Centro Martin Luther King

El capitalismo (neoliberal) ha muerto. ¡Viva el capitalismo corporativista!

ALAI AMLATINA, 21/01/2013.- En el anterior artículo (¿Signos de desbandada neoliberal? http://alainet.org/active/60951) pasamos revista a la grave y persistente situación de las economías reales en los países del llamado “capitalismo avanzado”, y del comienzo de reconocimiento por parte de economistas y políticos, que el neoliberalismo y las recetas de austeridad han puesto el capitalismo a la defensiva y que los ingredientes para estallidos sociales ya existen en muchos países. En ese contexto se escuchan ahora voces de la clase dominante que afirman que ya se superó la crisis, y otras que plantean hacer cambios para mantener un sistema que comienza a tambalearse.

Hace siete décadas, al analizar las causas y los efectos del desplome de las economías durante la Gran Depresión de los años 30 del siglo 20, Karl Polanyi escribía que en el momento en que la sociedad comenzó a buscar cómo protegerse de los peligros inherentes a un sistema de mercado autorregulado, cada país del capitalismo industrial fue tomando –cada uno por su cuenta- medidas de orden social y económico, pero las diferencias políticas tenían como contrapartida una “semejanza entre los regimenes nacientes, el fascismo, el socialismo y el New Deal, pero esta era únicamente su común abandono de los principios del laissez-faire” (1)

La respuesta común a la dictadura de los mercados que había puesto la sociedad al servicio de los intereses económicos, provocando con ello un desastre social y político de dimensiones mundiales, fue el abandono de los “mercados autorregulados” y la adopción del dirigismo estatal, que en el mundo capitalista asumió formas corporativistas que entretejían los intereses de determinados sectores y grupos sociales con los intereses de sectores económicos del capital, como los industriales, con el Estado arbitrando estas relaciones y planificando la economía para alcanzar objetivos tales como crear empleos, desarrollar industrias (con fines armamentistas en los países del “eje fascista” en primer lugar, y luego en Estados Unidos y Gran Bretaña) y superar la pauperización de la Gran Depresión.

El corporativismo estuvo al servicio de regimenes totalitarios –la Alemania nazi, la Italia fascista, entre otros más-, y en Estados Unidos (EE.UU.), con el New Deal, la planificación económica permitió llevar a cabo transformaciones económicas, fiscales y sociales de carácter progresista destinadas a impedir que las masas populares abrazaran el socialismo o el fascismo. El New Deal se expandió a otros países antes y después de la Segunda Guerra Mundial. La experiencia socialista, en la Unión Soviética, fue la planificación quinquenal de la economía, adoptada en 1928 y aplicada a partir de 1929.

Es evidente que la creación de millones de empleos mediante el desarrollo industrial y la mecanización del campo, que en EE.UU. logró el New Deal, no es reproducible en la actualidad en los países del capitalismo avanzado: los “ejércitos” de robots que reemplazan a los asalariados existentes y a los jóvenes que debían reemplazarlos, es una realidad prácticamente irreversible. Y tampoco son realistas las propuestas que circulan en ciertos países de “repatriar” las industrias que desde hace décadas las transnacionales vienen mudando a los países en desarrollo para explotar la mano de obra barata, apropiarse de mercados y repatriar las ganancias para Wall Street y sus ejecutivos. Lo que frecuentemente se olvida es que con esas mudanza no solo se mudaron los empleos, sino que se perdió la acumulación y capacidad de transferir la experiencia y el conocimiento de los trabajadores y técnicos, entre muchas otras cosas más.

Pero, como veremos a partir de las opiniones y propuestas de economistas, y de políticos y funcionarios del sistema imperante, el reconocimiento de que el neoliberalismo fracasó y constituye una amenaza al sistema capitalista los lleva nuevamente a proponer alguna forma de dirigismo estatal, de capitalismo de Estado –nunca la planificación económica que tenga en cuenta los intereses de la sociedad, por el momento-, o sea un retorno al corporativismo envuelto en engañosos conceptos, como el de un “capitalismo global administrado”.

¿Qué nos dicen los economistas?

Para economistas como Joseph Stiglitz, esta crisis estructural y las crisis que estamos pasando por alto –en particular el cambio climático-, se exacerbaron después de la Gran Recesión del 2008 y no serán resueltas por el mercado. Son crisis de tipo mundial y para resolverlas se necesitan transiciones estructurales, o sea que “es necesario que los gobiernos desempeñen un papel más activo”. Su colega Paúl Krugman piensa algo similar, aunque comienza a acercarse al problema de fondo de esta crisis estructural: “¿Qué es lo que está sucediendo? De la mejor forma que lo puedo decir, hay dos explicaciones plausibles, y hasta cierto punto ambas pueden ser verdad. Una es que la tecnología hizo un viraje que ha puesto el trabajo (asalariado) en desventaja; la otra es que estamos viendo los efectos de un neto aumento en el poder de los monopolios. Pensemos en esas dos narrativas como una que enfatiza a los robots, y en la otra a los “magnates ladrones” (robber barons)” (2).

El analista económico William Greider (3) reporta que en una de las principales cunas del pensamiento neoliberal, el Institute Peterson (IP) en Washington, hubo el 7 de enero pasado una reunión sobre “ética y globalización” en la cual economistas y cientistas sociales presentaron sus opiniones y trabajos. Algunos de ellos describieron al sistema global como en medio de graves problemas y advirtieron que “si las cosas no cambian” habrá rebeliones populares, incluso en EE.UU.

Greider apunta que habiendo perdido la confianza en las promesas del sistema de libre comercio, “muchos están volviéndose hacia los gobiernos para que los salven del capitalismo global”. Howard Rosen, investigador visitante del IP, describió las consecuencias negativas de las últimas décadas y concluyó recomendando reformas: un salario mínimo en todo el mundo, aumentos de salarios vinculados a los aumentos de productividad, seguro contra el desempleo, adopción de estándares laborales internacionales, promoción de la sindicalización, y compromisos de Wall Street y demás instituciones financieras internacionales de que no darán financiamiento a las naciones que no acepten tales reformas.

En esta reunión del IP el economista David Branchflower, de la Universidad Dartmouth, denunció el terror que viven los trabajadores, jóvenes y viejos, porque “jamás se recuperarán de esta falta de empleos”, y advirtió que la clase trabajadora en Europa está “ardiendo” y que se está frente a una “potencial rebelión”, lo que también puede ocurrir en EE.UU. Y el nuevo presidente del IP, el ex economista de la Reserva Federal Adam Posen, admitió que hay problemas en el basamento político de la globalización porque “uno de los alarmantes efectos de la crisis financiera global es que hubo una amplia erosión de la confianza del capitalismo en sí mismo”.

El economista Dani Rodrick, de Harvard (4), contrapone el “liberalismo económico” reinante en los países capitalismo avanzado al mercantilismo aplicado por los países emergentes de Asia, concluyendo que se ha llegado “al final de esta feliz coexistencia. El modelo liberal ha perdido su brillo, debido al aumento de la desigualdad y la difícil situación de la clase media en Occidente, junto con la crisis financiera producida por la desregulación () Como resultado, el nuevo entorno económico producirá más tensión que acomodamientos entre países que busquen vías liberales y mercantilistas.Pueden también despertarse debates latentes desde hace mucho tiempo sobre el tipo de capitalismo que genera una mayor prosperidad.”

Para el economista Anatole Kaletsky (5), de la actual crisis saldrá “un nuevo modelo de capitalismo global, no basado en la ciega fe en las fuerzas del mercado que siguió a la Gran Inflación de los años 70, ni tampoco en la excesiva intervención gubernamental inspirada por la Gran Depresión”, y afirma que “la tragedia del 2008 estuvo en que la ciega fe en los mercados disuadió a los gobiernos de manejar adecuadamente esos ciclos de expansión-implosión”, y que habiendo desaparecido el comunismo y siendo la crisis cosa del pasado, los decidores políticos y los votantes han reconocido ya que no se puede dejar que los mercados se guíen por sus propios instrumentos: “Las economías deben ser administradas. Como resultado, un nuevo modelo de capitalismo global administrado está en evolución y gradualmente reemplazará el fundamentalismo de mercado que dominó el mundo desde la era Reagan-Thatcher hasta el 2008”.

Con el título ¿Está ganando el capitalismo de Estado?, el economista Daron Acemoglu y el analista James A. Robinson (Proyect Syndicate, 31 diciembre 2012) recuerdan que algunos países asiáticos, “apoyándose en varias versiones del dirigismo” han crecido rápidamente y de manera constante en décadas mientras los países centrales del capitalismo liberal “continuaron su anémico desempeño” en el 2012, y seguidamente se preguntan si no ha llegado la hora de actualizar los libros de economía y estudiar las formas de “capitalismo de Estado”.

¿Qué nos dicen los gobernantes y tecnócratas?

A mediados de enero Jean-Claude Juncker –saliente presidente del Consejo de ministros de Economía y Finanzas de la zona euro (Eurogrupo)- criticó las políticas neoliberales aplicadas en la zona euro (ZE) y advirtió que si no hay cambios “perderemos el apoyo de las clases trabajadoras”.

Después le llegó el turno al profesor de economía neoliberal y también saliente primer ministro italiano Mario Monti, quien dijo a los embajadores latinoamericanos en Italia que América latina se ha ganado hoy un rol central y activo que genera admiración, por no decir envidia, porque “ha sabido construir un modelo de desarrollo basado en el crecimiento, la justicia social, la modernización y el respeto ambiental” (6).

Difícil creer que el enviado por la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI), para aplicar la austeridad neoliberal en Italia pueda elogiar las políticas de países latinoamericanos que tienen decentes tasas de crecimiento económico y de creación de empleos precisamente porque han rechazado los postulados básicos del neoliberalismo, porque los Estados intervienen activamente en sectores de la economía real, nacionalizan empresas cuando hay que nacionalizar, responden a las presiones sociales y, más grave aún, controlan la política monetaria y regulan la actividad bancaria y financiera para ejecutar una política de desarrollo socioeconómico.

En el caso de Monti, con su extenso curriculum vitae como ideólogo de las ideas neoliberales en la Comisión Trilateral y el Grupo Bilderberg, fundador del “grupo de ideas” Bruegel, asesor de Goldman Sachs, Moody’s, Coca-Cola, etcétera, y miembro clave de muchas comisiones que consolidaron el rígido modelo neoliberal de la Comisión Europea (CE), este elogio del intervencionismo estatal sudamericano no puede ser una conversión ideológica, pero quizás sea puro oportunismo político o una manifestación más de divergencias profundas en la cúpula del sistema neoliberal.

De la guerra monetaria al proteccionismo y…

Quien sabe Juncker y Monti se están confesando y reconvirtiendo al intervencionismo estatal para renacer políticamente, siguiendo la receta del nuevo primer ministro japonés Shinzo Abe, recientemente electo para sacar la economía real de su país del estado “zombi” en que se encuentra desde hace dos décadas. Abre ganó porque amenazó con nacionalizaciones de empresas y hasta con quitarle la sacrosanta independencia al Banco Central de Japón si no aceptaba lanzar un tsunami monetario y devaluar el yen para crear empleos.

Abe adoptó este programa a pesar de la deuda de Japón (a finales del 2012 y según el FMI, la deuda gubernamental equivalía al 237 por ciento del PIB) porque busca abaratar las exportaciones japonesas para competir con Corea del Sur y Alemania en nichos de alta tecnología, y de paso encarecer las importaciones, generar inflación y crear empleos.

Y no olvidemos que Japón fue el primer país del capitalismo avanzado (2001) que recurrió a emisiones masivas de dinero (flexibilización cuantitativa o quantitative easing) y tasas de interés muy bajas para reactivar la economía, con muy poco éxito. Política copiada desde la crisis financiera del 2007 por EE.UU., Gran Bretaña y los países de la UE para salvar de la insolvencia los grandes bancos y el sistema financiero, y devaluar sus monedas para poder seguir exportando. Tales políticas no reactivaron las economías reales, pero alimentaron el capital financiero que especula en los mercados financieros y monetarios de los países emergentes.

Al apreciar las monedas de los países emergentes, estos flujos especulativos encarecieron las exportaciones y abarataron las importaciones, desequilibrando aun más las tradicionalmente negativas balanzas de comercio y de pagos de estos países, lo que explica que en el 2010 el ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantera, denunciase estas políticas como una “guerra monetaria”, que causan estragos económicos.
Las devaluaciones competitivas amenazan ahora extenderse como un “fuego de praderas”: el pasado 15 de enero el vicegobernador del Banco Central de Rusia, Alexei Ulyukayev, afirmó que el mundo está en el umbral de una “guerra monetaria” por las políticas del primer ministro Abe en Japón y una declaración de Jean-Claude Juncker, quien –según la agencia Bloomberg- se había quejado del “peligrosamente alto” valor del euro, opinión que comparten ministros del gobierno francés, para quienes la apreciación del euro (7.0 por ciento frente al dólar estadounidense en los últimos seis meses) impide frenar el desempleo en Francia. Desde septiembre del 2011 Suiza viene manipulado su moneda para evitar que continuara apreciándose frente al euro, y ahora los países nórdicos se quejan de lo mismo: el ministro de Finanzas de Noruega, Sigbjoern Johnsen, y el vicegobernador del Riskbank (Banco central de Suecia), Lars E. O. Svensson, expresaron que ven con temor la apreciación de sus monedas nacionales y que las economías de ambos países funcionarían mejor con tasas de interés más bajas y monedas más débiles. Corea del Sur hizo saber que no se quedará impasibles ante la devaluación competitiva del yen.

El (saliente) gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, afirmó que pronto “veremos el aumento de la administración activa de las tasas de cambio”, perspectiva que está “provocando inquietud entre quienes toman las decisiones políticas a nivel global”, según el gobernador del Banco de Australia, Gleen Stevens.

De ahí a alguna forma de corporativismo.

Devaluación competitiva, medidas para proteger las exportaciones que se sumarán a las existentes, amenazas de cerrar las fronteras a ciertos productos industriales y a la mano de obra extranjera, y una vez que esto se ponga en marcha a escala regional o mundial, las consecuencias se harán sentir en el comercio, las finanzas y toda la cadena de producción mundial, y es en ese momento de pánico que serán aceptables las medidas para imponer ese “capitalismo global administrado” que proponen Howard Rosen y Anatole Kaletsky, que en definitiva es el corporativismo global implícito en los “acuerdos de libre comercio” ya existentes y en tren de ser negociados, en particular el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (AETPAE).

El corporativismo de ese “capitalismo global administrado” solo podrá ser uno que respete el marco legal estadounidense para proteger la propiedad privada en todas sus formas, como es bien claro en el AETPAE. Y aquí reproduzco la cita de A. T. Hadley (6), que Karl Polanyi incluye en el libro citado anteriormente, para describir la historia de la protección de la propiedad comercial e industrial en Inglaterra, y luego en EE.UU.: la separación de poderes, inventada mientras tanto (1748) por Montesquieu, fue de ahí en adelante utilizada para separar al pueblo del poder sobre su propia vida económica. La Constitución estadounidense, creada en un medio de agricultores-artesanos por una clase dirigente bien al tanto de lo que sucedía en la escena industrial inglesa, aísla totalmente la esfera económica de la jurisdicción de la Constitución, ubicando así la propiedad privada bajo la más alta protección concebible y creando la única sociedad de mercado en el mundo que fue fundada legalmente. A pesar del sufragio universal, los electores estadounidenses serán impotentes contra los poseedores.

¿Cómo será el proceso para presentar y hacer pasar el siniestro capitalismo global administrado de Kaletsky, o algo diferente que será lo mismo? Pues bien, en una entrevista periodística que tuve en mayo del 2004 con el Nóbel de economía (1992) Gary Becker, en el marco de la Conferencia de Montreal, él me confió con ese aplomo señorial y seguridad de los Nóbel de la Universidad de Chicago, que en aquel entonces todavía se comportaban como enviados divinos, el método para que en la sociedad capitalista controlada por los monopolios de prensa se aceptaran ideas y propuestas radicales y contrarias a los intereses de las mayorías: Se lanza el tema en un artículo o un panel, y probablemente será juzgado utópico, irrealizable, pero volverá a ser puesto sobre la mesa si la idea es apoyada por gente influyente. El tema será nuevamente atacado por intelectuales de izquierda pero entonces saldrán voces de académicos, expertos y empresarios para defenderlo, en los think-tanks, las páginas de diarios respetables y en la televisión. Este ciclo se repetirá e irá ampliándose hasta que lo que Usted dice es un tema controvertido terminará siendo convencional, por lo tanto aceptable, finalmente será aceptado y llevado a la práctica.

Eso funcionó demasiadas veces en las últimas décadas, así que estamos avisados.

La Vèrdiere, Francia.

- Alberto Rabilotta es periodista argentino – canadiense.

Notas
1.- Karl Polanyi, La Grande Transformación, Edition Gallimard, página 314.
2.- Joseph Stiglitz, Las crisis posteriores a la crisis. Project Syndicate, 7 de enero 2013; Paul Krugman, New York Times, 9 de diciembre 2012.
3.- William Greider, “Is the Global Economic Establishment Taking a Progressive Turn? The Nation, 15 de enero 2013.
4.- Dani Rodrick, “El desafío mercantilista”, Project Syndicate, enero 2013.
5.- A. Kaletsky, “2013: When economic optimismo will finally be vindicated”. http://blogs.reuters.com/anatole-kaletsky/2013/01/10/2013-when-economic-optimism-is-finally-vindicated/ El autor escribe en The Economist y Reuters, y dirige el Institute of New Economic Thinking, creado y financiado por George Soros, Paul Volcker y otros financieros.
6.- Elogios de Monti a América latina, Elena Llorente, Página/12, 16 enero 2013.
7.- A.T. Daley, Economics: An account of the Relations between Private Property and Public Welfare, 1896, citado por Karl Polanyi en la página 292 de La Grande Transformation.

El cuidado de la tierra versus crecimiento ilimitado

Punto de partida: no podemos vivir sin la tierra

Es necesaria una transformación de nuestra manera de habitar la tierra, basada hasta ahora en una relación de dominio, lucro y competencia. Es necesaria otra visión de la realidad, nosotros no estamos ni fuera de la Tierra ni encima de ella, somos su porción consciente e inteligente, participamos de la red de relaciones que, para bien o para mal, envuelve a todos. Si contamino el aire, acabo enfermando y afectando a los demás seres vivos. Si recupero la vegetación de la ribera del río, protejo el agua, aumento su volumen y mejoro mi calidad de vida, de los pájaros y de los insectos que polinizan los árboles frutales y las flores del jardín.

Cuando los poderosos de este mundo , los que controlan las finanzas y los destinos de los pueblos, se reúnen, nunca es para discutir el futuro de la vida humana y la conservación de la Tierra. Lo hacen para tratar de dinero, cómo salvar el sistema financiero y especulativo, cómo garantizar las tasas de interés y los beneficios de los bancos. Olvidan que la Tierra puede vivir sin nosotros, como vivió miles de años, pero nosotros no podemos vivir sin ella.

Debido a la explotación abusiva de sus bienes y servicios, estamos llegando a los límites de la Tierra, que ya no consigue reponer el 30 % de lo que ha sido extraído y robado. Es éste un caminar progresivo hacia el empobrecimiento de la Tierra, alentado por gentes que no sienten la solidaridad, el cuidado y el amor hacia todos.

Nuestro sistema de vida está muriendo, no nuestra capacidad para resolver los problemas que estamos creando. Se requiere, por tanto, un nuevo modo de estar en el mundo con los Otros, con la Naturaleza, con la Tierra y con la Ultima Realidad; y aprender a satisfacer nuestras necesidades con sentido de solidaridad con los millones de personas que pasan hambre y con el futuro de las nuevas generaciones.

El cuidado, pilar básico para un nuevo modo de estar en la Tierra

En otros tiempos, dábamos como garantizada la vida humana de la Tierra. Hoy sabemos que la especie humana puede desaparecer. No hemos parado el proceso de agresión a la naturaleza, iniciado con nuevas tecnologías hace tres siglos. Hoy hemos tomado conciencia colectiva de que “El fín de la historia humana puede volverse posibilidad real” (Arnold Toynbee).

La Carta de la Tierra (UNESCO 2003) subraya y asume con responsabilidad esta posibilidad: “O hacemos una alianza global para cuidar unos de otros y de la Tierra, o corremos el riesgo de autodestruirnos y destruir la diversidad de la vida”.

Quienes causan las crisis que estamos padeciendo, no pueden aportar solución; quienes únicamente se preocupan por el mercado y las ganancias no resuelven nada con sus medidas políticas y tecno-científicas.

Sus medidas pueden valer pero dentro de otro paradigma de convivencia con la Tierra. Dos son los valores fundamentales para garantizarnos un horizonte con futuro: la sostenibilidad y el cuidado, pero es preciso coaligarnos en torno a ellos.

- La sostenibilidad significa el uso racional de los recursos escasos de la Tierra, lo cual exige un tipo de economía respetuosa con los límites de cada ecosistema y de la propia Tierra, una sociedad que busca la equidad y la justicia mundial y un medio ambiente suficientemente preservado.

- El cuidado es una relación amorosa con la realidad. Presupone que los seres humanos son parte de la naturaleza y miembros de la comunidad biótica y cósmica, con la responsabilidad de protegerla, regenerarla y cuidarla.

Ambos valores van unidos y deben asumirse conjuntamente. Para gestionar bien los valores económicos y sociales se requieren los valores éticos y espirituales.

El cuidado como ontología del ser humano

El tema del cuidado está presente en la cultura contemporánea, en los diversos campos de la educación, de la ética, de la filosofía, de la ecología, de la salud, de las situaciones críticas, siendo Martín Heidegger (1889-1976) quien elaboró reflexiones profundas sobre “el cuidado como ontología del ser humano”.

En 1972 el Club de Roma dio la alarma ecológica sobre el estado enfermo de la Tierra. En 1991, el programa de las Naciones Unidas elaboró una estrategia minuciosa para el futuro del planeta bajo el lema Cuidando la Tierra: “La ética del cuidado se aplica tanto a nivel internacional como a nivel nacional e individual: ninguna nación es autosuficiente, todos nos beneficiamos con la sostenibilidad mundial y todos estaremos amenazados si no conseguimos alcanzarla” (p.13).

En 2003, la UNESCO asume oficialmente la Carta de la Tierra y en 2003 también, países de América Latina y del Caribe , elaboran un documento “Manifiesto por la vida, por una ética de la sostenibilidad” donde se incluye la categoría del cuidado en la idea de un desarrollo que sea efectivamente sostenible y radicalmente humano.

El cuidado es absolutamente necesario en prácticamente todas las esferas de la existencia, desde el cuidado del cuerpo , de los alimentos, de la vida intelectual y espiritual, de la conducción general de la vida , hasta para atravesar una calle con mucho movimiento.

Pero necesitamos precisar el concepto del cuidado. Las palabras curar, curador, nos remiten a las de cuidar de, cuidador de, en el sentido de que siempre una persona cuida y vela por los intereses y por los derechos de determinadas personas o alguien que se responsabiliza del montaje y la marcha fluida de un evento.

El cuidado es una actitud natural del ser humano que implica solicitud y celo por una persona u objeto que se estima y, al mismo tiempo, preocupación por la persona amada. El cuidado hace del otro una realidad preciosa. Un dicho antiguo reza: “Quien tiene cuidados , no duerme”.

El cuidado establece un sentimiento de mutua pertenencia: participamos de los éxitos, luchas, riesgos y destino de la persona amada. Cuidar y ser cuidados son dos requerimientos fundamentales de nuestra existencia personal y social: “El bebé necesita cuidado, sin el cual no vive ni sobrevive, y la madre siente el deseo y la predisposición de cuidarle” (Winnicot).

El cuidado es tarea permanente en nuestra vida, como permanentes son los riesgos y dificultades y las situaciones imprevistas que nos acompañan. Lo importante es saber determinar cómo nos enfrentamos a estas situaciones , labrando nuestra identidad y creciendo en humanidad.

A diferencia de otros seres, los humanos dependemos más de alguien que nos cuida y supla nuestras deficiencias.

El cuidado es también precaución, que toma en cuenta los riesgos futuros, derivados de iniciativas humanas para las cuales la ciencia humana no puede asegurarnos que no pueden producir daños (alimentos modificados, código manipulado de la nanotecnología…) Y si la ciencia no está en condiciones de proporcionarnos una garantía segura, la acción no está permitida.

El cuidado es tratar a la Tierra, la Gran Madre, como un superorganismo vivo que se autoregula y autoorganiza, respetando sus ciclos. Cultivamos también el cuidado cuando nos preocupamos por la enfermedad de nuestro hijo hospitalizado, por sus pequeños fracasos escolares, cuando tienen que atravesar la calle con un tráfico intenso, cuando sale de noche a la fiesta de un compañero y no sabemos qué le puede pasar al volver (asalto, bala perdida, accidente) , o por cómo superará las crisis propias de la edad. Los padres se llenan de desvelo por su futuro, si entrará en la universidad, si encontrará su camino profesional.

Y nos preocupamos de establecer estrategias de precaución y prevención por el calentamiento global y degradación ecológica general, por el caos sistémico de la economía, por la inestabilidad de la paz mundial, por el hambre creciente de millones de personas, por el foso creciente entre ricos y pobres, por el destino general de los pobres del mundo, del destino de nuestra civilización y de las amenazas que pesan sobre la biodiversidad y sobre la totalidad del planeta Tierra.

Si no cuidamos, se mantendrá la amenaza de nuestra desaparición como especie.

Cuidado, pues, significa:

1. Una actitud de relación amorosa y protectora de la realidad personal y social.

2. Toto tipo de preocupación que pueda alcanzar a personas o realidades con las cuales estamos involucrados afectivamente.

3. Una vivencia de relación ante la necesidad de ser cuidado y la voluntad y predisposición a cuidar.

4. Actitudes y comportamientos que deben ser evitados por sus consecuencias dañinas, previsibles (prevención) o imprevisibles (precaución).

El cuidado-prevención y precaución nace de nuestra misión de cuidadores y guardianes de la herencia que hemos recibido del universo, y por eso pertenece también a la esencia de nuestro estar en el mundo. Somos seres éticos y responsables, es decir, nos damos cuenta de las consecuencias positivas o negativas de nuestros actos, actitudes y comportamientos.

El cuidado está presente en todo el proceso evolutivo

El cuidado es una constante cosmológica, actuante en cuatro interacciones fundamentales: la gravitatoria, que provoca la atracción mutua entre los seres dotados de masa; la electromagnética, que produce atracción o rechazo entre los objetos con carga eléctrica; y las dos fuerzas nucleares, la débil y la fuerte, que actúan sobre los constituyentes del núcleo atómico. Todos los eventos resultan de la acción simultánea y articulada de estas cuatro fuerzas.

El cuidado estaba también presente cuando la materia alcanzó un grado elevado de complejidad y organización, permitiendo que surgiese la vida hace 3,800 millones de años. La primera bacteria con un cuidado sin- gularísimo dialogó químicamente con su entorno , logro un equilibrio que le posibilitó sobrevivir y seguir evolucionando.

Este cuidado alcanzó su más alto grado cuando hace unos 7-9 millones de años irrumpió en el escenario de la evolución el ser humano. El cuidado adquirió entonces una cualidad nueva: no es sólo natural, ligado a los procesos ecológicos de la vida, sino que también tiene un propósito consciente. El ser humano se propone cuidar conscientemente de otro. El cuidado se hace amor, reconocimiento y comunión. El cuidado se muestra también como preocupación y celo por el ser al que se ama o al cual se está unido afectivamente. Cuida también de su entorno, se preocupa por los medios para subsistir. Por preocupación, evita iniciativas y actos que puedan se perjudiciales para sí y para la naturaleza.

El cuidado recupera la razón sensible y cordial

Esta visión del cuidado nos lleva a superar la razón instrumental-analítico-funcional , que ha sido dominante durante estos último siglos y que representa un uso utilitarista , distante y objetivista de la realidad, más interesado en los medios que en los fines.

El cuidado se inscribe en el mundo de los fines, de las excelencias y de los valores. La sede de la realidad no es la razón sino el corazón. Es la inteligencia sensible y cordial que complementa la razón instrumental. El pathos y el afecto ganan centralidad, en tanto que la razón queda destronada de su dominancia y se la incorpora a un ámbito donde adquiere lucidez y criterios para actuar con respeto dentro de los límites de la realidad.

En la situación cultural en la que vivimos urge recuperar la razón sensible y cordial, dejada de lado por la razón científica e incluso difamada como obstáculo para la objetividad de la razón. Con esto hemos permitido que surgiese un mundo frío, calculador, abarrotado de objetos, pero sin corazón, sin sueños y compasión. Recuperar lo que hemos dejado al margen es la condición para poder sobrevivir como seres humanos de convivencia y cuidado.

Si nuestro cultura, hoy mundializada, hubiera dado centralidad al cuidado, bien como relación amorosa, bien como actitud de preocupación responsable y de precaución contra efectos perniciosos de las prácticas humanas, no tendríamos los millones y millones d personas que sufren los ecosistemas devastados y un planeta amenazado por el calentamiento global.

El cuidado, una utopía necesaria

Estas y otras muchas cosas nos hacen concluir que, al hablar del cuidado, estamos hablando de una utopía, pero de una utopía necesaria. La gravedad del momento presente podemos vencerla si nos acompañan el cuidado y la sostenibilidad:”Un mapa del mundo que no incluye la utopía no es digno siquiera de ser espiado” (O. Wilde).

La utopía nos permite proyectar escenarios esperanzadores.

Quiero terminar trayendo como ejemplo de esta tarea, lo soñado por Robert Müller, funcionario de la ONU durante cuarenta años, llamado “ciudadano del mundo” y “padre de la educación global”. El imaginó la génesis de una nueva civilización planetaria en la cual la especie humana se asume como especie junto a las demás, con la misión de garantizar la sostenibilidad de la Tierra y cuidar de ella así como de todos los seres que en ella existen.

Esta es su Nueva Génesis:

“Y vio Dios que todas las naciones de la Tierra, negras y blancas, pobres y ricas, del Norte y del Sur, de Oriente y de Occidente, de todos los credos, enviaban sus emisarios a un gran edificio de cristal situado en la orilla del Sol Naciente, en l isla de Manhattan, para estudiar juntos, pensar juntos y juntos cuidar del mundo de sus pueblos.
Y dijo Dios: “Esto es bueno”.

Y este fue el primer día de la Nueva Era de la Tierra.

Y vio Dios que los soldados de la paz separaban a los combatientes de las naciones en guerra, que las diferencias ser resolvían mediante las negociaciones y la razón y no por las armas, y que los líderes de las naciones se encontraban, intercambiaban ideas y unían sus corazones , sus mentes, sus almas y sus fuerzas para el beneficio de toda la humanidad.

Y dijo Dios: “Esto es bueno”.

Y este fue el segundo día del Planeta De la Paz.

Y vio Dios que los seres humanos amaban la totalidad de la Creación, las estrellas y el Sol, el día y la noche, el aire y los océanos, la tierra y las aguas, los peces ya las aves, las flores y las paltas y a todos sus hermanos y hermanas humanos.

Y dijo Dios: “Esto es bueno”.

Y este fue el tercer del Planeta de la Felicidad.

Y vio Dios que los seres humanos eliminaban el hambre, la enfermedad, la ignorancia, y el sufrimiento en todo el globo, proporcionando a cada persona humana una vida decente, consciente y feliz, reduciendo la codicia, la fuerza y la riqueza de unos pocos.

Y dijo Dios: “Esto es bueno”.

Y este fue el cuarto día del Planeta de la Justicia.

Y vio Dios que los seres humanos vivían en armonía con su planeta y en paz con los otros, manejando sus recursos con sabiduría , evitando el desperdicio, refrenando los excesos, sustituyendo el odio por el amor, la codicia por el contentamiento, la arrogancia por la humildad, la división por la cooperación.

Y dijo Dios: “Esto es bueno”.

Y este fue el quinto día del Planeta de Oro.

Los intercambios pueblo a pueblo

¿Cómo se explica que Cuba apoye la política de intercambios people to people (pueblo a pueblo) que promueve EEUU contra Cuba?, me preguntó un estudiante estadounidense de los muchos que han viajado a la Isla en virtud de la política así nombrada de la administración de William Clinton que George W. Bush revocó en 2003 y el presidente Obama ha retomado recientemente.

Otra estudiante, también norteamericana, agregó sin esperar mi respuesta a la primera pregunta: ¿Cómo es que donde quiera que vamos aquí en La Habana se nos recibe con tanta amistad y respeto pese a tantas tropelías que nuestros gobiernos han hecho contra los cubanos?

Cuba acepta el reto que supone la política de intercambios “pueblo a pueblo” de Washington –les expliqué– porque no obstante ser el declarado propósito de ésta que los visitantes promuevan entre los cubanos la “democracia” (término con que Washington designa al sistema capitalista), en la práctica ofrece a los cubanos la oportunidad de demostrar a los visitantes las falsedades de la campaña que hace más de medio siglo libran los medios de información estadounidenses contra Cuba.

La distancia que media entre las manipulaciones de esa campaña y la verdad es de tal magnitud que desde el primer minuto de contacto con la realidad, los visitantes bienintencionados se abren al entendimiento de las razones que han dado lugar a la histórica hazaña popular que es la revolución cubana y la sinrazón de la política de hostilidad de su gobierno contra este país.

En enero de 1961, el Departamento de Estado declaró que el turismo a Cuba era contrario a la política exterior y al interés nacional de Estados Unidos. Los viajes a Cuba quedaron así vedados para todos los ciudadanos estadounidenses.

La hospitalidad para con los extranjeros es una característica ancestral de los cubanos atribuida por algunos expertos a la condición insular del país entre otros muchos factores geográficos e históricos.

Pero, en el caso de los estadounidenses de hoy, todo ciudadano cubano está consciente de que cualquier visitante de esa nacionalidad en la isla, de alguna manera, representa un rechazo a la injusta política de hostilidad y aislamiento de Cuba. Y eso merece reciprocidad.

Ya nadie duda que la enemistad que promueve contra Cuba la oligarquía que rige los destinos de los Estados Unidos se volverá, cual bumerang, contra sus objetivos. Las mentiras, al chocar contra las evidencias, están despertando una fuerte corriente de atracción hacia el proceso independentista y de justicia social cubano.

La prohibición de viajar a Cuba forma parte de la estrategia general estadounidense de aislar a la isla y derrotar a su gobierno mediante un bloqueo económico, financiero y comercial llamado a provocar hambre y miserias por las que los cubanos culparían a la dirección revolucionaria.

Esto, por supuesto, no ha ocurrido. Más bien habría que decir que ha sido la heroica resistencia de los cubanos ante el atropello lo que ha convocado la solidaridad de otros pueblos e incluso la condena casi unánime al bloqueo de los gobiernos de todo el mundo.

En los últimos 20 años, Cuba ha recibido 29 millones de turistas, la mitad de ellos de Europa, 8 millones desde Canadá, 4 millones de América Latina y el Caribe y 800.000 americanos.

Incluso, según estimaciones, entre 1990 y 2005 un promedio de 20.000 a 30.000 estadounidenses viajaron a Cuba cada año con licencias especiales o ilegalmente. En virtud permisos legales lo hicieron estudiantes, profesores y académicos; grupos de abogados, arquitectos, historiadores y médicos para asistir a eventos profesionales; equipos deportivos juveniles, grupos de religiosos y organizaciones ambientalistas.

Según expertos estadounidenses en materia de turismo, el levantamiento de la prohibición de viajar a Cuba significaría que, solo aquellos motivados por la curiosidad o atraídos por el fruto prohibido durante tantos años, incrementarían el número de turistas que llegan a Cuba cada año en cifras millonarias.

La industria cubana del turismo, por su parte, se prepara para ampliar sus capacidades de alojamiento y demás facilidades para hacer frente a una ola repentina de más de un millón de turistas de Estados Unidos cuando el Congreso de ese país levante la veda de los viajes a la isla. Los planes están configurados para añadir 200.000 habitaciones en el mediano y el largo plazo.

El turismo es la segunda más importante fuente de ingreso de divisas de Cuba y un importante proveedor de empleos y los cubanos, que esperan ávidamente que esto ocurra pronto, están conscientes de que ello contribuirá grandemente a la seguridad y la paz en la región y en el mundo.
Fuente: Cubaperiodistas.cu

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