Bienaventurados los limpios de corazón

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Sobre las críticas al CIC y al MEC Cuba

Por: Gabriel Coderch Díaz
Director del Centro Oscar Arnulfo Romero

A las personas que se han dedicado en estos últimos tiempos a realizar críticas al Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) y al Movimiento Estudiantil Cristiano (MEC), me gustaría recordarles el texto bíblico Hechos, 10. 28: “(…) A MÍ ME HA MOSTRADO DIOS QUE A NINGÚN HOMBRE LLAME COMÚN O INMUNDO”. En este relato Pedro dice: (…) “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos, 10, 34-35).
Ustedes, que son tan fervientes seguidores de las escrituras, enseñadas, ya sea, en la catequesis católica o en los estudios dominicales; coincidirán que estas palabras rompen con ese infantilismo religioso y la literalidad que, en vez de sustentar la fe en Jesús, lo hace sobre textos. Quienes nos decimos cristianos, cristianas, debemos prestar atención porque la literalidad no es fe. Lo que cuenta en nuestro caminar con Jesús -si es que lo hacemos-, es nuestra experiencia y el cambio ético que vivimos.
No creo que tenga que defender una institución como el Consejo de Iglesias de Cuba que ha hecho tanto por TODAS las iglesias -sean miembros o no- y su diaconía hacia el pueblo de Cuba en momentos muy difíciles. Atacar al CIC es negar la diversidad, porque es un concilio de las más diversas denominaciones. Atacar al hermano es corromper la fe, pensando que la única y verdadera fe es la que poseen las iglesias detractoras de esta institución. Parece que estas iglesias están haciendo lo que tanto criticaron a la católica romana: “la santa inquisición”, que por supuesto nada tuvo ni tiene de santa.
Desde mi experiencia cristiana fue necesario acercarme a estudios bíblicos, que me permitieron comprender los hechos históricos de la Biblia, la fe y una adhesión a Jesús, mucho más limpia, más real, más racional y menos mágica; que me dieron una nueva razón de ser cristiano, aunque es muchísimo lo que me resta por avanzar aún. Aprendí que Jesús ama, no odia, no juzga. Entonces, ¿por qué yo tendría que juzgar a mi hermana o hermano?
Comprendo que la ignorancia es osada y que muchas personas creen poseer la revelación divina y el magisterio universal y muchos caemos en esta dinámica, porque consideramos ingenuamente que Dios está ahí, pero el Dios de Jesús es mucho más que pasajes bíblicos descontextualizados, porque desconocemos que muchas de las historias contadas en la Biblia provienen de otras tradiciones, por ejemplo, el diluvio universal fue copiada de tradiciones de Mesopotamia, sólo que el Noé nuestro se llamaba Asisadra.
El mismo texto bíblico citado al principio de Hechos 10, me hace entender que, si Dios le mostró a Pedro que no debía considerar impuro a nadie, porque el Dios de Jesús no hace preferencias de personas; entonces estoy en el deber de erradicar mi homofobia o cualquier tipo de actuación excluyente.
¿Por qué referirnos de forma ofensiva hacia el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), porque defienda los derechos humanos de un número bastante elevado de personas con orientación sexual no heteronormativa o que posean otra identidad de género? Claro, volvemos al mismo tema, el fundamentalismo bíblico, la misma razón por la que también hablan de la supuesta “ideología de género”.
Los textos bíblicos, hermanos míos, hermanas mías, están llenas de metáforas. Nos han enseñado a creer en la literalidad y en las palabras de aquellos que se hacen llamar apóstoles, iluminados, etc. Son los mismos que, en otro tiempo, quemaban a las “brujas”. Sin embargo, no enseñan a temerle a las instituciones que hoy las queman, ya sea con fuego o con maldiciones de todo tipo.
Queda más que claro que muchas iglesias promueven un orden donde se mantienen las más detestables y abominables diferenciaciones injustas, basadas en textos no contextualizados, que utilizan como justificación ideológico-cultural, por supuesto, siempre a favor de una cultura machista-patriarcal, hondamente arraigada en todas las sociedades del planeta.
Tampoco debemos olvidar que detrás de todo esto siempre hay subterfugios políticos. A muchos no les gusta que el Estado cubano sea laico y, por tanto, actúe independientemente a cualquier organización religiosa.
¿Cuál es el problema de estas iglesias hoy? Le temen a Jesús, porque no ofrecía sacrificios, ni pagaba diezmos. Fue un hombre con gran espiritualidad, pero no un religioso. Nos trajo una ley fundamental, la del AMOR, y cuando se ama no se excluye ni se juzga, se comparte y se defienden los derechos de quienes amamos.
Bienaventurados los limpios de corazón, quienes siguen a Jesús, quienes aman la justicia para todos y todas, no importa si creen o no, si son gays o lesbianas, si son Trans o heterosexuales, si son viudas, solteras o casadas, si son familias heterosexuales u homosexuales, porque lo que de verdad nos salva es el mensaje ético liberador de Jesús.

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