América Latina: La que ilumina y acompaña

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En el salón del Centro Memorial Martin Luther King, América Latina, aparecía pintada en un papel a mano alzada. La coordinación del taller nos pedía qué plasmáramos aquellos elementos con los cuales nos identificábamos con el continente.

En una esquina anoté las palabras humildad y grandeza, mostrando así el juicio que me había formado a lo largo de los años. De esta manera comenzaba el taller de preparación que serviría de antesala al intercambio de once miembros de la Red de educadoras y educadores populares con el sur. Ese era el primer paso. Debíamos tener a mano mucha información y claridad sobre los objetivos del viaje.

Las prioridades comenzaron a dibujarse: visualizar experiencias autogestionarias, cooperativas que promuevan la asociatividad y la participación y sean afines al contexto cubano actual, fortalecer vínculos con los movimientos y organizaciones de izquierda en América Latina y en caso de Ecuador —país que nos tocó visitar—, estaríamos, además, contribuyendo con la sistematización de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) y el proceso de recuperación de las quebradas El Carmen y Ortega de Quitumbe, pertenecientes a la Cooperativa Alianza Solidaria.

Nos acogió un país en cambio, con deslumbrantes y monumentales paisajes, con disímiles culturas indígenas y afrodescendientes, y aún cuando queda un largo camino por recorrer para solucionar los problemas que afectan a esa nación andina, el prolongado período de lucha de las organizaciones y movimientos en contra del neoliberalismo ha mostrado aciertos con la presidencia de Rafael Correa y la nueva Constitución del Ecuador.

Recién llegados, visitamos los confortables conjuntos de casas entregados para los cientos de familias necesitadas que son testimonio de la labor que realiza la cooperativa de construcción de viviendas Alianza Solidaria. Sin embargo, el asombro en nuestros rostros se produjo al llegar a la quebrada, un hermosísimo sitio natural, recuperado con la participación de los vecinos para su disfrute, esparcimiento y la práctica de deportes, entre otras aficiones. Corroboramos que toda obra humana que se proponga el bien común es posible si se acompaña del empeño de todos y todas.

Esta cooperativa de construcción de viviendas, con más de dos décadas de creada, trabaja a partir de los presupuestos de la economía solidaria al asumir una postura ética y política de vida, defensora de los derechos inalienables del ser humano en armonía con la naturaleza.

Desde su experiencia ha constatado que la solución de antiquísimas problemáticas del ser humano como el abrigo, el pan y el techo deben ir acompañados de la formación de valores, respeto mutuo, solidaridad y el trabajo digno. Ha conseguido, desde estas prácticas, credibilidad y poder para incidir en políticas públicas del gobierno local al convertir espacios privados en públicos y satisfacer demandas para nuevas cooperativas.

Es importante para el trabajo que desempeñan contar con un equipo técnico capacitado el cual coordina los diferentes ámbitos de la cooperativa. Tienen, además, un patrimonio propio, pueden obtener créditos a través del Estado y desarrollar habilidades y posibilidades de autogestión desde una estructura que promueve la asociatividad y la participación.

Quienes integran la cooperativa nos enseñaron que los caminos de la solidaridad son muy diversos; no se trata de regalar ni de ofrecer caridad, sino de construir, sembrar, crecer como país desde la solidaridad colectiva que aporta saberes, valores, maneras de convivir en comunidad.
Un importante aprendizaje por varias experiencias ecuatorianas fue constatar que los caminos de la economía cubana pueden ser varios; y una vía posible es la asociatividad, la autogestión cooperativa no solo a partir de bienes y servicios, sino de valores que contribuyan a dar el salto necesario para el mejoramiento humano.

Con el paso de los días intercambiamos con miembros de la FENOCIN, la CONAIE, la CEDOCUP, el movimiento Alianza País, la Escuela de formación de fe y política, organizaciones que aglutinan al movimiento indígena, campesino y obrero y pudimos comprobar los profundos sentimientos de solidaridad y respeto hacia el pueblo cubano, acompañados de numerosas interrogantes y preocupaciones sobre el futuro del socialismo en la isla.

Estos encuentros nos devolvían constantemente esta interrogante: ¿Cuánta responsabilidad portamos las cubanas y los cubanos en este siglo XXI? Sin lugar a dudas, mucha… Estas organizaciones abogan por la soberanía alimentaria, la reforma agraria, los derechos laborales, la interculturalidad, la formación (de líderes hombres y mujeres), la consolidación organizativa y la comunicación como vía para legitimar y poner en vigor las demandas plasmadas en la Constitución.

Fue positivo confirmar también la posibilidad y el deseo de estrechar lazos de trabajo, y aproximarnos a algunas organizaciones como FEDAEPS, ALAI, MESSE, CECAFED. Particularmente enriquecedor fue el contacto con la CLOC pues nos permitió adentrarnos en su historia y oír de viva voz cómo su dirigencia ha tenido que afrontar barreras externas (la criminalización de la protesta por parte de los gobiernos neoliberales) e internas (la comunicación, el entendimiento a partir del respeto a la diversidad de culturas) para el fortalecimiento de las luchas campesinas que tantos elementos comunes tienen a largo del continente.

Pero, a la vez, fue hermoso advertir cuánto ha avanzado gracias a la colaboración de otras organizaciones como el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil, la propia Aagencia Latinoamericana de Información (ALAI), de Ecuador y la ANAP de Cuba y también cuánto queda por andar en el camino.

*Educadora popular cienfueguera y colaboradora del Programa de Educación Popular y Acompañamiento a Experiencias Locales.

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