Abrió el jardín de la esperanza

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Entre alegrías y sorpresas dio inicio el IV Encuentro Nacional de educadoras y educadores populares que dejó ver en apenas dos horas cuánto se han consolidado la identidad y los sentidos políticos de una Red integrada por hombres y mujeres, jóvenes y adultos unidos por el deseo de perfeccionar el trabajo, el compromiso y el amor por lo que hacen. En un mundo signado por el capitalismo, la Educación popular se plantea como un sendero de liberación. Y en una Cuba que se resiste a dejar de ser socialista, estimular el diálogo y la participación se nos vuelve un asunto de vida o muerte.

Para hoy miércoles habrá varios momentos que darán cuenta de los aportes de la Red de educadores populares, sus sentidos políticos, objetivos, características y el proceso en el que se encuentra. En la tarde las educadoras y educadores, que vienen de diversas experiencias, expondrán su trabajo mediante posters, afiches, carteles, dibujos, semillas y granos que cosechan en sus lugares de trabajo, pero sobre todo, será la ocasión para que muestren cómo han logrado visibilizar lo que hacen y enriquecerlo en el día a día a partir del diálogo de saberes. Y en la noche, ocurrirá uno de los instantes más esperados de este Encuentro: el intercambio con el amigo brasileño Frei Betto, quien desde la fundación del Centro Memorial Martin Luther King ha estimulado las experiencias cubanas de Educación y Comunicación Popular. También contaremos con la presencia, la voz y a poesía del trovador cubano Silvio Rodríguez.

Alrededor de trescientos educadores y educadoras populares, inmersos en experiencias concretas de trabajo comunitario y social en zonas rurales y urbanas de todas las regiones de la Isla ya se encuentran en la capital cubana para participar en un encuentro que tiene cómo énfasis “una opción socialista sentida y pensada desde nuestras prácticas”. Entre ellas y ellos se encuentran delegados del Poder Popular, trabajadores comunitarios, investigadores, profesores, líderes barriales, campesinos, amas de casa, estudiantes, comunicadores…

Para nuestra suerte y alegría, también nos acompañan educadoras y educadores latinoamericanos, entre ellos Dolores Velazco Valladares, del Equipo Maíz del Salvador, Messilene Gorete da Silva, del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil, Salvador Zúñiga del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras y Adolfo Farías del Movimiento Nacional Campesino-Indígena de Argentina.

Pero para qué han venido tantas y tantos desde distantes sitios de la geografía cubana, qué los convoca, qué los junta. Dicen que vienen a dialogar sobre los aportes de la Red de educadoras y educadores populares al contexto cubano actual, y a elaborar sus proyecciones atendiendo a los nuevos desafíos. Pero este objetivo hace parte de uno mayor: consolidar un tejido social crítico y comprometido con el proyecto social cubano que exprese los valores que sustentan lo que Paulo Freire definió como uno de los propósitos esenciales de toda y todo educador popular y que se podría resumir en esta pregunta: ¿qué papel queremos desempeñar en términos políticos, en su sentido más profundo, quienes apostamos por esta propuesta pedagógica y política? Esa parece ser la clave de todo lo que moverá el Encuentro Nacional por estos días y que encierra, a la vez, esta suerte de anuncio: seguir siendo inconformes o convertirnos en ciudadanas y ciudadanos promotores de conciencias críticas.

Pero en esencia, qué es la Red de educadoras y educadores populares sino el resultado más visible de un proceso formativo impulsado por el Programa de Educación Popular y Acompañamiento a Experiencias Locales (EPAEL) del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr. Desde sus cinco ámbitos de trabajo (la formación, el acompañamiento a experiencias, la comunicación, la articulación y la alianza e incidencia), la Red articula procesos, grupos y personas vinculados a experiencias sociales concretas en todo el país. Comparte la concepción y metodología de la Educación popular y entre los valores que la sustentan están el compromiso consciente, rebelde y profético con el pueblo cubano, su proyecto socialista y la revolución.

Ya suman cuatro las ediciones de los Encuentros nacionales realizados desde 2004. Importante ha sido conocernos cara a cara, compartir visiones, sueños, pasar revista a lo hecho, aprender de nuestras experiencias y maneras de hacer. Todo ello, no para regodearnos en nuestros logros, sino para enfrentar los obstáculos, contribuir al mejoramiento de nuestras prácticas sociales y comunitarias y hacernos partícipes, “incómodos actores y actrices sociales” que buscan el sueño de un mundo mejor para Cuba y para la humanidad.

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