Centro Martin Luther King

En Cuba: Corte de Mujeres por la equidad de géneros

La Corte de Mujeres de los Consejos Populares de Centro Habana inauguró el X Taller Internacional de Paradigmas Emancipatorios, una forma de visibilizar la resistencia cotidiana de las mujeres y su lucha contra las injusticias sociales.

En el emblemático teatro América, ante delegados de Venezuela, Ecuador, Bolivia, México, Guatemala, Chile, España y los del patio, féminas de este municipio contaron sus experiencias de vida, amargas debido a incomprensiones y tabúes sociales, pero finalmente reparadas y dedicadas al desarrollo de una de las comunidades más densamente pobladas del país.

Susana Acea, presidenta de la Asamblea Municipal, expresó el orgullo de acoger el evento, en un entorno altamente urbanizado, con hacinamiento y fondo habitacional deteriorado, pero que enfrenta las situaciones difíciles con el trabajo conjunto de sus habitantes y reconocidos proyectos comunitarios.

Entre las personalidades que prestigian el foro se encuentra la General de Brigada Delsa Esther (Teté) Puebla, Heroína de la Revolución cubana y única mujer que ha alcanzado esa alta graduación en las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Georgina Alfonso, representante del Grupo de Filosofía Social y Axiología (Galfisa) del Instituto cubano de Filosofía, destacó la importancia de estos encuentros para articular prácticas desafiantes de estructuras dominantes como el patriarcado, colonialismo, capitalismo y racismo, desde la voz de mujeres y hombres.

El X Taller Internacional de Paradigmas Emancipatorios cerrará este viernes en el Círculo Social Otto Parellada, e incluye debates sobre ética y política desde el movimiento femenino, estrategias de cambio y procesos de des-neoliberalización en Latinoamérica y nuevas resistencias al capitalismo.

Auspiciado por el Grupo Galfisa, se realiza cada dos años desde 1995 y persigue constituir un espacio de intercambio de experiencias, diálogo y articulación entre las iniciativas ciudadanas de Latinoamérica y el mundo.

por: Dai Liem Lafá Armenteros

Ese misterio que habla, camina y transforma

Estoy aquí, sentada en la segunda fila del centro, en la platea del Teatro América, de esta mañana de enero de 2013. A mi izquierda una adolescente negra y a mi derecha una mujer blanca como de unos setenta y tantos años. Las tres pertenecemos a generaciones distintas, vivimos en barrios distintos, tenemos gustos distintos, creencias distintas; sin embargo, nos une ese misterio esencial de ser cubanas. Estamos aquí para oír los testimonios de otras mujeres que viven, batallan, sueñan y construyen la cotidianidad dura, difícil, conmovedora de estos tiempos.

El telón sube, se encienden las luces y comienzan a escucharse las voces, a verse los rostros, los gestos, a sentirse los silencios, la respiración agitada y el llanto —unas veces contenido, y otras delirante— de mujeres cubanas de Los Sitios, Cayo Hueso, Colón, Dragones y Pueblo Nuevo, todos barrios habaneros. Ellas, como quienes las escuchamos, asistimos al último momento de las Cortes de Mujeres, un proceso ético y político que durante meses tuvo lugar en cinco consejos populares de Centro Habana, el más pequeño de todos los que componen la capital cubana, con una población de unos 173 mil habitantes, donde las mujeres representan el 65 por ciento.

Las Cortes resultaron espacios para dar a conocer las resistencias y las múltiples iniciativas puestas en práctica por las mujeres para enfrentar problemas y conflictos cotidianos relacionados con el deterioro del fondo habitacional, la carencia de áreas deportivas y culturales, la contaminación ambiental y los índices delictivos, presentes en este municipio habanero.

Pero contar una vida, con sus luces y sus sombras y frente a un público diverso, integrado por personas de las más variadas edades, es un acto de profundo autoreconocimiento, un ejercicio consciente de autotransformación en el cual la subjetividad de estas mujeres pone a prueba su capacidad para continuar trabajando por la solidaridad, la cooperación, el cuidado y la integración social comunitaria.

Mientras escuchaba los testimonios todo mi ser se estremecía y no dejaba de pensar en mi hija, ahora ausente de estas sesiones, en las muchachas y los muchachos de su generación que viven en el remolino confuso de estos tiempos llenos de incertidumbres, de posesiones, de tenencias por encima de esencias; no dejaba de pensar en la obra de teatro Abracadabra, en las personas que perdieron recientemente sus viviendas en Santiago y Holguín y en cientos de cubanas y cubanos que antes, en 2008, sufrieron los embates de los huracanes Ike y Gustav; en mis amigos profesores de la Isla de la Juventud, Pinar del Río y otros tantos sitios de la geografía insular que viven en albergues, esperando año tras año la posibilidad de tener una vivienda digna. Alguna vez habría que filmar los testimonios de cubanas y cubanos que han vivido en albergues buena parte de sus vidas. Allí han nacido y crecido varias generaciones de niñas y niños.

Muchas veces he sentido el impulso de escribir esas historias y estas otras que llegan ahora y se cuelan en mi memoria y la van enriqueciendo de emociones y sentidos cuando escucho los testimonios de Nuvia, Andrea, Isis —a quien obligaron a reprimir su identidad de mujer desde la niñez— o la mujer que, a pura entereza y tenacidad, burló la amputación de su pierna izquierda, defendió su integridad y logró caminar y valerse por sí misma para autoafirmarse como cubana, trabajadora de la salud, madre e hija.

No paro de llorar y mi pecho se agita como si adentro crecieran miles de pájaros. Miro a la niña y a la mujer que me han acompañado y ellas también lloran. Entonces comprendo la intensidad de este momento, cuando se echan afuera “los demonios” propios y ajenos: las discriminaciones, el racismo, el abuso de poder, la violencia, las dominaciones, y las palabras tantas veces contenidas. Hoy, en las voces de estas mujeres, el silencio se ha hecho grito para visibilizar y concientizar su resistencia y creatividad en la lucha contra el patriarcado y por la justicia social.

Las Cortes de Mujeres, primer ejercicio vivencial de los Talleres de Paradigmas Emancipatorios —que este 2013 cumplen diez años de organizados— siguen siendo desafíos para el pensamiento académico y popular, para las prácticas comunitarias, la educación y cultura cubanas, pues ellas retan la construcción de alternativas desde una nueva lógica de convivencia humana, aquella que le da la posibilidad a cualquier persona de ser y hacer por su país, por su ciudad, por su localidad, por su familia y por sí misma.

La fuerza de estas historias no está sólo en el ejercicio prístino de decir, de echar afuera las palabras, sino en lo que implica esa palabra que sale a caminar y a construir también desde la alegría de ser y sentirse mujeres blancas, negras, jóvenes o viejas, diferentemente capacitadas o cuando teniendo un cuerpo de hombre se piensa y se siente como mujer, pero, sobre todo, cuando, por encima de cualquier prejuicio o dominación, se defiende el sentido de ser parte de algo que es inmensamente más grande: una Cuba plural, mestiza y solidaria.

Machismo en el banquillo de los acusados

Testimonios de mujeres de La Habana evidencian la inequidad de género que persiste en la sociedad cubana.

Mujeres que han sufrido en carne propia la discriminación, la agresividad y la pobreza enjuiciaron la violencia de género durante la Corte de Mujeres por la Solidaridad, la Equidad de Género y la Justicia Social, realizada al inicio de un encuentro internacional sobre paradigmas emancipatorios.

Los retos que supone vivir con discapacidad, nacer en un hogar disfuncional, enfrentar las decisiones herradas de los hijos, la experiencia de la transexualidad, entre otras situaciones, fueron expuestos en los testimonios de siete mujeres de diversas edades que residen en el municipio de Centro Habana, el más pequeño y uno de los más poblados del país.

Como eje común, la resistencia y la capacidad de transformación a partir de las decisiones individuales primó en los relatos, pues en todos los casos se trató de mujeres que intentan superar la adversidad que las ha marcado e integran proyectos comunitarios o culturales.

El encuentro fue organizado por el Grupo de Estudio “América Latina: Filosofía social y Axiología” (Galfisa), del Instituto de Filosofía, en conjunto con la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), el Centro Martin Luther King y el gobierno municipal como acción inicial del X Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios que se extiende hasta el 11 de enero en La Habana.

Según explica la doctora en filosofía Georgina Alfonso González, las cortes de mujeres resultan procesos simbólicos, éticos y políticos para visibilizar y concientizar la resistencia y creatividad cotidiana de las mujeres en su lucha contra el patriarcado y por la equidad de género.

Desde hace varios años Galfisa trabaja con esta metodología y han realizado nueve cortes, dos de ellas en Cuba y el resto en otros países de la región. Estas son entendidas como espacios de articulación entre organizaciones y movimientos sociales latinoamericanos.

Para la presente edición se partió de experiencias previas realizadas entre septiembre y octubre en los barrios capitalinos de Los Sitios, Cayo Hueso, Colón, Dragones y Pueblo Nuevo, en las que compartieron su historia unas 21 mujeres y participaron casi 300 personas en el auditorio, en su mayoría residentes locales.

La selección de los testimonios correspondió a las propias comunidades de Centro Habana, un municipio donde las mujeres constituyen 65 por ciento de la población total y casi 57 por ciento de los delegados a la Asamblea Municipal del Poder Popular.

Desde el escenario del teatro se escucharon conmovedores testimonios como el de Yolanda Haten, madre desde los 16 años, quien producto de su contexto marginal, debió recurrir a la prostitución para sostenerse. Nacida en una familia disfuncional y marcada por el alcoholismo, fueron pocos los apoyos que encontró frente a todo tipo de agresiones machistas.

Sin embargo, por su propio esfuerzo logró superarse y hoy trabaja como asistente en un círculo infantil (guardería).

La falta de visión tampoco fue obstáculo para que Nubia Martínez, de 26 años, se graduara de psicología en la Universidad de La Habana; mas debió soportar la subvaloración y el maltrato en varios momentos de su vida estudiantil y profesional. Aunque actualmente ejerce su carrera en un policlínico de Centro Habana, los primeros contactos laborales se negaron a ocuparla y recibió el rechazo en múltiples ocasiones producto de su ceguera.

En opinión de Alfonso, los testimonios resultan voces que promueven la solidaridad, el trabajo colectivo, la integración social y todo lo que hace que mujeres y hombres crezcan en su autoestima y dignidad.

El objetivo central de las cortes es “promover las experiencias comunitarias desde testimonios de vida y hacerlas trascender a otros espacios nacionales y regionales, articulando las prácticas y la subjetividades de las mujeres que día a día protagonizan las razones para vivir y crear en nuestras comunidades”, señaló la organizadora.

También se trata de una invitación a ver a Cuba con sus luces y sus sombras, pues ellas “hablan de un sujeto mujer en revolución, que significa no dar por acabado la dignificación y emancipación de las cubanas, sino aprovechar las posibilidades que abre el actual proceso de actualización del socialismo en Cuba para reempoderarnos de los espacios públicos y privados y recuperar nuestra autoestima como mujeres”, concluyó.

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