¿A donde apunta la política exterior de Obama?

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Tal parece que este año el Partido Demócrata tendrá una serie de triunfos electorales como no los ha tenido en décadas. El Partido Republicano está en una situación desastrosa, con los ratings de aprobación de Bush mas bajos que nunca, resultado cumulativo de la invasión de Iraq, el deterioro de la economía, la manifiesta indiferencia del régimen hacia las víctimas de Katrina, los escándalos sobre la corrupción de sus allegados y la creciente erosión de las libertades individuales so pretexto de la guerra contra el terrorismo después de los acontecimientos de Septiembre 11 del 2001.

Se espera que la presencia demócrata aumente significativamente en el congreso federal, donde ya son mayoría, lo mismo que a nivel estatal a través del país. En cuanto a la presidencia: la candidatura de Obama como el primer africanoamericano que se postula para la presidencia de los Estados Unidos, y su constante mención del cambio ha generado mucho entusiasmo, particularmente en la comunidad negra y entre los jóvenes de todas las razas. Está por verse el papel que el racismo tan fuertemente arraigado en la sociedad norteamericana va a jugar en la elección presidencial que se avecina.

Obama comenzó en la izquierda liberal como organizador en barrios humildes de Chicago pero se ha ido deslizando continuamente hacia la derecha a medida que ha avanzado en su camino hacia la candidatura presidencial. Dado esto, qué tipo de política exterior se puede esperar de él si acaba siendo electo presidente el próximo noviembre.

Por un lado se ha manifestado críticamente sobre la política comercial neoliberal, frecuentemente desde una perspectiva proteccionista. Por el otro lado, el haber contratado como asesores principales a Jason Furman, discípulo de Robert Rubin, el ex-Secretario de la Tesorería durante el gobierno neolibeal de Clinton y reconocido banquero de Wall Street; y a Austan Goolsbee, economista del ala moderada de los “Chicago boys” pone en entredicho su promesa de un cambio en materia económica. La política pro-capitalista de Obama no debe sorprender a nadie dado su increíble éxito en recabar una cantidad de fondos sin precedente de la clase corporativa norteamericana.

En sus pronunciamientos más abstractos, Obama ha afirmado una política multilateralista y ha dicho estar dispuesto a negociar con cualquier líder extranjero sin que importe qué tan hostil sea a los Estados Unidos como una alternativa al unilateralismo y belicismo de Bush. Pero sus proposiciones específicas ponen esos pronunciamientos en duda. Aunque originalmente se opuso a la invasión de Iraq ha votado, junto con la mayoría de los republicanos y demócratas del Senado, por continuar el financiamiento de esa ocupación.

Actualmente propone dejar en Iraq más de 90,000 tropas norteamericanas y decenas de miles de mercenarios permitiendo así la continuación de la lógica militar de aumentar las tropas conforme aumentan los enfrentamientos entre las fuerzas norteamericanas y los insurgentes iraquíes. Aunque ha dicho que bajo circunstancias apropiadas está dispuesto a dialogar con los líderes iraníes, también ha indicado que quiere mantener todas las opciones a su disposición, una manera de decir que no ha eliminado la posibilidad de usar armas nucleares contra Irán.

También ha prometido enviar dos brigadas adicionales de combate a Afganistán y ha amenazado con ordenar incursiones en Pakistan, sin pedir permiso a ese país, con el propósito de bombardear y eliminar a Al Qaida.

Con respecto a la ocupación de Palestina por Israel, Obama ha abandonado toda semblanza de independencia al comparecer ante AIPAC, el principal cabildo israelí, y respaldar sin reserva alguna el programa de derecha zionista de dicha organización, incluyendo el mantenimiento de Jerúsalem como capital de Israel y ciudad completamente judía, aunque al ser muy criticado por esto último, dio marcha atrás sobre esa cuestión al dia siguiente.

¿Y qué podemos esperar de la política de Obama hacia “Nuestra América”? Lo que ha dicho sobre el tema es inquietante. Ha hablado vagamente de una reforma migratoria en los Estados Unidos, pero como Hillary Clinton y John McCain, ha mantenido un silencio absoluto sobre la creciente ola de redadas que han sembrado el temor entre las comunidades latinas en los Estados Unidos.

El 23 de mayo, Obama se presentó ante la derechista Fundación Nacional Cubana Norteamericana (FNCA) en Miami y dio un discurso en el que tildó al presidente Hugo Chávez como un “demagogo”, una apelación de mal augurio para su política hacia Venezuela. Lo más preocupante de todo han sido sus pronunciamientos con respecto a Colombia fundamentalmente apoyando las políticas armamentistas de Bush hacia el gobierno de Uribe y pretendiendo estar opuesto a los paramilitares derechistas.

No menos preocupante ha sido el apoyo de Obama a la llamada Iniciativa de Mérida, denunciada por Amnistía Internacional como una extensión de la política de los Estados Unidos hacia Colombia a México y la América Central para proveer cuantiosos fondos a la policía y las fuerzas armadas para combatir las pandillas y narcotraficantes. Aunque no hay duda alguna que el crimen es un gran problema en estos países, la introducción del modelo colombiano plantea el peligro de tratar la criminalidad fuera de su contexto económico y social y que los escuadrones de la muerte penetren los cuerpos represivos de esos países.

En su discurso de mayo ante la FNCA, Obama se manifestó a favor del bloqueo a Cuba – una política fallida de casi cincuenta años que ha violado continuamente el derecho de Cuba a su autodeterminación – aunque prometió eliminar las restricciones al derecho de los cubanoamericanos a visitar la isla y enviar remesas a sus parientes.

Es notable la gran contradicción que existe entre las grandes expectativas que la campaña de Obama ha despertado en amplios sectores de la sociedad norteamericana y del mundo en general, y sus propuestas específicas. Obama podría compararse con Jimmy Carter. Durante el gobierno de este último (1977-1981), la gran retórica de los Derechos Humanos fue acompañada por políticas exteriores retrógradas en paises como Nicaragua, El Salvador, Cambodia e Indonesia. Hay que mantener los ojos abiertos y no dejarse llevar por las apariencias de la campaña de Obama.

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*El autor de este artículo nació en Cuba y actualmente es profesor emérito de Ciencias Políticas del Brooklyn Collage de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, autor del libro The Origins of the Cuban Revolution Reconsidered (University of North Carolina Press, 2006).

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