Centro Martin Luther King

Caminos en la tierra del Yayabo

La Casa de la Guayabera en la ciudad de Sancti Spíritus está ubicada en una de las márgenes del río Yayabo, hasta allí llegaron los nuevos títulos de la Editorial Caminos en esta Feria del Libro. La Red de educadoras y educadores populares tiene allí un espacio privilegiado para los talleres formativos. La minibiblioteca de la Red encontró una sede abierta y segura para compartir textos, sin el peligro de que se pierdan o se duerman en un librero. Pero la lista de oportunidades no se acaba. En uno de los salones de este proyecto sociocultural se presentaron los cuadernos Formar desde la experiencia y Por los
caminos del sur. Muy próximos al río, símbolo de la ciudad, un coro infantil que le canta al medio ambiente, animó el intercambio propuesto por la Editorial Caminos.
En la céntrica Casa de la Cultura, el stand del CMLK y las redes ecuménica y de educación popular invitaba al transeunte a detenerse e indagar por las temáticas socioteológicas, de educación y comunicación popular, contenidas en la revista Caminos, los libros y cuadenos. Un cartel anunciaba la próxima presentación de la Agenda Latinoamericana Mundial 2013, dedicada a la economía solidaria y el cuaderno Palabras nuestras, sobre comunicación inclusiva y género.
Los ejemplares resultaron pocos para la gente que se congregó en la tarde del viernes 1ro de marzo en la galería de arte Oscar Fernández Morera, sede en tiempo de Feria de Ediciones Luminaria, la productora editorial del territorio. Las palabras de la presentación más que un “gancho” para la lectura, parecían innecesarias ante un público aparentemente seguro de su decisión de adquirir la Agenda y el cuaderno.
El último alto en la Feria yayabera fue en la Iglesia Presbiteriana.
La más reciente revista Caminos con su dossier dedicado a la Reforma Protestante y el documental Oikoumene, estrenado en el Portal ecuménico (18-20 de octubre de 2012), fueron el pretexto para el encuentro de jóvenes adultos, que conocen y agradecen estas publicaciones “caminantes”, útiles para su trabajo en la comunidad de fe que son.

La verdad no se ensaya: Un ejercicio de dignidad

Palabras de Julio César Guanche en la presentación de su libro, en la sala Galich de Casa de las Américas.

Es muy emocionante para mí estar aquí en Casa de las Américas, en esta presentación con tantos amigos y amigas. Los textos incluidos en _La verdad no se ensaya _los escribí entre el 2009 y el 2012, me llevaron mucho trabajo y fueron el centro de lo que produje, intelectualmente, en los últimos cinco o seis años.

Estoy muy contento que esta vez mi libro se presente aquí en Casa porque desde que me convertí en «lector» siempre quise presentar alguno de mis libros aquí. Y lo digo muy sinceramente porque hoy también está Roberto Fernández Retamar, un Maestro; y están ustedes que han desafiado la lluvia y lo han hecho como un deber de amistad y solidaridad.

Agradezco al Centro Martin Luther King, y a Joel; también a Ayuda Popular Noruega (APN) que colaboró con el financiamiento; al equipo de realización del libro que trabajó muy bien (a Elizabet Rodríguez, la editora; y a Olmer, el diseñador) y a la gente de Casa, que nos sirve ahora de cobijo.

No voy a referirme a los amigos que han hablado antes porque me voy a emocionar y prefiero dejar muy explícito el hecho de que son verdaderos amigos [Julio Antonio Fernández Estrada, Milena Recio y Rafael Acosta de Arriba], los aprecio por la amistad pero también por su honradez y su ética personal y profesional.

Los textos de La verdad no se ensaya tienen varios ejes que dan una idea de cómo me represento su escritura y cómo los relaciono unos con otros. Uno de ellos es recuperar la pluralidad, diversidad y complejidad del pensamiento político cubano del siglo XX, digo recuperar no porque no esté hecho, muchos lo han hecho, pero lo que uno ve cotidianamente, lo que aprecia en las escuelas, en la prensa, en la historia del uso, es un pensamiento que no se compadece en absoluto con lo que realmente ha sido el pensamiento cubano, con su valor no solo para Cuba sino también para América Latina, con la grandeza de sus autores, y con la grandeza de sus intenciones también. De modo que, colaborar con esa recuperación, esa pluralidad y esa diversidad fue uno de mis empeños.

En el libro está Roa, pero claro que existen otros estudios —no en este libro, sino en otros— sobre Guiteras, Chibás, organizaciones políticas cubanas como el Directorio Revolucionario y que tienen todos ese núcleo, el afán de visibilizar la pluralidad la complejidad de ese pensamiento.

Un segundo eje que trata de articular estos ensayos es la crítica a un marxismo que ha hecho mucho daño en Cuba. Lezama Lima decía que cabía en la chapa de una botella por pequeño y pobre. Todo esto tiene que ver con la influencia de la Unión Soviética en Cuba, que todavía hoy muchos no identifican que tiene aquel origen, y se siguen repitiendo cosas que, sin embargo, vienen de allí y se siguen diciendo como si fueran bloques del marxismo. Entonces también hay una tarea de recuperación crítica del marxismo, para poder apreciar qué es lo revolucionario del marxismo y lo atractivo definitivamente de ese pensamiento, pues no es solo un pensamiento para la libertad y políticamente revolucionario sino sumamente atractivo en lo intelectual, porque las tradiciones marxistas son de los monumentos intelectuales más grandes producidos hasta el momento.

En dos de los cinco textos incluidos en el libro —escritos a cuatro manos con Julio Antonio Fernández Estrada— hay una búsqueda de varios temas que hoy se mencionan, se dicen en todo el discurso institucional cubano como si fuera lo más natural del mundo, lo más marxista del mundo, y son, sin embargo, una específica elaboración del marxismo soviético, sobre esos temas encontrarán en los ensayos: «Se acata pero… se cumple» y «Un socialismo de ley». Este tema tiene una tradición en el marxismo crítico que conocemos y tiene una tradición en el marxismo soviético. Se trata de distinguir uno de otro y recuperar su potencial revolucionario, despojándolo de todo el lastre que le fue colocado por encima, por la experiencia del «socialismo real» del siglo XX.

Señalo un tercer eje: reelaboración del nexo entre el socialismo y la democracia; esto reelabora ambos conceptos; es decir, la idea del socialismo, la idea de la democracia y la relación entre ambos. Para eso sirve mucho el pensamiento de Raúl Roa.

Para el otro eje me permito utilizar el título del libro Robespierre, una política de la filosofía de Georges Labica (marxista francés que falleció hace un tiempito) y utilizo una frase en el sentido de que hay que hacer una política de la filosofía; no la política por una parte y la filosofía por la otra, sino como una intervención política —que es también una intervención intelectual— y como una labor de filosofía política que supone, al mismo tiempo, una política de esa filosofía.

Y otro eje que atraviesa mi libro —aunque para mí existen otros ejes que no he mencionado— es el de concebir los textos como ensayos, en la gran tradición del ensayo cubano, sin renunciar a las obligaciones que plantea una literatura de ideas, al cuidado no sólo del lenguaje sino a la calidad de las asociaciones, de las imágenes, de las ideas que se manejan. Y en esto, insisto, Retamar ha sido uno de mis referentes más cercanos y, al mismo tiempo, lo asumo con mucha consciencia.

Hace años un filósofo decía que era absurdo hacer filosofía para filósofos tanto como hacer pan para panaderos. El absurdo sale de la propia frase. Y lo que intento mediante el ensayo es hacer filosofía para panaderos y pan para filósofos.

Sería muy absurdo que este libro lo entendieran solamente los abogados, los historiadores, los filósofos y otros especialistas de estos temas, si lo consigo ya ustedes lo juzgarán; pero es lo que intento, planteármelo así es al menos un camino para avanzar en esa dirección. Tengo también un compromiso de comunicación que supone que estamos interviniendo también políticamente; y para intervenir políticamente hay que comunicarse con la sociedad, con los lectores y los discutidores que uno tiene.

Por otro lado este libro es también una intervención política en esta circunstancia concreta, no solamente en la política general sino en circunstancias muy concretas. Insisto, muchos de estos trabajos —y específicamente respecto a que estamos abocados a una reforma constitucional— intentan tocar fondo, sobre todo porque hay una gran discusión pendiente de darse acerca de si lo que tenemos que hacer es un proceso constituyente —como se ha dado en América Latina en los procesos políticos más avanzados— o una reforma “utilitaria” en el sentido adjetival del término, algo que venga quirúrgicamente para reformar algunos artículos de la Constitución —que es una manera de hacerlo—, o si encaramos esto a través de un proceso constituyente nacional con todo lo que ello supone. Esa intervención en la circunstancia concreta también es un compromiso de la escritura, es mi compromiso en particular en la forma de abordar los textos y la materia de pensamiento que estoy trabajando.

Digo esto porque a propósito del «surtidor de ideas» al que se refería Rafael Acosta de Arriba —y mientras hablaban los presentadores— me salían muchas ideas de la cabeza y recordaba que los Minoristas: Rubén Martínez Villena, y otros, por allá por los años veinte del siglo pasado, —en un acto de performance, no se le diría así en esta época, pero se podría llamar de esa forma— tomaron varios de sus poemas vanguardistas de aquellos años maravillosos y se dirigieron a un bar donde solía tomar café Gustavo Sánchez Galarraga (un poeta menor de la época), y en ese performance le lanzaron algunos de los poemas escritos por ellos y le dijeron: «Para que aprendas qué es poesía». Yo no intento hacer eso, ni siquiera con esa gestualidad, pero sí quiero discutir con el pensamiento más elevado de estos momentos, que exista o por lo menos que conozca, en América Latina o en Occidente.

No creo que sea meritorio, necesario ni suficiente colocarme en un pequeño lugar, discutir con una pequeña comunidad nacional, o con cuatro colegas aquí o allá, sino tratar de abordar de frente, sin miedo intelectual y también sin miedo político, lo más elevado que se haya podido producir hasta el punto que uno lo logre conocer, y enfocarse en lo más complejo que uno encuentre, sin miedo a encarar esa complejidad sino enfrentándola.

Lo que aparece en este texto soy yo mismo. Oscar Wilde decía que no se podía escribir una línea sin descubrirse. Aquí hay bastantes más líneas que una, con lo cual me descubro por completo. Este libro está escrito con mucha honestidad, con mucha sinceridad, sin miedo ninguno.

A propósito, es muy curiosa la reacción de las personas ante temas como los que trata este libro. Algunos dicen: «¡Qué texto más controvertido, más polémico!». Son palabras que no dicen nada, sólo marcan el territorio de que «esto es complicado». Y para evitar la frase «esto es complicado» todos y todas debemos trabajar para hacer que lo que propone aquí sea algo completamente natural y no algo «complicado»; pensar en estas cosas e intervenir en estas cosas desde una moralidad a la cual un amigo periodista le gustaba llamar moralidad de la libertad, de la justicia y de la dignidad. Esas tres moralidades son las que intento seguir desde las páginas de La verdad no se ensaya, y con las cuales me siento a gusto.

Decía Roa, citando a Kant, que las cosas tenían precio y los hombres dignidad. Este libro es un ejercicio de dignidad y así lo vivo; es un ejercicio de dignidad intelectual, personal y de búsqueda de una dignidad colectiva para las cubanas y los cubanos.

Tesoro rojo

Notas brevísimas para la presentación del libro La verdad no se ensaya de Julio César Guanche y de su magnífico prólogo escrito por Juan Valdés Paz.

Como es de rigor, y en este caso aún más, tengo que comenzar explicando que estar aquí, ayudando a presentar este libro, es un regalo que me ha hecho Julio César Guanche, y lo asumo como un regalo personal.

Es su último libro cubano —antes de comenzar una nueva etapa en su vida que lo enfocará hacia el trámite de convertirse en doctor; y es, si me lo permiten, así lo veo—, el cierre de un ciclo de este analista prolijo. No solo por las circunstancias de su propia biografía, sino porque el objeto de su análisis: el orden social cubano, experimenta una poderosa transformación de la que estará dándonos cuenta en próximas entregas.

Creo con convicción que debemos ayudar, todos cuanto tengamos noticia de la obra de Guanche, para que particularmente sus ensayos jurídico-políticos e históricos, sean cimiento de la nueva Cuba en la que al parecer estamos enfrascados en la hora actual. Es muy joven este amigo y ya acumula suficiente autoridad en este campo.

La verdad no se ensaya… en particular, por ser tan variopinto, por ser resumen de ensayos premiados aquí y allá, y por estar prologado por el maestro Juan Valdés Paz con un texto programático, debería ser referente ineludible para la intelligentsia cubana encomendada de segregar hacia la ciudadanía algunas de sus ideas claves sobre nuestro pasado inmediato y visiones urgentes sobre el futuro deseable.

El presidente cubano Raúl Castro ha anunciado, hace unas pocas semanas atrás, que al finalizar la recién estrenada legislatura, el país tendrá nueva Carta Magna, o al menos una reformada.

En concordancia con los acuerdos del VI Congreso, —dijo— será preciso armonizar los postulados de la Constitución de la República con los cambios asociados a la paulatina implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

Y continúa diciendo:

[…] no resulta saludable estar reformulando continuamente la Carta Magna de la Nación y comoquiera que efectuar una reforma constitucional nos tomará necesariamente un tiempo prudencial, ya que si bien algunas cuestiones pueden modificarse por el propio Parlamento, otras más importantes requieren además la ratificación por el voto favorable de la mayoría de los ciudadanos en referendo […]

Estos enunciados sugieren muchas preguntas: ¿La consulta previa imprescindible o al menos deseable para el ejercicio constitucionalista acaso ya se ha saldado con la consulta partidista que antecedió al VI Congreso del PCC y del cual han emanado estos Lineamientos? ¿Serán los postulados de la Constitución los que deberán armonizarse con la actual implementación de los Lineamientos, que no deja de ser una formulación circunstancial, un programa para un par de décadas, o por el contrario debería ser este programa el que se adaptara a los postulados de una distinta Constitución? ¿Por qué estas transformaciones no han comenzado por el ámbito constitucional? ¿Cuáles serán las consecuencias de introducir «parches» a la Constitución a través del mandato representativo de la Asamblea Nacional? ¿Cómo podría convertirse este proceso de reinstauración de la Ley Suprema en un hecho de evolución ciudadana, de reconstrucción republicana?

Juan Valdés Paz, quien pondera como quizás uno de los mayores méritos de la obra de Guanche «su interpretación del socialismo en clave republicana», sintetiza de este modo lo que considero una premisa sustancial para este análisis:

La República de Cuba incluye un Estado republicano pero es ella quien sustenta la transición socialista de la sociedad cubana; el Estado de esa República es socialista pero no es el socialismo de la República. El estatismo de las relaciones sociales atenta contra el socialismo y contra la República.

Porque La verdad no se ensaya… en verdad se trata de «la exposición más completa sobre la tradición republicana, el nacionalismo radical y el socialismo, cubanos, de que podemos disponer», y hago votos para que se convierta en libro de cabecera para todos aquellos, —juristas, decididores políticos y parlamentarios, entre otros— a quienes durante los próximos cinco años corresponderá la tarea de concretar los cambios de la norma principal de esta congregación humana que llamamos Cuba y convertirla en algo más que un documento de anaquel. Creo en la utilidad, para estos fines, de este tesoro rojo que hoy hemos venido a rebautizar.

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