre la brecha de la ignorancia y el miedo a esas realidades, al punto que difícilmente alguien del grupo engavete lo discutido o vuelva a mirar el mundo con los ojos de la dicotomía patriarcal hegemónica.

Nadie asimila en pocos días las múltiples combinaciones de un sistema de identidades que conecta al sexo biológico con el género socialmente construido, la orientación del deseo, las prácticas eróticas y el modo de relacionarnos con otros sujetos. Pero, ¿acaso hace falta clasificar a los seres humanos por lo que prefieren hacer en privado para aquilatar sus aportes o entender sus ilusiones?

Vivir felices y admirar en el prójimo similar privilegio presupone aceptar que hay muchas maneras de habitar el cuerpo desde la angustia o el placer, como un calidoscopio de oportunidades que abre cuando las sociedades maduran.

En la vida real, nadie ve las cosas tal como son, sino como somos o creemos ser desde un mandato asignado al nacer. Al revisar con humildad nuestros esquemas solemos dar un No consciente a ese condicionamiento, anclado al estatus social o a cualidades físicas como sexo, color, edad y proporciones, que en unos aspectos nos coloca en la casilla ganadora y en otros nos manda a la papelera de reciclaje.

Romper estereotipos es un proceso que duele, como todo crecimiento humano, insistía Yohana Lezcano, periodista de profesión, educadora popular y coordinadora de este taller junto a su colega Miriela Fernández y el siquiatra Rigoberto Oliva.

La versátil realidad cubana invita a no ser inocentes. Para que el mapa de las relaciones humanas cambie no basta con visibilizar la desigualdad en los arquetipos tradicionales de hombre y mujer, ni con reconocer el carácter injusto de esa jerarquía instaurada en lo privado y lo público.

Solo una práctica éticamente responsable puede salvarnos de victimizar o ser víctimas de las inequidades. No hay que cansarse de actuar con obstinada coherencia en todos los espacios y sugerir nuevos roles, explicándolos desde la ventaja de aliviar malestares cotidianos de ambos sexos.

El grupo regresa cargado de herramientas para las redes de educación popular de sus territorios, con el ánimo de impulsar el mejoramiento en familias como la de mi amiga, que reproducen la violencia de género porque no aprendieron a vivir de otro modo, pero no son felices haciéndolo.

Tristemente, ella no es un ente aislado. De buenas intenciones y amorosas renuncias se empedraron los trillos del paternalismo para perpetuar la subordinación femenina a las necesidades ajenas. Primero por respeto al padre y luego por deber hacia el marido o devoción a los hijos…

Como simbólico recuerdo de aquella joven llena de proyectos, queda hoy la ampliación descolorida de una novia discreta y sonriente: otro cuadro para adornar la sala que limpia día tras día, mientras su rostro, su espíritu y habilidades sociales van pareciéndose cada vez más a las de su preterida madre campesina.

tomado de http://www.juventudrebelde.cu/suplementos/sexo-sentido/2016-04-29/retrato-de-familia

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