Bolivia y su lastre racista.

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Jaime Barrón fue uno de los gestores del intento de golpe cívico-prefectural desarrollado en el año 2008 por la tristemente célebre y hoy disminuida Media Luna, pero además fungió como figura principal en el sonado caso de racismo del 24 de mayo de aquel año, en el que un grupo de campesinos fue apaleado y escarnecido en plena plaza principal de esa ciudad como forma de escarmiento por su alineación con el presidente Evo Morales.

El documentalista César Brie filmó imágenes espantosas de aquella jornada, que luego plasmó en el trabajo Humillados y ofendidos, en el cual se puede observar al ahora suspendido alcalde, así como a otros “ciudadanos ilustres”, instigando a una turba de estudiantes alcoholizados para que llevaran adelante el castigo público y ejemplarizador contra aquellos que se atrevieron a exigir derechos elementales, cuestionando las matrices racistas sobre las que se asientan seculares mecanismos de dominación en el país.

Hace pocos días, el célebre escritor boliviano Néstor Taboada Terán indicaba en una entrevista concedida a un periódico argentino, que Bolivia es “un país totalmente inundado por la discriminación”. Agregaba “los bolivianos somos muy eliminadores de lo indígena, de lo negro, nosotros toleramos el folklore, nos gusta bastante, somos en ese sentido feudales porque nos gusta ver bailar a los indios, entonces aplaudimos, simpatizamos con ese escenario, pero nos restringimos para ir más allá…los indios solamente están en ese cuadro como elemento folklórico, como distracción”.

Se trata de la paradoja de un país que ha reconocido por primera vez en su Constitución Política los rostros concretos de su pluriculturalidad, pero que padece al mismo tiempo fuertes tendencias y conductas discriminatorias.

Uno de los grupos que sufrieron mayor invisibilización es el de los afrobolivianos. Fueron traídos como esclavos en torno al siglo XVI para trabajar en las minas argentíferas de Potosí. Los conquistadores explotaron sus avanzados conocimientos de técnicas metalúrgicas ya desarrolladas en Africa, y aun hoy se pueden visitar en la histórica Casa de la Moneda de aquella ciudad las celdas en las que eran encerrados luego del trabajo. Debido a la altura y el frío extremos y la disminución de las vetas de plata, fueron obligados a trasladarse a zonas cálidas (yungas) al norte de La Paz, donde hasta hoy se encuentran sus principales asentamientos.

En 1825, con el nacimiento de la República, Simón Bolívar decretó su libertad, pero no fue sino hasta 1851 que la obtuvieron de manera categórica. Sin embargo, padecieron hasta 1953 la condición de pongos (siervos de los terratenientes). Sólo a partir de la reforma agraria de ese año lograron pasar a la categoría de campesinos poseedores de pequeñas parcelas. Se estima que en la actualidad la población afroboliviana asciende a unas 30.000 personas, y es importante destacar que la nueva Constitución la reconoce de manera explícita en sus artículos 3, 32, 100 y 325.

Propuesta de ley

Precisamente Jorge Medina Barra, primer asambleísta (diputado) afroboliviano, y de hecho el candidato con mayor porcentaje de votos en todo el departamento de La Paz, ha elaborado un proyecto de ley contra todo tipo de segregación. Incluye cuatro categorías fundamentales: discriminación, racismo, xenofobia y homofobia.

El objetivo de la ley, que será presentada en el mes de julio a la Asamblea Plurinacional, es determinar con precisión los mecanismos de protección a las personas discriminadas, incluyendo penalidades de prisión y multa para los transgresores. Pero además enfatiza la dimensión educativa y de concientización, ya que entre otros elementos propone la elaboración e inclusión de asignaturas específicas en los diferentes niveles de enseñanza.

Como un aspecto de singular valor, hay que mencionar la metodología de divulgación utilizada por el diputado. En coordinación con su asesor Percy Paredes, recorren los nueve departamentos (provincias) del país a fin de socializar la propuesta en forma pública, animando debates, facilitando explicaciones, y recibiendo aportes y sugerencias para enriquecer el proyecto de ley. Sin dudas una práctica inusual, que aprecia y valora la horizontalidad y la construcción de poder desde las bases, las cuales se constituyen en sujetos activos y, en la práctica, auténticos co-legisladores

por: Alejandro Dausá.

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