Bolivia y las Iglesias, un asunto latinoamericano

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Abraham Colque, Rector del ISEAT (Instituto Superior Ecuménico Andino de Teología), con sede en La Paz, Bolivia, acaba de enviar un mensaje preocupado por “la manipulación de la fe religiosa que están realizando algunos sectores para promover un voto político” que “está generando discursos y prácticas de intolerancia religiosa y fortaleciendo actitudes discriminatorias y excluyentes” por lo que expresan su palabra “sobre un campo que conocemos y en el cual desarrollamos nuestra labor educativa”

El ISEAT es un centro de formación académica, teológica y pastoral al servicio de Iglesias y movimientos sociales en Bolivia, así como toda la región andina, con la finalidad fortalecer el trabajo de las iglesias, las instituciones de desarrollo social y las organizaciones sociales, para lo cual cuenta con un amplio y sostenido plan de trabajo.

Razón tienen para afirmar que están capacitados para expresar la preocupación sobre como sectores religiosos, léase iglesias cristianas, interactúan en el proceso previo a las elecciones del próximo domingo 18 donde se juega la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado.

Conocida es la actitud de la Iglesia Católica Romana (ICR), especialmente en la figura de su cardenal Julio Terrazas, Presidente de la Conferencia Episcopal de la ICR en Bolivia, quien dando un notable giro desde su participación en defensa del pueblo boliviano en otros tiempos, ahora se asocia a los factores de poder económico al punto que rechazó la idea de la esclavitud en Bolivia y apoyó a los responsables de la campaña opositora a Evo Morales.

Menos conocida es la postura de sectores de las iglesias evangélicas/evangelistas que se asocian a esa postura opositora a la transformación boliviana a partir de las improntas del pueblo y no de los poderosos que vaciaron las minas, el campo con sus fuentes de trabajo y siguieron fielmente la herencia de matar bolivianos y bolivianas por siglos, con su participación en la masacre de Pando.

Esta conjugación política/cultural de la ICR con los Evangélicos/Evangelistas es la que corre por casi toda Latinoamericana. Toman como símbolo la presunta defensa de la vida, en su oposición al aborto, y de la promoción de supuestos valores cristianos atacando los escotes y minifaldas de las mujeres causa de la violencia contra la mujer, escondiendo la militancia de los mirones que se hacen rulos mentales y manuales –como acertadamente comentó una gran amiga con su habitual agudeza y cinismo- que es lo que en realidad preocupaba a Jesús cuando hablaba de cómo deben usarse los ojos y los pensamientos.

Rémora que pretende detener la historia, émulos del pez teóstoso que detenía los barcos adhiriéndose a sus cascos, pretenden frenar el movimiento de rescate de la dignidad de los pueblos latinoamericanos con la afirmación sostenida de su incapacidad para construirse a sí mismo, si es que no tienen la aprobación de los países pretendidamente desarrollados. Dentro de esas opiniones suena el eco de aquel momento en que los conquistadores creyeron necesario llevar aborígenes a Europa para que los peritos en humanidad de ese entonces determinaran si eran animales o humanos.

Si bien esos movimientos anti evangelio siempre estuvieron presentes en el cristianismo, es en esta etapa de manifestación pública de la globalización cuando se pueden apreciar en su contexto continental, con ordenes, por supuesto, del Vaticano y de las iglesias “evangelicales” de Estados Unidos.

Ese mirar hacia el norte virtual, pues es producto de una forma determinada de presentar el planisferio, esa fijación de ojos sobre lo que hace el amo, que tan bien describió hace décadas Paulo Freire, no es solo de sectores del cristianismo sino también de la militancia política de derecha y de izquierda.

En ocasión de la visita a Cuba por parte de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, a la oposición se le reventó el hígado porque fue, según ellos y ellas, en una fecha equivocada ya que todo el mundo estaba “mirando” término literal repetido por la oposición hacia la instalación del nuevo presidente de Estados Unidos.

Más allá de justificativos para la elección de esa fecha –cuando iba a ir a Cuba se enfermó- resulta harto significativo esa dependencia de lo que hace el amo, al cual no se puede entorpecer nada en su fiesta –que tiene muchas razones para que sea así- y la Presidenta debería haberse quedado en Argentina para ver esa extraordinaria manifestación desde su televisor en la casa de Olivos, o, quizás, que fuera a verla en los televisores de la Embajada de Estados Unidos como hicieron muchos y muchas de esa oposición.

También habría que incorporar en esa postura a la dirigencia de signo izquierda. Alguien tiene que hacerlo y para esos estamos los que tenemos rasgos de intrepidez suicida. Se trata del delicado tema de los movimientos en contra de Israel por su criminalidad en Gaza que asombró hasta al Secretario General de Naciones Unidas. Sr. Ban Ki-Moon al visitar la zona de destrucción y muertes.

Hubo movimientos por todas partes. La computadora no paraba de recibir correos electrónicos –en castellano, no mail del inglés- de una inmensa diversidad de organismos. Argumentos más que validos e invitaciones a manifestaciones y reuniones de todo calibre. Válida la preocupación. El golpe sobre la llaga es el interrogante sobre el tiempo que se le dedicó a ese denigrante asunto y el olvido prácticamente absoluto de lo que se esta viviendo en Bolivia, El Salvador, Venezuela, países donde se juega el reafirmar o no el proceso ineludible de instalar la dignidad latinoamericana.

La agenda de ese sector fue la misma que propusieron los medios de comunicación masiva, que se sabe bien a quienes responden. La mirada se clavó en las preocupaciones de los presuntos países en desarrollo que el Jefe Absoluto del Cristianismo los describiría como hipócritas y les aniquilaría las mesas de dinero instaladas en el atrio del Templo de la Vida Ello son los que proclaman el discurso de paz y derechos humanos mientras venden armas a uno y otro sector mientras se muestran asombrados por lo de Israel/Gaza, un hecho repetitivo por décadas sin proponer solución real y que esconden lo que ocurre en otros continentes, como es el caso de América Latina.

Una gestión responsable de esos sectores podría haber sido la de equilibrar tiempo y esfuerzos. Digamos un 50% para Israel/Gaza y otro 50% por ciento Bolivia, Venezuela, El Salvador, para no alargar la lista con Uruguay, Paraguay, Ecuador, Guatemala y otros.

Hay que anotar que si hay un lugar donde ocurren acontecimientos que tienen posibilidades de construir un futuro mejor que el pasado es en este Continente, no en lugares donde se dan pausas ficticias para luego regresar con lo repetido aunque con armamentos más sofisticados que en las anteriores ocasiones.

Una osadía – cierto, intrépidamente suicida- es formular la hipótesis de que esos sectores de promoción izquierda también actúan como las iglesias mencionadas, responden al amo, aun cuando no lo hagan en forma directa y además lo puteen, porque hay que salvar la ropa.

Aquel grande que fue Soren Kierkegaard no le escapó al delicado el tema de “buscar una sola cosa”, siguiendo la idea de Jesús sobre buscar el Reino de Dios como primer movimiento humano, y desnudó el como se puede usar esa afirmación para meterse en otras cosas que no son las principales para finalmente eludir el desafío central.

En tiempo de grandes ventas de los libros calificados como de auto ayuda, sería conveniente que esos sectores buceen en ellos, ya que generalmente eluden leer y reflexionar sobre los Evangelios.

Es posible que en esas lecturas les ocurra algo parecido a lo acontecido con Amilcare Carruga, ese personaje que Italo Calvino describe en “La aventura de un miope”. Por su dificultad para ver aceptó la recomendación del oculista de que usase anteojos. Al principio se deslumbró con el mundo que tenía a su alrededor, pero pronto descubrió que con esos adminículos veía bien de lejos, pero se le pasaba ver lo de cerca. Decidió usar anteojos para ver cerca, pero entonces no veía a los lejos. Es cuestión de probar distintos anteojos hasta ver bien o aceptar el cambio tecnológico y usar los multifocales que permiten ver de lejos y de cerca. ¿Por qué quedarse con lo viejo si existe lo nuevo? ¿Por qué meter vino nuevo en odres viejos?, decía el Jefe Absoluto del Cristianismo. Claro, esa opción solo es posible aplicarla si es que realmente se quiere ver.

Los murgueros uruguayos saben mucho de eso. Cada año, la mayoría de sus murgas avanzan con el mismo mensaje “O cambiamos nosotros o no cambia nada”

La ICR y buena parte de los Evangélicos/Evangelistas quieren instalar una nueva Edad Media de sumisión humana, escondiendo otros valores importantísimo de esa parte de la historia de la humanidad. El discurso lo tienen claro. Es la oposición a la dignidad latinoamericana. Son los fríos que Martín Luther King decía que no les temía. Su miedo era a los tibios, los que con apariencia de progresistas tienen corazones retrógrados.

Lo de las iglesias en Bolivia es un asunto latinoamericano, más allá de las fronteras eclesiásticas.

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