Centro Martin Luther King

“Los talleres son un camino para la participación desde abajo”

Sin dudas, ella es un personaje de la épica cubana, pero de esa que queda en la oralidad de un barrio, en las miradas agradecidas, que la vieron antes desandar el polvo del solar y convocar a transformarlo o atravesársele en los ojos de un representante del gobierno para que entrara a la ciudadela y se uniera al proceso. Cuando una conversa con Caridad, o mejor, con Cary, porque es así como muchos la conocen, una siente que los problemas, sobre todo esos sociales que aparecen tras las cortinas de la realidad, si la dejaran, comenzaban a solucionarse en un instante. Es una mujer que ofrece esperanzas, una líder comunitaria que parece decirte con contagiosa sensibilidad: “Permiso, aquí estamos. Así no pueden más, no podemos. Hay que resolverlo ahora”.

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De esa forma, lograron que el taller de transformación de La Ceiba tuviese su sede, esta acogedora casa azul, repleta de grafittis, donde ahora me da su testimonio. Ofelia no la quiere dejar sola y nos acompaña a ratos. Coloca una inusitada atención en cada detalle y asiente con orgullo. Por esa experiencia, es que las dos no se han cruzado de brazos ante la nueva situación en el taller. “Nosotras hemos querido que ellos se involucren en nuestras actividades y le hemos dicho qué hacer, adónde dirigirse para que la espera no sea demasiado larga”, dice Ofelia. “¿Y cuántas personas son?”, pregunto. Unas 40, y hay varios niños, responde Cary. Vienen de Buena Vista, Romerillo, Sierra. Y ya nos dijeron que traerían otra familia también sin casa, de Santa Fe. Nosotras fuimos para intentar hablar con la asamblea, comenta con el rostro en ascuas. Pero nada se resolvió. Dijeron por 15 días y llevan meses aquí y las condiciones de vida, la verdad, no son favorables.

En el 2008, Cary conformó un nuevo equipo de trabajo en el taller La Ceiba porque el grupo de coordinación se desarticuló con la salida de algunos de sus integrantes. En esa coyuntura, se incorporó Ofelia, y otros colaboradores que recibieron la Formación en Educación Popular a Distancia (FEPAD)1. Habían pasado entonces varios procesos, como el de la inserción social de jóvenes, el de intervención comunitaria en vivienda, y otros. Hasta hoy no han cesado de trabajar con la comunidad, de hacer que participe ante sus diversas problemáticas.

Ella cuenta que muchos logros en la participación barrial se los debe a la educación popular. Si bien los talleres de transformación integral del barrio2 surgidos, a propuesta de Fidel, en 1988, tuvieron la intencionalidad de encauzar la dimensión participativa dentro del reordenamiento urbano de la capital, la apropiación de esa propuesta educativa permitió un diálogo más horizontal con la gente. “Aprendí que escuchar —afirma sabiamente Cary— es un acto político, porque ahí también estás cediendo poder y abriendo las puertas para que el otro pueda participar”. Con su frase da las primeras pistas ante mi pregunta: ¿cómo han entendido en la práctica la participación desde los talleres de transformación del barrio?

“Los talleres son una demostración de lo que es desarrollo local con participación popular. Las personas llegan a involucrarse en el más alto nivel de decisiones, porque lo que ocurre muchas veces es que la participación se ve limitada por gobiernos municipales. En los talleres hablábamos en el comienzo no solo del desarrollo humano sino de lo que se podía hacer para mejorar lo económico, organizado por la propia comunidad. Teníamos claro que el cambio venía desde esos actores.

“Hay talleres más fuertes que otros en su trabajo con el gobierno. Realmente la participación real todavía depende de las personas que lleguen al gobierno municipal y tengan otra comprensión sobre este tema. En Alamar, por ejemplo, se capacita a los delegados y no superficialmente, sino desde la educación popular, la gestión de proyectos, el trabajo comunitario. Así se logra que la visión de desarrollo sea diferente. Porque aunque se dice que el poder popular es de abajo hacia arriba, en la práctica, muchas veces es vertical, la participación es my limitada y hay gente del gobierno que está más pendiente de los de arriba que de las personas con necesidad. Carlos Gandarilla, de la asamblea municipal de Habana del Este, descubrió la importancia de los talleres de transformación y apoyó la escuela de formación de delegados en Alamar.

“La ley 91 dice que hay que resolver los problemas con las masas. Nosotros quisimos aprovechar esa oportunidad. El El Grupo para el Desarrollo Integral de la Capital (GDIC) te enseña la planificación estratégica comunitaria, pero queríamos descubrir cómo se podía hacer esto con la gente, con participación, y es cuando llego al Centro Memorial Martin Luther King. No estaba muy convencida porque la educación popular te expone ante otros y no estaba acostumbrada a exponerme. Pero como era maestra, ya en el Centro de reeducación de menores me había descubierto muchas sensibilidades, y la educación popular vino a darme una metodología, la posibilidad de ser inclusiva, la comprensión de que todo tiene un sentido político como el acto de escuchar.

“Buscamos generar participación y no pretendimos que fuera un movimiento de mil o tres mil personas, sino pequeños grupos que fueran modificando a otros. Hubo cambios en las relaciones en muchos espacios, en la familia, en núcleos del Partido, en centros de trabajo. Con la educación popular se vivió un movimiento de participación y transformación muy bonito”.

¿Qué aportes ha dejado el taller para la participación concreta de las personas en el desarrollo de su localidad?

Bueno, nos metimos en la ciudadela, con un proyecto que se llamaba intervención comunitaria en vivienda social. El Estado tenía el deseo de acabar con las ciudadelas, pero no había una política definida para emprender este cambio. Nuestro consejo popular tiene construcciones antiguas, muchas en muy mal estado. Por ello nos sentamos arquitectos, estudiantes, vecinos, para pensar cómo podíamos cambiar la realidad física de La Ceiba.

La idea salió de un encuentro de mujeres que hicimos en el taller por tres años. En uno de ellos, una mujer mencionó su necesidad de tener al menos una cocina y un baño limpios y otras empezaron a hablar por la misma línea, y de la gente salió cómo podíamos cambiar la ciudadela y hacerla habitable. Nos pusimos a investigar qué organismos construyen en Cuba, y descubrimos que era el entonces MINVEC, las empresas mixtas, firmas, y la gente que de manera ilegal arreglaba sus casas. También descubrimos que había unas 115 ciudadelas en regular y mal estado.

Nos ayudó mucho la doctora Tania, arquitecta, y sus estudiantes de una asignatura sobre proyectos con comunidad. Después vimos otros caminos, pero también en medio de todo aprendimos sobre el poder del consejo de vecinos. La educación popular nos enseñó que no podíamos quedarnos con una sola respuesta. Invitamos a los delegados y se estructuró un proyecto de transformación de las ciudadelas, con la comprensión de que los consejos de vecinos eran todos, hasta los niños.

En los encuentros, pedíamos que cada mandato del poder popular dejara un cambio real en la gente. No fue fácil porque hubo que estar al tanto de cuestiones técnicas, de políticas de planificación física, de qué acciones podíamos acometer con nuestros propios esfuerzos, pero del 65 porciento de las ciudadelas que estaban en estado regular y malo, se transformó mucho. Algunas donde el consejo de vecinos era fuerte se les exigía a los técnicos que respetaran cómo las personas querían sus viviendas. En ocasiones hubo que hacer talleres de concertación y mediación de conflictos, porque la gente de La Ceiba tenía que comprender su rol, pero también los técnicos y el gobierno. En esa etapa unos vecinos lograron resolver un problema de acceso al agua que mantenían por 10 años.

Realmente cambió la situación. El proyecto se ha detenido por un problema burocrático y dentro de este todavía nos quedan varias ciudadelas y un edificio por mejorar.

Con esta experiencia, ¿dónde crees que están los mayores obstáculos para asumir un desarrollo local participativo?

Mira, los mandatos de delegados cambian cada dos años y medio, y aunque tú capacites las personas vienen con su formación y hay mucha resistencia al cambio. En eso influye la capacitación en la escuela de cuadros que todavía es muy verticalista. El trabajo nuestro lo hacemos en el consejo popular y hemos logrado que autoridades locales participen en los talleres de capacitación. No sé si es la coyuntura, pero hay mucha dificultad para darle continuidad al gobierno a estos niveles.

Por otro lado, en el municipio de Playa, por ejemplo, hay una propuesta de 80 cooperativas no agropecuarias y solo se han aprobado dos. Con la iniciativa de desarrollo local, el gobierno municipal asume el control de las actividades de algunas empresas, pero de esa forma, este proceso se reduce a servicios, solo se amplía el objeto social de la empresa. Nosotros empezamos un levantamiento de los trabajos por cuenta propia y hay iniciativas de elaboración de alimentos, servicios menores de reparación y otros, posibilidades de emprender cooperativas y otros procesos desde la gente.

Persiste un problema medioambiental, constructivo, y ante esto hay una propuesta de cooperativa de saneamiento y limpieza. Otro delegado tenía la intención de echar a andar una experiencia de recogida de escombros, acabado y pintura, de reconstrucción. Muchos problemas se podrían resolver con la comunidad y no dejas de cumplir con la ley 91, además de que se logra recaudar para seguir invirtiendo en la localidad.

Cuando se aborda la problemática de vivienda en Cuba, emergen datos sobre las afectaciones que sufren núcleos familiares de piel negra. ¿Cómo ha logrado involucrar el taller a estas personas en sus acciones? ¿Cómo han tratado el tema de la racialidad?

Primero, ninguna de las familias que tenemos albergadas aquí es blanca. Y por la mañana los adultos salen a trabajar, por tanto, no son antisociales. Estoy leyendo un libro titulado Los horrores del solar habanero. Quiero profundizar antes de meterme bien en esto. Pero sí es un problema. Me pregunto cuántas personas que viven en todas estas ciudadelas no son blancas o cuántos dueños de negocios son mujeres y negras… Por eso hay que tener políticas especiales ante las desigualdades, incorporar la dimensión humana en el desarrollo local como hemos tratado. Para los barrios de la capital se necesitan políticas diferenciadas, y con participación real, no pueden ser paternalistas.

¿Cuál usted cree que sea el camino para que se asuma esta concepción participativa, que incluya cada vez más a la comunidad?

El trabajo comunitario como lo conciben los talleres, es el camino para la participación desde abajo. Y hay que seguir preparando a los delegados, al gobierno. Tenemos que lograr que se apropien de la filosofía de la participación real, de que los saberes de la gente valgan, que no se trabaje por cumplir una tarea, que se conozca el entorno y lo que pasa en la realidad del barrio, para que los oportunistas no ocupen los espacios y se olviden de las personas. Hay que trabajar además con los jóvenes, sin imponerse. Y saber que tú como delegado puedes representarme, hablar de un problema que es mío, pero el poder real está en la gente.

Notas:
1. Capacitación que surge a partir de los talleres de educación popular en el Centro Memorial Martin Luther King, como parte de la estrategia de multiplicación de esta propuesta formativa.
2. Los Talleres de Transformación Integral del Barrio fueron creados por el Grupo de Desarrollo Integral de la Capital (GDIC), subordinado a la secretaría del gobierno provincial.
Los primeros talleres se gestaron en los barrios de Cayo Hueso, Pilar de Atarés y La Güinera.

tomado de La Jiribilla
http://www.lajiribilla.cu/articulo/7235/los-talleres-son-un-camino-para-la-participacion-desde-abajo

Participación: el pretexto para conjugar el verbo compartir

En la recién finalizada Feria Internacional del Libro de La Habana un grupo de instituciones juntaron sus esfuerzos para organizar un homenaje al pedagogo brasileño Paulo Freire. A la invitación de las educadoras y educadores populares cubanos, que se implicaron en esta iniciativa, respondieron Nita Freire, una de las promotoras del pensamiento y la obra de Freire, además de ser su viuda; el teólogo Frei Betto y Oscar Jara, presidente del Consejo de Educación de Adultos para América Latina (CEAAL).

Marcha de las antorchas ene 2014 Red EP

En La Cabaña la Embajada de Brasil en Cuba montó un stand que rendía tributo a Paulo, “un brasileño universal”, por su propuesta pedagógica, que entiende a la educación como herramienta fundamental de la transformación cultural. Desde allí y ante una cámara de video, Oscar Jara recordó en palabras del propio Freire qué significaba para él ser considerado un ciudadano del mundo.

“Yo nací en Recife. Recife queda en Pernambuco. Pernambuco queda en el nordeste. El nordeste queda en Brasil. Brasil queda en América Latina y América Latina queda en el mundo. Mi recificidad explica mi pernambucalidad, mi pernambucalidad explica mi nordestibidad, mi nordestibidad explica mi brasileñidad, mi brasileñidad explica mi latinoamericanismo y este mi universalidad. No puedo ser ciudadano del mundo, sino como ciudadano de Recife.” Fue allí donde Freire enfrentó los desafíos más profundos del ser humano: el tema de la opresión y la liberación.

“Su pedagogía es de la esperanza —añadió Oscar— porque confía en que las personas podemos construir un futuro diferente y que la esperanza no es algo que caerá de otro lado, sino que tenemos que construirla, liberando nuestras capacidades, nuestras potencialidades. La pedagogía de Paulo Freire como propuesta liberadora no llega desde afuera a liberar. Permite liberar nuestra capacidad crítica, nuestra capacidad de comunicarnos, nuestra capacidad de trabajar junto a otras personas, nuestra capacidad de soñar, nuestra capacidad de indignarnos, y desde ahí construir lo que todavía no existe: un mundo mejor para todos y todas”.

Por su parte Frei Betto acotaba que la trascendencia de Freire está en el legado de esa pedagogía aplicable a cualquier coyuntura, época o situación, porque vivimos en un mundo donde hay oprimidos y opresores, donde hay injusticias. “La tarea número uno, tanto para superar al capitalismo como para consolidar al socialismo, es la educación política permanente. Y ahí Paulo Freire tiene una contribución sustancial para ese proceso”.

Al escucharlos a ambos recordé muchos debates que desde la realidad cubana confirman las oportunidades y pertinencia de la educación popular para la transformación personal, grupal, comunitaria e institucional. La mayor evidencia la aportan mujeres y hombres que en sus territorios apuestan por prácticas culturales basadas en la participación y la cooperación, porque saben convocar e implicar a sus iguales en la identificación de problemáticas comunes y sobre todo, en la búsqueda de alternativas, de soluciones que están al alcance de la creatividad y las ganas de hacer, aunque antes haya que romper barreras de todo tipo, que suelen frenar a los proyectos colectivos.

La red de educadoras y educadores populares —fruto de la articulación de personas egresadas de espacios formativos en Educación Popular del Centro Memorial Martin Luther King— promueve con sus experiencias una cultura de la participación social, que refuerza sentidos y actitudes comunitarias. Ellos y ellas han aprendido hacer por los suyos y con los suyos, no desde la comprensión estrecha de que son los suyos por los vínculos estrictamente familiares o sanguíneos que les unen. En este caso los suyos tienen rostros y voces diferentes, pero destinos y sueños parecidos. Están cerquita porque pueden encontrarse en el ajetreo de la vida cotidiana; porque les afecta el mismo bache de la calle, el transporte cuando más difícil se pone, la música alta de quienes olvidan que viven en comunidad; la justificación de los que se escudan en otras personas y en pretextos ilógicos para no dar un buen servicio o resolver un problema que está a su alcance.

Ramiro Cuesta y Andrea del Sol son de esos educadores incansables que trabajan en ámbitos locales; el primero desde Gibara, en Holguín y la segunda desde Alamar, en La Habana. La educación popular atraviesa sus vidas y maneras de hacer por sí y para otros: “cambio, sinceridad, educación y tolerancia, ser uno mismo, desarrollo, aceptación, diversidad, compartir saberes, empoderamiento del saber popular, compromiso, aprender a escuchar que es tan difícil…” Así se representan la puesta en práctica de la educación popular que impacta sus respectivos liderazgos comunitarios y sus relaciones interpersonales.

Con delegados del Poder Popular, instructores de arte, artistas y artesanos locales, personas de la tercera edad, niños y niñas, campesinos, profesionales de diversas especialidades…, animan procesos de transformación social, cuyo centro es la participación para promover la colectividad como espacio de construcción conjunta, donde es posible actuar a favor del bienestar común. Ya no se conforman con ese nivel de la participación tan básico que se limita a “asistir, consultar, informar”. Han aprendido que lo verdaderamente perdurable no está en manos de pocos, sino entre muchas personas.

Participar implica compartir la acción por eso se ha identificado como un aspecto esencial para involucrar a la población en función de diseñar y alcanzar ese presente y futuro compartido. Pero la participación se aprende, no viene en los genes ni es un instinto; es preciso estimularla y promoverla. Para ello, la educación popular favorece la corresponsabilidad, la cultura del debate, la fraternidad, el diálogo que invita a la escucha activa y problematizadora, a tiempo que evita el autoritarismo y la competencia.

Nada de esto es posible si no se cuestionan las subjetividades, el imaginario social y las prácticas históricas y culturales. Es preciso adentrarse en las motivaciones, aspiraciones y expectativas, en los compromisos, creencias y representaciones que nos mueven o frenan; en nuestros valores, prejuicios y miedos, en las tradiciones que heredamos y portamos. Hay que desnudar la matriz cultura de la que somos fruto y que legitimamos cotidianamente. Ahí está la fuente del cambio o de la resistencia a él.

Son diversas las maneras en que es posible conjugar el verbo compartir, como mismo podemos recrear la palabra poder, para juntarlas: compartir el poder actuar, el poder diseñar, el poder sentir; el poder decir, el poder transformar, el poder escuchar… Compartamos en definitiva, el poder —que es político y cultural—, de construir los sueños colectivos en un pequeño proyecto comunitario hasta en esta, nuestra sociedad, bajo presupuestos más participativos. Y otra vez retomo esa lección profética que nos dio Paulo Freire y que su coterráneo Frei Betto nos recuerda: la tarea número uno para consolidar al socialismo es la educación política permanente.

Tomado de La Jiribilla
http://www.lajiribilla.cu/articulo/7231/participacion-el-pretexto-para-conjugar-el-verbo-compartir

Francisco y los cambios en la Iglesia Católica

La inesperada renuncia del Papa Benedicto XVI sorprendió al mundo, especialmente a los fieles católicos. Hace 600 años que un Papa no renunciaba. Fue un gesto de humildad de quien entendió que no podía seguir en el timón del barco de Pedro en los mares agitados de los escándalos: pedofilia, corrupción en el Banco del Vaticano, red de prostitución masculina que implicaba a seminaristas en Roma, reducción del número de católicos en Occidente, etc.

Papa Francisco

Se eligió al cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio. Él había sido el segundo más votado en el cónclave que entregó las llaves de Pedro en manos del Cardenal Ratzinger.

Sorprendió también el nombre adoptado por el cardenal Jorge Mario Bergoglio: Francisco. Nunca antes un Papa había rendido un homenaje al santo de Asís (1182-1226), considerado la mayor celebridad en el último milenio. De la misma manera que nunca un Papa se hizo llamar Pedro II ni tomó los nombres de los evangelistas Mateo y Lucas.

¿Quién es Jorge Mario Bergoglio? Un sacerdote de la Compañía de Jesús, cuya vida se caracteriza por ocupar funciones de gobierno entre los jesuitas, lo que lo catapultó al episcopado. No hay evidencias de que Bergoglio haya procedido como tantos sacerdotes y obispos argentinos que dieron apoyo explícito a la dictadura militar (1976-1983), responsable de la muerte de más de 30 mil ciudadanos y el secuestro y desaparición de cerca de tres mil bebés, hijos de presuntos terroristas.

Bergoglio nunca se destacó por denunciar violaciones de derechos humanos cometidas por los militares, como lo hicieron los obispos Novak y Angelelli, este último murió en un accidente de tráfico, en 1976, que muchos creen fue provocado por los militares. El superior de los jesuitas argentinos y actual Papa prefirió actuar tras bastidores a favor de los perseguidos.

Bergoglio es doctrinalmente conservador. No se espere de él que admita la unión civil de los homosexuales y el fin del celibato obligatorio. Sin embargo, la elección del nombre de Francisco simboliza cuatro dimensiones características del santo de Asís:

1) La crítica del sistema productivo que genera desigualdades sociales. Hasta el siglo XIII, en Europa, la pobreza andaba en medio de guerras y pestes. Toda familia, aun estando sometida a la servidumbre, tenía su parcela de tierra para cultivar alimentos y criar unos pocos animales que le garantizaba el sustento.

Bernardone, padre de Francisco, introdujo, gracias a la manufactura, la producción en serie de textiles, cuyos tintes importaba de Francia (lo que le llevó a homenajear en el hijo a la nación extranjera, bautizándolo como Francesco: aquel que viene de Francia).

El nuevo sistema de producción abarató los textiles, conduciendo a la miseria y al desempleo a numerosos artesanos de la rama textil.

2) La opción por los pobres (fundamento de la Teología de la Liberación). Francisco, cuando se encuentra con los pobres generados por las nuevas relaciones de producción, se arranca las prendas fabricadas por su padre y, desnudo en plaza de Asís, manifiesta su rechazo al capitalismo naciente y su adhesión a la defensa de los derechos de los pobres.

3) El amor por la naturaleza. Francisco es el santo patrono de la ecología. Se destacó por el amor a los animales y por sus cánticos amorosos hacia el Sol y la Luna.

4) La reforma de la Iglesia. Francisco escuchó en la capilla de San Damián, que Jesús lo convocaba para reconstruir la iglesia que estaba en ruinas. En efecto, en las afueras de Asís había una iglesia en ruinas, la Porciúncula (ahora dentro de la catedral). Él y sus amigos se propusieron reconstruirla. Hasta que entendieron que el llamado de Jesús tenía un significado mucho más amplio: el de reconstruir la Iglesia Católica, entonces distante del pueblo e identificada con la nobleza europea.

Si el Papa Francisco, al adoptar ese nombre, también pensó en Francisco Javier (1506-1552), el santo jesuita que predicó el Evangelio a los orientales, entonces el nombre del nuevo pontífice expresa todo un programa de renovación de la Iglesia Católica, comenzando por el reforma de la Curia Romana, por la formulación de una nueva moral sexual y por una nueva evangelización que implemente las propuestas del Concilio Vaticano II, como el ecumenismo y el diálogo interreligioso, admitiendo que también fuera de la Iglesia hay salvación.

El hecho es que, en menos de un año de pontificado, Francisco reforma el papado, despojándole de pompas y símbolos nobles; crea una comisión de ocho cardenales para que lo asesoren en la conducción de la Iglesia, castiga a los sacerdotes y obispos corruptos, combate la homofobia, autoriza el bautismo para los hijos de madres solteras y se posiciona en favor de los pobres.

Francisco y la economía de mercado

Francisco divulgó el 26 de noviembre 2013, el documento “Alegría del Evangelio”, en el que expone claramente su punto de vista. Su voz profética incomodó a la CNN, poderosa red de comunicación de los Estados Unidos, que le concedió la “Medalla de cartón”, destinada para aquellos que, en materia económica, hablan tonterías…

¿Cuáles son las “tonterías” pronunciadas por el Papa Francisco? Juzgue el lector: “hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y la inequidad’. Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano congelado y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad.

“Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida.

“Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del ‘descarte’ que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son ‘explotados’ sino desechos, ‘sobrantes’”. (53)

Además Francisco condena la lógica de que el libre mercado puede, por sí mismo, promover la inclusión social: “Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando.

“Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe.

“La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera” (54).

El Papa subraya que los intereses del capital no pueden estar por encima de los derechos humanos: “Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano!

“Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial que afecta a las finanzas y a la economía pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo”. (55)

Sin citar el capitalismo, Francisco defiende el papel del Estado como proveedor social y condena la autonomía absoluta del libre mercado: “Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común.

“Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta”. (56)

En fin, un profeta que pone su dedo en la llaga, porque nadie ignora que el capitalismo ha fracasado para las dos terceras partes de la humanidad: las 4 mil millones de personas que, según la ONU, viven por debajo de la línea de pobreza. (Traducción ALAI).

-Frei Betto es escritor, autor de “La Mosca Azul – Sobre Reflexión el poder” (Ocean Sur, México, 2009; Ciencias Sociales, La Habana, 2012 ) , entre otros libros.

URL de este artículo: http://alainet.org/active/72162

  • Este texto es parte de la revista América Latina en Movimiento, No. 492 (febrero 2014) que trata sobre “Francisco y los signos de los tiempos” http://alainet.org/publica/492.phtml
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