Centro Martin Luther King

Encuentro de Montevideo dará continuidad a la Jornada Continental por la Democracia y contra el Neoliberalismo

El Centro Memorial Dr. Martin Luther King Jr. forma parte de un amplio grupo de Redes, organizaciones y plataformas del continente que, desde el 2015, trabaja en la articulación de diferentes actores del campo social del Continente en torno a la Jornada por la Democracia y contra el Neoliberalismo. En el lanzamiento del Encuentro de Montevideo, a realizarse del 16 al 18 de noviembre de 2017. En la convocatoria realizada en la capital uruguaya participó Llanisca Lugo, quien forma parte del equipo de Solidaridad y Comunicación para la Incidencia del CMMLK.

Del 16 al 18 de noviembre se realizará en la capital uruguaya el Encuentro de Montevideo. Este espacio, donde se espera la presencia de cerca de siete mil militantes y miembros de movimientos sociales, sindicatos, organizaciones campesinas, colectivos feministas e integrantes de otras organizaciones políticas y sociales, dará continuidad a la Jornada Continental por la Democracia y contra el Neoliberalismo, que aglutina desde fines de 2015 a las fuerzas sociales más representativas del campo popular en el Continente.

El pasado martes se realizó el lanzamiento del Encuentro en Montevideo durante un acto en la sede de la central obrera de Uruguay, el PIT-CNT, en conmemoración del 44 aniversario del inicio de la Huelga General contra la dictadura en ese país.

Allí hicieron uso de la palabra el dirigente Eduardo Platero, de la Central Nacional de Trabajadores de aquella época, el actual secretario general del PIT-CNT, Marcelo Abdala, y la secretaria de Política Sindical y Educación de la Confederación Sindical de Trabajadores/as de las Américas (CSA), Amanda Villatoro.

En el lanzamiento del Encuentro de Montevideo participó Llanisca Lugo, quien forma parte del equipo de Solidaridad y Comunicación para la Incidencia del CMMLK. En entrevista concedida a Radio Mundo Real, realizó un balance de la primera edición de la Jornada Continental y señaló que la coyuntura regional indica, aún con más énfasis que en 2016, la necesidad de construir solidaridad activa e internacionalismo social para defender los procesos democráticos en Latinoamérica, amenazados por una contraofensiva neoliberal. Asimismo, focalizó la atención sobre la situación de agresión interna y externa que atraviesa la Revolución Bolivariana en Venezuela y explicó que la Jornada Continental será también una muestra de solidaridad y acercamiento a ese conflicto, que no acaba en las fronteras nacionales venezolanas.

Entre las Redes, plataformas y organizaciones que convocan la Jornada Continental por la Democracia y contra el Neoliberalismo se encuentran la Coordinadora Sindical de las Américas (CSA), la central sindical uruguaya, PIT-CNT, la CLOC-Vía Campesina, Jubileo Sur, Amigos de la Tierra de América Latina y Caribe (ATALC), la Articulación Continental de Movimientos Sociales hacia el ALBA y el Capítulo Cubano de ésta.

Desde su surgimiento durante el Encuentro Hemisférico por los diez años de la Derrota del ALCA, celebrado en La Habana en noviembre de 2015, la Jornada centra su proceso de acumulación para la movilización y contribuir a la reconstrucción del campo popular en el continente en cuatro ejes principales: la lucha contra el libre comercio y las transnacionales, la profundización de los procesos democráticos y la defensa de las soberanías, así como la integración desde los pueblos. Estos se transversalizan con las perspectivas de género, de los jóvenes y de los migrantes.

Con información de Radio Mundo Real

Escuche entrevista a Llanisca Lugo
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Conferencia mundial de los Pueblos en Bolivia “Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal”: un horizonte humanista

Cumbre de los pueblos Bolivia

El 20 y 21 de Junio se lleva a cabo la Conferencia Mundial de los Pueblos “Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal” en el municipio de Tiquipaya, Bolivia.

El evento, convocado por el Gobierno y los movimientos sociales del Estado Plurinacional de Bolivia, cuenta con la presencia de unos 2500 delegados de organizaciones sociales, defensores de derechos de los migrantes, académicos, juristas y autoridades gubernamentales de distintos puntos del planeta.

Según el texto de convocatoria, esta conferencia tiene el “propósito de constituirse en un espacio inclusivo de reflexión, que busque desmontar muros físicos, muros legales invisibles y muros mentales, como la discriminación y el racismo, recuperando paradigmas y visiones propias de los pueblos, promoviendo alternativas y propuestas que contribuyan a superar fronteras, a construir puentes de integración y a trabajar un plan de acción de los pueblos para alcanzar la “ciudadanía universal”.

Honrando la invitación, la presente nota pretende ser un aporte a la discusión sobre la cuestión y acerca del paradigma de futuro que este importante cónclave reclama.

Migrantes, desplazados, refugiados

Bien vale aclarar algunos términos que suelen utilizarse indistintamente generando confusión. Migrante es una persona que vive en un lugar distinto a aquel en el que nació. Desplazado es quien se ve obligado a dejar su lugar de asentamiento habitual. La migración o el desplazamiento pueden ocurrir dentro de las fronteras del propio país o más allá de ellas, convirtiéndose entonces el migrante o desplazado en emigrante. Se considera refugiado, según la Convención de Viena de1951 a aquellas personas con temor fundado a ser perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas que han debido abandonar su país. A estas definiciones que tipifican el reconocimiento de status de refugiado para la ACNUR, se suman algunas otras Declaraciones regionales como la de la Organización de la Unión Africana (OUA) de 1969 y la de Cartagena de 1984 que amplía el concepto “a las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público.”

O sea, no todo migrante es un refugiado, pero todo refugiado sí es migrante, mientras que un desplazado puede o no emigrar y si bien su condición es en general precaria, no se considera un refugiado en sentido formal.

En este contingente de personas que abandonan sus lugares de residencia, ya sea de manera voluntaria o forzada, están incluidos los migrantes internos entre las regiones de un mismo país, generalmente migrando de la ruralidad hacia los distintos conglomerados urbanos y, en éstos, hacia sus periferias.

Hechas estas distinciones primarias, creemos necesario abordar como un todo la complejidad de estos fenómenos diferenciados entre sí, pero que se entremezclan tanto en sus raíces como en sus efectos.

Por otra parte, la cuestión migratoria en su conjunto presenta dos facetas distintas: una, en sentido positivo, se refiere a la posibilidad de elegir en qué país uno quiere vivir, a diferencia de la imposición de circunstancias que obligan a un conjunto humano a distanciarse de su lugar de residencia habitual.

En este último caso, confluyen guerras civiles e internacionales, agresiones armadas extranjeras, hambrunas, desastres climáticos, situaciones de pobreza extrema, la omnipresencia del crimen organizado, pero también persecución política, racial, de género, de orientación sexual u otras formas de vulneración de los derechos humanos. Asimismo una desocupación extendida, la explotación socioeconómica y la depredación medioambiental suelen asociarse indisolublemente a las motivaciones para buscar desesperadamente ámbitos donde sea posible sobrevivir.

Pero también es necesario mencionar causales migratorias que no se originan en los lugares de origen sino en los de destino. Nos referimos a que los países económicamente poderosos succionan intencionalmente inmigrantes para bajar sus costos laborales, realizar labores que los trabajadores locales se resisten a hacer por ser consideradas de inferior calidad, flexibilizar de facto condiciones laborales, evitar cargas impositivas o transgredir normas de seguridad a través de la contratación de migrantes no autorizados. En el caso de la inmigración formalizada, lo que motiva a los países supuestamente “benefactores” es la imperiosa necesidad de rejuvenecer su composición demográfica, apuntando a que jóvenes trabajadores extranjeros equilibren con sus aportes las arcas que destinan los estados a la seguridad social.

Se hace entonces evidente que, en todos los casos, la violencia en sus distintas formas (física, económica, racial, religiosa, psicológica, etc.) juega un papel central en la migración forzada tanto interna como externa y en muchos casos, hasta en la movilidad aparentemente voluntaria. Dicha violencia es la matriz objetiva y valórica del sistema imperante, que reduce la vida a un circuito de enajenación y condena al ser humano a la tragedia de vivir entre carencias inadmisibles y deseos sufrientes.

Un mundo de personas en movimiento

En la actualidad, uno de cada siete habitantes del planeta es un migrante. De los mil millones de migrantes, un 75% lo hace dentro de las fronteras nacionales mientras que 244 millones son migrantes internacionales, 71 millones más que a principios de milenio Se calcula que aproximadamente cincuenta millones de los migrantes internacionales lo hacen en situación irregular. Muchas de estas personas enferman o mueren debido a las enormes dificultades que deben atravesar en su periplo.

Por su parte, a finales de 2015 había 65,3 millones de personas desplazadas, un 10% más que el año anterior. El informe de ACNUR indica que de éstos, 21,3 millones eran refugiados, 40,8 millones desplazados internos y 3,2 millones solicitantes de asilo.” El número total de desplazados internos se ha casi duplicado desde el año 2000 y aumentado fuertemente en los últimos cinco años. En 2016, se registraron 31.1 millones de nuevos casos de desplazamiento interno, equivalentes a una persona desplazada por segundo.

Todo ello convoca a medidas inmediatas, pero sobre todo, tal como lo propone la Conferencia en Bolivia, a una reflexión revolucionaria.

Migrar es un derecho humano

La migración es un fenómeno histórico permanente, motivado por circunstancias externas que dificultan la supervivencia de un grupo humano o por la exploración de nuevos y mejores ámbitos de desarrollo individual o colectivo. En la situación actual, el volumen, ritmo de crecimiento del fenómeno migratorio y sus características de expansión global, nos muestran un nuevo momento de la humanidad. Un momento de interconexión total, inédito en la historia: la primera civilización humana a escala planetaria. Un momento de enormes posibilidades pero también de conflictos.

En la situación actual, a la exponencial ampliación del transporte y a las posibilidades que desprende el conocimiento de otras realidades mediante las comunicaciones, se corresponde el desplazamiento veloz de cada vez más grandes grupos humanos. Todo indica que estos flujos, lejos de disminuir, van a continuar en aumento a futuro.

Ante este movimiento masivo se levantan muros que repelen, reprimen y excluyen. Vallas que cercenan el derecho a transitar libremente por esta Tierra donde sólo el capital puede moverse a sus anchas. Límites que intentan proteger el botín robado por las potencias coloniales a quienes, en justísimo reclamo, quieren ahora compartir una porción de ese bienestar arrebatado.

Las fronteras de los estados no son hechos naturales ni decididos por sus poblaciones, sino elucubraciones artificiales de poderes paradójicamente transfronterizos – imperialistas en palabras sencillas – para delimitar la administración y explotación de áreas de influencia. Por ello es que esas fronteras suelen dividir en países distintos a personas pertenecientes a un mismo pueblo y cultura.

Pero las barreras a demoler no son tan sólo corpóreas, sino que se encuentran finalmente en la interioridad humana. Prueba de ello es que, aún atravesando las fronteras entre países, ingresando a las tierras prometidas o prohibidas, persiste la discriminación, la explotación, la segregación de las comunidades inmigrantes, siendo éstas percibidas por un importante núcleo poblacional nativo con extrañeza y en muchos casos, con rechazo. La gran pregunta es qué hacer frente a estos impedimentos localizados en regiones no tan sencillas de acceder.

Todos somos migrantes, todos somos mestizos

La cultura en la que se crece conforma el molde inicial del pensar, sentir y actuar de cada persona. Sin embargo, la cultura no es un hecho inamovible sino dinámico, que se nutre del aporte de sucesivas generaciones en su construcción. Por otra parte, al revisar distintos aspectos de cada cultura se observa sin mayor dificultad de qué manera éstas han incorporado elementos de otras culturas con las que entraron en contacto. Aún en la imposición, en el avasallamiento colonial, la cultura invasora se impregna de distintos aspectos de la sometida, produciéndose una síntesis distinta y nunca unilateral.

Es posible – e imprescindible en los tiempos novedosos que corren – pensar en una existencia intercultural, no tan sólo como convivencia estanca entre naciones diferentes, sino como un enriquecimiento mutuo de saberes y experiencias adquiridas. Este dar y recibir requiere por parte de las poblaciones comprensión sobre las ventajas de abrirse al cambio, disposición a experimentar y paciente aprendizaje, lo cual será facilitado si los liderazgos exhiben coherencia y una cercana docencia.

Docencia que debe además señalar sin dobleces la responsabilidad del gran capital especulativo en la crisis económica que genera ajuste, desocupación y miseria. El esclarecimiento es fundamental, ya que de otro modo, el poder económico de las corporaciones – tal como ha sucedido en otros momentos de la historia – busca enfrentar a trabajadores locales contra sus pares inmigrantes, para así ocultar el real funcionamiento sistémico destructivo e impedir que las fuerzas populares se consoliden en torno a cuestionamientos de fondo.

Este esfuerzo de diálogo, de comunicación y participación es la única vía para forjar y consolidar un renovado sentido común que permita torcer el actual rumbo político intolerante que parece ampliar su influencia. Signo fascista, revestido indistintamente con perorata proteccionista o ropaje neoliberal, que aprovecha pragmáticamente el malestar que experimentan las poblaciones ante la inestabilidad producida por rasantes transformaciones del paisaje social y la imposición de un estilo de vida individualista que corroe lazos interpersonales y colectivos.

En términos políticos, lo primero es garantizar a cada ser humano la libertad de vivir donde quiera, en condición de ciudadano universal.

En cuanto a medidas que ayuden a abrir el camino de una migración libre y no forzada en esta selva gobernada por salvajes de traje y corbata y perfumes caros, hay que detener de inmediato y a futuro todas las guerras. Dejar de producir, comprar o almacenar armas, prohibir su tenencia particular, transformar fuerzas armadas como ejército y policía – que son los principales focos de proliferación de tenencia de armas irregulares – en cuerpos de servicio civil.

A fin de contrarrestar las presiones económicas que impulsan la migración no deseada, es menester generar mecanismos distributivos como los que emanan de las formas cooperativas o comunitarias, impedir la libre circulación de capitales hacia guaridas fiscales, limitar la economía especulativa con altos impuestos a las transacciones financieras y rechazar el genocidio mercantilista, que en su avance territorial extingue distintas formas de vida de comunidades que son obligadas a exiliarse. Lograr términos justos de intercambio internacional, exigir transferencias de alta tecnología como compensación al expolio colonial y resistir con decisión los embates de anteriores o nuevos imperialismos en formas de tratados librecomercistas son imperativos para generar mejores condiciones de vida en los lugares empobrecidos. En el mismo sentido, multiplicar la inversión social, descentralizando el acceso a bienes y servicios es imprescindible para lograr una distribución poblacional equilibrada y evitar el hacinamiento en conglomerados urbanos.

Un aspecto geopolítico vital es el fortalecimiento de la integración regional, no tan sólo desde una mirada economicista competitiva o desde una interestatalidad sujeta al vaivén cambiante de los vientos políticos, sino como práctica permanente desde los pueblos, que permita ir ampliando fronteras hasta su desaparición empírica. Un hermanamiento que pueda alimentarse de un proyecto común a futuro y no tan sólo de raíces comunes – que no todos sienten del mismo modo – ofrece una clave de solidez y una dirección permanente a la integración.

La nación humana universal

Es posible incluso ir más allá. La tendencia hacia la mundialización – distinta de la globalización en manos del capital – es evidente. El contacto entre pueblos se irá haciendo cada vez más intenso, lo cual nos permite preguntar acerca del futuro sentido de comunidad necesario para acometer tareas colectivas.

La universalidad de lo humano es una posible respuesta a esa pregunta. Más allá de la diferencia, de bienvenidos matices culturales diversos, todos queremos felicidad, bienestar y una existencia plena para nosotros y nuestros seres queridos. Sin embargo, lo imaginamos por diferentes vías y en ocasiones, creemos que la felicidad de unos se opone a la de los demás.

Tal falacia genera innumerables problemas y en definitiva, impide el avance histórico. Si por el contrario, se reconoce la humanidad ajena como equivalente a la propia, su diversidad como riqueza y la posibilidad de una convergencia horizontal entre pueblos y culturas, entonces se está invitando a atravesar el umbral de la historia hacia un horizonte radicalmente distinto. Posiblemente ésa sea la puerta de entrada y la convocatoria del momento: hacer de esta primera civilización planetaria de la historia, una verdadera nación humana universal.

Conferencia mundial de los Pueblos en Bolivia “Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal”: un horizonte humanista

Tomado de Albatv.com

Raúl Suárez y el cristianismo revolucionario

Fragmento de la entrevista al Reverendo Raúl Suarez, Pastor bautista, Director del Centro Memorial Martín Luther King Jr. (CMMLK) y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Raúl Suárez

Frente a un orador tan distinguido, reconocido incluso por el Comandante, creo que es necesario disculparme de antemano por la inexperiencia en el campo periodístico que me impide conducir una entrevista en los términos y pautas propias de este género. Con esta aclaración debo elogiar, también de antemano, las magníficas respuestas del Pastor Raúl Suárez, confieso que algunas de sus respuestas llegan a sorprenderme de un modo insospechado.

*Justo al empezar llaman a Suárez al teléfono. A pesar de sus 81 años es un hombre muy atareado con amplias responsabilidades. * *Isarn – ¿En qué momento y con qué voluntad inicial se crea el CMMLK? *
Raúl Suárez – Bueno, en primer lugar es el año 1984, año de oro del mejoramiento de las relaciones de la iglesia con el Estado, el Partido y el Gobierno. Además, Fidel asistió a un acto que yo preparé, como Secretario Ejecutivo del Consejo Ecuménico de Cuba y a la vez como Secretario de Relaciones Internacionales de una organización obrero-estudiantil bautista de izquierda, un culto en homenaje al Dr. Martin Luther King. Estaba en Cuba el reverendo Jesse Jackson, aspirante a la candidatura presidencial por el partido Demócrata en Estados Unidos, en el más alto nivel de su popularidad. Jackson vive todavía, un pastor bautista, negro, un buen predicador. Y entonces aprovechamos que había sido invitado por el gobierno y también de nuestra parte para tener la oportunidad de escucharlo en uno de sus sermones.

Yo nunca había visto a Fidel de cerca, pero en ese momento, desde que entró por la puerta me dijo: – Yo conozco como es la iglesia católica pero a ustedes no, nunca he estado en una reunión de estas, ayúdame. Y entonces le digo: Bueno haga lo mismo que yo y cualquier cosa usted me pregunta. Así hizo, y cuando se terminó la actividad él me invitó a una cena con Jackson y un grupo de personalidades. Allí estuvimos por primera vez conversando con él.

Cuando Jackson se fue para Estados Unidos Fidel me invitó a que yo fuera con él a despedirlo al aeropuerto. Eso fue en junio de 1984.

Cuando todo se acabó estábamos muy felices, y a mí se me ocurrió la idea de solicitarle a Fidel una entrevista con un grupo de líderes ecuménicos, hombres y mujeres, y él me contestó inmediatamente que sí. Exactamente el 14 de noviembre de 1984 nos reunimos 3 horas y media con él. Ahí terminamos con un brindis en su despacho y dijo: Vamos a hacer un brindis porque estos son verdaderos amigos. Él se había reunido dos días antes con los grupos católicos. Decir “estos son verdaderos amigos” significaba que estaba contento de verdad, sin decir que con los otros no tuvo la misma sensación.

Por otra parte, en el 85, aunque ya desde el 84, Frei Betto le había hecho la famosa entrevista de 23 horas. Había una edición mínima de 30 mil ejemplares y el día que nos reunimos con Fidel, él nos dio un libro a cada uno de nosotros.

Isarn – ¿El libro Fidel y la religión?

Raúl Suárez – Si. Fidel y la religión. Este tienes que leerlo.

Isarn – Estoy en ello.

Raúl Suárez – Entonces el siguiente año, salió una edición de 90 mil ejemplares y poco tiempo después salió otra de un millón de ejemplares, tanto para Cuba como para el mundo (ya se han hecho 23 traducciones en diferentes idiomas). Todo eso sucedió, mientras el Estado prácticamente se había caracterizado como un estado ateo, aunque no lo dijera así en la Constitución, el Estado era un estado confesional.

La entrevista con Betto fue muy importante sobre este tema porque Fidel se lo dijo: El Partido es confesional, el Estado es confesional. Porque toma partido con respecto a las creencias religiosas del Estado, de todo el pueblo. Todo eso sucede entre el 84 y el 85.

Hasta ese momento aquí no había posibilidad de un espacio en la sociedad para la iglesia, todo lo hacia el Estado. Trabajo con los niños, los jóvenes, los viejos, la seguridad social, el trabajo comunitario… La iglesia no tenía espacios. Entonces, a partir de estos acontecimientos nos dimos cuenta que sí, que era realmente importante. Y Fidel se dio cuenta también y yo le pedí esa reunión.

Por lo tanto en el 85 pusimos la primera piedra de lo que es esto, el Martin Luther King Jr. No existía esta parte, ni lo de enfrente. (Estamos en una sala de reuniones del CMMLK y Raúl señala con entusiasmo). El local que está ahí, era una casa vieja de madera. Nosotros la derrumbamos y nos metimos en un cuartico de la iglesia a vivir. Y en el 87 inauguramos el Centro.

¿Por qué lo inauguramos? En primer lugar para tener una presencia social, es decir, que la iglesia local tuviera un brazo de servicio para trabajar en ese espacio con los niños, los jóvenes, los ancianos, la construcción de viviendas, sobre todo por la situación de vivienda que había aquí en el barrio. Y también tomar partido con relación a la cuestión racial que era muy importante porque este es un barrio prácticamente negro. La iglesia no es iglesia de Jesucristo si vive dentro de las paredes de los templos.

Segundo, hay que sacar a Cristo de los templos y ponerlo donde él estaba, donde él vivió. Jesús de Nazaret fue un hombre que recorría las aldeas, las ciudades. Fue creando comunidades por toda la Palestina y estas comunidades luego se extendieron.

Además, la intención era tener un espacio para una nueva manera de comprender y de vivir la fe, una nueva teología. Cuando llega el año 1985 aquí no se había popularizado la Teología de la Liberación por el aislamiento que hubo con Cuba, pero teníamos idea de lo que era eso ya. Para el 80 es una realidad en toda América Latina y en el mundo entero. Esos fueron los objetivos principales de la creación del Centro Martin Luther King Jr.

Isarn – Ahora quería preguntarle sobre la apuesta ecuménica, más allá del trabajo comunitario ¿Hasta qué punto hay diálogo con las otras religiones que no son cristianas y en concreto que convivencia mantiene el Centro con la religión Yoruba?

Raúl Suarez – Concretamente el Centro aportó también el movimiento obrero estudiantil ese del que te hablé en el trabajo ecuménico que nosotros proponíamos para integrar. Yo fui presidente del Consejo Ecuménico de Cuba 4 años y después fui Secretario Ejecutivo 4 años más, anteriormente había sido Secretario Adjunto y había sido Vicepresidente tercero del Consejo Ecuménico. Entonces, lo que quiero decir es que el aporte no solamente fueron nuestras personas, de los cargos, no solo yo, sino que te puedo hablar de unas 20, 30, 40 personas que de una manera u otra estaban integradas en el movimiento ecuménico.

Nosotros éramos una fuerza real, pero por otra parte rompimos con el ecumenismo de élite. El ecumenismo a veces es con los presidentes de las iglesias hablando entre sí y después se pierde y no hay nada más allá, nada que se extienda al pueblo.

Para mí el ecumenismo es la base, que las comunidades practiquen con otras comunidades el ecumenismo y se unan para trabajar en la comunidad. Entonces en este sentido el aporte que nosotros hemos dado es significativo. Además, entre 4 000 y 5 000 personas han pasado por aquí: de las iglesias y no de las iglesias, del Partido, del Gobierno, profesores de las universidades, trabajadores comunitarios para los cursos que hemos ofrecido de educación popular y también en los programas socio-teológicos que hemos impartido. El aporte ha sido, sin duda, significativo.

Con relación a las religiones cubanas de origen africano el sentido general del protestantismo nuestro es un protestantismo que fue de trasplante. Las mismas iglesias que había allá, están aquí y con la cultura que ellos tenían no les podíamos pedir otra cosa. Era gente muy buena pero gente que tenían una ideología, tenían una cultura, tenían costumbre. Y casi todos eran, los que venían de los de Estados Unidos, además de otras cuestiones, eran racistas. No digo que los que vinieron aquí fueran racistas pero las iglesias nuestras se convirtieron prácticamente en iglesias blancas.

Los negros habían sido discriminados por negros, por pobres y por practicar otras religiones. Porque a nosotros los misioneros norteamericanos nos decían que eran religiones satánicas, diabólicas, perversas. Se agarraban de ciertos detallitos deformantes de esas religiones, interpretaciones burdas que alguien. Y los que estaban en contra de estas religiones se agarraban a estas pequeñas cosas para tomar una actitud de oposición.

Para no cansarte, hoy yo soy miembro fundador de la Plataforma Interreligiosa de Cuba. Un grupo de trabajo donde están representadas unas 10 religiones, las diez que existen en Cuba, menos la católica: los Abakuá, los Ñáñigos, los Abakuá-ñáñigo, la Reina de Palomonte, los Congos y la religión Yoruba, están los judíos y están los musulmanes también.

Nosotros como Centro tenemos una posición macro-ecuménica. No en el ecumenismo, porque el ecumenismo se reduce a las iglesias y nosotros creemos en un ecumenismo mucho más amplio: con los comunistas, con quién sea que tenga buena voluntad de servir al pueblo, estamos ahí con ellos.

Entonces, con esto te quiero decir que no todo el protestantismo cubano ni mucho menos la Iglesia Católica mantiene esta posición. La Iglesia Católica no las acepta como religiones, y en el ideario protestante todavía perdura aquello de los misioneros: que si son religiones de origen satánico, que por lo tanto solo podemos acercamos a ellos para que se conviertan al cristianismo. Esa no es la posición del Centro. La posición nuestra es de respeto total a sus creencias y buscar todo lo que nos une, para servir a nuestro pueblo también con la unidad.

Isarn – ¿Cómo el tejido popular auto-organizado se relaciona con el Estado y qué posibilidades tiene de prosperar sin esa relación con el Estado aquí en Cuba?

Raúl Suárez – Bueno, nuestro Estado es un estado laico, no es como España o Colombia y otros lugares más donde la religió oficial es la iglesia católica. Aquí nunca fue así, después de la independencia de Cuba en 1902 no hubo religión oficial y la Revolución heredó esto el Estado nuestro es laico, secular.

El Centro, que no es una iglesia, se declara de inspiración cristiana, pero también con la opción socialista.

Aun así, nosotros no hemos recibido un centavo del Estado para nada de lo que hicimos, ni lo hemos pedido. Tenemos una relación especial con el Ministerio de Cultura, nos dijeron: Pagamos los salarios. Nosotros no lo aceptamos. Con esto te quiero decir que tenemos las mejores relaciones con el Estado, con el Partido, con el Gobierno Revolucionario, pero relaciones de compañerismo como parte de la sociedad civil que somos, nosotros tenemos total independencia para realizar nuestro trabajo.

Isarn – ¿Cómo relaciona el Centro las ideas de justicia social y trabajo comunitario con el ideal socialista que tiene la Revolución?

Raúl Suárez – Hay un libro que ahora coordiné de unos 12 autores, protestantes y católicos, hombres y mujeres. Nosotros tomamos el concepto de Fidel de la Revolución lo sistematizamos, dividiéndolo por partes donde se buscara en la Biblia, en lo que es la Fe cristiana, los valores de la Fe cristiana.

A lo que aspirábamos con este libro es a defender que no existe contradicción: un socialismo sentido, pensado y una fe cristiana sentida y pensada no tienen por qué ser enemigos. Cuando en esencia, vamos a decir en teoría, porqué en la práctica a veces es otra cosa ¿no?, tanto los protestantes como los católicos han sido y son anticomunistas y todas estas cuestiones.

Nosotros no, hemos hecho una opción con inspiración cristiana, por el proyecto socialista. ¿Por qué lo hacemos? Porque entendemos que hay valores en el proyecto socialista cubano que son también nuestros valores. Y se genera una unidad y por lo tanto, a partir de ahí, nos lanzamos a hacer nuestro trabajo. Tú vas a ver el trabajo comunitario, que para mí eso es esencial. Nosotros podemos tener todo lo demás, pero si no hay un trabajo comunitario en la base con el pueblo, esto no significa nada.

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