Centro Martin Luther King

MENSAJE DE LA RED EN DEFENSA DE LA HUMANIDAD

La Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad externa su apoyo y solidaridad con el digno movimiento del magisterio mexicano agrupado en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en contra de la mal llamada “reforma educativa”, que en realidad es una reforma laboral, y se pronuncia en favor de un dialogo sin represiones ni masacres como la de Nochixtlán, Oaxaca.

Las y los maestros han concitado el apoyo de padres y madres de familia, así como de pueblos y comunidades que exigen la derogación de la reforma y la no privatización de la enseñanza y se pronuncian por una educación publica, laica, libre y gratuita. Si al dialogo, no a la represión.

COLECTIVO EDITORIAL DE LA REDH

El Planeta de las Zanahorias, un libro para salvar el mundo

El planeta de las zanahorias

Hay cuentos felices. El Planeta de las Zanahorias (Editorial Caminos, 2015) se inscribe en esos textos en los que se privilegia la capacidad de soñar, de reír, de encontrar soluciones. Su autor Julio César Sánchez creó a Noel, un niño que pretende salvar el mundo. Una hoja de mango, que cae en sus manos, será llenada por las cosas que el pequeño cree imprescindibles para mejorar los días. Sus amigos y amigas también participarán en esta aventura. No solo a partir de la historia narrada. En las páginas finales, lectoras y lectores también podrán dejar sus apuntes sobre lo que incluirían en el viaje al Planeta de las Zanahorias.

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“Este es un libro que me ha permitido ver cómo se crean los lazos entre los niños y las niñas y esta historia”, dice el escritor a Caminos. “En tiempos de virtualidad, de conexiones digitales, es importante encontrarse con los más pequeños, porque también lo necesitan. Uno descubre en estos intercambios, incluso, cuándo están falta de afecto, y cómo reflexionan a su forma sobre esto cuando expresan, por ejemplo, aquello que se llevarían a su planeta.”

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Durante los primeros días de julio, Sánchez tuvo la oportunidad de leer a niños y niñas pasajes de su texto. El autor, además ensayista y poeta, se trasladó desde la Isla de la Juventud, donde reside,hacia diferentes experiencias de la Red de Educadores y Educadoras Populares y de la Red ecuménica Fe por Cuba.

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Visitó el barrio Pogolotti, en Marianao, donde contó a los y las menores las historias de Noel durante una actividad convocada por el proyecto Sonrisa de esperanza- colaboración del Taller Integral del Barrio de la zona y la Iglesia Bautista Ebenezer-, y el Centro Memorial Martin Luther King, Jr. También estuvo en la Iglesia Los Palos, en Mayabeque. Allí lo esperaban. Una breve representación con títeres basada en su libro, permitió a quienes participaron acercarse más al mundo que el autor narra y, de alguna manera, cumplir con su deseo de hacer volar la imaginación a través de esas páginas. En el taller de Alamar (Micro 10), más de 50 niños y niñas y adolescentes, recibieron a Noel. Su creador devino un actor, un orador, un atrayente contador de historias.

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Allí los muchachos y muchachas comentaron también lo que llevarían al Planeta de las Zanahorias: “mi bicicleta”; “mi almohada y mi cama, por si acaso”; “el abrazo de mamá”; “la esperanza”. Julio César dijo a los pequeños: “Con este libro lo que les pido es que no dejen de soñar, que no pierdan la capacidad de asombro como les pasa a algunos adultos que crecen y se olvidan del niño que llevan dentro”.

En siete capítulos está estructurado este cuento que también pudiera denominarse noveleta para niños y niñas. Una hoja de mango; ¡Sol, entra en la barca de Noé!; Malo de magia; Los mejores mensajeros; Una piedra en el camino; La visita de los duendes; La hora de partir, son los títulos de esos acápites, a los que se adhiere En el lomo de una hoja. Piensa, juega y aprende, que tiene un carácter más participativo.

El diseño y las ilustraciones de Mary Daxi Rodríguez y Eduardo Solano son un puente más a la historia. Según el autor libros como El Principito y la literatura infantil de José Martí han sido influencias para la aparición de este escrito, que se edita por segunda vez en el país –la primera fue por ediciones El Abra, 2012.

Sin dudas, es un libro esperanzador. La imaginación se pone en función de un mundo mejor y de la convocatoria para que otros y otras, más allá de San Antonio de los Almácigos, donde ocurre la historia, se unan en ese sueño.

¿Qué estamos haciendo? ¿Qué haremos?

Palabras del Rev. Luis Carlos Marrero, en el Culto por las víctimas de Orlando

El día 14 nos encontrábamos un grupo de hermanas y hermanos de diferentes religiones compartiendo un taller sobre Religión, Género y Equidad Social en el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo. Uno de los temas que trabajamos fue como las religiones, desde sus diversas formulaciones, construyen la sexualidad y la manera de concebir los cuerpos. En medio de tan intensos y ricos debates recibimos de varios colegas la triste noticia del ataque en la discoteca Pulse en Orlando. Mensajes de solidaridad, cartas de repudio a tan brutal acción, declaraciones de comunidades LGBTIQ a nivel país e internacionales y el reclamo hacia al cielo de amigas pastoras y amigos pastores hicieron brotar lágrimas de indignación. Me desplomé…otra vez aparecía Caín en la historia y en mis oídos retumbaban, una vez más, aquellas fuertes palabras… ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra (Cf. Gn.4:10).
La familia del asesino ha declarado que lo que lo motivó fue el puro odio que él sentía hacia la comunidad LGBTIQ. Además, lo describen como una persona violenta y homofóbica. Y de nuevo la violencia que genera la homofobia y la transfobia, y de nuevo la pregunta de Dios retumbando en mis entrañas… ¿Qué has hecho?
Queridas hermanos y hermanos, hoy las víctimas y familiares de esta masacre se convierten en voces de Dios y nos preguntan ¿Qué hemos hecho? ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué haremos? La realidad que vive el mundo es nuestra realidad, no existe el otro mundo sin este, con sus aciertos y equivocaciones, con sus alegrías y sus angustias, con sus esperanzas y sus sinsentidos.
Las víctimas de Orlando convertidos hoy en ángeles, nos recuerdan como dice un coro muy cantado que no les toca a ellos cambiar el mundo sino a nosotras y nosotros. Todo aquello que intente justificar este crimen, venga de donde venga tiene un nombre: Homofobia y Transfobia. Desde el Centro Oscar Arnulfo Romero y de la reciente Comunidad Interreligiosa Manos con Amor declaramos a las mismas como PECADOS incompatibles con nuestra vocación cristiana e interreligiosa. Todo acto cuya materia prima es el odio y el miedo, resulta absolutamente incompatible con Cristo, como bien enseñan las Sagradas Escrituras.…“En el amor no hay temor, porque el amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18a).
Jesús no discriminó nunca a nadie. Su proyecto de vida plena es un proyecto incluyente, es decir, está abierto a todas y todos y en la mesa de su banquete todas y todos tienen un lugar.
Toda lectura bíblica que acepte, apoye o justifique cualquier tipo de discriminación es una lectura que se opone al mensaje de Vida y Vida en abundancia (Cf. Jn.10:10) que defendió Jesús y, por tanto, al amor incondicional de Dios. Una lectura bíblica que excluya y segregue no puede llevar con autenticidad el nombre de cristiana… ¡sobre todo si la exclusión está sustentada con motivaciones religiosas!
Hoy quiero recordarles a mis hermanas y hermanos de fe y de tantas caminadas aquel pasaje del Juan 11 cuando Jesús vio llorando a María, la muerte de su hermano Lázaro y él también lloró. ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué haremos? Hoy Jesús llora en cada casa de los familiares de las víctimas, llora desde el hospital donde aún atienden a los sobrevivientes, llora junto a la familia del victimario y llora también con él, llora con cada uno de nosotros que en indignación constante ponemos nuestras vidas al servicio de los pequeños de su reino. ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué haremos?
En armonía con mi vocación ecuménica e interreligiosa doy un primer paso, y aunque pastor y teólogo protestante, quiero compartirles como primer gesto, dentro de la tradición católica, esta confesión, sumándome a mis hermanos sacerdotes que ya lo han hecho.
Yo, pecador y pastor, me confieso ante Dios y ante ustedes mis hermanos pidiendo perdón a mis hermanas y hermanos homosexuales, en nombre mío, en el nombre de otros muchos pastores y en el nombre de mi iglesia. Pido perdón porque en ocasiones no he sabido apreciar el don del cuerpo y de la sexualidad, porque he preferido seguir el dogma, la tradición y la ley en lugar de fijar mis ojos en Jesús de Nazaret.
Pido perdón porque en ocasiones no he abierto espacios para las personas homosexuales en lugares donde he servido, porque no he sido capaz de abrir un debate público a la homosexualidad y que tanta falta hace en la comunidad cristiana.
Pido perdón porque en ocasiones me he asociado a quienes discriminan, he escuchado en silencio y hasta he contado algunos chistes que los degradan. He tolerado que se hable de con desprecio y se les catalogue con calificativos humillantes.
Pido perdón porque en ocasiones he mirado con desconfianza a las personas homosexuales y he creído que la única motivación de sus acciones es la búsqueda de sexo, por la identificación que he hecho entre perversión y homosexualidad, SIDA y homosexualidad, desenfreno y homosexualidad.
Pido perdón porque he pasado de largo frente al sufrimiento de tantas pastoras y pastores homosexuales que he conocido a lo largo de mi vida, porque no he sabido valorar sus esfuerzos por llevar sobre los hombros las otras caras del amor, porque no me acerqué a ellas y ellos solidariamente cuando tuvieron que padecer sanciones y censuras a causa de su orientación sexual.
Hoy pido perdón a Dios por no haber aprendido la única lección que desde la cruz nos dio Jesús, la lección del amor sin excepciones y sin condicionamientos. Y pido perdón, porque pudiendo haber hecho mucho más para pugnar por su plena participación en la vida de la iglesia, pude haber derribado más barreras, pude haber sido más audaz.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Yo, pecador y pastor, me confieso. ¿Qué haremos? Dios nos bendiga

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