Cancún terminó en otro gran fraude que puede provocar catástrofes climáticas

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Se acuerda limitar el crecimiento de la temperatura mundial a “sólo” 2 grados en relación a la época preindustrial. Pero no se establece la obligación de bajar las emisiones de CO2, que todos coinciden es el responsable principal del aumento de la temperatura mundial. Esta discusión se posterga un año, para la próxima reunión en Durban (Sudáfrica).

Se crea un “fondo verde” de 100.000 millones de dólares hasta el 2020. Este “fondo verde” sería para ayudar a los países pobres a cambiar a tecnologías no contaminantes. Aunque parece una gran suma, hay que recordar que el gasto en armamentos solamente de Estados Unidos en un año es 7 veces esa cantidad que se utilizaría en 10 años para impedir la catástrofe climática. Pero además nadie se compromete a poner el dinero. Sí se dice que será administrado por el Banco Mundial. Es decir que un instrumento directo del imperialismo y la banca usurera será el encargado de supervisar el “fondo verde” (en el supuesto caso de que logren que alguien ponga el dinero).

Además se estableció la necesidad de cuidar los bosques a partir de los mecanismos de mercado. La llamada REDD, que permite que países y empresas ricas pongan dinero para poder contaminar y, a cambio, proteger algunos bosques. Es un mecanismo de especulación financiera vendiendo “créditos de carbono” en la bolsa. Esto es un permiso a seguir contaminando a cambio de pagar algo y encima especular con esto.

“Nos negamos a las falsas soluciones, como los mecanismos de mercado de carbono de la REDD”, dijo Tom Goldtooth, director ejecutivo de la Red Indígena Ambientalista.

La REDD entraña un nuevo conjunto de derechos de propiedad comercializables, basados en los árboles y otros servicios ambientales, dijo Goldtooth a TerraViva. Si vamos a salvar el clima, debemos centrarnos en soluciones reales que aseguren que los bosques no se talen y que los derechos de los pueblos se respeten”, agregó.

La oposición de Bolivia

Bolivia se opuso al acuerdo. El jefe de la delegación boliviana, Pablo Solón, dijo que lo que más le preocupaba era que los compromisos para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, no se iban a hacer bajo el protocolo de Kioto.

“Estamos hablando de una reducción (combinada) de entre el 13 y el 16%, y eso significa un aumento (de la temperatura) de más de 4 grados Celsius”, declaró.

“No podemos apoyar esto responsablemente, pues significaría que estamos de acuerdo con una situación que mi presidente ha descrito como un ecocidio y un genocidio”, dijo Solón.

Según un despacho de ABI y Prensa Latina el presidente Evo Morales afirmó hoy que Bolivia seguirá batallando contra el cambio climático y criticó el acuerdo de la 16 Conferencia de la Organización de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, en Cancún, México.

Con el documento emanado de la cita en el balneario mexicano se elevará la temperatura ambiente en más de cuatro grados centígrados y alrededor de un millón de personas fallecerán, denunció el mandatario, en conferencia de prensa este lunes en Palacio Quemado.

“El Estado hará una demanda ante el Tribunal de La Haya. Pido a los pueblos del mundo apoyo para la lucha por la justicia climática”, expresó.

En opinión del gobernante, el texto final de la décimo sexta conferencia climática organizada por la ONU fue “impuesto sin consensos” y “si algunos lo aceptaron, fue por plata”.

El presidente boliviano recordó la deuda climática y ecológica de los países desarrollados en el orden económico y cuestionó que estos cumplan con los limitados acuerdos adoptados para contrarrestar las afectaciones ambientales.

No hay confianza en el manejo de los recursos económicos de la Cumbre de Cancún. No se tata de mercantilizar la Naturaleza, sino de salvarla, enfatizó.

El jefe de Estado se mostró sorprendido porque el documento final de la cumbre de Cancún no incluyera las propuestas de Bolivia, derivadas de la Primera Conferencia Mundial de los Pueblos en Defensa de los Derechos de la Madre Tierra, efectuada en Tiquipaya, Cochabamba, en abril de 2010.

El pacto de Cancún da vía libre al aumento de la temperatura del planeta hasta los cuatro grados centígrados o más, contrario a las exigencias de la cita en este país, donde se propuso reducirlas a un grado centígrado y que los industrializados paguen por los daños ocasionados al medio ambiente.

La Declaración de los Pueblos promueve, además, la creación de un Tribunal de Justicia Climática que juzgue y sancione a los Estados y empresas transnacionales que contaminan la Tierra, algo también obviado por los participantes en Cancún.

Doble discurso
Está muy bien que Pablo Solón, el representante de Bolivia haya votado en contra y denunciado el acuerdo. Es muy llamativo que los países del ALBA no hayan acompañado esta posición cuando Chávez, Raúl Castro y Correa se llenan la boca de discursos antiimperialistas. Evo dice que los que apoyaron la resolución fue “por plata”.

Sin embargo, lamentablemente, también esta posición de Bolivia es un discurso que contrasta vivamente con la política interna en la que se acepta groseros ataques al medio ambiente por parte de las transnacionales imperialistas, como sucede con la Mina San Cristóbal de la Sumitomo, que exporta 1000 millones al año en minerales y sólo deja 35 millones de impuestos, sin pagar el agua y consumiendo más agua que toda la ciudad de Cochabamba. También se planifican supercarreteras que destruirán parques nacionales como Tipnis en Cochabamba, en contra de la opinión de sus habitantes indígenas, y grandes represas sobre el río Beni, que provocarán una catástrofe ecológica, con el objetivo de prever energía a San Pablo Brasil.

El Parlamento Plurinacional acaba de aprobar a las apuradas una ley de “defensa de la Madre Tierra” para que Evo la llevara a Cancún. La nueva Ley es una pieza literaria, que no dice nada de la propiedad de la tierra de los terratenientes que están devastando la tierra con el monocultivo, ni pone límites a la devastación de las transnacionales mineras. La ley es sólo una declaración de buenas intenciones, igual que la declaración de Cancún.

Este doble discurso se expresó con toda crudeza durante la Cumbre Mundial de los Pueblos de Cochabamba, cuando el gobierno negó autorización a la Mesa 18 a ser parte de esa Cumbre, para plantear los problemas ambientales de Bolivia.

Entonces, detrás de un buen discurso y del voto en contra el Cancún, se quiere hace pasar aquí en Bolivia una política económica y ambiental que da vía libre a la Sumitomo, Repsol y Petrobrás, a los megaproyectos de carreteras y represas hechas contra el interés del pueblo boliviano, para seguir saqueando a Bolivia y también destruyendo a la Madre Tierra.

Luchar contra el imperialismo por el futuro de la humanidad

La Mesa 18, en la que participaron la organización indígena del altiplano y valles CONOMAQ, la organización campesina potosina FRUTCAS, indígenas del Tipnis, entre otras, señaló dos pasos necesarios muy importantes para proteger el medio ambiente en Bolivia: expropiar y expulsar a las transnacionales y terminar con el latifundio. Esto coincide con la Agenda de Octubre del 2003, con el reclamo del Congreso de la Fejuve de El Alto de este año. También en COMCIPO de Potosí reclamó la nacionalización de la mina San Cristóbal.

Es cierto que estas medidas no solucionan de pos sí el problema de la defensa de la Madre Tierra a escala mundial. Pero son serían un avance importante. Está bien que Bolivia reclame que los países imperialistas se comprometan a reducir las emisiones de CO2 y paguen su deuda climática con los países pobres por la contaminación del planeta.

Pero ¿Cómo se consigue esto? Es impensable que Estados Unidos imperialista acepte. Y respecto a China es hoy la sede de las industrias de las principales transnacionales que contaminan en beneficio de las ganancias de estas. La Unión Europea acepta parcialmente la reducción de CO2 sólo porque está más avanzada en tecnología “verde” (menos contaminante) y espera con eso ganar la delantera en la competencia tecnológica mundial. Pero no está dispuesta a volcar grandes recursos para solucionar el brutal desequilibrio de que son los países pobres los que están sufriendo los efectos de catástrofes climáticas que no produjeron.

Defender el medio ambiente y la Madre Tierra es hoy una lucha contra el capitalismo y no se puede entender ni encarar sino como parte de la lucha antiimperialista y anticapitalista de los pueblos. Hoy las trasnacionales y bancos están destruyendo la Tierra y también a millones de familias sometidas a la desocupación, el hambre por el enorme aumento de los alimentos por la especulación, el despojo de sus tierras, el despojo de sus casas hasta en mismos Estados Unidos. Es impensable que estas corporaciones cuyo único objetivo es aumentar su ganancia, cambien y se conviertan ahora en defensoras de la Madre Tierra o de los pueblos. Mientras la economía mundial esté dominada por transnacionales y bancos no hay ninguna posibilidad de defender a la Madre Tierra ni a la humanidad. Sólo la derrota del imperialismo y sus transnacionales, podrá abrir el paso a una nueva forma de producir y cuidar la naturaleza.

Esto no significa que no se puedan lograr algunos avances parciales. Pero sólo con medidas de lucha. Como ocurre con un movimiento social que reclama algo y para conseguirlo hace una huelga o un bloqueo. Un ejemplo es el propuesto por la Mesa 18. Otro, a escala internacional, sería lograr un acuerdo de países de Latinoamérica, Asia y Africa para no pagar más la deuda, expropiar las transnacionales, bancos imperialistas y tierras de transnacionales y quedarnos con sus bienes a cuenta de la deuda climática. Esta sería la única forma posible de comenzar a cobrarse la “deuda climática”.

Lamentablemente hoy ni los países que votaron a favor de la resolución, ni el ALBA, que también votó a favor, ni el gobierno de Evo aceptan esto. Todo lo contrario, son defensores de las transnacionales como “socias” del desarrollo.

Por eso creemos que es una lucha que ya asumieron desde hace años los movimientos sociales, populares, obreros, campesinos, exigiendo a los gobiernos que aclaren de qué lado están, que discursos antiimperialistas no pueden resolver nada, si no van acompañados de acciones.

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