VIII Convención Intercontinental de Psicología

El Centro Martin Luther King Jr. es uno de los auspiciadores nacionales de la VIII Convención Intercontinental de Psicología que este año tendrá como tema “Bienestar humano y desarrollo sostenible: el lugar de la Psicología”.

Invitación

La Sociedad Cubana de Psicología, promotora de estos eventos desde el año 1999, ofrece una nueva edición Hominis 2018, con una visión contemporánea acorde a las exigencias y reclamos de la Psicología cubana, insertada en la dinámica de nuestro proyecto social con sus logros, perspectivas y desafíos futuros. El diálogo de saberes y diversos modos de actuación profesional en el intercambio fructífero intercontinental es una fortaleza de esta Convención.

En las temáticas propuestas para HOMINIS 2018 se trabaja con una comprensión de cada uno de los temas inter, multi y transdisciplinarios para profundizar en las dimensiones del ser humano y las relaciones con sus entornos, como parte del desarrollo social y personal; en pos de potenciar el bienestar humano y un desarrollo sostenible.

Colegas, estamos trabajando desde mayo del año 2016 en la preparación del Evento. De forma periódica divulgamos Boletines informativos, que les actualizan de cómo avanza este proceso y de las novedades que deseamos compartir con cada uno de vosotros, para que sigan motivados en visitarnos y compartir cada una de sus experiencias profesionales.

Para esta importante cita le invitamos a participar en el análisis y debate de los diferentes temas, del 19 al 24 de noviembre del 2018. La sede será el Palacio de Convenciones, ubicado en el Reparto CUBANACAN al Oeste de La Habana, Cuba.
Obtenga más información:
http://www.hominiscuba.com/es/default/principal

Conozca el Programa General:

http://www.hominiscuba.com/programa-cientifico-preliminar.pdf

Guayacán no es un pueblo olvidado…

Rodolfo Romero Reyes y Mónica Lezcano Lavandera

Guayacán no es un pueblo olvidado. La frialdad y el silencio que puede padecer una comunidad que no tiene corriente eléctrica, se trastoca en la calidez y en la melodía de las voces de sus habitantes. Fuimos hasta allá para que ellos hicieran su propio documental* y al final nosotros, de una singular manera, nos volvimos parte de su historia.

Aterrizamos en Guantánamo. Un lada destartalado — pero con dignidad y chapa estatal — nos esperaba para iniciar la travesía. Hacemos una parada para comprar agua, por recomendación de Mónica; esta es su segunda visita a la intrincada comunidad del municipio El Salvador.

El auto nos deja, literalmente, en el medio de la nada. Lo último que recordamos es un cartel que dice Bienvenido al Consejo Popular Carrera Larga. Ahora, desde donde estamos, no aparecen rastros citadinos. Un camino de tierra se pierde entre una arboleda. «El sol en Guantánamo quema»; siempre han dicho los viajeros. Son las doce del mediodía cuando empezamos a andar.

Kilómetro y medio después, un riachuelo atraviesa el camino. Cruzamos con cuidado por encima de unas piedras que alguien solidario debió poner allí. Pasa un hombre a caballo flaco.

— ¿Son los periodistas? — , y pone encima del rocinante nuestros maletines, mochilas y el trípode.

— ¿No tienen un puente para cruzar el río? — pregunta Carla**.

La cara del hombre lleva las huellas del trabajo en el campo, del sol guantanamero y de sus ancestros taínos.

— Aquí no tenemos corriente eléctrica — , responde como si ambas cosas tuviesen que ver. Justo a la derecha, hay una pequeña escuela. En el patio juegan algunos niños con pañoletas azules y rojas.

Guayacán

Un kilómetro después de la escuela, Guayacán nos da la bienvenida. Una bodega y la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS), ambas ubicadas a la izquierda del trillo principal, constituyen el centro de la comunidad. Paramos en la bodega por algo de beber. Pomos y latas de refrescos calientes. Compramos dos de los grandes. Trillo arriba, a unos quinientos metros aparece la casa de Ciro, Idelsa y su hijo más pequeño que cursa el sexto grado.

Es una de las pocas que no tiene el piso de tierra. Sus paredes son de ladrillos. Si trazamos una línea imaginaria, se divide en dos. A la derecha una pequeña sala, un comedor y una cocina cuyos límites lo establece únicamente la posición que tienen los muebles.

A la derecha, tres habitaciones y un área destinada al baño. Las divisiones con cortinas, tablones que llegan casi al techo y un gran y rústico escaparate. En la primera duerme el matrimonio; la segunda tiene una cama grande y otra chiquita, para nosotros, los invitados; en la más pequeña, después del baño, duerme el adolescente. Al fondo, una puerta abierta hacia un patio que se nos hace infinito. Corrales, cercas, una letrina y un bohío a medio hacer.

La casa de Idelsa y de Ciro, si se ve desde aquí, parece terminar en las montañas.

Un cable eléctrico empatado entra por una de las ventanas. «Esa es la tendera», nos explica Mónica. «De un mismo cable se alimentan más de quince casas».

— ¿Roban la corriente? — pregunto sin sorpresa.

— Digamos que la tomamos prestada — dice la anfitriona, cuando nos trae un poco de café recién colado.

***

En tres días y dos noches no paramos de conversar. Ciro e Idelsa trabajan en la sala de video. Nos presentan a Nítida, Yudita, Niurkis, Manolito, Jasmín, Ismara, Yunierkis, Rosita, Milagros y Mindre, todos habitantes de Guayacán.

Por retazos vamos armando la historia de esta comunidad que, según sus pobladores — los únicos que la han reconstruido — , estuvo habitada por aborígenes; de ahí el nombre. Con el paso de los años poblaron la «comarca» negros esclavos franceses emigrados de Haití, quienes encontraron allí un espacio para asentarse. Luego, llegaron los esclavos de la región que huían de sus mayorales. Así quedó conformada la población de este espacio guantanamero.

En tiempos de terratenientes y dueños, la actividad económica fundamental era la siembra, recogida y comercio del café. Los lugareños, extremadamente pobres, vivían en bohíos, eran en su mayoría analfabetos y trabajaban para «los señores». Existía una escuela primaria cuya matrícula debía ser pagada. Todas las tierras pertenecían a una única familia. La asistencia médica se tornaba escasa, cara y difícil de acceder por la lejanía.

Esta situación pervivió, con algunas variaciones, hasta 1959. Con el triunfo revolucionario la comunidad cambió. La Ley de Reforma Agraria entregó las tierras a los campesinos. La Campaña de Alfabetización enseñó a leer y escribir a sus pobladores. La Revolución implicó modificaciones que incluyeron la gratuidad de los estudios primarios y de las consultas médicas.

El 16 de noviembre de 1962, surge una Base Campesina — hoy CCS «Longino Riviaux» — en la que se coordinaba la distribución de insumos y pagos por las labores agrícolas. Siendo la primera de su tipo fundada en el municipio El Salvador, devino el centro económico y social de la comunidad. Por esos años en una pequeña bodega se empiezan a distribuir los productos de la canasta básica mediante la Libreta de Abastecimiento, con el objetivo de que estos productos fuesen asequibles a toda la población.

El café siguió siendo la principal fuente de ingresos, y los campesinos mejoraron su situación económica con la venta de sus producciones.

Todos los niños comenzaron a asistir a la escuela primaria, y continuaban estudios en una Escuela Secundaria Básica en el Campo (Esbec) en las comunidades aledañas de Bayate o Sempré, relativamente cercanas. Muy pocos llegaban a obtener el bachiller pues el acceso era bastante selectivo en cuanto a promedio académico.

A finales de la década de 1980, la comunidad se incluyó en el Programa de Desarrollo de la Montaña, conocido como «Plan Turquino». A raíz de esta inclusión, la calidad de vida de los pobladores aumentó, pues obtuvieron mayores abastecimientos de alimentos y de otros insumos como aseo personal, canastilla, entre otros.

En Guayacán, al no existir un consultorio, los médicos de la familia de una comunidad cercana programaban sus visitas, lo cual contribuyó al aumento de la esperanza de vida de los pobladores y a la disminución de las muertes maternas e infantiles.

El acceso a la energía eléctrica era nulo debido a la situación geográfica de la comunidad que la sitúa en una zona de difícil acceso, aunque los tendidos eléctricos aparecen a una distancia aproximada de unos tres kilómetros.

El 17 de noviembre de 2002, con el avance de la Batalla de Ideas, una sala de video trajo la corriente eléctrica. Por primera vez funcionaba un equipo electrodoméstico en Guayacán con la energía de los paneles solares. A partir de ese momento se organizaron horarios con actividades para que los pobladores pudieran disfrutar de la programación y de otros materiales audiovisuales.

Desde ese momento la sala de video se convirtió en el centro de confluencia para las actividades recreativas, movilizativas y de cualquier otra índole, ya que, además de contar con energía eléctrica, era una de las pocas construcciones de mampostería, techo de zinc y piso de baldosa de la comunidad.

Por ese entonces también, la construcción de una Despulpadora de Café posibilitó el completamiento del ciclo de producción de este cultivo en la comunidad, y la compra directa a los productores que son los propios campesinos.

La dura realidad

En Guayacán viven 416 personas agrupadas en 208 viviendas. Algunas poseen equipos electrodomésticos obviamente sin utilizar; otras conservan la fe de que, algún día, todos puedan disfrutar en sus hogares de la energía eléctrica.

Ante la carencia los pobladores han recurrido a otras alternativas. Desde los primeros años de este siglo tienen «tendederas», pedazos de cables unidos al tendido eléctrico principal, y «roban» la corriente para las casas. Pero, invento al fin, en algunas viviendas el voltaje solo permite poner el radio o el televisor a horas específicas del día. En la noche solo pueden encender un bombillo por cada casa. Alrededor de ese halo de luz, conversamos con las familias.

«Nos catalogaron una vez como una comunidad con problemas políticos, cuando amenazamos con no votar en unas elecciones. Es verdad que quizás no fue la mejor solución, pero era nuestra manera de exigir que nos dieran alguna respuesta porque hasta ese momento nadie se había pronunciado sobre nuestra situación con el fluido eléctrico, solamente para decir que había que quitar las tendederas. Ahora parece que pronto electrificarán la comunidad», comenta Yudita con cierta esperanza.

«Aquí no tenemos ningún consultorio o médico de la familia. El policlínico más cercano se encuentra en Carrera Larga, a unos cinco kilómetros de distancia. En casos de urgencias, debemos trasladarnos en carretas de bueyes o en caballos. En días en los que el caudal del río crece, la comunidad queda incomunicada y no pueden acudir los servicios de urgencias. No pedimos grandes cosas, al menos un puente, eso no le puede costar mucho al país», demanda Niurkis.

Mildre explica más. «Sin tuberías ni electricidad no existe un acueducto que abastezca. El agua la tomamos directo del río o de algunos pozos artesanales que se encuentran distribuidos en la comunidad. En tiempos de sequía es prácticamente imposible obtener el agua de forma natural, dependemos entonces de pipas gestionadas por el Delegado de la comunidad y el Consejo Popular Carrera Larga. Tratamos de beber de las zonas menos contaminadas del río (en el cual se bañan y defecan los animales), hervirla y purificarla con Hipoclorito de Sodio».

«La escuela tiene tres maestras para 44 pioneros, de ellas solo una vive en Guayacán, las otras dos vienen todos los días desde comunidades aledañas. El grado preescolar recibe clases únicas, no así el resto de los pioneros. Primero y segundo se agrupan en una sola aula, igual que tercero y cuarto, y quinto y sexto grados. Aunque es la única solución, la comprensión de los contenidos de las clases se dificulta», argumenta Idelsa preocupada por el aprendizaje de su hijo Yainier.

Cuatros voces que expresan el sentir de muchos. Sus exigencias son firmes, en cambio, no se notan en sus demandas rasgos de egoísmo o de desencanto político. Son gente de la montaña que quieren vivir mejor. Sueñan una comunidad electrificada en un país donde nunca ha sido un pecado soñar ni luchar por sus sueños.

No todo está apagado

«La Despulpadora de Café cumple un rol esencial durante la zafra, el momento más activo en la comunidad. Todo el mundo tiene que ver con la recogida del grano. El cuidado de animales es también una forma de emplear el tiempo en Guayacán. Muchos pobladores crían en sus patios cerdos, gallinas, carneros, chivos, caballos y vacas. Eso nos garantiza la alimentación. También vendemos alguna que otra cría, o un racimo de cambute; eso es plátano periodista — aclara Manolito en tono de cándida burla y añade — : Aquí es muy común que los animales convivan en los mismos espacios que las personas durante el día».

Ciro interviene con cierta emoción y gran sentido de pertenencia: «No todo está “apagado” en Guayacán. La alegría es parte de nuestra idiosincrasia. Aquí cantamos y bailamos el changüí, que surgió en esta zona y lo danzó José Policarpo por primera vez. Aquí vino Frei Betto a conversar con nosotros y a conocer nuestra comunidad. Lo escuchamos con mucha atención. Somos pobres, pero educados, cultos, instruidos».

«Muchas personas me han tratado de convencer para que me vaya a la ciudad. Pero a mí no me gusta. Yo siempre he pensado que si todos nos vamos de aquí, ¿quién se queda en el campo? Y nosotros aquí somos importantes porque garantizamos la comida de la gente de la ciudad, y eso es muy importante», sentencia Nítida con un altruismo que impresiona.

La noche es muy linda en Guayacán. En compensación a la ausencia de flujo eléctrico, relampaguean todas las estrellas. Y precisamente hoy la luna decidió ponerse bien redonda. Estamos sentados a la orilla de una lámpara recargable que se nos antoja fogata campestre. Idelsa nos cuenta de cuando estudió en la universidad, de su infancia en Guayacán, de sus inquietudes sobre el futuro de su hijo: quiere que estudie y se haga un hombre de bien.

Ciro parece un narrador de cuentos. Habla de sus meses en Angola y de aquella vez en que emboscaron a doce monos que avanzaban en la noche y que ellos confundieron con el enemigo. Se pone serio cuando menciona a sus compañeros caídos; y vuelve a sonreír jaraneramente cuando Mónica le pregunta si sabe bailar changüí.

Al final de la charla el silencio no es interrumpido por ninguna pregunta. Casi nos vamos a acostar cuando Ciro empieza a silbar. El sonido se propaga de manera insospechada, parece que la melodía llega a cada casa y se pierde más allá en la montaña.

— Deberíamos grabarlo — dice Carla.

Mónica y yo asentimos con la cabeza. Entre tanto silencio, la música de Ciro podría ser la mejor manera de empezar un documental.

Notas…

*El documental es resultado de un proceso grupal y participativo en el que los pobladores de Guayacán decidieron hacer un audiovisual, con el acompañamiento de la Red de Educadores y Educadoras Populares.

  • Carla Valdés León, realizadora audiovisual

Tomado de la revista Alma Mater

Aborto sobre el tapete o la necesidad de proteger un derecho

Redacción SEMlac

El discurso antiabortista busca abrirse un espacio en Cuba, denuncian feministas y especialistas. El tema ha reaparecido con alguna fuerza, sobre todo en las redes sociales y espacios digitales, en medio de los debates del nuevo Proyecto de Constitución, presentado el pasado julio.
A pesar de que en la isla las interrupciones voluntarias de embarazo son legales, seguras y gratuitas desde hace más de medio siglo, este derecho “podría empezar a verse cercado por el insólito auge de grupos religiosos fundamentalistas en un estado laico”, alertó la joven periodista Thais Gaes, en un artículo publicado el pasado 21 de agosto.
Titulado “Me planto. El cerco sobre el aborto”, el texto circuló en las redes digitales del Circuito Líquido, un espacio de gestión artística y cultural feminista nacido en 2012 en la isla y llama a no subestimar el impacto de las campañas nacidas al calor del “fundamentalismo de algunos grupos religiosos”.
“El aborto, y en su momento el matrimonio igualitario, no es y no serán logros exclusivos de un colectivo”, argumenta Gaes en su artículo, “son para las generaciones presentes y futuras, son nuestros”, precisó.
“La historia ha demostrado que las conquistas no siempre son perdurables, y sí muy vulnerables”, alertó finalmente la periodista.
El llamado de atención de Gaes ha sido calificado de exagerado por algunos internautas, quienes consideran que el aborto es un derecho ganado en Cuba y que resulta improbable que la sociedad cubana vote por revertirlo.
Sin embargo, otros hechos paralelos muestran que la preocupación de la joven colega no es del todo fortuita.
A inicios de agosto, el sacerdote Wilfredo Leiter Juvier, párroco de la Catedral de Santa Clara, publicó una carta abierta en Facebook dirigida a la periodista Cristina Escobar, del Sistema Informativo de la Televisión, en respuesta a un comentario favorable al aborto realizado por Escobar el 31 de julio, en la emisión del mediodía del noticiero informativo estelar.
El comentario de Escobar aludía a las discusiones en el Senado argentino acerca de la legalización y despenalización del aborto en ese país suramericano, pero su posición fue abiertamente favorable a considerar la interrupción voluntaria del embarazo como un derecho.
“Encuentro totalmente fuera de lugar por tanto basar el aborto en el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo”, expresa el sacerdote villaclareño en su carta, en la cual defiende con amplitud las posiciones de los movimientos Pro-Vida.
“A la mujer que quiera que los derechos sobre su cuerpo sean respetados, la invito a pensar que también tiene el derecho de practicar una sexualidad responsable”, indica Leiter en otro momento de su misiva.

Polémica en contexto
Esas palabras del sacerdote villaclareño parecen aludir a una preocupación sostenida por las autoridades de salud cubanas desde hace varios años ante la alta recurrencia al aborto, pero el llamado, en todo caso, debería ser a utilizar con responsabilidad el derecho conquistado; no a condenarlo.
La interrupción de embarazo gratuita, legal y practicada por personal calificado en instituciones de salud fue reconocida en Cuba desde 1965, pero en realidad ya tenía una historia anterior.
La primera ley al respecto data de 1936, cuando el aborto comenzó a ser permitido en tres causales: salvar la vida de la madre o evitar un grave daño a su salud, violación o la posibilidad de transmitir al feto una enfermedad hereditaria grave.
Finalmente, la despenalización oficial sucedió en 1987, cuando el Código Penal estableció que el aborto solo es un delito cuando se comete por lucro, fuera de las instituciones sanitarias, por personal no médico o en contra de la voluntad de la mujer.
En 2017, se realizaron 83.904 abortos a mujeres y adolecentes entre 12 y 49 años, lo que representa 41,8 interrupciones por cada 100 embarazadas, una cifra alta, pero ligeramente inferior a la de 2016, que fue de 41,9, según datos del Anuario Estadístico de Salud, en su edición de 2018.
Desinformación, comodidad, abandono y poca sistematicidad en el uso de anticonceptivos están entre las causas más citadas para argumentar el abuso del aborto en Cuba, lo mismo por parte de especialistas que de adolescentes y mujeres que acuden a dicha práctica.
Para la doctora María Elena Benítez, economista, demógrafa y especialista en temas de familia, entre las razones fundamentales para decidir no proseguir con su embarazo, las mujeres enumeran la edad impropia para gestar, el embarazo muy próximo al último parto, la difícil situación económica; el desconocimiento, mal uso, fallas y poca disponibilidad de anticonceptivos, o el obstáculo a otros proyectos.
Benítez asevera que son las cubanas quienes toman la decisión de abortar o continuar el embarazo, en una parte por su empoderamiento y, en otra, por la escasa responsabilidad de los hombres en la reproducción y “las consecuencias derivadas de relaciones sexuales no protegidas”, según el artículo “La trayectoria del aborto seguro en Cuba: evitar mejor que abortar”.
Para el doctor Jorge Peláez, vicepresidente de la Sociedad Cubana de Obstetricia y Ginecología, se trata de “un problema de salud pública que hay que atender de manera interdisciplinaria”, confirmaba a SEMlac ya en 2013.
Peláez ha insistido desde hace años en la necesidad de atender este asunto en todos los sectores posibles: desde los puramente asistenciales, que implican al sistema sanitario, hasta los educativos y formadores que involucran a la familia, los espacios docentes y los medios de comunicación.
Sin embargo, a pesar de sus alertas acerca de la necesidad de una mejor planificación familiar, ninguno de estos especialistas cuestiona el aborto como derecho.
“El derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos es inalienable y debe seguirse defendiendo en Cuba por múltiples causas”, aseguró en 2017 el médico Alberto Roque, activista por el respeto a la libre orientación sexual e identidad de género.
Para el también investigador en temas de bioética, justamente el reconocimiento del abuso del aborto en Cuba ha sido uno de los argumentos asumidos por parte de sus detractores para atacarlo, tal como evidenció la misiva del sacerdote villareño a la periodista Cristina Escobar.
Roque fue uno de los activistas en criticar las palabras en contra del aborto de la cantante cubana Danay Suárez, el 25 de febrero de 2017, durante su participación en la edición de ese año del concurso de canto de Viña del Mar, en Chile, cuando en ese país se luchaba por la ley de aborto terapéutico aprobada finalmente hace un año.
Entonces, las declaraciones de Suárez fueron rápidamente tomadas por activistas antiaborto, que las divulgaron como un supuesto ejemplo de la fuerza ganada por estas ideas en el país, lo cual evidencia que las actuales polémicas traen cola y pueden ir a mayores.
Por esa misma fecha de 2017, la intelectual feminista cubana Zaida Capote también salió a defender públicamente el derecho al aborto.
“En Cuba el acceso al aborto legal, gratuito y seguro es un derecho de toda mujer fértil, sea cual sea su situación social. Pensarlo como un derecho de las mujeres suma contexto, pues la elección es previa a la decisión, y es individual. Y en cada caso proviene de circunstancias distintas. Cuando una mujer decide abortar, ya hizo su elección. El derecho es, por el contrario, un bien colectivo, para todas por igual; nos iguala a todas en el acceso a la salud”, escribió en La Joven Cuba.
Hacer caso a las señales no es exagerado. A juicio de la feminista uruguaya Lucy Garrido, el reciente debate argentino muestra que a nivel regional “se está librando algo más que el aborto”. Y Cuba, lo hemos comprobado, no está en una campana de cristal.
Entrevistada por SEMlac este agosto, esta activista de Articulación Feminista Marcosur lo dejó claro.
Se trata “de una lucha por la hegemonía cultural, sobre qué mundo vamos a tener. O sea, seguimos avanzando, ampliando los derechos, profundizándolos, o dejamos que gane alguna gente oscurantista, los mismos que quemaban los libros en la Edad Media o en la Segunda Guerra Mundial”.

Cuba: ¿A dónde van las palabras que no se quedaron?

Ariel Dacal

Todo proceso de reforma parte de acumulados, nunca de cero. Por esa razón, si bien es imprescindible analizar los añadidos que trae el proyecto de Constitución cubana, también lo es observar las omisiones respecto a lo que ya estaba.
Que la actual Carta Magna esté en despedida no se explica solo por el nuevo momento histórico y por la adecuación a las transformaciones realizadas. También por los ajustes tácticos y estratégicos en la comprensión sobre los horizontes de la Revolución, los sujetos que la componen, la relación entre ellos y el entorno global que la condiciona.
Coloco mi atención en aquellas palabras constituyentes de 1976, y omitidas ahora, las que no sucumbieron ni en el año 1992 ni en el 2002. Palabras que hablaban de sentidos, de posicionamientos, las que referían hacía dónde, cómo, para quiénes y en qué condiciones internacionales se constituyó aquel proyecto de país.
En la Ley de leyes ahora propuesta, el Estado no ratifica estar consciente de que los regímenes sustentados en la explotación del hombre por el hombre determinan la humillación de los explotados y la degradación de la condición humana de los explotadores.
El Partido, fuerza superior que organiza y orienta los esfuerzos comunes, no declara más el objetivo final de edificar la sociedad comunista, como orden que supere aquellos regímenes. Tampoco se destacan como sujetos del proceso a los obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales.
Este no será un Estado socialista de trabajadores.
¿Qué sucedió con aquellas palabras/sentidos de alto calibre? ¿Pasaron de moda? ¿Ya no sirven para explicar la realidad? ¿Fueron un error? ¿Acaso describen un horizonte demasiado ancho en un mundo demasiado hostil? ¿No podrán ser pronunciadas “por ahora”? ¿Quedan agazapadas para volver en otro momento histórico?
Los pocos y tenues argumentos esgrimidos para explicar por qué no están más refieren que los tiempos han cambiado, que debemos ser prácticos y no teóricos, debemos parecernos más al mundo; y, además, técnicamente ya estaban fuera de los documentos de la reforma y el Parlamento no se refirió a ellas en los debate previos. Para redondear, aparece una idea lapidaria: “nadie sabe qué es el comunismo”.
Me atrevo a afirmar que no son muchas las personas que vemos en estas omisiones un problema de fondo. Es “asombroso” que cientos de miles de miembros del PCC y de la UJC no se den por enterados, o que noten la omisión como algo “natural y dialéctico”. Súmese que en la sesión plenaria del Parlamento donde se debatió el proyecto, donde el 96% de sus miembros pertenecen a las filas de esas organizaciones nominalmente comunistas, solo se escuchó a dos personas extrañarse de que no apareciera la palabra comunismo en la nueva Constitución, y solo dos defendieron consagrar las potestades de los trabajadores/as en las decisiones económicas.
Nada es de extrañar. Los sentidos primeros de esas palabras han sido trastocados por décadas. Las palabras mismas fueron adormecidas desde los años 90. Están olvidadas por el desuso. No se re-significaron desde otras maneras de hacer política directamente por el pueblo en su condición dual de productor/ciudadano. Por el contrario, algunos referentes concretos y cotidianos con el que muchas personas las relacionan no motivan suficientemente salir a defenderlas. Al mismo tiempo, tales palabras/sentidos no son muy bien vistas en el entramado de instituciones y relaciones internacionales en las que el Estado cubano se inserta.
Si bien no deja de ser dramático que los trabajadores y las trabajadoras no salgan a luchar por ellas, por sus significados primigenios, es un hecho que la clase trabajadora no hace política para sí, capacidad atrofiada por años. La conciencia de clase es un amasijo complejo y contradictorio dentro de un escenario donde la utopía colectiva y dignificante cedió paso a la utopía de la prosperidad individual. Escenario donde la lucha entre socialismo y capitalismo “pasó de moda”, o al menos sus postulados generales parecen quedar lejos de los apuros por reproducir la vida cotidiana, cada vez más asumida como un asunto personal.
El problema no se reduce a que la gente sea mala o buena, a qué esté cansada o apática, ni a que detrás de los cambios haya, o no, malas intenciones.
El problema está en los prolongados déficits de la política revolucionaria, de su raquitismo clasista, democrático y liberador. Para ser más exacto, en los límites revolucionarios de las políticas en curso, tanto doctrinales como organizativos.
Una pregunta es central para desagregar este asunto: ¿quiénes y desde dónde se tomó la decisión de dar este giro? ¿Acaso la clase trabajadora, organizada políticamente, consciente de sus desafíos históricos y cotidianos, renuncian a un Estado que la proteja como prioridad, que la potencie como clase y que se amolde a sus intereses?¿Acaso sustituyó su derecho constitucional a participar en la elaboración y ejecución de los planes productivos, por una participación activa y consciente en lo establecido por el Estado que la representa?
La respuesta es no.
Mírese otra perspectiva ¿Quiénes redactaron durante cinco años las pautas del proyecto constitucional? Un pequeñísimo comité de altos funcionarios del Estado que, además de hacerlo a puerta cerrada, solo pretendían corregir los límites constitucionales padecidos por el proceso de reforma. ¿Quiénes integraron la comisión parlamentaria para redactar el proyecto? Esencialmente personas con cargos directivos, miembros de un Parlamento compuesto por dirigentes en poco más del 70%. ¿Quiénes valorarán oportunamente las propuestas surgidas en la consulta popular?
Quienes han tomado estas decisiones pertenecen al sector que históricamente se erigió en representante político y administrativo de la clase trabajadora, del pueblo dueño de los medios de producción que la Revolución arrebató a los explotadores: llámesele burocracia, funcionariado, dirigentes o vanguardia (aun cuando estos términos no significan lo mismo).
Ese grupo social que en 1976 declaró constitucionalmente realizar la voluntad del pueblo trabajador, afianzar la ideología y las normas de convivencia y de conducta propias de la sociedad libre de la explotación del hombre por el hombre; declara hoy un Estado or­ganizado con todos y para el bien de todos, el cual actúa en representa­ción y beneficio del pueblo como pro­pietario y busca fortalecer la unidad nacional conci­liando los intereses de los ciudadanos. En estos nuevos derroteros, el Partido Comunista de Cuba, fuerza dirigente superior del Estado y la sociedad, trabaja por preservar y fortalecer la unidad patriótica de los cubanos.
¿Qué significa conciliar los intereses de los ciudadanos? ¿Qué significa la unidad patriótica? Nada más y nada menos que poner de acuerdo a ciudadanos/as cuyos lugares socioclasistas son desiguales. Unos/as se apropian del trabajo ajeno, otros/as administran los recursos y las políticas, y otros/a solo cuenta con su fuerza de trabajo. Estos últimos, la compleja y heterogénea clase trabajadora, contará ahora con menos potestades en medio de dos fuegos: la incipiente burguesía nacional, por un lado, y la fortalecida burocracia empresarial estatal junto a la contradictoria burocracia sindical, por el otro.
En la práctica, el Estado actual se erige en árbitro político, doctrinal y jurídico de un orden que pretenderá conciliar, armonizar y estabilizar las relaciones entre quienes explotan y quienes son explotados, y donde la clase trabajadora seguirá representada por un grupo social ajeno a ella, el mismo que, paso a paso, sustituyó el inevitable repliegue táctico del proyecto revolucionario socialista cubano en los años 90, por una visión estratégica de construcción del socialismo clasista, donde el Estado “conciliará” los intereses de “los ciudadanos” y distribuirá las riquezas con “equidad y justicia social”.
En la reconfiguración, el Estado no se plantea la prioridad del mundo del trabajo. No se plantea constitucionalmente el fomento y desarrollo de instalaciones y planes vacacionales, la organización de círculos infantiles, seminternados e internados escolares, casas de atención a ancianos y servicios que facilitan a la familia trabajadora el desempeño de sus responsabilidades. No postula más el reconocimiento del trabajo voluntario, no remunerado, realizado en beneficio de toda la sociedad, en las actividades industriales, agrícolas, técnicas, artísticas y de servicio, como formador de la conciencia comunista del pueblo trabajador. Tampoco mantiene un amplio sistema de becas para estudiantes y trabajadores, ni propicia que los trabajadores se incorporen a la labor científica.
Un término que condensa el nuevo momento consagrado en la propuesta de Constitución es el de “construcción del socialismo”. En la visión de Marx (la que parece haber pautado el texto constitucional de 1976) socialismo significa período de transición al comunismo, no un fin en sí mismo (como parece consagrar la actual propuesta). Al mismo tiempo, el revolucionario alemán comprendía que el socialismo constituye, necesariamente, una sociedad contradictoria y conflictiva en el empeño de superar las relaciones productivas (materiales y espirituales) generadas por el capital y forjar nuevas relaciones que asuman como centralidad el trabajo, en él se crea no solo lo que comemos o vestimos sino que nos creamos y creamos aquello en lo que creemos.
Obviar estas comprensiones ha reducido el alcance revolucionario de las políticas socialistas. Por ejemplo, mucho se ha hablado sobre el papel de los incentivos “morales” y “materiales” para aumentar la productividad de los trabajadores/as y su nivel de conciencia, pero poco sobre los incentivos políticos, tales como el control democrático de la economía, el Estado y la sociedad, mediante los cuales estos/as crean, deciden y controlan las políticas, sin opresión ni tutelaje de clase social alguna.
Como recuerda el filósofo cubano Jorge Luis Acanda, es sólo mediante la participación y el control de su vida productiva que la gente desarrolla un interés y un sentido de responsabilidad por lo que hacen para ganarse la vida cotidianamente. La democratización de la producción, tanto de la artística, como de la pedagógica, como de la económica, es un proceso profundamente cultural, y por ello político.

Es cierto que el mundo realmente existente condiciona el alcance de los proyectos progresistas, y, sobre todo, de aquellos con matriz anticapitalistas. Es cierto que en circunstancias tales los horizontes tienen que ser ajustados y el deber ser emancipador no es la mejor política, la más viable. Otra cosa bien distinta es desechar el horizonte y convertir la necesidad en virtud. Otra cosa es no pretender, en las nuevas circunstancias, los mismos objetivos, lo que significa no poner a prueba la creatividad revolucionaria para acumular fuerzas y experiencias.
La gran osadía de Cuba ha sido asumir como desafío histórico un proyecto liberador socialista en clave comunista. Para ser más preciso, ha sido una osadía enorme enfrentar a fuerzas que proclaman, divulgan y reiteran que ir en contra de los designios del capital, en general, y de Estados Unidos en particular, es un sinsentido.
Es precisamente por eso que perder las coordenadas (palabras/sentidos) dentro de un escenario histórico adverso es peligroso políticamente para el proyecto liberador de la clase trabajadora, la única que ha pretendido superar todas las formas de explotación y alcanzar la entera dignidad del ser humano. Pretensión esencial que, por cierto, se conoció como comunismo.
La transición socialista, forma política de ese proyecto, consiste en una lucha constante por la edificación de espacios, instituciones y prácticas sociales antagónicas con aquellas que reproducen el dominio de la burguesía o la inoperancia de la burocracia. Significa una transformación total del sentido común, de lo que siempre se ha considerado como “natural” y “lógico”.
La comprensión anterior permite asegurar que la garantía del socialismo no radica en una manera única de organización política revolucionaria, ni en una unidad nacional abstracta, sino en la capacidad de crear, defender y potenciar relaciones democráticas populares que propicien que el mundo del trabajo y su ciudadanía administren la vida material y espiritual, privada y pública.
Hacia dónde, para quiénes y con quiénes, son pautas de un horizonte que deben quedar bien definidas, sobre todo cuando las circunstancias obligan a repliegues tácticos (por ahora) como lo es la conciliación de clases y convivir con relaciones socioproductivas explotadoras. Repliegues que corren el riesgo de trastocarse en estratégicos (permanentes) y ser presentados como estado ideal.
Hay palabras que arropan sentidos esenciales. El uso o desuso de ellas también es una posición política ante la realidad. Apurarse en barrerlas como hojas secas es una actitud política. Luchar por sus contenidos y formas revolucionarias, aun en escenarios que no lo aconsejan, también lo es. Solo mediante la posesión directa de su propiedad social, las trabajadoras y trabajadores se preguntarían ¿a dónde van las palabras que no se quedaron? y saldrían a luchar por ellas, por lo que representan en su vida cotidiana.

Fuente:
https://medium.com/la-tiza/a-d%C3%B3nde-van-las-palabras-que-no-se-quedaron-52c0582a0486

Cubanos opinarán sobre proyecto de nueva Constitución

Prensa Latina

Los integrantes de la sociedad cubana tendrán la oportunidad de analizar y proponer cambios sobre el proyecto de nueva Constitución de la isla, texto aprobado en la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Además de respaldar el documento dirigido a reformar de manera total la carta magna vigente desde 1976, los diputados fijaron este domingo en el Palacio de Convenciones de La Habana que la consulta popular tendrá lugar entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre.

En el discurso de clausura de la primera sesión ordinaria de la IX Legislatura, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, anunció que en los próximos días comenzará la preparación de las personas que en cada una de las 15 provincias del país tendrán la misión de garantizar el éxito de la consulta.
De acuerdo con el jefe de Estado, ‘este ejercicio, de participación directa del pueblo, adquiere la mayor relevancia política y será un reflejo más de que la Revolución se sustenta en la más genuina democracia’.

Cada cubano podrá expresar libremente sus opiniones y contribuir a alcanzar un texto constitucional que refleje el hoy y el futuro de la Patria, subrayó.

Asimismo, el mandatario destacó que se trata de un texto que fortalecerá la unidad de los habitantes de la isla en torno a la Revolución.

Más de un centenar de parlamentarios expresaron ayer y hoy criterios sobre el proyecto constitucional, que consta de un preámbulo y 224 artículos en la versión sometida a la Asamblea Nacional.

Después de la Consulta popular, el texto regresará a la Asamblea, y posteriormente iría a un referendo, para que los habitantes de la mayor de las Antillas aprueben o no la nueva Constitución.
El proyecto ratifica el carácter socialista de Cuba y recoge cambios en la estructura del Estado, entre ellos la creación de los cargos de presidente y vicepresidente de la República, y de primer ministro, en reemplazo del actual presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

También amplia los derechos de las personas, con cuestiones como las garantías del debido proceso, el Habeas Corpus, la presunción de inocencia y la reinserción social de los privados de libertad.

Además, recoge varias formas de propiedad, entre ellas la socialista de todo el pueblo, la mixta y la privada; y cambios en la institución del matrimonio, ya que lo define como la unión entre dos personas, mientras que la carta magna vigente lo refleja como la unión concertada voluntariamente entre un hombre y una mujer.

La propuesta relacionada con la modificación de la institución del matrimonio fue una de las más debatidas aquí, y tal vez la más reportada a nivel internacional.

En la sesión inicial celebrada la víspera de la primera sesión ordinaria de la IX Legislatura, la Asamblea Nacional aprobó el nuevo Consejo de Ministros, propuesto por el presidente Díaz-Canel.
Encabezado por el jefe de Estado, y con Salvador Valdés como primer vicepresidente, el Consejo de Ministros tiene en el cargo de vicepresidentes a Ramiro Valdés, Ricardo Cabrisas y Ulises Rosales los tres ratificados y a los incorporados Roberto Morales e Inés María Chapman.

De igual manera, fueron ratificados 17 titulares, entre ellos Bruno Rodríguez (Relaciones Exteriores), Leopoldo Cintra (Fuerzas Armadas), Julio César Gandarilla (Interior), Ena Elsa Velázquez (Educación), Lina Pedraza (Finanzas y Precios) y Rodrigo Malmierca (Comercio Exterior y la Inversión Extranjera).

También se mantuvo José Amado Ricardo en la función de secretario del Consejo.

El Parlamento respaldó además la propuesta de promover a nueve personas al cargo de ministro, relación que incluye a Alejandro Gil (Economía y Planificación), Betsy Díaz (Comercio Interior), José Ángel Portal (Salud Pública) y Oscar Manuel Silveira (Justicia).

(Tomadao de www.prensa-latina.cu

Fernando es una de esas personas que son capaces de alterar las vidas, en el mejor de los sentidos

Liliana Sierra Sánchez

Entrevista a Magdiel Sánchez, mexicano estudioso del pensamiento de Fernando Mártinez Heredia.

Fernando Martínez Heredia fue uno de esos hombres que trascienden épocas y límites territoriales, la profundidad y riqueza de su pensamiento ha contribuido a la construcción de procesos colectivos y emancipadores, ha movido a la reflexión crítica y por ello tiene no pocos seguidores, entre ellos el mexicano Magdiel Sánchez, quien forma parte de la Nueva Constituyente Ciudadana Popular, un movimiento social que se plantea la refundación de México; este joven asegura que el acercamiento a la ideología y la praxis del intelectual cubano transformó su vida. En diaólogo reciente sostenido en el Centro Martin Luther King, nos ofreció detalles acerca de su más reciente investigación: “Romper los límites de lo posible, el pensamiento crítico de Fernando Martínez Heredia”

Magdiel: En un período de dos años estuve trabajando investigando su pensamiento directamente con él mediante entrevistas, encuentros, y finalmente una estancia aquí en Cuba. El título es una idea muy sencilla, desafiante, que de alguna manera puede expresar eso que cotidianamente pensaba Fernando, a lo que cotidianamente se enfrentaba y tiene reflejo en las luchas de todos los pueblos del continente. El tema central es salir de las cadenas de la opresión, de la dominación, romper los límites de lo posible sería romper esas barreras que nos llaman a rendirnos, a conformarnos con lo establecido; esa de entrada es una de las cosas que podemos entender como uno de los aportes de Fernando.

¿Cómo traerlo a la contemporaneidad en todas sus dimensiones, para las luchas en América Latina, para las apuestas del Centro Martin Luther King y el movimiento que queremos construir?

Magdiel: Fernando tiene mucha vigencia, es un pensador al cual es muy difícil encasillar en una sola disciplina por lo que no tiene una sola forma de continuidad, sus ideas trascienden su vida, sobre todo en los terrenos que implican juntarse con más gente, articularse con las personas. Esta idea que estuvo siempre con él de romper los límites, y su práctica política, están relacionadas con el desafío que tenemos en toda América Latina de cómo liberamos a nuestros pueblos. Él reflexionó mucho acerca de cómo se alcanza una liberación social y al mismo tiempo una liberación nacional; creo que da muchas pistas, pues todo su pensamiento viene de una reflexión política práctica, fue un revolucionario cubano, internacionalista, por tanto la práctica revolucionaria era la que motivaba su reflexión, ofrece muchas claridades sobre lo que necesitan los moviemientos sociales, cómo pensar la práctica de estos. Es uno de los pocos pensadores contemporáneos que reflexionan muy cerca de los movimientos sociales y son muy útiles sus ideas. Atemperándolo a los momentos actuales, es un pensador socialista, hay algo central en su reflexión, para romper los límites de lo posible tenemos que pensar en las tareas de aquí y ahora cómo hacer una transición socialista. Él teorizó mucho sobre la transición socialista en el caso cubano y ahí el Centro Martin Luher King, la sociedad cubana, los jóvenes, tienen un gran camino por aprender, hacerse de él y seguir, pero también todos los latinoamericanos, tenemos en este pensamiento grandes referencias.

¿Cuáles son los aspectos del pensamiento de Fernando que te han hecho problematizar en una mayor medida?

Magdiel: Primero el tema de la transición socialista es muy importante, precisamente en tiempos en los que hablar de socialismo está mal visto, en el que una gran parte de movimientos sociales lo han dejado de lado adecuándose a las políticas que se dicen realistas. Él plantea que no se puede hacer de lado el tema del socialismo; el desafío de avanzar con una propuesta política socialista lo tenemos que hacer en el aquí y el ahora a pesar de todas las adversidades; lo cual no es solo para Cuba sino también para cualquier otro país, eso implica o nos demanda en momentos de tanta debilidad como los que tenemos ahora, plantear una ofensiva cultural, que es también política, es la conexión de lo político y lo cultural para poder avanzar en esta liberación. Ligado a ese tema de la cultura, Fernando da muchas pistas para que comprendamos lo popular, las complejidades de las acumulaciones culturales que tiene un pueblo y entender que en la la diversidad está la riqueza, y cómo los grandes complejos culturales que conforman a los sujetos populares no son un freno para la lucha sino algo con lo que debemos saber trabajar. Derivado de esto es muy rica también su comprensión de la religión, lejos de las lecturas dogmáticas que la satanizan, él va a entender lo importante y lo subversiva que puede ser en muchos momentos de la lucha revolucionaria; asimismo defiende los elementos de lo nacional, que en algunos lugares se reniega de ello y se le ve como un obstáculo; además pone en duda que solo son los trabajadores obreros, industriales los sujetos de cambio, en lugar del pueblo en su conjunto. En fin, nos da muchas pistas de ese camino de la lucha revolucionaria.
Hay una cosa brillante de él en su reflexión permanente, en sus reflexiones sobre Antonio Guiteras, sobre el Che, sobre Fidel, que es la determinación personal, rompiendo el fatalismo geopolítico, de que la economía es la que determina todo y tenemos que estar a expensas de que las estructuras económicas nos digan cuándo un tiempo es benéfico o propicio para una transformación. Fernando insiste en cómo las grandes revoluciones han dependido en sus inicios de la determinación personal, entendida en cómo una persona va tomar la decisión de romper con los límites de lo que aparece como lo posible, ir más allá y abrir puertas a la historia donde no las había. La voluntad individual transformándose luego en colectiva es la que puede abrirle a los oprimidos, a los dominados, puertas a la liberación.

Teniendo en cuenta la importancia de esta investigación ¿cómo se puede acceder a ella?

Magdiel: Hay un trabajo que también le corresponde al Centro Martin Luther King, pues gran parte de sus investigaciones más recientes fueron publicados o presnetados en ponencias, en la Revista Caminos, en antologías, en Paradigmas, como el texto en elue q planteaba los problemas y desafíos del anticapitalismo en América Latina a partir de la vida de Fidel Castro. Hace poco se publicó en la página de CLACSO una antología llamada “Pensar en tiempos de revolución”, que a mí me tocó seleccionar, organizar y prologar; es hasta ahora el material más abundante con a tarvés del cual se puede acceder a su pensamiento, 38 textos que dan un panorama abarcador de sus ideas. Esta investigación la estoy trabajando para que pueda ser publicada. También hay otros espacios como el blog La tizza que está publicando sus materiales, y Cubadebate, donde aparecen varios de sus textos sobre política contemporánea cubana. Todo está a disposición de la gente para que los hagan suyos, porque nos dan herramientas a todos, son lecciones para los pueblos que debemos tener en cuenta y abren desafíos colectivos.

¿Tienes alguna anécdota personal sobre Fernando que quisieras compartir?

Magdiel: Hay muchas, muy ricas, algo que creo que pasa con él es primero que era una persona sumamente generosa, un intelectual compremetido, revolucionario, abierto a compartir su saber con todas las personas. Un conjunto de anécdotas que quedan presentes de él nos marcan, nos conforman. Una puede resultar demasiado poco para describir lo que fue.

¿Cuánto tiempo llevas estudiando su obra?

Magdiel: Los conocí a él y a Esther Pérez en un curso en el 2007 en la Florestán Fernandes, del MST, y desde ahí inicié una relación con ellos, me pareció especialmente brillante lo que impartieron, intercambiamos varias veces hasta que tuve la posibilidad de venir a Cuba. Mi investigación fue posible también gracias al apoyo del CMLK, más el de las amistades que conocí aquí.

¿Transformó tu vida este acercamiento a la persona y a la obra de Fernando?

Magdiel: Fernando es una de esas personas que son capaces de alterar las vidas, en el mejor de los sentidos, en encender motivaciones de todo tipo, de pensamientos, prácticas. Debo insistir en que fue un gran intelectual, de Cuba y de América Latina. Te transformaba el contacto con él, en esa motivación que es el asumir como un reto hacer una revolución, es la impronta que dejó en la gente que estuvo cerca de él o ha sido alcanzado por las dimensiones de su pensamiento.

¿Socialismo sin anticapitalismo? La cuadratura del círculo

Ariel Dacal

“La transición socialista que no plantee sus bases anticapitalistas solo alcanzará la cuadratura del círculo”
Ponencia presentada por el autor en la Mesa de Debate: Marx y una economía política para la transición socialista, Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello”, 16 de mayo, 2018

Pareciera que el problema fundamental de Cuba es económico, y por tanto debería centrar toda nuestra atención. Pero, ¿qué es lo económico? Contrario a esa idea, pareciera que el problema es político, y que este debería ser nuestro enfoque prioritario. Pero, ¿qué es lo político?

Para comprender la realidad cubana, ambos referentes tienen limitado alcance interpretativo el uno sin el otro. Sin embargo, ambos cobran sentido al preguntarles ¿a qué proyecto social sirven?, ¿a qué condición del ser humano tributan?, ¿a qué comprensión sobre la naturaleza responden?

El modo de relación entre lo natural, lo social y lo humano tiene carácter histórico concreto. Épocas, sistemas, modelos, cosmovisiones e ideologías dan cuenta del largo tránsito de lo económico y lo político como soluciones a esa relación. Tránsito que ha dejado, esencialmente, una traza de disputas antagónicas entre la libertad y la opresión, la que desde hace un buen tiempo se polariza entre dos referentes: el capitalismo y el comunismo.

Las líneas gruesas de la teoría sobre la transición al comunismo enmarcan un proceso histórico contrario a las relaciones de producción capitalistas. Este pretende superar la contradicción entre el creciente carácter social de la producción y la apropiación privada de la riqueza por una minoría, y supone el avance del control político de la clase trabajadora en su condición de productora y propietaria colectiva. En una formulación más abstracta, busca dirimir el conflicto entre el Capital y el Trabajo.

Dentro de ese proceso, la construcción del socialismo se concibió como comunismo inicial, incipiente, incompleto, contradictorio y conflictivo, donde coexisten atributos económicos, sociales y culturales del nuevo y del viejo orden.

El análisis sobre esta transición tiene dos dimensiones, una teórica y otra política. Si bien no siempre se acompañan en su desarrollo, sí se atraviesan permanentemente en la pregunta ¿qué soluciones políticas derivan del marco teórico, y qué soporte teórico tienen las soluciones políticas?

Con más de un siglo de existencia, los debates y experiencias prácticas sobre la transición socialista, aun y cuando cargan pesados lastres históricos, vuelcan todos sus acumulados en la agenda política actual frente al mismo acuciante problema ¿cómo gestionar las relaciones naturales, sociales y humanas que pretenden un orden nuevo, no capitalista?

Al esbozar la historia de esta transición aparecen algunas alertas:

a) el proyecto comunista se diluye en la formulación “construcción del socialismo” como estado permanente;

b) se obvia el carácter antagónico del capitalismo y el socialismo pretendiendo un orden de convivencia donde se agregue lo mejor de ambos, una tercera vía que haga emerger, incluso, un capitalismo con rostro humano;

c) se sustituye, como principio, el control político directo de la clase trabajadora por un grupo social que la representa;

d) se modelan conceptos y estructuras para la conciliación de las clases

e) se desvinculan el papel de la conciencia en la transformación social y las prácticas socializadoras que la motiva;

f) se infiltra el supuesto carácter independiente de la economía, y con ello la mercantilización como esencia inamovible para toda nueva forma de acumulación y relación productiva;

g) la distribución justa de las riquezas como principio y la planificación como método, parecen malas palabras;

h) la igualdad, la cooperación y la complementación y la asociación libre de productores libres se presentan como buenas intenciones poco realistas.

El camino de disputa entre el capitalismo y el socialismo, lleno de matices e historias específicas, arrastra una pregunta política central ¿quién vencerá a quién? Ese quién se desagrega en referentes clasistas en particular y humanos en general, y describe visiones encontradas sobre la relación de lo económico y lo político como modo de reproducción material y espiritual de la existencia natural, social y humana.

Llegado a este punto, aparece una reformulación al problema fundamental de Cuba ¿es posible plantear el socialismo como proyecto político, económico y cultural sin enunciar sus contenidos anticapitalistas? ¿Qué significa ser anticapitalista? ¿Qué exigencia pone esta perspectiva a las reformas en curso?

Estos no son debates nuevos, los mismos están desglosados desde la década del 20 en la Rusia soviética. Asuntos como las formas de propiedad, el uso del dinero, la ley del valor y el mercado, las distintas formas de incentivar el trabajo, redundan en tensión permanente entre el nuevo orden que no acaba de nacer y el viejo orden que no acaba de morir.

La Nueva Política Económica (NEP), conjunto de medidas provisorias implementadas en Rusia después de la devastadora guerra civil, implicó una estructura económica heterogénea y con incentivos diversos, así como contradicciones en las esferas de la política, las clases sociales y la cultura. La misma fue concebida como concesión táctica al mercado y a los explotadores, no como estrategia de desarrollo. Se planteó la búsqueda de un modo de acumulación originaria socialista que promoviera, a un tiempo, el desarrollo de los niveles de las fuerzas productivas existentes, y la priorización de formas de gestión de la propiedad social en manos del proletariado.

Se abría así un cúmulo de experiencias e interpretaciones sobre la transición socialista que abarcó, pasado el tiempo, las prácticas en Europa del Este, China, Vietnam y Cuba. Las mismas condensaron la necesidad de democratizar las relaciones económicas y políticas en dos niveles:

a) superar las lógicas, estructuras y naturalizaciones legadas por el Capital; y
b) desburocratizar las estructuras erigidas en nombre del Trabajo.

¿Qué preguntas hacer a la realidad cubana desde esos añejos dilemas? Para esbozar algunas respuestas, parto de comprender que la discusión teórica sin proyectos políticos no tiene mucho sentido. Al igual que, sin proyecto, carece de mucho sentido debatir las soluciones políticas que la realidad describe como hecho o como posibilidad.

Un dato concreto de nuestra realidad es la convivencia, con mayor o menor amplitud, de estructuras socioeconómicas heterogéneas, formas de gestión productiva privada, cooperativa, comunitaria, individual, estatal y mixta. Estructura que describe a las relaciones de propiedad y producción socialistas como fundamental.

Frente a este hecho se abren, al menos, dos proyectos políticos:

a) asumir que la negación de las lógicas y predominio del gran capital no implica rechazar su presencia dentro de las formas productivas del modelo, con perspectiva de permanencia estable dentro del mismo;
b) acumular formas de gestión socializadoras de la producción para lograr finalmente la superación de los rasgos capitalistas contenidos en la estructura socioeconómica actual.

Ambos proyectos políticos plantean problemas teóricos distintos. ¿La construcción del socialismo significa el orden último superior al que podemos aspirar? O por el contrario, ¿esta etapa es un repliegue táctico, un mal necesario que exige acumular fuerzas en el sentido socializador del poder, la producción y el saber?

Desde la NEP aparece una tendencia que Néstor Kohan califica como “socialismo mercantilista1”. Frente a la necesidad de aumentar la productividad, se sedimentan variables como “participación democrática”, “eficiencia económica” y “autogestión financiera” de las empresas, las que en la práctica se subordinan a la búsqueda desenfrenada de ganancia como eje central del modelo de desarrollo que, al mismo tiempo, justifica liberar el mercado laboral y negociar intereses con el capital internacional para la inversión.

La ganancia individual, la competencia y el consumismo desenfrenado resultantes de esa búsqueda, tensan la posibilidad de desarrollar un modelo de “complementariedad entre consumo y producción, entre gestión y administración, entre participación popular comunal y planificación macroeconómica centralizada”; así como entorpece la consolidación de una conciencia colectiva que sustente la creación de una sociedad justa para todos y todas.

La lógica capitalista de maximización de la ganancia es una tensión permanente para el proceso de transición socialista por su propensión a subordinar todos los ámbitos natural, social y humano. La complejidad de este asunto no se reduce a una u otra forma de gestión. “¿Habrá mayor conciencia socialista en quienes sólo se involucran, de modo “cooperativo”, si hay dinero y ganancia privada de por medio?” ¿La función de la empresa es siempre, inclusive de la socialista, maximizar ganancias, como afirman empresarios estatales en Cuba? ¿Esta lógica es exclusiva del sector privado, como dan a entender algunos discursos?

Si bien la crítica a la economía política del capitalismo resulta indispensable para el desarrollo de un orden de relación natural, social y humano alternativo, esta no es suficiente. Hay que desarrollar, al mismo tiempo, una crítica a la económica política del socialismo realmente existente, a la teórica y práctica que sustentan el desafío emancipador de la transición socialista.

Para ese empeño sería pertinente tomar en cuenta algunas claves teóricas y políticas:

a) La economía no es un ámbito independiente de la realidad. Las cuestiones técnicas que la acompañan no son neutrales. Asumirla acríticamente es un peligro para todo proyecto liberador.
b) La economía es una decisión política siempre. Cualquier modelo económico es una apuesta por un proyecto político y cultural.
c) La transición socialista lo es también respecto a las formas de hacer política, de transparentar y debatir las esencias y contradicciones del proceso, de empoderar a los oprimidos y oprimidas.
d) La promesa de extender la democracia a la esfera económica, social y política sigue siendo contenido para el socialismo.
e) La igualdad, la planificación, el empoderamiento de la clase trabajadora, la cooperación, la prevalencia del valor de uso y la desmercantilización de la vida tienen que ser reinventados en sus formas concretas, no desechados como principios.
f) La necesidad táctica no puede convertirse en virtud estratégica. Un conjunto de medidas coyunturales no devendrán en principios necesariamente.
g) La transición socialista que no plantee sus bases anticapitalistas solo alcanzará la cuadratura del círculo.

Los problemas fundamentales de Cuba pueden plantearse desde muchas perspectivas. Pero poco podrá avanzar la comprensión sobre los mismos si no prestamos atención, también, a los vericuetos de la economía política, ese terreno de disputa por excelencia entre el capitalismo y el comunismo, episodio más reciente del antagonismo histórico entre libertad y opresión.

Notas:
[1] Ver: Néstor Kohan. La transición socialista. Problemas de la economía política. www.cipec.nuevaradio.org

Te fuiste para apurarnos

Alejandro Gumá

A. “El anuncio de los tiempos que vendrán”
Siempre que alguien se ponía a la cabeza de una meta cuyo tamaño excediera las fuerzas propias –al menos las fuerzas conocidas y supuestas–, toda vez que una persona oponía su voluntad a valladares de semblante infranqueable, cuando cualquiera mostraba empecinamiento tras objetivos en desuso o mal usados, Fernando Martínez Heredia les apoyaba en el hombro un aserto: “eres el anuncio de los tiempos que vendrán”. Quien lo afirmaba, sin embargo, no creía en destinos inexorables. Ningún tiempo llega solo. Ningún anuncio sin práctica puede traerlo. Tampoco, cualquier práctica.

Si asumimos bien las ideas que pasó la vida defendiendo, no haremos de ellas el fijador de un retrato suyo, el salvoconducto de algún capítulo de tesis, o la cita sin vocación, a la postre, traicionera. Si las asumimos bien tendremos que crearles instrumentos, sin confundir al instrumento con la idea; conducirlos, sin semejar la conducción con el monólogo; y desarrollarlos para que sigan dando de sí.

Anoto algunos principios que aprendimos en su voz entrecortada y tosedora:

1. Al plantearnos actuar en política debemos tomar en cuenta las condiciones de partida, no para someternos a ellas sino para trascenderlas –incluidas las condiciones creadas por la cuarta Revolución Cubana, de 1959. Esta superación mediante la práctica es el vector más importante de la reproducción ampliada de un proyecto de liberaciones y el modo de prefigurar un espacio futuro al cual referir las actuaciones del presente y sus promesas.

2. Para no ser cómplices de esa ganancia de la dominación que implica naturalizar los fenómenos sociales y los productos de la actividad humana, debemos estudiarlos –y comprenderlos– en su historicidad.

No asumir como “dados” los procesos o relaciones que pudieran impedir la liberación de las personas y las sociedades, pero tampoco, los que pudieran ayudarnos a hacerla avanzar. En el primer caso, para no suponer una predestinación que después de largos períodos de procesos revolucionarios estos se rutinicen o, al cabo, terminen siendo vencidos, idea que ya Fidel Castro había planteado con audacia en 20051. En segundo lugar, para no creer(nos) que es un resultado evolutivo la sociedad de bienandanzas y emancipaciones por la que Fernando pugnaba. Hay que ganarla luchando.

La historicidad es también un valor para la asunción de los legados y del pensamiento.

3. Consecuente con los dos puntos anteriores, Fernando no fue nunca martiano, fidelista y marxista de forma mimética. En su concepción de la cultura y de la lucha cultural, por ejemplo, se pone de manifiesto su capacidad –que es la misma de todo pensamiento revolucionario– de concebir ideas superiores a las condiciones vigentes. Fue sin dudas un martiano histórico al entender que la posesión de cultura –“ser cultos”– aunque nos predispone a ser libres, puede predisponernos también a no serlo. Valga aclarar que “ser cultos” para Fernando no incluye únicamente los atributos que desde un sentido común decimonónico encasillan esa cualidad, sino implica –sobre todo en el mundo de hoy– ser convivientes de procesos culturales, portadores de significaciones diferentes y hasta contradictorias, y reproductores en escalas desiguales de la cultura que portamos.

Por ello siempre encontramos en Fernando un cuestionamiento de los contenidos de la cultura que se posee, y la apelación a apoderarnos de y crear una cultura determinada, donde no caben las discriminaciones de ningún tipo, ni las jerarquías que justifican la explotación, ni el tratamiento de las identidades –personales o nacionales– como muñecos de feria.

Cuando José Martí escribió en “Maestros ambulantes”, 1884, aquella idea famosa que todos citamos2, la ignorancia era el principal instrumento de dominación. Desde mediados del siglo XX comenzó a serlo la cultura misma.

Armado de esa certeza, por haber estudiado a fondo aquel tránsito, es que Fernando aboga por una emancipación que debe serlo también –si aspira a la sostenibilidad– en los contenidos de la cultura, y rebasa la explicación de esta última como antónimo de ignorancia. Por eso puede decir, en la madurez de su concepción, “la rebeldía es la adultez de la cultura”[3]. Y al conferirle valor político, amplía sus predios, le asigna nuevas tareas. Porque mientras ella no es rebelde permanece infante, sujeta, minusválida, postrada por el fardo secular de la opresión, que en la medida en que fue sofisticándose utilizó a la cultura como vehículo de oscurantismo y sumisión.

4. El socialismo no es en Fernando Martínez Heredia un lugar “al cual” llegar sino “del cual” llegar, a otro superior –el comunismo–. Por tanto, siempre usó el concepto de “transición socialista” –y no de “construcción del socialismo”– para llamar la atención sobre dos aspectos decisivos: a) el carácter que debía tener la transición para conducirnos a cotas de libertad y justicia superiores, y b) la condición conflictiva e inacabada de un camino donde solo en la medida en que cambiamos la vida, las relaciones sociales y a nosotros mismos de un modo revolucionario, nos acercamos al horizonte comunista.

Delante de esta idea para Fernando va Ernesto Guevara, con su llamado de “(…) empezar a construir el comunismo desde el primer día, aunque nos pasemos toda la vida tratando de construir el socialismo”[4].

Una consagración total a ese propósito basta, para que como le ha sucedido al Che, Fernando no sea tampoco visto como un hombre del pasado histórico de la revolución, sino de su futuro.

5. Más referida al trabajo de ciencia social y pensamiento social, el autor de Cuba en la encrucijada nos deja una lección que refrendó con su propia obra: la objetividad está en el modo como encaramos los objetivos, pero no en la ausencia de estos. Dos principios lo sustentan:

a). Que todo trabajo de ciencia social –y todo científico social– persigue objetivos “extra científicos”, tiene intereses ideológicos. Lo que resta valor a la ciencia social es la pretensión de neutralidad e imparcialidad, y no las finalidades políticas que le animan.

b). Que, por lo tanto, el medidor de “cientificidad” no está en la “pureza ideológica” –inexistente e improbable– de la ciencia social, sino en la seriedad, rigor y honestidad intelectual con que el científico social encara o sustenta sus filiaciones al hacer ciencia5.

6. La combinación entre militancia y libertad es necesaria no solo al hacer trabajo intelectual, sino a la hora de conducirnos como ciudadanos, de pensar con cabeza propia, de imaginar futuros para los cuales el pensamiento no puede tener ataduras. Es preciso “convertir los ideales en militancia y la militancia en ideales”[6].

B. Los revolucionarios no enviudan
La clausura del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana (1963–1971) y de la revista Pensamiento Crítico (1967–1971)[7], fue un episodio duro. Tan bien lo comprendió Fernando que no pudo secarlo el ostracismo ulterior. No transigió con la “autocrítica” que le sugirieron. No pactó. Supo distinguir entre la revolución y sus usufructuarios. En el tiempo que sobrevino chocó a consciencia una y otra vez con la misma piedra –solo así las piedras ceden–.

Y jamás enviudó. Tampoco los de su grupo, los de su estirpe. A no enviudar le ayudó la idea de que “se gana mucho con la derrota si uno no se convierte en un derrotado”[8]. Los inmaculados no han vivido jamás revoluciones, aun cuando su ciclo vital transcurra dentro del ciclo histórico de alguna. O aun cuando supongan actuar en su nombre, administrar sus legados, conducir sus estructuras. Debemos desconfiar de aquellos a los que siempre les va bien en las revoluciones. Y desconfiar de la prevalencia del carácter revolucionario en procesos donde la estabilidad de la norma obsede más que el ejercicio de su interpelación.

Llena de abolladuras nos entrega Fernando su indumentaria. Ninguna es moral. Él ha estado en revolución. En brega por un socialismo que no llegue a homologarse con el pedacito de poder personal de un grupo9. O que, como gustaba repetir, citando a Lezama, no se vuelva tan pequeño “que quepa en la chapita de una botella”. Él jamás permutó del centro de una batalla para evitarle al pensamiento la humillación de “adorno” o “actividad permitida”. Allí se mantuvo para volverlo un prefigurador de caminos y un chofer de la política.

Los inmaculados, ¿qué indumentaria exhiben?, ¿cuáles abolladuras?

C. Profeta, periodista, historiador
Fue decisivo aquel curso que impartiera Fernando en el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, entre el 3 de marzo y el 12 de junio de 2015: “El marxismo de Marx, problemas de su conversión en instrumento revolucionario mundial”[10]. Quince sesiones de cinco a seis horas los martes y catorce de ocho horas los viernes. Recesos fugaces, como este suyo de ahora.

Fernando, renqueante, trepaba hasta el salón. Su esperanza ardía con la misma intensidad sobre 26 personas que sobre 7. Bromeó el primer encuentro con aquella premonición de Máximo Gómez cuando las tropas bajo su mando salieron hacia Occidente en la invasión: “En estas filas que hoy veo tan nutridas, la muerte abrirá grandes claros”.

De Carlos Marx y La Gaceta Renana a José Martí y aquel opúsculo en La Edad de Oro donde Fernando nos enseñó a ver fundamentado el comunismo11. De las Cartas a Kugelmann12 y Lenin pidiendo que todos las clavasen en las paredes de sus casas, al Che que desde Tanzania le dice a Armando Hart: “(…) ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar”[13].

En tamañas travesías se nos fue revelando cuán preciso era Fernando en aquella forma jocosa de describirse: “yo he sido a un tiempo profeta, periodista e historiador. Primero me ha tocado alertar: ‘va a pasar esto’; luego decir: ‘está pasando esto’; y por último contar: ‘pasó esto’”.

Entendimos en toda su complejidad personal y social el valor de esa tríada al abordar en sus clases el segundo intento de universalización del marxismo, que a diferencia del primero, aconteció en el tercer mundo hacia la segunda mitad del siglo pasado. Y en el fragor de ese segundo intento, desde la Cuba de los 60, descubrir al imberbe que se fuga con su revólver de una escuela emergente cuando ante la Crisis de Octubre llega la orientación a los alumnos de permanecer estudiando14; que, cuatro años y varias broncas después escribe la pieza fundamental de su profecía: “El ejercicio de pensar”[15]; que analiza los reveses –con optimismo histórico– mientras suceden, en ese testimonio de la resistencia y el pase a la ofensiva que es En el horno de los 9016; y que en las dos décadas siguientes argumenta –andando en la historia17–, por qué seguir abrazado(s) a idéntico mástil.

Era el mismo Fernando que nos insistía: “ustedes la tienen más difícil que nosotros: nosotros lo teníamos todo más claro, ustedes lo tienen todo menos claro”, y añadía: “quizás porque está todo menos claro ahora”.

Rumiando las posibles causas de esa menor claridad, se me ocurre que una de ellas está asociada a que la lucha por el relanzamiento de la revolución en Cuba debe vérselas con un asunto muy serio: el de las propias creaciones de la revolución. ¿Cómo lograr que esas creaciones se trasciendan sin negarlas? O dicho de otra manera: ¿cómo convertir la superación en causa principal de su pervivencia? ¿Cómo evitar el drenaje de sus contenidos? Las respuestas supondrán encontrarles rápido a nuestros vehículos un nuevo modo de funcionar, porque ellos también nos conducen.

D. Allí donde renazca, hacerlo envejecer
Nos contaba Fernando que en algún momento de su ostracismo su hija Liliana le preguntó: “papá, ¿tú eres el jefe de la generación del silencio?”, a lo que él no supo responder. Después bromeaba con un pensamiento que lo asaltó en sordina: “caramba, si esta muchacha sigue avanzando tendré que matarla”.

Me regocija que la suya, la de sus compañeros, no haya resultado ser la generación del silencio.

Muchos atribuyen lo anterior al fracaso del “socialismo” en Europa del Este, que interpretan como la coyuntura que les dio la razón y los colocó otra vez en la palestra. Yo prefiero asociarlo a algo no coyuntural: la permanencia en ellos de la idea, los principios y una forma específica de defenderlos.

La generación a que pertenezco tiene entre sus peligros el de la repetición o el adocenamiento, lo cual a la larga terminaría convirtiéndola en una generación del silencio, pero de uno peor: antes de ser acallados luchando, enmudecer sin haberlo hecho.

Entonces, nos corresponde hablar donde quiera que se abra un espacio digno, y martianamente, con los actos: como mejor se habla. Ser conscientes de que tan perjudicial e indecoroso resulta servir a emisarios de lógicas empresariales, los que colocan la motivación fuera de la idea, como a la poda de las ideas en nombre de la custodia del socialismo. Darnos nuevos medios de expresión y salvar entre todos los que existen. Saber distinguir bien cuáles son las demarcaciones de nuestro campo, para ensancharlas y volverlo el campo más grande. Las revoluciones no se administran, se hacen.

Si es con ojos de funeral que en derredor miramos, Fernando deja un claro terrible en tropas menos nutridas que antes. Pero esos son solo ojos de cristal, de ver afuera. Los suyos, los de afilada cuenca y bolsón debajo, nos dicen que entró a movernos mejor, con esa forma de “orientar” –¿o debería decir “proponer”?– a la que una pedagogía política en la transición socialista no puede dar espalda.

Falleció el 12 de junio de 2017. El mismo día, dos años antes, cerraba el último seminario del curso que nos cambió la vida.

Acertó aquel compañero suyo cuando en uno de los homenajes póstumos inició así su intervención: “A Fernando no digo ‘donde quiera que esté’, porque Fernando está en todas partes’”. Tenía que estarlo para el amigo de tanto trecho.

Pero cuando apenas comenzaba a llenar partes de mi generación, se fue Fernando. Estoy por creer que para apurarnos.

Si ya provoca escándalo morirse a los 78 años sin geriatría, seguir siendo joven en la muerte es un bochorno para los vivos. Él sabe que volverá con frecuencia, pero quiere, necesita, regresar más viejo cada vez. Ayudemos al hereje. Ahora somos los responsables de su ubicuidad, que cambió el “don” por la conquista.

Notas
[1] http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2005/esp/f171105e.html

[2] “Ser culto es el único modo de ser libre” Martí, José (1884): “Maestros ambulantes” en José Martí. Obras completas — Edición Crítica, Centro de Estudios Martianos, 2016, p.124.

Nota del autor: Propongo la lectura completa y cuidadosa del artículo de José Martí para una mejor comprensión del uso que hace del concepto “cultura” y de los problemas específicos a que con él se enfrenta.

[3] http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2007-10-07/che-expresion-viva-de-la-herejia-cubana

[4] Martínez Heredia, Fernando (2001): “El Che Guevara: los sesenta y los noventa”, en El corrimiento hacia el rojo, Editorial de Letras Cubanas, La Habana, pp. 254–255.

[5] Dos ejemplos clásicos paradigmáticos –y diferentes entre sí– son Karl Marx (1818–1883) y Max Weber (1864–1920).

[6] http://www.epoca2.lajiribilla.cu/articulo/4546/un-duelo-de-labores-y-esperanzas

[7] Para ahondar sobre las causas del cierre de ambos empeños, propongo la lectura de “Pensamiento social y política de la Revolución”, conferencia dictada por Fernando Martínez Heredia como parte del ciclo La política cultural del período revolucionario: memoria y reflexión, organizado por el Centro Teórico-Cultural Criterios. Puede verse en: Martínez Heredia, Fernando (2010): El ejercicio de pensar, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

[8] Martínez Heredia, Fernando (2010): El ejercicio de pensar, Editorial de Ciencias Sociales, Ruth Casa Editorial, La Habana, p.76.

[9] Martínez Heredia, Fernando (2017): “No seamos siervos de ellas: trabajemos con ellas”, en: Cuba en la encrucijada, ob.cit., p.137.

[10] El curso está grabado en su totalidad y ya se edita para su publicación.

[11] “(…) y en que ha de parar el mundo, cuando sean buenos todos los hombres, en una vida de mucha dicha y claridad, donde no haya odio ni ruido, ni noche ni día, sino un gusto de vivir, queriéndose todos como hermanos, y en el alma una fuerza serena, como la de la luz eléctrica”, Martí José (1889): “La última página”, en La Edad de Oro, p.128, disponible en: https://elsudamericano.files.wordpress.com/2017/06/jose-marti-la-edad-de-oro.pdf

[12] Ver: https://www.marxists.org/espanol/m-e/indice.htm

[13] Carta del Che Guevara a Armando Hart Dávalos, Dar-Es-Salaam, Tanzania, 4 de diciembre de 1965, disponible en: https://www.rebelion.org/hemeroteca/argentina/filosofia310702.htm

[14] Ver entrevista a Fernando Martínez Heredia en: Suárez Salazar, Luis y Dirk Kruijt (2015): La Revolución Cubana en Nuestra América: El internacionalismo anónimo, Ruth Casa Editorial, libro electrónico.

[15] Véase en: Martínez Heredia, Fernando (2010): El ejercicio…, ob.cit., pp.139–158.

[16] Martínez Heredia, Fernando (2005): En el horno de los 90, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

[17] Ver Martínez Heredia, Fernando (2009): Andando en la historia, Instituto Cubano de Investigación Cultural (ICIC) “Juan Marinello” y Ruth Casa Editorial, La Habana.

Proyecto histórico, Constitución y legitimidad

Ariel Dacal

La instalación de la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) trajo consigo el despeje de algunas dudas, la revelación de nuevos términos y plazos para la transición generacional y la señal oficial de arrancada del proceso de reforma constitucional.

Como resultado concreto, Raúl Castro no se mantuvo en los espacios de dirección del Estado y del Gobierno, pero encabezará las principales decisiones que se tomen en el país, al tiempo que brinda su legitimidad y peso político como garantía y respaldo a Miguel Díaz-Canel como su sustituto. En el Consejo de Estado permanecen Ramiro Valdés, como vicepresidente, y Guillermo García como miembro, ambos representantes de la generación histórica.

Añádase que Raúl y Machado Ventura se mantienen como Primer y Segundo Secretario del PCC, respectivamente, hasta el año 2021 y que desde esa organización partidista provienen las principales propuestas políticas del país, rol ratificado reiteradamente.

Estos datos van en paralelo a la renovación de miembros del Consejo de Estado, el carácter civil de este órgano (solo Leopoldo Cintra Fría, Ministro de las FAR, representa al sector militar) y a la elección para el máximo de una figura que no proviene de los históricos. Sin embargo, se puede afirmar que no ha concluido la transición generacional.

Es válido anotar que la continuidad de las políticas de la reforma no está determinada por la permanencia de las figuras históricas en los espacios decisores. Tampoco está determinada la ruptura de la institucionalidad producida después de 1959 por la nueva generación. El entramado de condiciones que apuntan a uno u otro horizonte es mucho más complejo que únicamente definir el grupo etario que ocupa los principales cargos partidistas, estatales y gubernamentales.

Otro resultado importante de la sesión constitutiva de la nueva ANPP fue el anuncio de que iniciará oficialmente el proceso de reforma constitucional. Tómese en cuanta que este es el asunto pendiente de mayor envergadura dentro de los cambios encaminados a partir del 2007.

Respecto a lo anunciado, valga destacar la prevalencia de una opción más democrática en la definición de los pasos que tendrá el proceso. La misma se concreta en la consulta popular sobre el proyecto de Constitución y la posterior realización de un referéndum. Contrario a esta opción, se especuló sobre la posibilidad de circunscribir las discusiones solo a la ANPP. No obstante, el alcance democrático del proceso que se avecina dependerá de reconocer y adecuar los límites que experiencias anteriores han tenido en cuánto a métodos, espacios, instituciones y sectores definidos para la consulta, los debates y las decisiones finales.

Hasta ahora se conoce que el próximo mes de julio se encargará a una comisión de diputados y diputadas la redacción y presentación a la Asamblea del proyecto de nueva Constitución. Algunas preguntas serían pertinentes sobre el alcance de la misma, por ejemplo: ¿La comisión elaborará la propuesta o trabajará sobre una ya adelantada? ¿Qué nivel de autonomía tendrá para su desempeñó? ¿Se consultará a sectores e instituciones diversas? ¿Qué referentes constitucionales serán tenidos en cuenta? ¿Habrá una cobertura informativa que permita seguir las etapas del proceso y acceder a las visiones diversas sobre los temas específicos que se debatan? ¿Qué método se utilizará para procesar las propuestas y decidir cuáles se incluyen?

Si bien la señal de arrancada se dio el pasado 19 de abril, algunas pautas de la reforma han sido adelantadas por representantes de la oficialidad. De igual manera han aparecido propuestas diversas en varios espacios sociales. Esto significa que el debate no ha esperado por este anuncio y que la continuidad del mismo debe ser asumida como parte de la riqueza democrática del proceso. Sería poco alentador que algunas zonas de esa riqueza quedaran fuera de las consideraciones para la definitiva redacción del nuevo texto constitucional.
Algunos de los temas que han emergido son,
a) la unificación de los puestos claves del Gobierno, Estado y Partido en una solo persona;
b) la limitación a dos mandatos de cinco años cada uno para ocupar los cargos principales del Estado y el Gobierno,
c) la ratificación el rol del PCC como partido único dirigente del Estado y la Nación,
d) la ratificación del carácter socialista del Estado cubano,
e) la composición de la ANPP (cantidad de miembros y representatividad),
f) la profesionalización de la Comisión Electoral,
g) la actualización de los derechos, deberes y garantías constitucionales,
i) la actualización de los capítulos de ciudadanía y familia,
j) la reformulación del régimen de propiedad
k) la pertinencia de un tribunal constitucional
i) la potenciación de los municipios dentro del sistema del poder popular

Estos puntos, y muchos más, deberían movilizar la reflexión, propuesta y decisión popular, con el objetivo de crear una Ley de leyes capaz de resguardar, al menos en sus postulados básicos, el proyecto histórico de nación con justicia social y soberanía. Proceso que por su alcance democrático ha de contribuir a que el tránsito generacional en la dirección del país gane en legitimidad para su gestión de gobierno.

(Este texto también aparece publicado en el sitio web Cubaposible)

Diez matrimonios pastorales perdieron la vida en la tragedia: “Humanamente no existe consuelo”

Solo hoy pude acercarme al Hotel Tulipán de La Habana y el dolor es el mismo desde el viernes del accidente. Allí permanecen en vilo los familiares de las víctimas de la tragedia aérea acontecida en Cuba el 18 de mayo de 2018 donde perdieron la vida 110 personas. Estremece acompañarlos.

En uno de los patios interiores de la instalación, el reverendo Leonel Jesús López Ortiz, superintendente nacional de la Iglesia del Nazareno, nos esperaba junto a su familia. El pastor ha vivido cada minuto de luto y tristeza de Cuba “desde el mismo instante que ocurrió el accidente, porque estaba allí”.

En el vuelo DMJ 0972 que cubría el avión Boeing 737-200 arrendado por Cubana de Aviación a la empresa mexicana Global Air, viajaban diez matrimonios pastorales de la denominación cristiana evangélica Iglesia del Nazareno.

“Había ido a despedirlos, a los diez matrimonios pastorales que fallecieron, y a otros que viajaban a otras provincias. Supe que había ocurrido un accidente, veía el humo, pero no podía creerlo. Luego me confirmaron que ese era el vuelo donde iban nuestros hermanos”, dice poco a poco.

Con ocho meses de anticipación, los pastores de la Iglesia del Nazareno habían planificado la Conferencia Nacional que los traería a la capital cubana. “Participaron en un evento muy bueno para ellos. Vinieron y regresaban en avión, en este vuelo que lamentablemente tuvo este terrible accidente. Todos los matrimonios son de la provincia de Holguín, y uno reside entre los límites de esta provincia oriental y Las Tunas”, explica Leonel Jesús.

Asegura el presidente de la Iglesia del Nazareno que inmediatamente todas las iglesias se solidarizaron para atender a todos los familiares, “los que estaban aquí en La Habana y allá en Holguín”.

“La iglesia está atendiendo a todas las familias, especialmente a los niños, tenemos alrededor de ocho a diez menores de 15 años que han perdido a sus padres y están recibiendo la asistencia de la iglesia y de la familia más cercana, asistencia especializada de las instituciones de Salud de la provincia de Holguín, del país”.

Desde el sábado, el reverendo no solo acompaña “a los familiares de nuestros pastores, a nuestros hermanos, sino a todos los que están aquí, porque todos compartimos el mismo dolor. Nosotros tenemos otros recursos espirituales para enfrentarnos a esta situación, pero otros quizás no. Por eso también estamos aquí”.

Este domingo, las 137 iglesias de esta denominación evangélica en Cuba abrieron sus templos “para orar y acompañar a las familias, a toda persona que ha perdido a un ser querido. Especialmente en Holguín se celebró en la iglesia central de esta provincia un culto público con varias denominaciones —otras comunidades cristianas—, las que nos han brindado su abrazo desde el primer momento.

“Todos los presidentes nacionales, los hermanos de Cuba nos han enviado mensajes. Mi correo tiene más de 300 mensajes diariamente. No he podido responderlos todos porque me paso el día aquí y llego a casa entrada la noche”.

Según el reverendo ante el dolor el respeto es bálsamo. “Tenemos previsto desarrollar otras actividades memoriales, pero sobre todas las cosas estamos respetando la decisión de la familia. Nuestro superintendente global y el director regional de Mesoamérica están preparando su viaje para venir a Cuba e iremos a Holguín”, asegura.

Con humildad, el pastor Leonel Jesús López Ortiz mira a su esposa para encontrar apoyo e inmediatamente nos pide antes de retirarnos enviar un mensaje de fortaleza a todos los que han perdido a sus seres queridos, a la familia cristiana y muy especialmente a los hijos de los diez matrimonios pastorales:

“Es un acontecimiento muy doloroso, inmensamente triste. Pero a los hijos de nuestros hermanos les decimos que sus padres regresaban a casa cargados de gozo, de alegría, así lo confirmaron en sus testimonios. Traten de recordar a sus padres así y con las enseñanzas de valores cristianos, humanos que siempre les enseñaron, recuerden los mensajes que ellos daban a sus congregaciones, las lecciones de amor que les daban en su propia casa”.

Dice el reverendo López Ortiz que, desde la fe y la esperanza, los hijos de los pastores fallecidos tienen un mensaje bíblico que los reconforta: “Aunque padre y madre me dejaran, Jehová con todo me recogerá. Pero humanamente no existe consuelo. Esto no se explica con palabras”.

Por: Dianet Doimeadios Guerrero
Tomado de: www.cubadebate.cu