Centro Martin Luther King

Ser parte de la sanación del mundo

Reflexión para la Acción Ecuménica del 29 de junio 2016 en la Iglesia Ebenezer de Marianao, por las víctimas de Orlando

Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo como hizo Elías, y los consuma?

Por alguna razón, más que la falta de hospitalidad, los samaritanos fueron objetos de odio en el contexto palestino del siglo primero. Tal vez la causa fue una diferencia racial, en la cultura o política, en los pensamientos o creencias, o en la manera de vivir; algo provocó que los samaritanos eran detestados e intolerables para Juan y Jacobo. Estos dos discípulos creyeron que su sociedad sería mejor sin la presencia de tales personas. Creyeron que Dios estaría de acuerdo, y creyeron que con una sencilla petición, Dios enviaría fuego del cielo para consumir a los despreciables samaritanos.

En la noche del domingo, 12 de junio, un hombre de fe entró en un bar gay en Orlando, Florida, convencido que estaba haciendo la voluntad de su Dios, seguro de que sus armas de fuego representaban el fuego del cielo enviado para consumir a los samaritanos, que eran en su mente la comunidad LGBT, una comunidad intolerable para él. Entonces asesinó a cincuenta personas e hirió a cincuenta y tres más. Todo en el nombre de Dios.

El domingo siguiente, dos pastores de mi país: Steven Anderson de la Iglesia Bautista Palabra Fiel en California y Roger Jiménez de la Iglesia Bautista Verdadera en Texas predicaron sobre este evento. Estos dos pastores animaron a los fieles de sus congregaciones que no deben estar tristes por estas muertes. Dijeron que no fue una tragedia, sino fue el juicio de Dios. Celebraron las muertes como buenas noticias, y dijeron que la única tragedia fue que el asesino no cumplió su tarea, porque todavía había homosexuales que sobrevivieron al ataque en el bar. ¿Cómo es posible que seguidores de Jesús de Nazaret pueden pensar y hablar en una manera tan aborrecible?

Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo como hizo Elías, y los consuma?

¿Cómo fue posible que estos discípulos, estos amigos más cercanos a Jesús, el Señor de la vida, pudieran pedir una masacre divina? Jesús inmediatamente reprochó a sus discípulos; tal petición no tiene ningún lugar en su movimiento. Lo reprendió. Pero como Jesús era el amor de Dios encarnado, podemos estar seguro que detras de su reproche, debajo de su denuncia, estaba el amor. Amó a sus discípulos, como amó a los samaritanos que ellos querían destruir. Y Jesús tenía esperanza en esos discípulos tan tontos y odiosos, la esperanza que un día ellos podrían aprender, podrían encarnar, este amor profundo.

Juan y Jacobo no fueron las primeras personas de fe en creer que a Dios le complacería enviar fuego para matar a las personas que estaban fuera de la cultura dominante. Y no serán las últimas. Esta creencia parece ser la norma, la regla, en lugar de la excepción. Los sociólogos nos dicen que esta justificación divina de la destrucción de las personas que están fuera de la cultura dominante ha sido uno de los roles principales de la religión en sociedades alrededor del mundo desde siempre. Este vínculo entre la religión y la destrucción está tejido en el ADN de la historia del ser humano, fluye en nuestra sangre.

En las páginas sagradas de nuestra tradición religiosa es muy aparente esta tendencia de aprovechar la imagen de Dios como conquistador para justificar la matanza, a pesar del mandamiento que prohibe tal cosa. Podemos recordar a Abram y la destrucción de Sodoma, a Josué en la conquista de Canan, a Elías en la masacre de 400 profetas de otra religión.

Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo como hizo Elías, y los consuma?

También, la historia del cristianismo está llena de ejemplos horribles de este matrimonio entre el deseo de seguir a Jesús y el deseo de vencer y destruir. Podemos recordar las Cruzadas, o la colonización del nuevo mundo. Todos vinieron con la espada en la mano derecha y la Biblia en la mano izquierda. Ustedes saben más que yo la historia del Caribe y América Latina, la manera en que los conquistadores españoles trajeron sacerdotes para ofrecer salvación a las personas indígenas, antes de la masacre y la destrucción de sus comunidades.

Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y los consuma?

Me da mucha pena admitirlo, pero puedo identificarme con Juan y Jacobo y sus sentimientos. Sospecho que todos nosotros podemos nombrar alguna comunidad en el mundo que representa nuestros samaritanos. Por alguna razón, tal vez sus pensamientos o creencias, su cultura, o su manera de vivir, hace a estas personas intolerables para nosotros. Para mí, los samaritanos son los fundamentalistas, las personas como el pastor Steven Anderson y pastor Roger Jiménez. Casi puedo imaginarme rogando que Dios envíe fuego del cielo para consumirlos a ellos y a sus iglesias, para tener un mundo sin tal horrible odio y sin tal creencia tonta de que el odio y la violencia son agradables a Dios.

Pero como Jesús amó y tenía esperanza en esos tontos discípulos, tengo que creer que Jesús me ama y tiene esperanza también en mí, esperanza de que yo puedo ser sanado de tal tontería. Y tengo que creer que Jesús aun ama y tiene esperanza en los pastores Steven y Roger que están predicando el odio. Tenemos que reprender y denunciar, ¡sí! Tengo que gritar, tengo que denunciar, pero también tengo que arriesgar, amar, tengo que esperar por la redención y la transformación de todos los sistemas de violencia. Detrás de la denuncia y debajo del reproche, hay que amar y esperar. Porque, aunque el reproche es importante y esencial, es casi seguro que la denuncia no va a suavizar los corazones odiosos. Los gritos no van a transformar los pensamientos prejuiciosos. Solo el amor puede suavizar y transformar a las personas y romper las estructuras de odio y de abuso de poder.

Hay buena noticia en esta historia. Aquí está: La esperanza de Jesús por la redención y la conversión de Juan y Jacobo ya se ha cumplido, y su esperanza por el mundo ya se ha cumplido muchas veces en la historia.

Es difícil creer, pero el mismo cristianismo que dio origen a las Cruzadas dio origen también a San Francisco de Asis. ¿Cómo fue posible? y ¿cómo fue posible que la misma colonización que produjo la matanza de los indígenas también generó a Antón Montesinos que sembró la semilla de la teología de la liberación y a Fray Bartolomé de las Casas que formó el marco de los derechos humanos? y ¿cómo fue posible que el mismo cristianismo del sur de mi país que produjo el Ku Klux Klan también generó a Martin Luther King y a Jimmy Carter?

Es difícil creer, pero el mismo discípulo Juan, que tenía tanto odio por los samaritanos, más tarde escribió el evangelio más enfocado en el amor. Escribió: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito… Porque de tal manera amó Dios al mundo de los samaritanos, de los discípulos tontos, de la comunidad LGTB, de los pastores fundamentalistas, el mundo de yo y tú, que ha dado a su Hijo unigénito”.

Es difícil creer, pero el otro discípulo, la misma persona que tenía tanto odio por los samaritanos y tantos deseos de su destrucción, más tarde escribió la epístola más enfocada en la enseñanza de Jesús y dijo que la religión pura no tiene nada que ver con la violencia ni el prejuicio, sino que existe en amor, en acciones concretas de amor, como “visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”.

El milagro es que de esta cultura mundial, manchada con miedo y odio, puede nacer la religión pura, el amor sin prejuicio. Todos nosotros respiramos el mismo aire cultural tan tóxico, el aire que genera el cáncer de violencia y aversión a los que son diferentes, pero gracias a Dios existe la posibilidad de respirar aire puro. Que podamos día a día experimentar este micro-clima de gracia y respirar el soplo de Dios, el hálito de vida, para experimentar y ser parte de la sanación del mundo. Jesús está entrando en el mundo y en la historia para ser la luz en nuestra noche fría, renunciando al odio y ofreciendo el amor, para todos y todas, tontos y sabios, golpeadores y víctimas. “Por eso es que hoy tenemos esperanza, por eso es que hoy luchamos con porfía, por eso es que hoy miramos con confianza el porvenir en esa tierra mía y esta tierra tuya”. Gracias a Dios. Amén.

(HONDURAS) Comunicado de COPINH sobre el asesinato de Lesbia Urquía

COMUNICADO SOBRE EL ASESINATO DE LA COMPAÑERA LESBIA YANETH URQUÍA URQUÍA.

Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras /COPINH

El Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras con mucho pesar comunica a la comunidad nacional e internacional del asesinato de la compañera Lesbia Yaneth Urquía Urquía de 49 años, madre de dos hijas y un hijo, del municipio de Marcala, La Paz. La compañera Lesbia Yaneth era una destacada lideresa comunitaria vinculada al COPINH desde las protestas en contra del golpe de Estado del año 2009 y activa militante en la defensa de los bienes comunes de la naturaleza y los derechos indígenas en contra de la construcción de la represa hidroeléctrica Aurora I del municipio de San José, La Paz en la cual tiene vinculación directa la presidenta del Partido Nacional y vicepresidenta del Congreso Nacional, Gladys Aurora López. Lesbia Yaneth fue una ferviente defensora de los derechos de las comunidades y opositora del consesionamiento y privatización de los ríos en el departamento de La Paz. El asesinato de la Lesbia Yaneth se da suspicazmente en el marco de un proceso de ?consulta? llevado a cabo por el gobierno de Honduras acerca de la aprobación del proyecto de ley de reglamentación del mecanismo de la Consulta Previa, Libre e informada a la que tenemos derecho las comunidades indígenas amparadas en la legitimidad de nuestra historia y el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), estas reuniones en las que el gobierno pretende impulsar su propuesta de ley se llevaron a cabo en el municipio de Marcala los días 4 y 5. Este asesinato se produce a 4 meses y 4 días del asesinato de nuestra compañera y lideresa, Berta Isabel Cáceres Flores, y nos confirma la puesta en marcha de un plan para desaparecer a quienes defendemos los bienes comunes de la naturaleza, organizados en el COPINH. La muerte de Lesbia Yaneth constituye un feminicidio político que busca callar las voces de las mujeres que con coraje y valentía defienden sus derechos en contra del sistema patriarcal, racista y capitalista, que cada vez más se acerca a la destrucción de nuestro planeta. Responsabilizamos directamente por este asesinato al gobierno de Honduras, a cargo de Juan Orlando Hernández, a las fuerzas militares y policiales y a todos las instituciones gubername ntales que deben cumplir con la protección de todas y todos los defensores de derechos humanos y de los bienes comunes de la naturaleza, de igual forma a la señora Gladys Aurora López y su esposo Arnold Castro por ser fuente permanente de amenazas y conflictos por la construcción de proyectos hidroeléctricos en el departamento de La Paz. El COPINH exige que cesen los asesinatos contra sus miembros y miembras y se haga justicia en encontrar a los culpables del asesinato del Lesbia Yaneth y de Berta Cáceres y que estos crímenes no queden en la impunidad. Acompañamos en este profundo dolor a la familia de nuestra compañera.

Dado a los 6 días del mes de julio en La Esperanza, Intibucá.

Declaración del Foro de Comunicación para la Integración de NuestrAmérica

Declaración presentada en el marco del Foro Latinoamericano y Caribeña de Comunicación Popular y Comunitaria (Quito, 28-30 de junio de 2016)

Frente a los golpes mediáticos, respuesta popular

Los medios de difusión del poder económico se han convertido en eje articulador de la ofensiva contra los gobiernos progresistas de la región. Esos medios son, en forma creciente y orgánica, protagonistas de los planes desestabilizadores promovidos por el poder económico impulsado por y desde Estados Unidos y Europa.

Hace cuarenta años se utilizaba a las fuerzas armadas para imponer un proyecto de dominación político, económico y social. Hoy, el escenario de la confrontación es primariamente simbólico y son los medios hegemónicos los que actúan para lograr un control absoluto a fin de reimponer los modelos neoliberales. El frente de batalla se trasladó al espacio simbólico, a la confrontación ideológica y cultural, al intento de asfixiar toda subjetividad crítica.

En este nuevo escenario, micrófonos, computadoras, teléfonos o cámaras de video son usados como armas de sometimiento personal y social.

La guerra por imponer imaginarios colectivos se da a través de medios cibernéticos, audiovisuales y gráficos, que se han convertido en la punta de lanza de las corporaciones económicas y los poderes fácticos de nuestros países, en muchos casos ligados a poderes judiciales, policiales y parlamentarios corruptos y antinacionales.

La llamada guerra de cuarta generación no se libra contra el raciocinio de nuestros pueblos, sino contra los sentimientos, en golpes bajos de manipulación, medias verdades y mentiras, que imponen, por su repetición permanente, en imaginarios colectivos desenlazantes de la desestabilización en nuestros países.

América Latina ha sido campo de prueba de este tipo de guerra: el golpe mediático en Venezuela en 2002 y la desestabilización del país desde ese entonces, con campañas en la que se suman medios comerciales locales, dirigidos generalmente por medios y agencias noticiosas, televisoras y radios de otros países, muchos de ellos.

A este “globo de ensayo” se sumaron intentos en Ecuador y Bolivia, los golpes “blandos” en Paraguay y Honduras, la manipulación mediática como factor decisivo en las campañas electorales en México y Argentina y, finalmente, el golpe judicial-parlamentario- mediático que sufre hoy Brasil.

También en este nuevo tipo de guerra la verdad es la primera víctima. El uno por ciento que controla el mundo intenta aniquilar toda voz, toda imagen, que no es la “verdad única” transmitida por los medios hegemónicos.

Blancos principales de la guerra mediática son los medios públicos y populares de nuestros países, y las legislaciones que, promovidas por los movimientos populares, impulsaron la democratización de la comunicación. Son golpes directos al pluralismo, al derecho humano a la información y comunicación, a la diversidad de nuestros pueblos, retornando violencias que creíamos ya superadas, como el machismo, la xenofobia, el racismo y la exclusión.

Pero también la integración soberana de nuestros pueblos es blanco de esta guerra, para aniquilar lo que se construyó en los últimos tres lustros, y para reimponer una integración subordinada a los poderes económicos, financieros y bélicos del mundo.

El Foro de Comunicación para la Integración de NuestrAmérica manifiesta su honda preocupación por este evidente retroceso democrático en varios de nuestros países, y asimismo condena la represión y asesinatos sistemáticos de comunicadores populares en varios de nuestros países.

El Foro de Comunicación para la Integración de NuestrAmérica insta a las organizaciones de integración regional a condenar estas prácticas y llama a los movimientos sociales y populares y a los medios populares –libres, comunitarios, independientes, alternativos– de Nuestra América a trabajar en común para defender el derecho humano a la información y la comunicación y para desterrar de una vez por todas estas prácticas retrógradas y antidemocráticas.

Foro de Comunicación para la Integración de NuestrAmérica (FCINA)

primera  anterior Página 2 de 3 siguiente  última