Brasil: Primeras reflexiones

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Emir Sader

ALAI AMLATINA, 20/06/2013.- El movimiento, que se inició como
resistencia al aumento de las tarifas del transporte, fue inédito y
sorprendente. Quién crea que puede captar de inmediato todas sus
dimensiones y proyecciones futuras, muy probablemente tendrá una visión
reduccionista del fenómeno, forzando la realidad para defender
planteamientos previamente elaborados, para confirmar sus argumentos,
sin dar cuenta del carácter multifacético y sorprendente de las
movilizaciones.

No vamos a intentar esto en este artículo, solo queremos sacar algunas
conclusiones que nos parecen claras.

1. La anulación del aumento (de los pasajes) constituye una victoria del
movimiento y muestra la fuerza de las movilizaciones, más aún cuando se
apoyan en una reivindicación justa y posible, tan es así que se pudo
concretar.

2. Esa victoria, en primer lugar, refuerza concretamente el criterio de
que las movilizaciones populares merecen la pena, sensibilizan a la
gente, permiten hablar a toda la sociedad y sirven como fuerte factor de
presión sobre los gobiernos.

3. Además de eso, el movimiento puso en discusión una cuestión esencial
en la lucha contra el neoliberalismo: la polarización entre intereses
públicos y privados, y el tema de quién debe financiar los costes de un
servicio público esencial que, como tal, no debería estar sometido a los
intereses de las empresas privadas, movidas por el lucro.

4. La conquista de la anulación del aumento se traduce en un beneficio
para las capas más pobres de la población, que son las que usualmente
utilizan el transporte público, demostrando que un movimiento debe
buscar abarcar no sólo las reivindicaciones de cada sector de la
sociedad en particular, sino atender las demandas más amplias,
especialmente las que tiene a ver con los sectores más necesitados de la
sociedad y que tiene más dificultades para movilizarse.

5. Tal vez el aspecto más esencial de las movilizaciones haya sido el de
posibilitar que amplios sectores de la juventud entren en la vida
política, sectores no contemplados por las políticas gubernamentales y
que, hasta aquí, no habían encontrado sus formas específicas de
manifestarse políticamente. Esta puede ser la consecuencia más
permanente de las movilizaciones.

6. Quedó claro también que los gobiernos de diferentes partidos, unos
más (los de derecha) y otros menos (los de izquierda), tienen
dificultades de relacionarse con las movilizaciones populares. Toman
decisiones importantes sin consultar y cuando se enfrentan con
resistencias populares, tienden a reafirmar tecnocráticamente sus
decisiones –“no hay recursos”, “las cuentas no cuadran”, etc.– sin darse
cuenta de que se trata de una cuestión política, de una justa
reivindicación de la ciudadanía, que está apoyada en un inmenso consenso
social, que deben encontrar soluciones políticas, para lo cual los
gobernantes fueron elegidos. Sólo tras muchas movilizaciones y de
desgaste de la autoridad de los gobernantes, se toman las decisiones
correctas. Una cosa es afirmar que se “dialoga” con los movimientos,
otra es enfrentarse efectivamente con sus movilizaciones, más aún más
cuando estos resisten las decisiones tomadas por los gobernantes.

7. Ciertamente un problema que el movimiento enfrenta son las tentativas
de manipulación externas. Una de ellas, representada por los sectores
más extremistas, que buscan insertar reivindicaciones maximalistas, de
“levantamiento popular” contra el Estado, para justificar sus acciones
violentas, caracterizadas como vandalismo. Son sectores muy pequeños,
externos al movimiento, con infiltración policial o no. Consiguen el
destaque inmediato que la cobertura mediática promueve, pero fueron
rechazados por la casi totalidad de los movimientos.

8. La otra tentativa es de la derecha, claramente expresada en la
actitud de los medios tradicionales. Inicialmente éstos se opusieron al
movimiento, como acostumbran a hacer con toda manifestación popular.
Después, cuando se dieron cuenta que podría representar un desgaste para
el gobierno, la promovió e intentó insertar, artificialmente, sus
orientaciones dirigidas contra el gobierno federal. Estas tentativas
fueron igualmente rechazadas por los líderes del movimiento, a pesar de
que un componente reaccionario se hizo presente, con el rencor típico
del extremismo derechista, magnificado por los medios tradicionales.

9. Es de destacar la sorpresa de los gobiernos y su incapacidad para
entender el potencial explosivo de las condiciones de vida urbanas y, en
particular, la ausencia de políticas para la juventud por parte del
gobierno federal. Las entidades estudiantiles tradicionales también
fueron sorprendidas y estuvieron ausentes de los movimientos.

10. Dos actitudes se distinguen en el transcurso de las movilizaciones:
la denuncia de que estaban siendo manipuladas por la derecha –cuestión
claramente expresada en la acción de los medios tradicionales– y las
tentaciones de oponerse al movimiento. Y la segunda es la de exaltar
acríticamente al movimiento, como si éste encarnara proyectos claros y
de futuro. Ambas son equivocadas. El movimiento surgió de
reivindicaciones justas, promovido por sectores de la juventud, con sus
actuales estados de conciencia, con todas las contradicciones que tiene
un movimiento de este tipo. La actitud correcta es la de aprender del
movimiento y actuar junto a él, para ayudar a que tenga una conciencia
más clara de sus objetivos, de sus limitaciones, de las tentativas de
ser usado por la derecha y de los problemas que suscitó y la manera de
llevar a cabo la discusión de su significado y mejores formas de
enfrentar sus desafíos.

El mayor significado del movimiento va a quedar más claro con el tiempo.
La derecha sólo se interesará en sus estrechas preocupaciones
electorales, en sus esfuerzos desesperados para llegar a al segunda
vuelta en las elecciones presidenciales. Sectores extremistas buscarán
interpretaciones exageradas en el sentido de que estarían dadas las
condiciones para impulsar alternativas violentas, lo cual se vaciará
rápidamente.

Lo más importante son las lecciones que el propio movimiento y la
izquierda –partidos, movimientos populares, gobiernos– puedan sacar de
la experiencia. Ninguna interpretación previa da cuenta de la
complejidad y de lo inédito del movimiento. Probablemente la mayor
consecuencia sea la introducción de la temática del significado político
de la juventud y de sus condiciones concretas de vida y de expectativas
en el Brasil del siglo XXI. (Traducción: ALAI)

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