Centro Martin Luther King

Trump, ¡¿cómo?!

Leo comentarios que aluden a la victoria presidencial de Donald Trump como el triunfo de un loco y una victoria de la estupidez humana. Leo por igual que una clave parece estar en el Trump “antisistema”, frase que quizás es mejor entender como el haberse situado frente a determinado estatus capitalista. Por ahí, hay novedades en su proceder respecto al contexto estadunidense. Sin embargo, pienso en otra arista para explicar su triunfo: cómo ha explotado racionalidades antiguas de ese sistema, algunas de ellas fundacionales.

Trump ha explotado el patriotismo capitalista, que siempre ha tenido que ser imperialista, y que estuvo así en el centro de la primera guerra mundial (con la frase “la patria con razón o sin ella”). Ha explotado la lógica del proteccionismo, a favor de la cartelización de los “intereses propios” de los “americanos”, tesis que apoyó el partido republicano estadunidense en los 1930 como la vía para salir de la crisis del 29. Ha explotado el racismo capitalista, que proclamó haber fundado la prosperidad sobre los “pioneros del capitalismo” (los barones blancos de la industria) y no sobre el trabajo esclavizado, y pretende hacer “de nuevo grande a américa” contra la historia y el presente de una nación construida por afroamericanos, latinos y todo tipo de inmigraciones. Ha explotado el clasismo de los empobrecidos y perdedores del sistema, diciéndoles, por enésima vez, y por enésima vez falsamente, que salvar a los capitalistas es también salvarlos a ellos, como lleva siglos asegurando la teoría económica ortodoxa. Ha explotado el sexismo capitalista, escandalizado con la declaración de Trump de que puede agarrarle la vulva a la mujer que desee, mientras convive con la despolitización del uso mercantil del cuerpo femenino. Ha explotado la distopía del “hombre americano común”, ignorante de su ignorancia, obscurantista hacia la ciencia y conservador hacia la cultura, la imaginación más reaccionaria con que se puede “defender” a un pueblo. Por aquí, ha explotado la narrativa del “enterteiner”, sin mostrarse como un líder político “sólido” (recordar a Reagan), contribuyendo a hacer de la política un “reality show” con electores en tanto consumidores, espectadores y aprendices.

Trump ha explotado el escepticismo “radical” frente a la democracia, que asegura que esta “no sirve para nada”, que todo es “lo mismo”, que recuerda a Hitler como el que fue llevado a las urnas “por la democracia” (dato muy inexactamente manejado) y no como lo que fue: su visceral enemigo. Ha explotado la engañosa sinonimia entre democracia, democracia liberal y aparato electoral-representativo, que fue elaborada, a contrapelo de la historia de estos conceptos, solo tras el inestimable concurso de la guerra fría. Ha explotado la celebración “marxistoide” de la catástrofe, que desea que “todo se ponga peor” para que al fin la gente “se dé cuenta y reaccione revolucionariamente”, argumento que convierte a los pueblos, y a sus vidas reales de dolor y sufrimiento ante la catástrofe, en meras piezas de cambio, sacrificables a favor de “sus ideales”. Ha capitalizado la implosión de las socialdemocracias realmente existentes y sus incapacidades para dejar de ser algo más que falsos predicadores, para servir al capitalismo más depredador.

También, ha explotado la realidad del guerrerismo, de la conquista plutocrática del poder, del incremento de la desigualdad, de la concentración extraordinaria de la riqueza, del despliege de la exclusión y la injusticia, de la autocracia del poder mediático, de la separación radical entre los que mandan y los que son mandados, de la hipocresía obligada ante lo “políticamente correcto”, para darle salida a esa crítica a favor del capitalismo oligárquico, haciendo frente, a conciencia, a los muchos intentos sociales de democratizar, a beneficio del “99%”, las relaciones económicas, sociales, políticas, raciales e internacionales en ese país. Así, ha respondido a la reacción contra la práctica neoliberal “desregulada” prometiendo conservar medidas sociales, bajar impuestos a pequeños productores, imponer controles financieros, asegurar determinadas provisiones, pero sin decir —y, por ello, mintiendo— que estos programas solo pudieron avanzar algo allí donde la organización del trabajo se hizo poderosa y la economía política se comprometió con la redistribución de recursos como clave misma de su lógica de desarrollo.

No estamos ante la obra de un estúpido, o de un loco solitario capaz de arrastrar en su demencia a una multitud de orates. Trump no es, como decía Marx, “un rayo que cae en cielo sereno”. El magnate no ha traído a la palestra solo sus “rasgos personales” de racista, misógino y xenófobo. Lo más grave es que tales rasgos son centrales en una parte significativa de la sociedad estadunidense, ante la cual Trump ha respondido en sus reclamos de venganza para protegerse de los “negros”, de los “comunistas”, de los “fundamentalistas”, de los negocios chinos, de los abortistas, de los evolucionistas, y de un sinfín más de “amenazas”.

La contrarreforma capitalista de los 1970 reaccionó también contra cosas parecidas, frente a las “subversiones” de los 1960: el liberalismo político o social que proponía fortalecer el Estado; la contracultura, despreciada por “su calaña moral” sobre el sexo y el libertinaje; la acción afirmativa, por sus efectos disruptores y “discriminatorios”, y contra la asfixia del mercado ante el intervencionismo y contra “el cáncer de la burocracia”. Trump ha traído contenidos diferentes respecto a esos discursos, como cierta “crítica” a la globalización, y la crítica que ha recibido él mismo por parte de importantes neocons por “pretender destruir la política exterior estadunidense”. Pero al mismo tiempo, ha explotado antiguos miedos y lógicas enteramente sistémicas.

Nada de lo antes dicho celebra a Hillary Clinton como portadora de soluciones para tales problemas, pero quizás explique algún por qué de la “sorpresa” ante el triunfo de Trump. Acaso, este ha hecho visible una cara histórica del capitalismo, “olvidada” por la confusión entre capitalismo y neoliberalismo, por el devaneo liberal sobre el patriotismo cívico y el multiculturalismo y por la rendición teórica que supone considerar “populistas”, al mismo tiempo, a Bernie Sanders y a Donald Trump. Es, no obstante, una cara del capitalismo de ayer y de hoy, la que atemorizaba enormemente a Martí, cuando se refería a la “patria de Cutting”.

Celebramos nuestra soberanía

La Universidad de La Habana estableció un puente continental este viernes 4 a partir de las 4 de la tarde, cuando representantes de organizaciones sociales cubanas se movilizaron como parte de la Jornada por la democracia y contra el neoliberalismo que generó acciones populares en varios países latinoamericanos.

uh

Jennifer Bello, presidenta de la Federación Estudiantil Universitaria, al dar inicio a esta actividad se refirió al significado de la Plaza Ignacio Agramonte como símbolo de las luchas estudiantiles por alcanzar la independencia de Cuba antes de 1959 y de la historia misma de la Revolución. La joven apuntó que habrá movilización mientras quieran interferir en nuestros asuntos internos, pretendan manipular a la juventud, exista bloqueo y permanezca la ilegal base naval estadounidense en Guantánamo.

“Nadie tiene derecho a interferir en los destinos de nuestro país, a decidir por nosotros cómo queremos que sea nuestro presente y nuestro futuro…nadie nos puede hacer olvidar nuestra historia, nuestra cultura, nuestras luchas…Solo con la unidad del pueblo cubano podremos seguir venciendo”, dijo.

También hicieron uso de la palabra María del Carmen Barroso, dirigente campesina y el joven argentino Mario Salvador, graduado de la carrera de Psicología en Cuba.
Hasta la plaza universitaria en el Vedado habanero llegaron sindicatos, integrantes de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), estudiantes de diferentes niveles de enseñanza desde escuelas primarias y secundarias hasta la universitaria.

Estuvieron también José Ramón Balaguer Cabrera, jefe del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), el Secretario General de la Central de Trabajadores (CTC) Ulises Guilarte, la Secretaria General de la Organización SPAAAL Lourdes Cervantes y la Presidenta del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, Kenia Serrano.

El trovador Tony Ávila y su grupo se sumaron con su música a este llamado en defensa de la soberanía. “Mi Casa. cu” uno de sus temas más populares recuerda que esta isla es nuestra y que los cambios necesarios para sentirnos más a gusto en casa, deben edificarse entre todas y todos, sin afectar los cimientos que han hecho posible que lleguemos hasta aquí, con una singular historia nacional y como referente de lucha y justicia social para otros pueblos.

Sus temas le pusieron sabor cubano a la jornada y no faltó la oportunidad para bailar, agitar banderas y celebrar de conjunto la certeza de que la soberanía es una conquista de la Revolución cubana, que cada hija e hijo de esta tierra debe defender.

Mientras en La Habana sonaba la música cubana en Guantánamo también se oía con fuerza popular esa frase que por estos días ha acompañado las acciones contra el bloqueo de Estados Unidos hacia la isla y que la jornada continental también asumió como razón de movilización: Cuba es nuestra.

Guantanameras y guantanameros entre ellos integrantes de la red de educadoreas y educadoras populares se unieron en Caimanera para reclamar que el territorio ocupado por la Base Naval estadounidense sea devuelto a sus legítimos dueños, el pueblo cubano. Esa base lacera la soberanía cubana y no habrá voces débiles o silencio mientras una parte del territorio nacional esté en manos extranjeras.

El 1ro de enero de 1959 Cuba cambió y la condición misma de vivir en revolución es una apuesta por el cambio, por las transformaciones que involucran y benefician a las mayorías. Por eso en días como estos, cuando nuestras hermanas y hermanos del continente exigen respeto a la voluntad popular, a los gobiernos democráticamente electos, al derecho por la tierra y las semillas, y contra la lógica depredadora del capital que arrasa los bienes naturales, que cosifica a los seres humanos y los clasifica: unos con más privilegios y derechos, otros excluidos y olvidados; en Cuba la voz popular llama a no perder de vista ese contexto regional, para evitar que nuestra sociedad camine conscientemente o no hacia modelos de vida deshumanizantes.

Defender la soberanía es esencial para hacer realidad nuestros proyectos de futuro, para que Cuba se desarrolle a partir de lo mejor de nuestra tradición y de los avances de nuestra época, pero dejando fuera todo aquello que dañe la integridad humana y que perjudique el bienestar común.

Por eso la convocatoria a esta jornada que celebramos en Cuba y Latinoamérica este 4 de noviembre, sigue en pie para ponerle freno a quienes se benefician y promueven el avance del capital trasnacional y de las políticas neoliberales. Sepan que en cada espacio de esta Patria Grande hay hombre y mujeres de bien que resisten y construyen alternativas, que apuestan por vivir un mundo donde quepan todos los sueños de justicia.

Pepe Mujica: “Si no cambia la cultura no cambia nada”.

La igualdad debe componer las utopías que nos guían, subrayó

mujica

La conferencia de José Mujica, Pepe como se hace llamar, no ha dejado indiferente a un auditorio lleno. Directa, clara y sentida, de las que acostumbra a realizar para reflexionar comunitariamente: con temas que abarcan la globalización, que tantas desigualdades provoca en cada uno de los lugares que, en su expresión más cotidiana, acompañan y viven los delegados, las delegadas y sus respectivos movimientos; pero sin olvidar la necesidad de plantearnos, cada uno de nosotros y nosotras, una “conversión” o transformación personal. Cambio en el que insiste y emplaza.

Mujica tiene la gran habilidad de no dejar de cuestionar y de cuestionarse; de no esquivar cuestiones o temas por delicados que sean; de querer resolver las cuestiones que interesan a la parte de la “mesa” de la humanidad que sufre. Se presenta con esa proximidad que dice estar “del hoyo”, pero demuestra una voluntad, en sus palabras, de ser una persona que disfruta de ese momento de la vida.

Resultaría un atrevimiento sintetizar sus palabras, ricas de una profundidad que el auditorio no solo agradeció, sino que las acogió como propias de esta persona, que antes de entrar en la sala ya era una referencia planetaria y que cuando salió de ella, agrandó su legado. Tanto es así, que el periodista Ignacio Ramonet ejerciendo de presentador subrayo “cuando estamos cerca de Pepe Mujica, nos sentimos siempre mejores, lo vemos, aprendemos y nos convertimos en personas de mejor calidad humana”.

Compartimos con todos ustedes un texto con las citas más relevantes de la intervención, acompañado de un archivo de audio completo y algunas fotos de la conferencia. Que lo disfruten, tanto como esta asamblea de movimientos populares reunida en Roma.

“De las cosas que intentó dibujar la revolución francesa hay una olvidada, fracasada, que es el sentimiento de igualdad. Tenemos, no tanto la necesidad de practicar, sino de sentir la igualdad en las relaciones humanas”.

“En nuestra América Latina tan rica y vasta en recursos, 32 personas tienen lo mismo que 300 millones. Su riqueza sigue creciendo de manera brutal. Tanta concentración económica termina generando una concentración del poder político. Las decisiones que se toman en el ámbito político terminan estando a favor de quienes acumulan. Este proceso desacredita los sistemas políticos y el pueblo empieza a dar la espalda a los sistemas políticos representativos”.

“Las repúblicas aparecieron en esta etapa de la humanidad para suscribir que nadie es más que nadie. El republicano debe ser fiel en profundidad a las condiciones de la mayoría de la sociedad, y no al revés. La política no es para vivir, se vive de la política. La política es una pasión, no una profesión.

“Si no cambia la cultura no cambia nada. Los cambios estructurales no modifican la conducta civilizatoria de la gente. No se puede construir la cultura solidaria a partir de valores capitalistas. La construcción de una cultura es tan importante como la construcción de una economía solidaria”.

“El capitalismo inventó una civilización que está invadiendo toda la Tierra, pero que no tiene Gobierno, tiene un mecanismo impuesto por el mercado. Esta globalización solo tiene un sello, el mercado. Es el que impone el grueso de las decisiones”.

“Vamos a asistir a un largo periodo en el que el sistema representativo no representa a toda la sociedad. Y la nueva representatividad emergente tiene que utilizar su peso, mejorar su camino, sus propuestas. Insertarse dentro de los movimientos sociales históricamente tradicionales, como los movimientos sindicales y no cometer el error de despreciar a la política, porque eso sería igual que comerse el futuro”.

“Los conflictos son inherente a los seres sociales, alguien tiene que administrar esos conflictos y ese es el rol de la política. Necesitamos de la política para que viva la sociedad, nuestro bien común”.

“Hay una solidaridad en el juego entre la muerte y la vida. Tenemos que ser solidarios con nuestra especie, tenemos que ser solidarios con nuestra vida. Hemos perdido en nuestra perspectiva que los afectos son lo más importante de la vida, y no los objetos inertes. ‘Nada en demasía’ no se puede vivir fusilado, por las señales del mercado que nos obliga a comprar, y a comprar y a comprar”.

“La vida no es para gastarla solo trabajando, la vida necesita tiempo para el ejercicio de la libertad, y la libertad es cuando tu decides lo que haces, sin ofender a otros. La libertad es el tiempo en que no vendes tu esfuerzo, sino que gastas en cosas que a ti te gustan. No se puede envilecer la vida no respetándola”.

“Todos los pasos del progreso humano han sido consecuencia de la lucha organizada de gente que luchó. Por eso, la representación de los movimientos sociales, sus banderas, no son para ellos, son para el mundo que va a venir. Son a su vez, la parte inconclusa de una de las más maravillosas gestas de los hombres: la igualdad. Mucha libertad, independencia, fraternidad, pero ¿la igualdad? Es patrimonio de intelectuales medio raros, pero fue uno de los gritos de la revolución francesa, de los sueños que sacudieron al mundo. La forma superior de democracia es el escalón de arrancar desde el derecho de igualdad básico. Por eso a las 3T les pondría una “I”. La definición de que somos iguales antes la ley no es suficiente, la igualdad tiene que estar debajo de los techos donde vive la gente. La igualdad debe componer las utopías que nos guía”.

“No creo en un mundo perfecto porque sería un aburrimiento atroz; para vivir conscientemente hay que tener causa”.

Página 1 de 3 siguiente  última