Berta, un nuevo símbolo para las luchas

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Tamara Rosello

En esta mismo salón del Centro Martin Luther King (CMLK), en Marianao, La Habana, estuvo Berta Cáceres contando sobre la situación del pueblo hondureño tras el golpe de Estado de 2009.También participó en el Taller Paradigmas Emancipatorios, y allí intercambió sobre la resistencia y luchas de su comunidad y organización campesina e indígena, o de las mujeres que le ponen un freno a la militarización, al saqueo de los recursos naturales, a la inseguridad y a la violencia en los territorios donde habitan, donde quieren ver crecer a sus hijos e hijas con esperanza.
Berta regresó a la pequeña isla del Caribe que la sintió como hermana. En los recuerdos de quienes acudieron este 3 de marzo al CMLK, su grandeza estaba contenida en una sonrisa. Nunca le apagaron la alegría. Por eso cuando Llanisca le pidió a las y los presentes que compartieran todo lo que habían traído a este espacio por Berta, se hizo un silencio cómplice o un nudo colectivo en nuestras gargantas se robó las primeras palabras. Luego brotaron con el impulso de “la rabia infinita”, como lo describiera Luis Emilio, un joven educador popular, que llamó a rescatar el legado de esta mujer extraordinaria, porque de los caminos recorridos por ella “podemos aprender.”
El asesinato de Berta no es un hecho aislado. Otras lideresas y líderes de organizaciones y movimientos sociales y populares del continente, que luchan contra las lógicas del capital, son blanco de la muerte. Lo dice un joven cubano de la comunidad LGTBI, que nombró a Diana, una activista argentina, abatida en su propia casa. A miles de kilómetros operan con la misma bajeza que actuaron contra Berta.
Ania, de la Red de educadores y educadoras populares, evocó su visita a la casa de Berta y el apoyo que desde allí le daba la dirigente a la brigada médica cubana que prestaba servicios en La Esperanza. Otros agradecieron la capacidad de análisis que ella aportó para comprender mejor la realidad de su país, sobre todo a raíz del golpe de Estado.
Una colombiana que estudia en Cuba confesó que conoció a Berta aquí, a través de las referencias de estudiantes de Honduras que seguían con atención el protagonismo de esta mujer lenca. La noticia de su asesinato la supo justo cuando terminaba una clase de Historia de América. La pérdida de vidas valiosas no es un hecho del pasado. “La muerte es parte de la vida de quienes luchamos”, comentó. Cada vida segada se lleva consigo parte de nuestra humanidad, aunque “no están muertos quienes luchan”, por eso Berta sigue viva.
No faltaron consejos desde los afectos, para convencer a Berta que saliera de su natal Honduras, donde corría peligro. Múltiples amenazas a ella, a su familia, a sus compañeras y compañeros de lucha, lo confirmaban. En los últimos tiempos se privó de tener en casa a sus hijos e hijas. Estaba más tranquila sabiéndoles bien en tierras hermanas, con los cuidados de gente comprometida con ella y la lucha de su pueblo. Su sentido del deber y la coherencia ética que practicó hasta el último aliento, le hizo permanecer junto a sus compatriotas y afrontar las consecuencias de su firmeza.
Varias de las declaraciones circuladas por correo electrónico, o publicadas en medios alternativos con los pronunciamientos de movimientos, redes y articulaciones, se escucharon esta tarde en el acto público, que convocaran en La Habana, las organizaciones sociales. Como si se unieran en una misma voz, plantaron denuncias contra las empresas trasnacionales con proyectos extractivistas y destructores de los recursos naturales y contra el gobierno cómplice del sector empresarial, que sentó en el banco de los acusados a Berta y no ofreció garantías a su integridad, a pesar de las denuncias que anunciaron la posibilidad de su muerte.
Los mensajes de la Articulación de Movimientos Sociales hacia el Alba, de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC-VC), del Movimiento sin Tierra de Brasil, de Acción Permanente por la Paz, de CEPRODESO y la Red de educadoras y educadores populares ambientales y la declaración dada a conocer en este espacio, firmada por un grupo de organizaciones cubanas, coinciden en exigir una respuesta ante este asesinato político, que se haga justicia y cese la impunidad en la nación centroamericana, que se develen no solo los autores materiales de este crimen, sino sobre todo, sus autores intelectuales.
La filósofa Gina y el reverendo Raúl pidieron transformar en dignidad revolucionaria, la indignación que provocan hechos como este. “La muerte injusta se transforma en muerte redentora, que se hace símbolo. Berta es ya un símbolo nuevo para las luchas de los movimientos sociales y populares. En ellos está la esperanza porque exponen su piel, su vida,” -expresó Raúl. “Que este asesinato también sea para nosotras, para nosotros un apelativo ético contra la ofensiva capitalista. Ahora más que nunca tenemos como pueblo cubano que estar alertas y cuidarnos para que el espíritu del capitalismo no nos confunda y sigamos siendo sustento de los sueños.” Sueños que no se borran al llevarse a una soñadora como Berta.

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