BECAS 2020: aprendizajes y desafíos de la formación virtual

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A finales de septiembre se realizaron las Becas CMLK 2020, por primera vez en la modalidad virtual debido a las condiciones de aislamiento impuestas por la Covid-19. Cuatro fueron los talleres efectuados paralelamente con los temas de Concepción y Metodología de la Educación Popular, Trabajo Grupal y Coordinación, Trabajo Comunitario y Procesos Sostenidos de Formación Ecuménica. Las Becas, con más de 120 participantes de las Redes que anima el CMLK, estuvieron dirigidas a quienes coordinan procesos de formación sobre estas temáticas en sus respectivos territorios. A propósito, compartimos esta reflexión de una de las participantes en el taller de trabajo comunitario.

Por Damayanti Matos Abreu*

Aun cuando el contexto epidemiológico nacional atraviesa una situación desfavorable por la expansión de la Covid-19, se ha puesto a prueba la capacidad de búsqueda de alternativas para continuar fortaleciendo todos los procesos de formación por el equipo de trabajo del CMLK, sus colaboradores y miembros de las Redes que anima en todo el país.

Tanto la Red Ecuménica Fe por Cuba como la Red de Educadores Populares frente a la pandemia y el necesario aislamiento social para la conservación de nuestra salud, nuestras vidas y la de todas las personas que nos rodean (familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, etc.) develan fortalezas y vulnerabilidades.

Ante esto llegó a nosotros la posibilidad de las BECAS 2020 que ofrece anualmente el CMLK para formadores de las Redes, esta vez con la novedad de realizarse en la modalidad virtual. La iniciativa merece un reconocimiento de antemano, porque sostener la conectividad y el soporte tecnológico, sobre todo teniendo en cuenta las condiciones por las que estamos atravesando, es algo muy complejo.

A pesar de los contratiempos, las conexiones, la carga de los móviles y las inclemencias del tiempo fue una semana desafiante, pero única. Se logró cohesión de las Redes, participación e integración, a pesar de las distancias. Adquirimos nuevos conocimientos en el manejo de herramientas informáticas, así como sobre el acompañamiento a experiencias territoriales y el trabajo comunitario. Estos últimos temas también se enriquecieron para aquellos que ya teníamos experiencias previas.

Fue importante esta posibilidad de comunicarnos e intercambiar con nuevos integrantes de esta hermosa familia, que continúa creciendo en casi todas las provincias y regiones del país, como hacía algún tiempo no lo lográbamos, debido a las limitaciones del contexto.

Se garantizó con efectividad y fidelidad el registro de las sesiones de trabajo. Se suscitaron intensos, eficaces y ricos debates, con intercambios de saberes, sentimientos y puntos de vista entre los miembros de los subgrupos, grupos y también en los plenarios, donde todos y todas planteamos nuestras inquietudes. En gran medida, se cumplieron todos los objetivos y se superaron las expectativas. Fue una labor para respetar y admirar, hecha con muchos detalles para poder lograr el resultado previsto en los procedimientos que se llevaron a cabo.

Las BECAS 2020 constituyeron una propuesta transformadora en sí misma que permitió dialogar abiertamente con textos y documentos bien elaborados y seleccionados. Fue muy gratificante adentrarse en los contenidos y revivir disímiles procesos, tanto para los que ya hemos transitado parte del camino, como para los que emprenden por primera vez este andar junto a nosotros y nosotras.

Cada uno de los detalles y los pasos por sí solos nos adentraban en el ámbito de los diseños de talleres en los territorios, entre otras actividades. Parte de los documentos son también el producto de memorias de años, capacitación, trabajo, encuentros, talleres, debates y otros espacios en los que hemos convivido juntos y juntas los miembros de la familia que somos. Nuestra impronta también está ahí.

Fácil no fue, pero valió la pena. El calor humano y las emociones presenciales se extrañaron, pero se sintió la esencia de las místicas, los sentimientos y las emociones vibraron, como siempre; lograron “movernos el piso”, como dice el refranero popular cubano, tanto las coordinadoras como los grupos y subgrupos, las canciones, las místicas preparadas y los regalos. Fue verdaderamente intenso: una mezcla de estrés, ansiedad, emociones y resistencia al cambio ¿por qué no?; nostalgia de la presencia física de las personas, algo raro, pero exquisitamente placentero.

Es cierto que aún queda mucho camino por andar y que juntos y juntas avanzaremos mucho más y aportaremos saberes, experiencias e iniciativas desde nuestros mínimos espacios de poder. Que tenemos la responsabilidad y corresponsabilidad de multiplicar lo aprendido en nuestras comunidades, de reflexionar de conjunto con los otros y las otras, repensar en qué medida debemos transformar nuestro quehacer cotidiano sin perder nuestras esencias y los objetivos que nos hemos trazado afianzando y ejercitando en cada uno de los procesos que ejecutamos los principios de la educación popular.

Tengamos en cuenta que hay que trabajar pensando en tiempos normales, de pandemia o de otras eventualidades. Esto nos da la posibilidad de pensar, por ejemplo, en efectuar estas becas por regiones y así tener más de la mano determinados detalles por tratarse de un número de personas más reducido.

Esta modalidad exige de todos y todas una manera más dinámica de trabajo, sin perder nuestra esencia. Existe la posibilidad de llegar a cada persona de nuestra gran familia con todas las herramientas digitales bien aprendidas y todos los detalles bien de la mano, pero: ¿estaríamos enseñándoles a construir juntos y juntas, viviríamos el proceso de la misma manera? Es difícil, pero no imposible, creo que esperanzador sí y te impulsa a continuar tu preparación y formación de manera continua.

Retos siempre quedan, y más cuando se pretende replicar, preparar y continuar fortaleciendo el trabajo comunitario para poder acompañar experiencias y procesos a nivel de comunidades, seguir apropiándonos de los sentidos políticos y las metodologías para el ejercicio del poder popular en la disputa permanente en nuestros territorios. Estas acciones demandan la necesidad de la resiliencia individual y colectiva; apostar por la recreación de los valores socialistas allí donde encontremos la oportunidad, teniendo en cuenta que el espacio que no aprovechemos nosotros y nosotras, otros lo aprovecharán; involucrar a la mayor cantidad de personas posibles de nuestras Redes y comunidades en todos estos procesos, así como contribuir a la profundización del proyecto socialista.

Debemos estar siempre preparados y preparadas para afrontar cualquier transformación que se avecine en nuestras maneras de hacer, por muy difíciles que parezcan. La verdad absoluta nadie la tiene. Por esa razón las vicisitudes a las que nos enfrentamos (no dominar con destreza la aplicación a utilizar y la tecnología, no poder utilizar recursos para el trabajo en equipos, subgrupos y grupos), también es parte de nuestro trabajo en equipo, subgrupos, grupos, redes, sobre todo cuando el equipo del CMLK pretende trabajar como siempre de conjunto con nosotros y nosotras.

Es por eso que la práctica vivida también fue, desde la inexperiencia en el manejo tecnológico, inédita. Quedó para nuestra historia familiar. Por ello creo que todos los esfuerzos realizados fueron debidamente utilizados: las memorias y los recuerdos quedaron grabados para que las demás personas de nuestra gran familia que no tuvieron la oportunidad de vivirla, sientan que estuvieron ahí, cuando vean las noticias, lean las memorias, escuchen los relatos. Fue una vivencia compartida entre todos y todas que entró a formar parte de las historias para contar.

* La autora es integrante de la Red de Educadores Populares, Tec. Superior del CITMA (IPK) y Coordinadora RBA

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