Mensaje del Consejo Mundial de Iglesias

Estimados hermanos y hermanas en Cristo: 

Les saludamos al tiempo que oramos juntos por nuestros seres queridos y por toda la humanidad creada por Dios en estos tiempos difíciles de la pandemia del COVID-19.  

¡Dios de vida condúcenos a la justicia y la paz! Este es el Dios en el que juntos creemos, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios es nuestro creador, nuestro salvador y nuestro dador de vida. Orar al Dios de vida significa que nosotros, como iglesias unidas, defendemos con firmeza la vida junto con nuestro Señor y Pastor Jesucristo, que hizo todo lo posible por proteger la vida y que dio su vida por nosotros.  

Por consiguiente, ahora debemos dar prioridad absoluta a hacer todo lo que esté en nuestras manos para proteger la vida. Orar y trabajar por la justicia y la paz también abarca la salud. Esto se ha vuelto muy concreto estos días. Podemos, y debemos, romper la vía de transmisión del virus. En la actualidad, ello significa observar estrictamente las medidas, las restricciones y los consejos de las autoridades sanitarias, basadas en todos los conocimientos científicos fiables disponibles proporcionados por la Organización Mundial de la Salud.  

Algunos de ustedes ya se han visto profundamente afectados. Muchos países sufren esta infección que ahora es mundial y viven con fuertes restricciones y drásticas medidas para reducir la transmisión del virus, mientras que otros países es probable que se enfrenten a desafíos similares en los próximos días o semanas.  

Muchos de nosotros vamos a estar infectados por el virus y para los más vulnerables puede ser mortal. Las pruebas demuestran hasta ahora que los ancianos y las personas con ciertas enfermedades crónicas figuran entre los más necesitados y vulnerables. Por su bien, aquellos de nosotros con menor riesgo a nivel personal –los jóvenes, los sanos– debemos, aun así, adoptar medidas estrictas y rigurosas, y aceptar los inconvenientes que ello entraña a fin de prevenir una mayor propagación de este virus y sus peores consecuencias.  

La pérdida de preciosas vidas en nuestras comunidades y familias puede ser mayor de lo que hoy estamos dispuestos a considerar o somos capaces de soportar. Oramos por todas las personas que han perdido o perderán a seres queridos a causa de esta enfermedad. Oramos por su consuelo y alivio. Oramos por que su pérdida refuerce nuestro compromiso colectivo para prevenir mayores sufrimientos y pérdidas.

Esta infección es especialmente grave ya que supone una amenaza para nuestros sistemas sanitarios públicos y, por consiguiente, para todos aquellos que los necesitan, sea cual sea su enfermedad. Incluso los sistemas sanitarios más avanzados del mundo carecen de la capacidad para hacer frente al número previsto de casos graves a menos que se adopten medidas drásticas para frenar la propagación del virus. La presión será aún mayor para los sistemas de salud que están menos desarrollados y en los contextos donde las autoridades y la comunidad no tomen las medidas adecuadas. A ello cabe añadir que las repercusiones económicas relacionadas con la pandemia y las medidas adoptadas para contrarrestarla ponen en peligro los medios de subsistencia en muchas partes del mundo. 

Ante este desafío, el miedo e incluso el pánico constituyen una reacción común, y el interés propio a menudo deja de lado la solidaridad. Oramos por que nuestro Dios de vida y amor calme nuestros temores y apacigüe toda oleada de pánico para que podamos concentrarnos en lo que podemos hacer los unos por los otros.

En tiempos como estos, las comunidades religiosas pueden hacer mucho para promover la solidaridad y la responsabilidad, la sensatez y el cuidado. Como iglesias podemos y deberíamos hacer oír la voz de las comunidades en situación de vulnerabilidad a causa de su marginación, que no tienen suficiente agua para beber y mucho menos para lavarse las manos. Hemos de tener en cuenta a las comunidades desplazadas debido a la guerra, la hambruna o el colapso económico y ecológico, que viven en condiciones precarias y muchas de las cuales ni siquiera han sido reconocidas por las autoridades de los países donde se encuentran. No podemos dejarlas completamente indefensas frente a la pandemia. Debemos solidarizarnos con aquellos para los que el autoaislamiento significa perder los medios de subsistencia e incluso el riesgo de inanición, y con aquellos que por la precariedad de su vida cotidiana tienen muy pocas posibilidades de mantener un distanciamiento social. 

Por todo ello, contener la epidemia es esencial, y esto no es posible a menos que las personas y las naciones cuiden unas de otras y se unan en la acción. 

También debemos ser especialmente conscientes de que lo que solemos hacer en comunidad es exactamente lo que no debemos hacer ahora si queremos proteger la vida. En el culto y la comunidad cristiana, valoramos el hecho de estar juntos. Pero en este tiempo de crisis, y por amor mutuo y por el prójimo, no debemos reunirnos en grandes números y en todo caso no debemos tocarnos o abrazarnos. Es un momento para tocar el corazón de los demás con lo que decimos, lo que compartimos, lo que hacemos y lo que no hacemos para proteger la vida que Dios tanto ama. A la luz de este amor, debemos adaptar nuestras maneras de celebrar el culto y la comunidad a las necesidades de estos tiempos de pandemia. Les encomendamos seguir los consejos y las recomendaciones  prácticas de las autoridades sanitarias gubernamentales e intergubernamentales  destinadas a proteger las personas vulnerables en nuestras comunidades y fuera de ellas. 

Muchos de ustedes, como iglesias, son propietarios de hospitales, por lo que tienen una especial responsabilidad a la hora de prestar servicios sanitarios a muchas personas, muchas más de las que están equipados para atender. Estamos inmensamente agradecidos a todas las instituciones y trabajadores sanitarios de todo el mundo que están cuidando de los enfermos, poniéndose ellos mismos en riesgo. Todos ellos necesitan nuestras oraciones, nuestro apoyo y nuestra plena cooperación.  

En estas circunstancias, el CMI, por su parte, ha adoptado muchas medidas necesarias con respecto a su personal, las iglesias miembros y los asociados ecuménicos, como por ejemplo, trabajar a distancia, como están haciendo muchos de ustedes. También se han aplazado numerosas reuniones, incluidas las del Comité Ejecutivo y del Comité Central.  

Seguimos y respaldamos los grandes esfuerzos y el compromiso de muchas personas en las iglesias locales para hacer frente a esta crisis. Es el momento de estar bien organizados y ser creativos –lo cual puede implicar desde cambiar las prácticas litúrgicas a pasar a la tecnología digital o estar en contacto con las personas afectadas o de riesgo por teléfono u otros medios de comunicación a distancia– y de adaptarse a esta nueva realidad.  

Nos dirigimos a ustedes para alentarles en el papel tan importante que desempeñan en estos momentos. Dios se preocupa por la dignidad y los derechos de todos los seres humanos, por lo que no se debe dejar a nadie atrás. Todos deben tener vida en abundancia. Arropar a todos en un círculo de cuidado es un imperativo maravilloso. Este es el llamado al movimiento ecuménico único de amor. Nuestra esperanza es poderosa y nos mantiene unidos en el amor y el servicio porque nos es dada por el Dios de vida.

Reconocemos que vivimos en un tiempo de crisis mundial. Estamos juntos en esto y debemos concentrarnos en lo esencial:  

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”. (1 Co 13:13)

¡Dios de vida condúcenos a la justicia y la paz, y a la salud!

Saludos cordiales en Jesucristo,

Dra. Agnes Abuom

Moderadora del Comité Central

Rev. Dr. Olav Fykse Tveit Secretario General

“Poniéndole alas al corazón”

En el municipio artemiseño de San Cristóbal, la experiencia comunitaria “Alas de corazón”, transforma la vida de niños, niñas, sus familiares y pobladores de la localidad.

Por: Liliana Sierra Sánchez

Hace 16 años, el educador popular Rafael Sánchez Espinosa, junto a su esposa Noraida García Ríos (también conocida como “La jimagua” o  “Bochito”) iniciaron un sueño y le pusieron como nombre “Alas de corazón”.

Hoy, ese sueño se ha multiplicado en las niñas y niñas que han integrado o que forman el proyecto, en sus familias, y en personas de la comunidad en la cual habitan, ubicada en el Consejo Popular Los Pinos, del municipio San Cristóbal, perteneciente a la provincia cubana de Artemisa.

La experiencia es acompañada metodológicamente por la Red de Educadores Populares de ese territorio, por lo que se ha convertido en un proceso colectivo que involucra a muchas pobladoras y pobladores desde la participación y el compromiso cotidiano.

Conocer de cerca “Alas de corazón”, ha sido una vivencia enriquecedora que queremos compartir desde este relato periodístico.

Conociendo las esencias

Llegar cualquier sábado del año a la casa que habitan Noraida y Rafael, es una fiesta; allí, la alegría y la creatividad son invitadas permanentes. Niñas y niños, muchas veces junto a sus padres y otras personas de la comunidad, acuden al que se ha convertido en un espacio para dar rienda suelta al arte, la imaginación y los sentimientos.

El trabajo con papier maché, la elaboración de papel reciclado, el empleo de varias técnicas de dibujo y un sinfín de manualidades, se conjugan para lograr que los infantes desarrollen sus habilidades artísticas, pero a la vez, compartan valores como la colectividad, se ayuden unos a otros, aprendan a tomar decisiones en las que prime el “nosotros” sobre el “yo”, y desarrollen una conciencia ecológica sobre la importancia de vivir en armonía con la naturaleza e integrarse con el entorno.

“El proyecto inició en el 2005, por iniciativa de mi esposo Rafael Sánchez Espinosa, y luego lo continué yo, que soy una artista autodidacta. Actualmente trabajo con 23 niños/as, en su mayoría provenientes de familias disfuncionales o con desventaja social, y tenemos el apoyo de un grupo de madres creadoras, que colaboran con sus hijos”. Así expresa emocionada Noraida García Ríos, de 52 años, cordinadora de “Alas de corazón”, quien es integrante de la Red de Educadores Populares, de la Red de Educación Popular Ambiental y miembro de Arte y Comunidad (CIERIC- UNEAC).

Noraida y Rafael junto a Raúl Suárez, fundador del Centro Memorial Martin Luther King

Según Noraida, o Bochito, como también la llaman, su objetivo principal es transformar la vida de los niños y sus familias, y generar conciencia ambiental a través del fomento de valores ecológicos y solidarios, por lo cual utilizan materiales reciclados, principalmente para hacer el papel y las pinturas.

“En general el proyecto es bien acogido por los integrantes de la comunidad, la personas se sienten comprometidas, desde los más jóvenes hasta los más adultos, y lo ven como lo más importante en el barrio.

Nuestro objetivo es lograr tener entre todos una comunidad más sana, más limpia, y lo más hermoso es que las familias apoyan, buscan recursos, colaboran.

Tenemos algunos eventos como el Festival de papel, que se realiza el primer viernes de mayo todos los años, en el que participan cientos de personas. Hacemos talleres según las necesidades de la comunidad, que es quien los solicita, y siempre tenemos el tradicional desfile de papel, con vestuarios hechos por los niños y sus padres a partir de materiales reciclados. Es un proceso hermoso, colaborativo, donde se ve la integración y la colectividad.

También obtenemos ingresos propios con la venta del papel manufacturado y lo que producimos con él: libretas, álbumes de fotos, lápices… Por ejemplo, Ceprodeso (Centro de Educación y Promoción para el Desarrollo Sostenible) y el CIERIC  nos contratan para algunos de sus eventos y así somos sostenibles en el tiempo”.

Noraida afirma además que la educación popular le cambió la vida: “Para nosotros es muy importante el acompañamiento metodológico de la Red de Educadores Populares, usamos mucho las técnicas de participación, el trabajo en grupo, la toma de decisiones colectivas, y todos somos protagonistas.

Yo he recibido formación en educación popular en el Centro Martin Luther King, el taller básico de concepción y metodología de la EP, formación en temas de género, en trabajo grupal, todo eso me ha aportado el ser más independiente, ser fuerte, pensar que yo puedo, ser libre, creer en mí, tener mucho compromiso. Anteriormente era ama de casa, pero esa formación me ha convertido en lo que soy hoy, una trabajadora por cuenta propia que vive del resultado de lo que construye con sus propias manos”.

Cambio, liberación, movimiento

La casa taller se ha convertido en un espacio de aprendizaje, de desarrollo, de conciencia, de libertad y creación.

La vida de los niños y sus familias se han transformado a través del proyecto. Los infantes han crecido como seres humanos, son más independientes y cambian poco a poco sus  maneras de pensar. A través de las técnicas de la Educación Popular, adquieren nuevas prácticas y maneras de hacer, sustituyen el “yo” por “nosotros”, se preocupan por los demás.

Según Noraida, es algo fundamental que en la Cuba de hoy existan este tipo de experiencias, afirma que el trabajo comunitario cambia a las personas, las hace sentirse más preocupadas por lo que sucede en su entorno y utilizar el tiempo libre de manera sana.

Muchas historias personales corroboran las afirmaciones anteriores, como la de Diana Leidis, una niña de 10 años que estudia en la escuela Guillermo Castillo: “empecé a venir hace poco porque mi mamá me contó sobre esto, me emocioné mucho y quise ver cómo era, aquí ayudamos a la naturaleza, cuidamos el medio ambiente, sembramos plantas, aprendemos sobre la amistad y la familia, también la profe nos habla sobre cómo debemos ser en la casa. A mí me gustan las manualidades y que puedo hacerlo todo junto a mis amigos, luego se lo enseño a mis compañeros de aula y a mi maestra”.

Algo similar nos cuenta Yuliet Castañeda, de 11 años: “yo llegué a este proyecto por medio de la maestra de preescolar, al venir aquí me fascinó lo que vi y me interesó integrarme porque es diferente a lo que hacemos en la escuela. Aquí te enseñan a crear arte con tus propias manos, a trabajar con cosas que pensamos que no se podían reutilizar. Me sé la técnica de crayola sobre tempera, hago papel reciclado, jabitas, amplío mi capacidad para dibujar. Al reciclar cosas ayudamos al medio ambiente, aprendemos a protegerlo y no ensuciarlo. Me siento muy libre y feliz aquí; cuando un niño nuevo entra la maestra como me tiene confianza me deja que le enseñe y somos como una familia”.

Del mismo modo, los familiares de los pequeños se sienten agradecidos, es el caso de Caridad Pereda Castillo, madre del niño  Lázaro José Martínez Pereda: “Lazarito está integrado desde hace 4 años, nos incorporamos por la necesidad que él tenía de participar en actividades sociales útiles a la comunidad. Él está enfermo del corazón pero aquí se siente un niño sano, comparte con sus compañeritos las actividades, la profesora los ayuda mucho, les enseña. Yo soy del grupo de madres creadoras, nosotras apoyamos en todo a nuestros hijos. Le encuentro mucha importancia al proyecto porque los niños prestan mayor interés, se asocian a la comunidad, al lugar donde viven. Pienso que Lazarito es un niño diferente, le gusta ayudar a los demás y siempre está listo para cualquier tarea que se le ponga”.

Lazarito apoya las palabras de su madre: “a mí me gusta mucho el proyecto, me encanta pintar con acuarela, hacer muñecos con papel, la técnica del mosaico…; cuando algún niño falta luego le enseño lo que aprendimos, voy a su casa, pregunto por qué faltaron y después vienen. Yo estoy aquí todos los sábados, si un amigo mío me dice que vayamos a jugar le digo que no puedo porque aquí aprendo muchas cosas y prefiero estar en este lugar. Quisiera ser pintor cuando grande y creo que esto me puede ayudar a cumplir mi sueño. También la profe comparte con nosostros los momentos tristes, cuando nos sentimos mal ella nos apoya y nos ayuda a sentirnos mejor, por eso le cuento las cosas que me pasan”.

Sonia Cardera es madre de otro niño que lleva dos años en “Alas de corazón”, ella comenta que en la comunidad y la escuela se les habla mucho del proyecto, se les invita a participar. “Mi hijo ha aprendido muchas cosas que no sabía, él me dijo: mamá me tienes que llevar al proyecto, así que se trae todos los sábados. Se relaciona muy bien con los demás niños, aquí se les motiva la creatividad y ocupan su tiempo libre. Nosotros lo apoyamos en todo. Noraida es magnífica, estoy muy agradecida con ella”. Sonia no puede terminar de hablar, las lágrimas de emoción le nublan los ojos y le impiden expresar lo que siente, pero es una gratitud infinita que comparten muchas de las personas cercanas a esta experiencia, como Yoel Hernández Figueredo, Presidente del Consejo Popular Los Pinos desde hace 10 años.

“El proyecto tiene implicaciones muy positivas para la comunidad, prepara a los pequeños para un futuro, para las artes; ayuda a las familias a interrelacionarse con la sociedad, principalmente familias disfuncionales, que luego participan en otras actividades de trabajo comunitario, como la limpieza de los barrios, el cuidado del medio ambiente, la preservación de la flora, la fauna. “Alas de corazón” educa para la vida y la comunidad se siente satisfecha por este motivo”.

Corazones alados

 “Alas de corazón” ofrece un testimonio hermoso de apoyo a programas sociales, como la donación de juguetes confeccionados por las niñas y niños a la sala de rehabilitación del territorio, destinados a infantes con parálisis cerebral; y también a la escuela 28 de Octubre, en la que estudian pequeños con Síndrome de Dawn.

Comenta Noraida que “actualmente se han rehabilitado 152 niños con la ayuda de nuestros juguetes, fueron instrumentos musicales hechos con poliespuma y papier machié, para poner en práctica la ludoterapia. El técnico de la sala de rehabilitación trabajó con ellos y de esta manera recibieron un impulso a su sistema nervioso central.

Es que para mí lo más importante no son los diplomas que hemos recibido a lo largo de estos años, sino el aporte que hacemos desde lo humano, desde los sentimientos”.

Como toda experiencia de trabajo comunitario desde la educación popular, “Alas de corazón” es influenciada por el contexto y los desafíos que este genera.

“Ha sido muy difícil mantenernos por 16 años de trabajo, hemos tenido una gran resistencia con pocos recursos, por eso hacemos nuestro papel, nuestros tintes con recursos naturales, y recurrimos al apoyo de la comunidad, aunque necesitamos un poco más de ayuda por parte de las instituciones. Sin embargo, eso nos ha dejado lecciones de vida, el aprender a pensar en todos y no de manera individual. En mi caso, soy una mujer muy feliz, es la riqueza más grande que tengo en la vida”. Noraida sonríe con los ojos húmedos, y luego vuelve a la mesa donde aguardan los/las niños/as, que con sus creaciones colectivas siguen cultivando el jardín de la esperanza.

Formación política regional: El trabajo de base como estrategia para la participación popular

Por Sayonara Tamayo Arjona

Entre el 16 y el 20 de marzo se desarrollan en Bayamo y la sede del CMMLK en La Habana los Talleres de Formación Política Regionales para grupos de trabajo de las Redes que anima y acompaña el Centro Martin Luther King en todo el país.

Su objetivo fundamental es profundizar en el trabajo de base para seguir construyendo y ampliando un movimiento social organizado que acompañe al pueblo y las iglesias cubanas hacia una participación auténtica, activa y consciente en el proyecto socialista cubano. Para ello se parte de una ética emancipadora de inspiración cristiana, el compromiso rebelde y profético con el pueblo, la Revolución y el socialismo; con valores como la defensa de la vida plena para todas las personas, la inclusión, la no discriminación, el respeto a los derechos de la naturaleza, la solidaridad y la justicia social.

En ambos talleres participan cerca de sesenta militantes de la Red de Educadores y Educadoras Populares y la Red Ecuménica Fe por Cuba que, en su mayoría, desempeñan roles de coordinación, formación, acompañamiento a experiencias y comunicación popular en sus territorios.

Para realizar un trabajo de base transformador y efectivo en ámbitos como el poder popular, el trabajo comunitario, la educación superior, la economía popular y solidaria y el ecumenismo, es imprescindible partir de una lectura crítica del contexto local, nacional y regional. De la realidad cotidiana emergen los desafíos y las necesidades de acompañamiento para la transformación en los cerca de cincuenta territorios donde están presentes las Redes en todo el país. El crecimiento en Cuba de expresiones de fundamentalismo religioso, el conservadurismo y la despolitización son algunas de las emergencias a debate en estos talleres, donde la atención se centra, además, en la estrategia organizativa del movimiento para su actuación como sujeto de la sociedad civil.

El trabajo con las personas para su participación activa, crítica y consciente, desde valores emancipadores, es esencial en la materialización del modelo económico y social de desarrollo socialista cubano, cuya conceptualización fue debatida masivamente en todo el país y consensuada en el año 2017, como parte de un proceso de actualización del socialismo como horizonte y proyecto para la nación.

Las posibilidades para la participación popular y la actuación de sectores de la sociedad civil organizada afines al mismo, desbordan el contenido del proyecto y tienen una gran carga de autogestión, autorganización, gestión comunitaria y trabajo político de base, ante un escenario con cada vez más evidentes disputas de sentidos sobre el proyecto país.

Es allí, en el campo de la cultura y las relaciones sociales, donde se identifican las mayores contribuciones del movimiento en construcción que anima el Centro Martin Luther King, integrado por educadores populares y personas de diversas denominaciones cristianas procedentes de varios sectores de la sociedad. El trabajo de base que desarrollan en sus territorios tiene como referente principal la concepción ético-político-pedagógica de la educación popular, desde la cual la educación es siempre política.

El trabajo de base, entendido a su vez como estrategia organizativa, implica trabajo político, y viceversa. Esa relación es indispensable para la movilización popular organizada, la lucha y la transformación social donde el pueblo es el sujeto, el protagonista y el gestor principal en los procesos de cambio de su entorno, que a su vez han de ser facilitados eficazmente por los actores formales que intervienen como servidores públicos. Éste, además, es un vínculo que destierra la opresión como condición y signo en las relaciones, mientras apuesta por la horizontalidad, el diálogo y la corresponsabilidad.

Para que Cuba siga siendo nuestra casa común

Por Liliana Sierra

Un verdadero ecumenismo en la Cuba de hoy implica buscar el acercamiento y la unidad entre las diversas iglesias y denominaciones dejando a un lado las diferencias, con la finalidad de habitar esta casa común cubana practicando valores de solidaridad, fraternidad, paz.

Para ello, se necesita intercambiar experiencias, aprender unos de otros, dialogar sobre la realidad, trabajar codo a codo en medio de la diversidad.

Con estos objetivos, se vivió durante la segunda semana de marzo, en la sede del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, el seminario de profundización sobre Estrategias de movilización ecuménica frente a los fundamentalismos que, según palabras de sus participantes “implicó jornadas de intensos debates, reflexiones, construcción colectiva, articulación, reconocimiento de desafíos, celebración por los acumulados y aprendizajes que deja el camino recorrido”.

Hubo momentos de mística, de acercamiento a la historia del ecumenismo cubano y universal, de revisitar nuestra misión y horizonte de trabajo conjunto CMMLK- Redes. Nuestra familia en movimiento se mira permanentemente como un sujeto organizado y activo de la sociedad civil cubana, que tiene como principal objetivo contribuir a crear y recrear relaciones y prácticas sociales emancipadoras desde valores como la solidaridad, la justicia, la equidad, la defensa de la vida y el respeto a los derechos de la naturaleza. Todo ello con el socialismo como horizonte.

Haciendo nuestra casa común más habitable

En el seminario hubo espacio para escuchar testimonios de transformación eclesial, como el de Kirenia Criado Pérez, pastora de la Junta Mensual de la Habana-Iglesia de los Amigos Cuáqueros, quien afirmó que tener como referentes a la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao y al Centro Martin Luther King ha sido muy importante, y se refirió a las fortalezas que constituyen el trabajo en equipo y el liderazgo colectivo.

La pastora explicó además cómo las capacidades internas de la pequeña comunidad (constituida mayormente por personas cuáqueras que han emigrado de otras provincias hacia La Habana, donde no existía Iglesia de los Amigos) han sido centrales en las experiencias diaconales que desarrollan, como es el proyecto “Coloreando la esperanza”.

La necesidad de una estructura y organización pastoral con capacidad de renovación, atendiendo a las emergencias del contexto, es uno de los principales aprendizajes para esta joven comunidad que enriquece y recrea permanentemente su identidad cuáquera.

Otra de las voces que habló acerca de sus prácticas eclesiales fue la de la Rev. Izett Samá Hernández, presbítero pastora de la Iglesia Presbiteriana-Reformada Los Palos. En su exposición, explicó los tres ejes principales de la labor diaconal de esta Iglesia: el ámbito sociocultural, el apoyo a grupos vulnerables y el desarrollo comunitario, sin descuidar su vida espiritual. Esto se ha logrado con la mirada crítica a los problemas; el impulso de procesos de formación para la comunidad, líderes y laicos; la proyección colectiva de qué iglesia quieren ser y cómo poner a dialogar ese deseo con el compromiso social y el contexto en el cual se encuentra.

Por su parte, el Rev. Idael Montero, miembro del equipo pastoral de la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao, comentó cómo la transformación del liderazgo a partir de la reflexión en los espacios ecuménicos, así como la influencia del contexto, fueron algunos de los elementos decisivos en los cambios producidos dentro de esa Iglesia a lo largo de los últimos treinta años. También lo ha sido la participación de la comunidad (congregación) en este proceso a través de la participación ecuménica, la formación y el debate desde la perspectiva bíblica y pastoral.

Ha sido importante no perder la perspectiva de la misión de la iglesia, como es la evangelización de diferentes maneras, por ejemplo, la diaconía. “Es un proceso complejo, largo, a veces doloroso, pero necesario”, concluyó.

Este panel sobre experiencias de transformación eclesial fue necesario para socializar los “cómo” de otras experiencias, sus retrocesos, avances y maneras de realizar el trabajo en las comunidades.

Construyendo consensos

El seminario sobre estrategias de movilización ecuménica desafió a cada participante a seguir trabajando por continuar creando alianzas, fortalecer el movimiento ecuménico, así como potenciar un discurso dialógico y diverso.

Igualmente, se avanzó en la comprensión y particularidades del proceso de acompañamiento educativo a experiencias de la Red Ecuménica, se compartieron visiones de los procesos de transformación social, eclesial, diacónico y de movilización ecuménica desde la Red Fe por Cuba y ganaron certezas sobre la necesidad del ecumenismo para lograr una Cuba donde reinen valores de unidad, aceptación a la diversidad y justicia social.