INCLUSIÓN SOCIAL: LA TRASCENDENCIA DE LO COMÚN

Mario Flores Lara. Psicólogo Comunitario

Los siete mil millones de seres humanos que respiramos en esta burbuja azul que flota en el universo nos parecemos en pocas cosas. Una similitud cardinal de nuestra especie es que somos Diferentes.
La Diferencia constituye y enriquece la Diversidad, y esta conforma el patrimonio cultural de las sociedades que habitamos. Pero sobre todo, la Diversidad es y será la arcilla fundamental de los proyectos colectivos que aspiran al respeto de la dignidad humana y al bienestar de todxs.
La negación de la Diversidad es un síntoma Colonial, que se fue gestando en la instauración del absolutismo de un proceso civilizatorio de sanguinaria evangelización iniciado en el siglo XV, y que focalizó en tierras de Nuestra América uno de los epicentros subjetivos de la Conquista: la Invisibilidad del Otro.
Y la denominación “Invisibilidad” puede tener un sabor a eufemismo en territorios antillanos, donde los pueblos originarios fueron sometidos a brutal exterminio.
Y también por ahí se van trazando los desafíos para ponderar Lo Común, para potenciar los Proyectos Sociales, para fortalecer los Horizontes Comunitarios; todo ello como antídotos a insuficiencias individualistas, egocéntricas y excluyentes. Los desafíos de Descolonizarnos, de mirarnos con ojos propios, de valorar nuestras raíces, de iluminar las utopías.
Mirar – Escuchar – Valorar la presencia de lxs Otrxs requiere ser un ejercicio de pensamiento crítico permanente, para trascender paradigmas societales sustentados en el Yo y para seguir consolidando una cultura del Nosotrxs.
Un Nosotros donde todxs nos sintamos convocados a fluir en nuestras similitudes y a convivir en nuestras diferencias. Un Nosotras que contemple el diálogo como mecanismo, la voluntad como condición, la multiplicidad como identidad. Un Nosotros que se nutra de corazones nobles, de consciencias humanistas, de sentipensares generosos. Un Nosotras sustentado en el Bien Común y que expanda los Sentidos Comunitarios.

El proyecto de Jesús, miradas desde la inclusión a la familia de Betania.

Mailé Vázquez Avila

Hasta el día de hoy, cuando se piensa en la familia como institución de manera diacrónica, se le piensa como familia tradicional, y no se mira en su diversidad.1 Muchos siguen mirándola como el ideal donde deberían crecer las nuevas generaciones sin analizar los costos personales que al interior de ella se dan, al menos en aquellas aferradas al estilo patriarcal, donde prima la inequidad entre sus miembros.

“La familia tradicional no es una comunidad relacional de personas iguales. Es, más bien, un grupo jerarquizado, en el que funciona un reparto asimétrico de la autoridad: a favor de los padres en las relaciones paterno- filiales y a favor del marido en las relaciones entre los cónyuges. En la familia patriarcal ʻtodos los puestos están fijadosʼ sobre la base de las características adscritas a la edad, el sexo, al orden del nacimiento. En el vértice está el varón, padre y marido, que es el jefe de la familia así como el órgano de la tradición, el intérprete y el árbitro de las costumbres. Sus relaciones con la mujer y con los hijos, lo mismo que las relaciones entre los hermanos, están guiadas por el formalismo frío y respetuoso.”2

El centro de la familia judía era el “padre” 3. Es precisamente por el lugar que ocupa hacia el interior de esta, que se habla de “familia patriarcal”. Resulta un curioso detalle cultural, por ejemplo, que la paternidad- maternidad se sustentaba más en las necesidades económicas que en los afectos. La niñez, como la concebimos hoy, como sujetos de derechos, estaba muy lejos de ser una prioridad como grupo social.

Muchos tipos de familia atraviesan las páginas de la Biblia: las familias extensas y polígamas de los patriarcas Abraham, Issac y Jacob; la familia del rey David, marcada por la traición, las relaciones incestuosas entre hermanos y las luchas por el trono. La familia de dos mujeres viudas, Ruth y Noemí, que se prometen fidelidad; la viuda de Sarepta, como ejemplos de familias empobrecidas. Allí está también el sufrimiento del profeta Oseas, casado con una mujer que se dedica a la prostitución sagrada. En el Nuevo Testamento recordamos al padre compasivo y sus hijos, y la familia de Betania, por solo mencionar algunas.
Este breve recuento nos permite percibir que en la Biblia, como en la vida, las relaciones humanas están mediadas por conflictos, relaciones de poder; condicionamientos económicos que pueden hacer a unos más frágiles, y también por el amor, y la entrega generosa. Son los lentes con los que miramos los textos, y nuestras vivencias personales lo que nos hace preferir un modelo de familia frente a otro, pero este posicionamiento subjetivo no nos da derecho a excluir otras maneras de ser familia.
Uno de los elementos que llamaba la atención del ministerio itinerante de Jesús, es que estaba rodeado de mujeres. Ellas no solo ocupaban un lugar más entre la multitud, las de mayor poder adquisitivo le sustentaban económicamente, otras estaban cerca del maestro para servirle y recibir la instrucción que les era negada en la sinagoga 4. Las hermanas de Betania, Martha y María, pertenecen al grupo de seguidoras y amigas de Jesús. El relato de ( Lc10, 38-42 ) nos cuenta la manera en que ellas acojen a Jesús en su casa para cumplir el sagrado deber de la hospitalidad. Dice un proverbio oriental: “El huésped, mientras está en la casa es su Señor.”Y así de bien servido se sintió Jesús.
Quiero resaltar solo del texto algunos eventos que rompen con lo que estaba establecido socialmente y que son testimonio de la manera inclusiva que tiene Jesús de relacionarse con sus seguidores y seguidoras: los hombres y las mujeres no podían conversar, las mujeres no podían recibir a ningún hombre en casa sin la presencia de otro varón, las mujeres no podían aprender la ley y mucho menos sentarse a los pies de un maestro como lo hacían los discípulos por su condición de hombres.
Jesús supera todos esos condicionamientos sociales cuando elogia la actitud dedicada de María a la escucha. En su relación con las mujeres les coloca una nueva responsabilidad ética: escuchar, aprender, ser discípulas 5. Otro texto que es testigo de la inclusión de las mujeres como discípulas es Lc 11, 27-28, cuando una mujer elogia a quien le llevara en su vientre y él rectifica con un alto grado de subversión: “ Felices, pues, los que escuchan la Palabra de Dios y la observan.”

La práctica inclusiva de Jesús en este relato tiene como sostén la radicalidad de su pensamiento frente a una de las instituciones más importantes de su tiempo: la familia. En los relatos de los evangelios que cuentan el llamamiento de sus discípulos, coloca como primera condición la separación de la familia (Mt 4,18-22). También hay ejemplos donde los convocados colocan sus responsabilidades familiares por delante de la urgencia de afiliarse al movimiento de Jesús y este cuestiona tales prioridades. Ante el deber de dar sepultura a un padre de familia, sentencia: “Sígueme, deja que los muertos entierren a los muertos”(Mt 8, 22). A quien pretendía despedirse de la familia dijo: “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no puede ser mi discípulo”(Lc 9, 62). Y coloca Jesús la parada todavía más alta: “ Si uno quiere ser de los míos y no me prefiere a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a sí mismo, no puede ser discípulo mío (Lc 14, 26 y 27).

Él mismo se coloca como ocasión de discordia entre los diferentes miembros de una familia (Lc.12, 51-53). Para José M. Castillo (p.20), esta mirada hipercrítica a la familia, es al modelo de familia patriarcal, que constituía una estructura opresiva que colocaba todos los poderes en la figura del Padre 6. Cuando Jesús instruye a sus discípulos en que no se llamen “padre” unos a otros (Mc 23, 9) aboga por relaciones horizontales y fraternas, donde no hay lugar para el sometimiento, y donde los “poderes terrenos” son desestimados, tal y como fue la práctica de su movimiento, sin que los lazos sanguíneos otorgaran lugares de honor que no fuesen construidos comunitariamente (Mt 23, 8).
La familia actual o posmoderna es un entramado mucho más complejo donde se han seguido reorganizando las funciones sociales de la familia nuclear, así como las relaciones intrafamiliares, y aunque en apariencia podría pensarse en una familia “descompuesta”, se trata de una familia “compuesta” de muchos modos y que intenta construir relaciones más justas, donde la sumisión deja de ser entendida como valor fundamental de la vida, para ser reemplazada por una buena dosis de libertad.
Para finalizar quiero hacer algunas invitaciones: a no quedarnos solo con las lecturas que da Pablo (Ef 5, 21-6,9: Col 3, 18-4,1) acerca de la familia y que reproducen una sociedad y una cultura patriarcal, sino buscar primeramente cuál fue la práctica de Jesús.
Que miremos una y otra vez (mirar con los ojos y el corazón) las relaciones de opresión y discriminación que se dan al interior de nuestras familias para no continuar alentando poderes hegemónicos y patriarcales que niegan otros saberes: los saberes de las mujeres, de los niños y niñas y de los ancianos.
Más importante que el modelo de familia en el cual una ha crecido o está construyendo es la espiritualidad de poder ver en el otro y la otra la imagen de Dios. Les comparto un fragmento citado por Ricardo Barbosa de Sousa en su libro Cuida tu corazón: Ensayos sobre Espiritualidad cristiana : “El día que el ser humano sea capaz de colocarse delante de una mujer, negra, pobre, vieja, prostituta, bisexual, portadora del VIH, y aun así consiga ver que hay en ella belleza y dignidad humana, y sea capaz de relacionarse con ella con afecto y ternura, significa que consiguió romper con los vicios creados por una sociedad consumista e impersonal”. El que tenga oídos para oír, oiga.

Notas al pie:
1 Existen diferentes clasificaciones de familia: familia nuclear, familia extendida, familia monoparental, familias homoparentales, familias unipersonales, familias reensambladas, etc. Vease Calviño:
2 Marciano Vidal, Para orientar la familia posmoderna, Estella, Verbo Divino, 2001, p. 161.
3 El término “Padre” era un título que se usaba en tiempos de Jesús para designar a los rabinos y a los miembros del Gran Consejo y significaba, además, transmisor de la tradición y modelo de vida.Vease Castillo, José M. y Juan A. Estrada: El proyecto de Jesús. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1987, p. 21.
4 Las mujeres tenían prohibido el estudio de la ley, y se daba por argumento que podrían usarla mal. Lo curioso era que el desconocimiento de la ley no les eximía de culpa ante ella.
5 Navarro, Mercedes, Para comprender el cuerpo de la mujer; una perspectiva bíblica y ética.p. 171
6 Castillo, José M. y Juan A. Estrada: El proyecto de Jesús. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1987, p.20.

DE MIÉRCOLES DE CENIZA A DOMINGO DE RESURRECCIÓN. VISTAS COTIDIANAS.

Yuliet Teresa VP

Quién no creció con las palabras de la abuela —donde casi siempre no eran tales palabras sino regaño— sobre el Miércoles de Ceniza y la procuración de hacer lo correcto. O, con una lectura sermónica del cura que vive cerca de la pequeña comunidad rural el domingo antes del día señalado. Quién no leyó en un pequeño librito, casi folleto, las historias legendarias del “miércoles santo”, más santo que el de la Semana Santa; cuando casi por “obligación” había, y para muchos hay, una lista de cosas que se quiere cambiar y lo primero es alejarse de la hartura, en otras palabras: ayuno.

Seguramente para los más avezados en arte, advertir la penitencia que se desmonta del ser humano en la obra de Carl Spitzweg, pudiera provocar más que esperanza, insatisfacción. Pero la historia es mucho más dura, cuando cuarenta días antes en el siglo IV, la Cuaresma coincidía con un domingo, el propio domingo en que la tradición cristiana celebra y hace fiesta. No faltó mucho para que se trasladara a otro día, menos festivo según el calendario judeo-cristiano y para nosotros y nosotras, los de esta era, “miércoles del medio”.

Entonces la semejanza de días en toda la Cuaresma es mucho más palpable, el Miércoles de Ceniza se reproduce, salvando distancias, en el Viernes Santo. Las lecturas cotidianas que en estas fechas halan de las liturgias, sea cual sea, referente a la condición humana, la penitencia, el arrepentimiento de los pecados, tendrían que pasar por el filtro de una lectura popular, contemporánea y esperanzadora. No tiene sentido alguno, reprimir sin enseñanza o azotar sin ungüento. Mucho más provocador es el propio Jesús que, desde una mirada más elevada —porque claro está: sus pensamientos no son nuestros pensamientos, y sus caminos no son nuestros caminos—, nos propone hacer un recorrido en y por nosotros.

El simbolismo de la ceniza se relaciona con el hecho de ser el residuo frío y pulverulento de la combustión, lo que persiste luego de la extinción del fuego. La ceniza simboliza la muerte, la conciencia de la nada y de la vanidad de las cosas, la nulidad de las criaturas frente a su Creador, el arrepentimiento y la penitencia. Y no es descabellada cada interpretación semiótica que se haga de estas imágenes, lo que no se puede alejar es el sentido del significado.

Si sacamos las palabras claves de la cita antes mencionada, coincidiríamos con ceniza, muerte, conciencia, vanidad, penitencia y Creador. Las mismas palabras que caracterizan a la Semana Santa. Hagamos un puente de significados y fechas. Domingo de Ramos y Miércoles Santo: conciencia; Jueves Santo: penitencia; Viernes de Crucifixión y Sábado de Gloria: Muerte; Domingo de Resurrección: Creador.

Ahora bien, ¿cómo se materializan estas significaciones en la espiritualidad de cada creyente? Antes de ello, me gustaría que hablásemos un mismo lenguaje acerca de espiritualidad, y lo haré de la forma más generalizadora posible. Si entendemos por espiritualidad la disposición moral, psíquica o cultural, que posee quien tiende a investigar y desarrollar las características de su espíritu y tributa a una práctica consciente de la virtud , entonces la espiritualidad tiene una connotación personal en primer lugar y, luego, colectiva.

Retomando la pregunta anterior: Este período desde el Miércoles de Cenizas hasta la Semana Santa invita a redescubrirnos desde un eje transversal que es la teología ¿Teología individual y colectiva? Los resultados no serán completos si la experiencia del otro no es compartida con la nuestra. Siguiendo los textos bíblicos de los Evangelios, los discípulos disfrutaron, desde sus individualidades, el milagro que transcurre en esta última semana de Jesús. Y prefiero llamarlo solo Jesús en este contexto porque, aunque el calificativo más cercano a los discípulos es Maestro, en esta ocasión, ellos, tendrán que vivir todas las enseñanzas aprendidas.

Los acontecimientos pascuales, tales como la entrada triunfal, la unción de Lázaro, traición de Judas, negación de Pedro, el lavado de los pies, la cena conjunta, las interrogaciones de Caifás y Pilato, la vigilia pascual y la experiencia de las mujeres sobre la resurrección, marcaron un recorrido desde las reacciones internas (enseñanzas precedentes) y las consonancias en las prácticas externas (acciones realizadas).

Hoy nuestra realidad nos desmonta de prácticas cotidianas a un ejercicio de pensamiento. Siguiendo con las analogías, algunas interrogantes nos interpelan a la luz de la víspera divina: ¿con qué actitud recibiremos al Mesías en nuestro Jerusalem (entiéndase por Jerusalem nuestra ciudad o comunidad, el lugar espiritual y físico en el que vivimos)?

Según el evangelio de Juan…seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una fibra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. La pregunta que nos asalta entonces bien corresponde con dos cuestiones. La primera, Betania y la segunda tiene que ver con actitudes. ¿Será este nuestro lugar de encuentro? ¿Estamos ajustando nuestras actitudes para que sean como “fibra de perfume de nardo”? El pasaje anota algo más que, a mi juicio, es crucial. La cualidad del perfume descrito: auténtico y costoso; para pensar ¿verdad?

Judas y Pedro no parecen tan distantes, los dos tienen el mismo grado de proximidad con Jesús, el primero es capaz de mojar el pan en su plato, el segundo hablar, desde el Espíritu, sobre el Hijo del Dios Viviente. El uno traiciona y el otro niega. Todo se trata de actitudes que primero pasan por el corazón, y ya sabemos que engañoso es el corazón más que todas las cosas. Lecciones que se aprenden desde el dolor, y aunque diferente a lo que el Cristo debía aprender en la cruz, lo único que el propio Dios se somete a aprender, es la obediencia.

La misma copa que compartieron en la mesa, y a cada uno de los discípulos los hizo iguales; ahora es la copa que el Hijo de Dios pide no tomar con grito agónico en Gólgota y luego el estremecedor Eloi, Eloi, lamá sabactani.

Aunque algunos investigadores han declarado que la muerte de Jesús pudo producirse por un colapso del corazón por las reacciones del agua y la sangre, Pierre Barbet anota que pudo ser asfixia, otros acotan que la muerte en una cruz podía suceder por múltiples razones, como shock hipovolémico a consecuencia de la hemorragia causada por los azotes y los clavos; o sepsis generalizada por las heridas infectadas, la comunidad cristiana sabe que la principal causa de muerte del Mesías fue el amor.

El viernes angustioso no es más que el recordatorio del amor, del inmensurable sacrificio del primer siglo por cada uno de nosotros y nosotras. Pero la muerte en sí solo deja desesperanza, angustia. El centro teológico y pastoral del cristianismo es la resurrección, en ella se sustenta la vida que se renueva cada día en miles de personas que apuestan por un camino mucho más excelente, por el amor a ultranza, por un proyecto de restauración y acompañamiento. Ojalá que esta semana sea para muchos, un comienzo, para otros, la continuidad de una vida en abundancia desde lo “santo”.

*La autora es miembro de la Red Ecuménica Fe por Cuba en Ciego de Ávila

Marx regresa una y otra vez

Ariel Dacal

La película que motiva estas letras, “El joven Marx”, es una obra desafiante y osada. Trae a esta época un Marx accesible y necesario tanto por su reflexión como por su conducta. Retoma ideas con más de un siglo de vida que no son viejas en lo absoluto: abolir la propiedad como derecho natural; desentrañar el materialismo de los conflictos humanos, comprender el trabajo como fuente primera en la creación de riqueza social y asumir la crítica como método revolucionario emancipador.

La amistad, la familia, el amor y la política atraviesan de lado a lado esta película que atrapa, sensibiliza, mueve el pensamiento, renueva la indignación, coloca a los personajes en su contexto y exige tomar partido sobre aquel pasado tan presente.

“El joven Marx” ofrece contenido revolucionario y amoroso a un tiempo. Nos cuenta la vida de un joven que, sin buscar trascendencias futuras, vivió con pasión sus constantes conflictos. Un hombre consciente de la paradoja de su vida: haber escrito tanto sobre el dinero teniendo tan poco dinero. El joven revolucionario que le confiesa a su amigo entrañable, “necesito escribir, pero también necesito alimentar a mi familia”. El que, a la par de la carencia material, sufrió persecución y enfrentó a las autoridades en cada país que pisaba. Como recuerda Galeano, “este profeta de la transformación del mundo pasó su vida huyendo de la policía y de los acreedores”.

La historia del joven Marx es también, con toda justeza, la de la amistad paradigmática con el joven Engels, quien devino en complemento insustituible para su creación teórica y política, en apoyo a sus contradicciones existenciales y en soporte económico indispensable de la familia ante las dificultades que tuvo Marx para encontrar trabajo remunerado estable.

Jenny fue vital en la historia de Marx. Otra justa afirmación de la película. Mujer crítica, ilustrada, mordaz, consecuente con los ideales que la llevaron a renunciar a sus privilegios y comodidades aristocráticas; quien fuera, a un tiempo, esposa amorosa y amada, sustento en la vida material cotidiana, y compañera de gran calibre intelectual.

El joven filósofo, recreado en casi dos horas de ficción, asumió con vehemencia y certezas la lucha contra los horrores del naciente capitalismo. Comprendió, demostró y criticó las esencias explotadoras de ese sistema. Optó por estar en esa lucha al lado de los trabajadores y las trabajadoras. Testimonió la coherencia entre las ideas esgrimidas y la práctica de vida: interpretó el mundo y se dedicó a transformarlo. Fue más allá y planteó una alternativa: la sociedad comunista.
Este hombre cometió demasiadas transgresiones a lo largo de su vida como para ser perdonado por los usureros de la historia y sus emisarios. No deja de ser un fantasma impertinente que despierta la ira de los poderosos de la tierra. Esos que ante el pavor de perder sus privilegios son capaces, para evitarlo, de los episodios más atroces. Marx, el aguafiestas de los conformistas, el agitador de muchedumbres, el que arenga a favor del poder de los sin poder, es un peligro con el que no han sabido lidiar.

El fardo de mentiras, medias verdades y tergiversaciones vertido sobre él; la refinada, científica e ilustrada crítica que lo niega rotundamente, el intento de reducir sus ideas a la condición de utopía sin porvenir y las culpas endilgadas que no le tocan, se desvanecen ante su verdad diáfana, verificable, radical, punzante e incontestable.

No es por azar o por capricho que Marx regresa una y otra vez. Aún perdura un mundo de injusticias asentadas que debe ser interpretado, criticado y transformado. No es casual que regrese joven, condición desde la que pregunta radicalmente ¿cuál es tu posición política ante la vida?

El tiempo de utopías mínimas

Leonardo Boff

No es verdad que vivamos tiempos pos-utópicos. Aceptar esa afirmación es mostrar una representación reduccionista del ser humano. Este no es solamente un dato que está ahí cerrado, vivo y consciente, al lado de otros seres. También es un ser virtual. Esconde dentro de sí virtualidades ilimitadas que pueden irrumpir y concretarse. Es un ser de deseo, portador del principio esperanza (Bloch), permanentemente insatisfecho y buscando siempre cosas nuevas. En el fondo es un proyecto infinito, en busca de un oscuro objeto que le sea adecuado.

De ese trasfondo virtual es de donde nacen los sueños, los pequeños y grandes proyectos y las utopías mínimas y máximas. Sin ellas el ser humano no vería sentido a su vida y todo sería gris. Una sociedad sin una utopía dejaría de ser sociedad, no tendría un rumbo pues se hundiría en los pantanos de los intereses individuales o corporativos. Lo que ha entrado en crisis no son las utopías, sino cierto tipo de utopía, las utopías maximalistas venidas del pasado.

Los últimos siglos han estado dominados por utopías maximalistas. La utopía iluminista que universalizaría el imperio de la razón contra todos los tradicionalismos y autoritarismos. La utopía industrialista de transformar las sociedades con productos sacados de la naturaleza y de las invenciones técnicas. La utopía capitalista de llevar progreso y riqueza a todo el mundo. La utopía socialista de generar sociedades igualitarias y sin clases. Las utopías nacionalistas bajo la forma de nazifascismo que, a partir de una nación poderosa, con “raza pura”, rediseñaría la humanidad, imponiéndose a todo el mundo. Actualmente la utopía de la salud total, gestando las condiciones higiénicas y medicinales, que busca la inmortalidad biológica o la prolongación de la vida hasta la edad de las células (cerca de 130 años). La utopía de un único mundo globalizado bajo la égida de la economía de mercado y de la democracia liberal. La utopía de los ambientalistas radicales que sueñan con una Tierra virgen y con el ser humano totalmente integrado en ella, y otras.

Estas son las utopías maximalistas. Proponían lo máximo. Muchas de ellas fueron impuestas con violencia o generaron violencia contra sus opositores. Tenemos hoy suficiente distancia en el tiempo para confirmar que estas utopías maximalistas frustraron al ser humano. Entraron en crisis y perdieron su fascinación De ahí que hablemos de tiempos pos-utópicos. Pero pos se refiere a este tipo de utopía maximalista. Ellas dejaron un rastro de decepción y de depresión, especialmente, la utopía de la revolución absoluta de los años 60-70 del siglo pasado, como la cultura hippy y sus derivados.

Pero la utopía permanece porque pertenece al espíritu humano. Hoy la búsqueda se orienta hacia las utopías minimalistas, aquellas que, al decir de Paulo Freire, realizan lo “posible viable”, hacen a la sociedad “menos malvada y menos difícil el amor”. Se nota por todas partes la urgencia latente de utopías de simple mejora del mundo. Todo lo que nos entra por las muchas ventanas de la información nos lleva a sentir que el mundo no puede continuar así como está. Cambiar, y si no se puede cambiar, por lo menos mejorar.

No puede continuar la absurda acumulación de riqueza como jamás la hubo en la historia (85 más ricos tienen ingresos equivalentes a los de 3.570 millones de personas, como denunciaba la ONG Oxfam Intermón en enero de este año en Davos). Para ellos, el sistema económico-financiero no está en crisis; al contrario, ofrece oportunidades de acumulación como nunca antes en la historia devastadora del capitalismo. Hay que poner un freno a la voracidad productivista que asalta los bienes y servicios de la naturaleza con vistas a la acumulación y produce gases de efecto invernadero que alimentan el calentamiento global, que si no se detiene, puede producir un armagedón ecológico.

Las utopías minimalistas, a decir verdad, son aquellas que vienen siendo implementadas por el gobierno actual del PT y sus aliados con base popular: garantizar que el pueblo coma dos o tres veces al día, pues el primer deber de un Estado es garantizar la vida de sus ciudadanos. Esto no es asistencialismo sino humanitarismo en grado cero. Son los proyectos “mi casa-mi vida”, “luz para todos”, el aumento significativo del salario mínimo, el “Prouni” que permite el acceso a los estudios superiores a estudiantes socialmente menos favorecidos, los “puntos de cultura” y otros proyectos populares que no cabe aquí enumerar.

A nivel de las grandes mayorías son verdaderas utopías mínimas viables: recibir un salario que cubra las necesidades de la familia, tener acceso a la salud, mandar los hijos a la escuela, conseguir un transporte colectivo que nos les robe tanto tiempo de vida, contar con servicios sanitarios básicos, disponer de lugares de ocio y de cultura y una pensión digna para enfrentarse a los achaques de la vejez.

La consecución de estas utopías minimalistas crea la base para utopías más altas: aspirar a que los pueblos se abracen en la fraternidad, que no guerreen entre sí, que se unan todos para preservar este pequeño y bello planeta Tierra, sin el cual ninguna utopía maximalista o minimalista puede ser proyectada. El primer oficio del ser humano es vivir libre de necesidades y gozando un poco del reino de la libertad. Y al final poder decir: “valió la pena”.

[Leonardo Boff es teólogo y escribió ‘Virtudes para otro mundo posible’, 3 vol., Sal Terrae 2005. Traducción de Mª José Gavito Milano]

Una Iglesia de Pentecostés

Francisco Rodés

Pentecostés, viene de la palabra que significa el número 50, los cincuenta dias despues la Pascua, es la fiesta de las primeras cosechas de trigo o cebada, es una fiesta alegre en que se cosecha lo que se ha sembrado.
Es el triunfo del trabajo y de la paciencia. Pero por encima de todo de la vida escondida en una semilla que se entierra. Jesús dijo, si el grano de trigo no cae en tierra y muere no lleva fruto, pero si muere lleva mucho fruto, hablaba de su propia muerte.

Hechos 22.1-11

De modo que el Pentecostés es la cosecha de la siembra la vida de Cristo crucificado y resucitad. Una muerte y resurrección que se ejecuta una y otra vez en los propios frutos, es la ley de la vida. Para que la vida se prolongue y se expanda tiene que haber muerte y resurrección.

No fue un acontecimiento automático. Hubo un tiempo de preparación de una comunidad de discípulos, hombres y mujeres, que obedeciendo al mandato del Señor se habían quedado en Jerusalén, durante estos 50 dias en perseverante oración y comunión unos con otros.

Ese tiempo en que la semilla está en el vientre de la tierra, sin actividad que hacer, simplemente, guardando silencio en una oración de purificación del yo, como una vida que se va gestando, requiere su tiempo. Así la Palabra de Dios va obrando en nuestros corazones, silenciosamente, cambiando todo lo que tiene que cambiarse, limpiando de las falsas ideas y prejuicios, purificando lo todo como un fuego que limpia la escoria.

Este es el sentido de la espiritualidad de la oración perseverante y la comunión sagrada entre hermanos y hermanas. Ahí esta la semilla de la iglesia, que no debemos olvidar un dia como hoy, somos una fuerza espiritual, sin la oración y meditación y sin la comunión estrecha de hermanos no podemos proyectar la luz de Cristo al mundo.

Sufrimos que nuestro viejo carro no tiene luces en la noche, no alumbra lo suficiente. Alguno de ustedes pensará por qué no cambian los bombillos, y no es eso, es que la pantalla, el espejo que refleja y lanza la luz ya esta empanado, no refleja la luz. Nosotros reflejamos la luz de Cristo sobre el camino de la vida, si no estamos limpios no reflejamos esa luz en el camino. Esa pureza y transparencia es el resultado de una espiritualidad que nace de Cristo muerto y resucitado, que tiene que reproducirse, esa muerte y esa resurrección, que no es otra cosa que una vida renovada y limpia.

Hoy es difícil no pensar sobre la iglesia sino en términos institucionales. Una institución, con sus dogmas, su orden de organización, sus estructuras.\No hay duda que todo movimiento social tiene que encontrar una forma de institucionalizarse, para perdurar, para mantener su visión original. Pero el riesgo de la institución es la búsqueda de su auto preservación, convertirse en un fin en si misma.

En mis anos de pastor he visto como hemos confundido la iglesia como el lugar de las personas que se consideran buenas, decentes y morales. Y desde luego debe irradiar bondad, decencia y moral, pero cuidado, la iglesia debe parecerse a un hospital, donde se irradia salud y bienestar, pero el hospital tiene que estar lleno de personas enfermas si no es hospital. Y la iglesia debe ser un lugar también en que se aceptan y reciban a las personas necesitadas de transformación, para obrar en ellas sanidad y vida. La Iglesia también tiene el peligro de convertirse en una secta excluyente, de gentes que se separan del común del pueblo, y que dan la espalda a las vicisitudes, problemas y conflictos de la vida de su pueblo. Eso no es lo que hizo Jesús, ese no es ser su iglesia.

La comunidad que Jesús creó, no es un fin en si misma. El mundo es su razón de ser. Dios vino al mundo, porque Dios ama al mundo, y Cristo murió por este mundo.

Esto esta visualizado en el evento del Pentecostés, la fiesta judía de la cosecha de las primicias de la cebada. Se pasa revista a una cantidad grande de naciones, pueblos, desde Mesopotamia hasta Cirene, en el norte de Africa, desde Arabais hasta Roma. Eran los judíos de la dispersión, que habían creado colonias en todas partes. Jerusalén era en aquellos dias un carnaval de coloridos y de diversidad.

El movimiento de Jesús es un proyecto universalista. Frente a otro proyecto universalista, el imperio romano, que buscaba imponer una lengua común, el latín, aunque ya el griego lo había impuesto Alejandro el Grande. Imponer una cultura, un solo pensamiento, excluyente. Se parece hoy al proyecto de globalización que pretende convertir al mundo en un gran mercado, exacerbando el consumismo y el egoísmo individualista.

El proyecto universal de Dios es diferente, cada uno oye el mensaje en su propia lengua materna. Dios se encarna en cada pueblo, habla su lengua, acepta su cultura, sus tradiciones, su identidad. ¿Por qué la arrogancia de querernos superiores a los demás queremos que los demas sean como nosotros? Dios ama la diversidad.

Cual es el mensaje que dan, los oímos hablar “las maravillas de Dios”, un Dios de amor, un Dios que los acepta como son, que los invita a crecer en ese amor que es lo que nos salva y nos asemeja a Jesús. La Iglesia tiene esa vocación de ser hogar de todos y todas, porque es tenemos un solo padre, que nos recibe sin exclusiones.

Este nuevo espíritu no se quedó en una explosión que pudiera calificarse de emocional. Esta nueva experiencia echó raíces en la vida concreta de la comunidad, creó una comunidad diferente, en medio de un mundo de ambiciones egoístas.

En Hechos Cáp. 2. 43 al 46. Una comunidad donde desaparecieron las ambiciones individualistas, que había “temor”, que es la reverencia y el respeto. La reverencia por la vida, es un rasgo de espiritualidad, pero no se quedó ahí, la unidad era perfecta, compartían todo. Partían el pan con alegría, de corazon. Y era Dios quien añadía a su iglesia los que eran salvos de este mundo de egoísmo.

Este es el paradigma de Pentecostés que nos reta hoy también como Iglesia y pueblo de Dios.

tomado: http://www.alcnoticias.net

CARTA DE UNA JOVEN QUE NO SE VA

Diosnara Ortega González

Yo no me fui, yo me alejé un poquito.
Desde más lejos se oye más bonito.
Habana Abierta

Querido Rafael:
Cada una de sus palabras parecen un espejo donde escucho rebotar tantas voces y la mía propia. Comparto sus preguntas y certezas y es entonces cuando me siento tan feliz, pocas veces veo permearse las barreras generacionales por ideas y sentimientos más importantes que los discursos preestablecidos. A usted le correspondería hablar como un cuadro, un típico militante del partido, a mí simplemente no hablar.
Soy de la generación de los ochenta, y tiene razón, no me acuerdo de la caída del Muro, y la Crisis de Octubre no significa nada para mí. Pero recuerdo ir a comprar jabolina a una casa clandestina con mi mamá, las largas noches durmiendo en el piso de la sala con la puerta abierta en busca de refrescar aquellos interminables apagones, los intentos de salida del país de mis tíos, los que al fin lo lograron “por el bombo”.
Así pudiera apuntar tantos eventos comunes a mi generación y también a la suya, solo que en momentos distintos de la vida. Cuando ya usted tenía un concepto formado de la “lucha” yo aprendía otro muy distinto que me valdría hasta el día de hoy para saber cómo se vive en Cuba. He visto irse a la mitad de mi familia, amigos que van a estudiar o trabajar “afuera” y no regresan. Pero de tantos irse ya es como algo esperado aunque no por ello menos doloroso. A diferencia de usted, más que aquel que se va, me preocupa y entristece aquellos que no salimos físicamente del país, pero que ya no estamos.
Muchos han abandonado a Cuba desde dentro: jóvenes, viejos, funcionarios, amas de casa, campesinos, obreros. Algunos caemos como en corto circuito, por momentos nos conectamos con lo que pasa, cuando nos duele mucho, hacemos algo, decimos algo, y otras tantas nos volvemos indiferentes y es como si no estuviéramos, como si también nos hubiéramos ido. Existe también una diáspora y un exilio dentro de Cuba, que se siente aunque no se ve. Nosotros mismos las hemos construido.
Hemos aprendido demasiado de la inercia. Una y otra vez nos han enseñado que no importa lo que hagas, nunca nada cambia, al menos no como exiges o esperas que cambie, para bien tuyo y tus semejantes. Todo es un juego, parece pero no es. Y mientras tanto esta, la única vida que tenemos se nos va esperando, esperando.
Yo también aspiro a tener techo propio, a vivir feliz de mi empleo, sin penurias de transporte y luz, y más que irme de vacaciones una vez al año, tener asegurada una infancia estable económica y espiritualmente para mi pequeño, una vejez cálida y sin pobreza para mis padres, que tanto han trabajado y cuyo retiro no alcanza ni para los gastos de la electricidad. No quiero ver crecer, solapada, la miseria a mi alrededor.
Soy una joven madre que no se va de Cuba, al menos no físicamente, ¿pero políticamente, espiritualmente? Tengo miedo no solo de aquel que se va, que como a usted, como a todos, nos afecta, nos abandona, tengo miedo de irme yo también de ese otro modo, con el silencio que cuenta a favor del contrario, con la indiferencia que nos deja totalmente vencidos. ¿Qué hacer, cómo romper este círculo vicioso?
Vivo en un país donde cada día mis creencias se alejan más del los medios para alimentar a mi hijo. Estamos pasando a planos superiores de la corrupción: del chantaje nos dirigimos a la extorsión. Un país donde se instaura con agilidad una clase parásita que devora todo vestigio de decencia y dignidad. Los nuevos rumbos políticos de la economía cubana, dejan en manos de esta burocracia a una cantidad mayor de hombres y mujeres a los que no nos queda más que vender nuestra fuerza de trabajo o invertir los recursos ahorrados con un mínimo de seguridad, la que en manos de ellos, los que inspeccionan, autorizan, dan permisos, se esfuma.
Entonces aquí adentro ¿qué hacer: ser cómplices, no denunciar, jugar a ser víctima y así sobrevivir en un juego de poderes que siempre se sostiene gracias a tu silencio, o ser consecuente con lo que crees justo, exigir tus derechos, los que van más allá de la Constitución y también esos, y correr el alto riesgo de ser más rápido víctima de esos poderes?
La salida a este círculo vicioso sigue siendo la valentía. La valentía para dormir con la conciencia tranquila y la certeza de ser devorada a la mañana siguiente por aquellos contra los que te levantaste ayer. Lo peor es siempre si dependes de ellos para alimentar a tu familia. Esta es una triste realidad que para muchos cuadros parecerá un exceso y ojalá lo fuera, pero eso solo dice las distancias entre sus vidas y la de tantos otros y otras como yo.
Cuando soy cómplice de lo que creo mal hecho: del inspector que viene a “sofocarme” y no denuncio porque mañana me va a joder, de la bodeguera que me revende la leche que toma mi hijo y el del vecino, estoy dejando atrás a Cuba, estoy viviendo su más cruda realidad y al mismo tiempo me estoy yendo.
Yo también he pensado en ser parte de la institucionalidad existente y lo he hecho: he sido militante de la UJC, he pensado aceptar ser delegada de mi circunscripción, asesora de algún Consejo Popular, he sido parte de acciones que buscan cambios, pero la realidad solo me ha desgastado y he dicho: ¿para qué?
Ya ve, no le hablo como una socióloga, o mejor dicho, no como los que viven de la sociología. Su carta no pretende convencer a los ya convencidos, pero cada argumento me recuerda esas murallas gigantes que asfixian el futuro y el presente suyo y mío, sin importar edades. Una amiga que como yo ha tenido la posibilidad de viajar fuera de Cuba, me dijo una verdad rotunda con la que me despido: “desde más lejos no siempre se oye más bonito”.

*Tomado de http://lajovencuba.wordpress.com/2012/06/28/carta-de-una-joven-que-no-se-va/

Para entender mejor este artículo sugerimos la lectura de “Carta a un joven que se va” escrita por el Rafael Hernández, director de la revista Temas, especialmente para La joven Cuba. (N/E)

Algunas reflexiones sobre política cultural

Es necesario volver al punto de partida y recordar que la democratización de la cultura sigue siendo objetivo de primordial importancia, sobre todo cuando las desigualdades sociales se acentúan

Sabido es que los lineamientos de la política cultural de la Revolución se formularon en 1961, en las célebres reuniones de Fidel con los intelectuales efectuadas en la Biblioteca Nacional. Los principios fundamentales que se mantienen incólumes son: 1. Democratización de la cultura. 2. Libertad de creación sin interferencia de normativas derivadas del realismo socialista. 3. Estímulo a la participación popular en los procesos culturales.

Sin embargo, transcurrido medio siglo el panorama ha cambiado, tanto en el orden internacional como en cuanto a los rasgos característicos de la sociedad cubana. Desaparecido el campo socialista europeo, se impone la necesidad de un rediseño económico con vistas a garantizar la sostenibilidad y la soberanía del país. Entonces, cumplidas las grandes nacionalizaciones, el Estado podía asumir una política de los recursos en lo material y en lo espiritual. Ahora, hay que establecer criterios de racionalidad.

Entonces, los cambios introducidos por la Revolución determinaron una dinámica social acelerada, evidente en el acceso de los más desfavorecidos a las universidades, así como a altas responsabilidades en las Fuerzas armadas, en el gobierno y en el Partido. Esa dinámica se desaceleró paulatinamente y ha sufrido un retroceso palpable a partir de los 90 del pasado siglo. En aquella época predominaba una noción de la cultura asociada a las bellas artes, a la recreación y a una formación intelectual más exigente. El avance de las ciencias sociales, la experiencia acumulada y la influencia de los medios potenciados por las nuevas tecnologías conducen a definiciones que asocian la cultura con la vida en todos los órdenes: expresión de valores, arraigo de la identidad nacional, ámbito de la espiritualidad ante la arremetida del consumismo, cimiento de la resistencia frente a las múltiples formas de penetración imperialista.

Entonces y ahora, nuestra razón de ser y nuestra garantía de supervivencia responden a una Revolución “de los humildes, por los humildes y para los humildes”, lo que no implica ilusorios igualitarismos, sino construcción de una sociedad orientada hacia los intereses últimos del pueblo con plena conciencia y participación de sus integrantes.

Cultura y sociedad

Con esta concepción, la cultura se inscribe en el tejido de la sociedad considerada en su conjunto. La puesta en práctica de la política correspondiente no puede limitarse al área administrativa de un ministerio, del que dependen las instituciones que conforman el esqueleto que propone modelos. Le corresponde, asimismo, fijar pautas y ajustar plataformas de orden conceptual, atenidas a las demandas de una dinámica social siempre cambiante. La política cultural se lleva a cabo no solamente a través del ministerio que la dirige, sino también del sistema nacional de educación, el Instituto Cubano de Radio y Televisión, los órganos de prensa, el Ministerio del turismo, el de la Industria ligera, los responsables del diseño urbano y los órganos del Poder Popular. Interviene en todo aquello que influye en la vida cotidiana de las personas.

Subvenir a sus necesidades no puede ser responsabilidad de un solo aparato de gobierno, por cuanto requeriría una enorme inversión de recursos financieros y materiales, así como un incontenible crecimiento de la burocracia. Sus beneficios tangibles e intangibles repercuten en todos los ámbitos de la sociedad.

En los momentos actuales, la inclusión de la política cultural como uno de los factores presentes en una política nacional de desarrollo, resulta imprescindible desde el crecimiento previsto de una economía no estatal y la aparición de un mercado con sus tendencias distorsionadoras. De elaborarse una plataforma de política cultural en función de las demandas contemporáneas habría que elaborar un cuerpo jurídico que regulara funciones y responsabilidades.

Sin pretender agotar el tema, me detendré en algunos aspectos específicos.

Patrimonio

El concepto de patrimonio abarca lo edificado, las colecciones museísticas dedicadas a las artes visuales y al testimonio histórico de otras manifestaciones de la creación, así como el extenso patrimonio bibliográfico y documental conservado en archivos y bibliotecas de distinto carácter. Su salvaguarda asegura la preservación de la identidad nacional y beneficia en lo económico por su atractivo para un turismo especializado.

La Revolución ha concedido a este tema una relevancia que no tiene equivalente en ninguna etapa histórica anterior. Ha formado especialistas y algunas zonas urbanas han accedido al reconocimiento de Patrimonio de la humanidad. La Habana y Trinidad, por citar tan solo ejemplos notorios, reciben un significativo flujo de turistas. Sin embargo, en la actualidad, el legado patrimonial ha sufrido los efectos de la depredación y está gravemente amenazado. En ello intervienen, entre otros, los siguientes factores:

• Carencia de un inventario actualizado de bienes de valor patrimonial. En los que se refiere a los conjuntos edificados, existe un amplio consenso acerca de la importancia de algunas áreas patrimoniales de la etapa colonial. No ocurre lo mismo con el legado del siglo XX, contentivo de valores urbanos reconocidos como joyas a nivel internacional. En otros países estos barrios fueron arrasados por la anárquica especulación edilicia. Ciudades como Matanzas sufren un notable abandono en este aspecto. En todas partes, los organismos gubernamentales han ignorado las regulaciones al respecto y efectuado intervenciones inadecuadas. El Instituto de Planificación Física ha carecido de autoridad para hacer efectiva la legislación establecida. La falta de recursos y las necesidades de vivienda han contribuido a la depredación de bienes inmuebles.

• La Biblioteca Nacional y el Instituto de Literatura y Lingüística —antigua Sociedad Económica de Amigos del País— cuentan con fondos bibliográficos esenciales para el estudio de la historia de la nación cubana. Una parte considerable de ellos ha padecido las consecuencias devastadoras del calor, la humedad y el polvo. Libros publicados en el siglo XX no pueden manipularse porque al pasar las páginas, estas se van haciendo polvo. La prensa también se ha deteriorado gravemente, afectando incluso a los periódicos publicados después del triunfo de la Revolución. Situación similar se advierte en importantes bibliotecas provinciales que atesoran documentos de gran valor. El rescate y la preservación de estos bienes exigen el apoyo de la colaboración internacional.

La institución literaria

La difusión de la literatura está en manos del movimiento editorial con una proyección social limitada. En las circunstancias actuales, aun con mayor razón, se habrá de conceder espacio al mercado del libro, se impone el fortalecimiento de la institución literaria, hoy totalmente desarticulada.

El circuito del libro se extiende desde el escritor hasta su destinatario, el lector. Entre uno y otro intervienen numerosas mediaciones. Entre ellas pueden mencionarse: la educación en todos los niveles de enseñanza, la investigación orientada a profundizar en el conocimiento del acervo histórico, la crítica, las instituciones culturales, el sistema de bibliotecas, el diseño eficaz de la promoción y los medios de información —revistas especializadas, prensa, radio y televisión.

Elaborar una política en favor del libro y los escritores requiere atender al desarrollo de hábitos de lectura y comprometer en objetivos comunes a todas las instancias involucradas. Así, puede traducirse en términos concretos la integralidad de un proceso. En la actualidad hay vacíos graves al respecto en los programas de educación y, entre ellos, la falta de un acercamiento sistemático a la literatura nacional. En lo que se refiere a las investigaciones, no existe la jerarquización debida al estudio de nuestra historia literaria que demanda una actualización permanente de la información y los enfoques, acompañada de la consiguiente elaboración de manuales concebidos con diferente grado de profundidad, según las necesidades de los receptores.

Sin entrar en valoraciones de calidad, mi generación dispuso de los textos de Juan J. Remos, Max Henríquez Ureña, José Antonio Portuondo, Raimundo Lazo y Salvador Bueno. El periodismo cultural dispone de reducido espacio en los medios. La difusión de los títulos que salen al mercado brilla por su ausencia. Las reseñas que aparecen de tarde en tarde responden al azar, por no mencionar intereses creados de toda índole. Público y lector se construyen de acuerdo con un propósito definido en el conjunto de la sociedad.

La difusión de otras manifestaciones artísticas

Criterios similares pueden aplicarse al análisis de la situación en otras manifestaciones. Para ello, hay que recalcar algunos presupuestos: 1. Al formularse nuestra política cultural, predominaba entre los responsables políticos y también entre los intelectuales, la noción de cultura asociada tan solo a las “bellas artes”. Las expectativas en torno a ellas se centraban en su capacidad de “reflejar” de manera directa los cambios introducidos por la Revolución, suplantando en cierto modo el papel correspondiente a otras vías de formación.

2. La introducción de otras formas de comunicación debidas a la aparición de una radical transformación tecnológica, iniciada con el cine y el disco, condujo a la superación de criterios derivados de la tradición decimonónica. Estudios antropológicos contribuyeron a redefinir el concepto de cultura. Con la incorporación de esos medios y, aun más, con los actuales, los públicos se expandieron, se produjo una tendencia acelerada a la uniformidad del mensaje y una dependencia creciente del receptor, simple en su formulación, pero muy elaborado con vistas al logro de su efectividad con el apoyo de expertos en ciencias sociales y publicidad.

En los países socialistas no se produjo una reflexión en este campo, mientras en Berlín, por citar un ejemplo extremo, la batalla entre los dos sistemas se libraba por encima del Muro a través de los mensajes seductores de la TV. El ejemplo específico es muestra de un fenómeno que comenzó a manifestarse aceleradamente durante la Guerra fría y ha adquirido desde entonces un grado de sofisticación cada vez mayor: el empleo de la cultura como instrumento apto para imponer un poder hegemónico mediante el uso de modelos de vidas, expectativas de futuro y de felicidad, así como generación de demandas de consumo.

La manipulación de las conciencias, dirigida principalmente a los jóvenes, consiste en convertir la realidad en espectáculo, diluir los valores de la alta cultura y de la cultura popular, estimular la aspiración a la uniformidad y socavar la sustancia de la historia tanto como de la política a través de la exacerbación del individuo y del espíritu de competencia. Resulta, por tanto, indispensable entender el fenómeno cultural de otra manera, desbordar los límites tradicionales y acercarla al entorno vital de los ciudadanos.

En el caso de Cuba, si centramos el análisis en las artes visuales, podremos observar que el espacio de las galerías, y aun el más amplio de los museos, permanece confinado a una minoría ilustrada. Sin embargo, los gustos reflejan la influencia de valores mediáticos. Quienes disponen de recursos para modificar sus viviendas, agreden la identidad de los conjuntos urbanos con agregados pretendidamente ostentosos, inspirados en imágenes tomadas de la TV y el cine, de espaldas a los requerimientos del clima y de los hábitos de convivencia entre vecinos de larga tradición entre nosotros.

Similar tendencia se advierte en el mobiliario y los objetos decorativos que sobrecargan los interiores. Ese comportamiento revela de manera tangible la voluntad de adscribirse a códigos supuestamente distintivos de una marcada diferenciación clasista. En este ámbito, el diseño —urbano, arquitectónico, de interiores y de vestuario— adquiere una importancia decisiva de orden cultural en términos de valores sociales y de identidad nacional.

La cultura en la comunidad

La vida cotidiana transcurre en la comunidad. Es el ámbito del hogar, de la escuela, de importantes centros de trabajo o pequeños talleres, de los negocios cuentapropistas, de los mercados, de la recreación para quienes no tienen acceso a sitios costosos, el lugar donde perduran las tradiciones. Es el entorno de los jóvenes cuando la beca ha dejado de ser opción fundamental para los estudiantes y permanecen los adultos mayores, con peso numérico creciente en nuestra sociedad. Es el territorio concreto en el que debe producirse el fortalecimiento de los vínculos entre las organizaciones políticas y las masas. Allí se definen, en gran medida, las relaciones interraciales. La composición social es compleja. Coexisten maestros, médicos, profesionales altamente calificados, obreros, artesanos, amas de casa. Es un microcosmos con rasgos identitarios propios.

Con el propósito de compensar las diferencias existentes entre la vida cultural de algunas zonas de la capital y el resto del país, el Ministerio de Cultura propuso en los 80 del pasado siglo la creación de las diez instituciones básicas de la comunidad. Era una acción “desde arriba” que prescindía de las diferencias locales a fin de propiciar el respaldo de las autoridades provinciales. A pesar de algunos logros, muchas de aquellas instituciones perdieron eficacia y padecieron serias carencias de recursos a partir de la crisis económica de la última década del siglo.

Desde otra perspectiva, el grupo de desarrollo de la capital impulsó un proyecto muy promisorio, lamentablemente poco explotado por haber caído en terreno de nadie. Se trata de los Talleres de transformación de la comunidad, vía idónea para potenciar desde lo social y desde abajo las capacidades de gestión y saberes de variada índole para solucionar problemas de la localidad, obviando procedimientos burocráticos y valiéndose del poder de convocatoria de actores involucrados en la vida del barrio. El concepto está dirigido a canalizar la voluntad participativa de los pobladores, reafirmar su sentido de pertenencia y fortalecer una conciencia ciudadana en favor del bien común.

Del análisis de estas experiencias pueden derivarse lecciones útiles. Para reducir costos en recursos humanos y materiales, se impone la flexibilización de las rígidas estructuras verticales, a fin de limitar el excesivo aparato parasitario y evitar la compartimentación de acciones inconexas en la base. Debe favorecerse en cambio, la coordinación horizontal, sustentada en el conocimiento de la realidad concreta de cada lugar, su historia, sus tradiciones, sus necesidades, vertebrando desde lo más profundo del país el vínculo esencial entre cultura y sociedad. A ese propósito pueden contribuir las áreas deportivas, las instituciones culturales, los centros de educación, los talleres de transformación de la comunidad, así como profesionales y artesanos radicados en cada barrio. En los momentos actuales, las bibliotecas municipales deberían estar en condiciones de ofrecer un respaldo a los estudiantes con vistas al logro de resultados óptimos en su tránsito por el sistema de enseñanza.

Para echar a andar un proyecto de esta naturaleza es indispensable provocar un cambio de mentalidad en todas las estructuras de dirección. Sería conveniente emprender un plan experimental en algunos barrios de la capital.

La superación de los cuadros

La complejidad de los procesos culturales y su importancia estratégica para la nación exigen la profesionalización de los cuadros técnicos y económicos. Principios generales de la economía no se aplican de manera indistinta a cualquier área de la producción y los servicios. Difieren los criterios de rentabilidad y los tiempos previstos para la recuperación del capital invertido.

En este sentido, cultura y educación tienen rasgos comunes. Son tareas de orden estratégicos con resultados no mensurables. Cualquier error se paga dramáticamente a largo plazo. Conviene asimismo analizar y probablemente rediseñar los objetivos y los planes de estudio de las carreras que convergen en el trabajo cultural, tales como: Bibliotecología, Artes y Letras, Audiovisuales, Estudios Socioculturales y Comunicación Social. Podría también revisarse la pertinencia de los cursos de superación auspiciados por el Ministerio de Cultura.

Conclusiones

Es necesario volver al punto de partida y recordar que la democratización de la cultura sigue siendo objetivo de primordial importancia, sobre todo cuando las desigualdades sociales se acentúan. Por otra parte, ahora más que nunca, la cultura debe ser escudo y espada de la nación.

En alguna medida, existen ya bolsones de mercado operando entre nosotros, sobre todo en el ámbito de la recreación. Los precios son de difícil acceso para los menos favorecidos. Históricamente, en el sector se han mantenido al margen de la gratuidad el disfrute del cine, del teatro, de los conciertos, la venta de libros y de productos de las artes visuales, aunque siempre ha habido un alto respaldo compensatorio por parte de la subvención estatal, marcada por la inversión en divisas para los insumos necesarios. El impacto del turismo internacional ha dado lugar a la aparición de un importante mercado. Sus consecuencias están a la vista, en la mercantilización de la religiosidad cubana y de sus tradiciones folclóricas.

Se construye una falsa imagen de Cuba en torno a la mulata sensual con las consecuencias morales y políticas derivadas que han llegado a comprometer el comportamiento de las autoridades del país con un supuesto comercio sexual. Se produce una pacotilla que se constituye en modelo de gusto para los nacionales. Se perjudica la proyección internacional de la cultura cubana con la presentación de espectáculos de ínfima calidad. Se introduce subrepticiamente una recolonización de la cultura.

La valoración económica del trabajo cultural no puede hacerse siguiendo los indicadores utilizados para la producción mercantil. Desde la aparición de los estados nacionales, los gobiernos han intentado reservar para sí un espacio de acción, a fin de resguardar la cohesión social y la vida espiritual del pueblo, desplazando el papel desempeñado por la Iglesia. El capitalismo asegura su dominio y la férrea disciplina de los trabajadores mediante la presión de ejércitos de reserva —desempleados e inmigrantes— y con el debilitamiento acelerado de los sindicatos. Sin embargo, emplea también fórmulas dirigidas a modelar la subjetividad de los ciudadanos. La publicidad y la influencia de los medios son las fórmulas más visibles. Menos evidentes son aquellas orientadas a la preparación de profesionales especializados en el tema laboral para paliar, desde el interior de las empresas, las contradicciones entre el capital y el trabajo.

En un proyecto socialista, decisivo para garantizar la justicia y soberanía de nuestro pueblo, la cultura se inscribe en el eje central de una auténtica política de desarrollo, fundada en el consenso y en la participación ciudadana. Por lo demás, desde un punto de vista pragmático, cuando escasea la disponibilidad real de estímulos materiales, la moral social adquiere particular relevancia y asegura la gobernabilidad.

En todas partes, al amparo del espejismo de un supuesto crecimiento económico, el neoliberalismo ha desmantelado los sistemas de educación y ha afectado el campo de la cultura. Su plataforma conceptual descansa en la autonomía del mercado en detrimento de otros favores. Para nosotros, en cambio, debe prevalecer una perspectiva de desarrollo centrada en el ser humano, protagonista y beneficiario de cualquier proceso de orden social. Para cumplir este propósito, educación y cultura deben andar estrechamente entrelazadas.

Golpe a la comunicación en Paraguay

Más allá de las declaraciones de supuesta fe democrática del nuevo presidente paraguayo Federico Franco, el golpe institucional que hace poco más de dos semanas destituyó a Fernando Lugo de la presidencia de Paraguay, comenzó a tener consecuencias directas en el sistema de medios públicos y en los organismos de comunicación creados durante el gobierno del mandatario derrocado. Los hechos están a la vista. Decenas de periodistas, comunicadores sociales, productores de medios de comunicación están siendo despedidos de la Radio Nacional de Paraguay, la Televisión Pública, la agencia de noticias oficial IP Paraguay y de la Secretaría de Información y Comunicación para el Desarrollo (Sicom). Los despidos, sin causa justificada, se apoyan en argumentos ideológicos y políticos y van acompañados de amenazas para los trabajadores de la comunicación. A lo anterior se ha sumado el bloqueo inexplicable de direcciones de correo electrónico de periodistas. Entre tanto, los grandes medios comerciales de comunicación que combatieron a Lugo y resultan aliados del nuevo gobierno, y que se han manifestado siempre como defensores de la libertad de expresión, ahora guardan silencio frente a los despidos y los atropellos contra los periodistas.

La Sicom es la secretaría que, con rango ministerial, fue creada por Fernando Lugo en agosto de 2008 a poco de asumir el gobierno y con el objetivo explícito de hacer de la comunicación una herramienta de gestión pública, apoyando los procesos políticos, económicos y sociales, y promoviendo el ejercicio de la libertad de información y el derecho a la comunicación, seriamente cercenados en Paraguay por la hegemonía de grupos mediáticos concentrados. El nuevo ministro de la Sicom, Martín Sannerman, del Partido Liberal Radical Auténtico (PRLA), el mismo del presidente Franco, dijo al asumir que su “principal tarea será hacer que la comunicación desde los medios públicos se construya con amplitud y teniendo en cuenta como dogma fundamental la libertad de prensa y expresión”. Y agregó entonces que “los medios públicos deben informar con la mayor objetividad posible desde la mirada que corresponde al sector público, dando lugar a todas las opiniones”. Tanto los cambios de programación producidos en los medios públicos como los despidos de trabajadores no parecen apuntar precisamente en ese sentido.

Los dos diarios de mayor circulación del país, ABC Color y Ultima Hora, fueron permanentes instigadores del juicio político contra Lugo y desde sus páginas se ha justificado el golpe institucional. ABC pertenece al grupo Zuccolillo, tradicional aliado del Partido Colorado que estuvo detrás del golpe y que aspira a llegar al poder por vía electoral en abril del próximo año. Ultima Hora es del grupo Vierce, dueño también de Telefuturo, La Tele y diez radios repartidas por todo el país. Desde todos estos medios se acusó siempre de manera infundada a Lugo y a su ministro de la Sicom, Augusto Dos Santos, de ataques a la libertad de expresión. Hoy nada dicen frente a los despidos de periodistas y comunicadores del sistema público de medios.

Una declaración que lleva la firma de comunicadores de todo el continente y que circula actualmente por la región “denuncia que la persecución ideológica ha llegado a los medios de comunicación y, particularmente, a las instituciones del Estado y al sistema público de medios” en Paraguay. Y agrega que “constatamos con intranquilidad, temor y rechazo, los despidos sin causa –sugerentemente acompañados de comentarios ofensivos contra la libertad de opinión y contra las adscripciones ideológicas de cada trabajador– que se vienen produciendo en los espacios democráticos y plurales que se fueron construyendo durante los últimos cuatro años en el Paraguay”. Dicen los firmantes que “en este marco, y a sabiendas de los despidos, las persecuciones, las amenazas y las presiones sufridas por compañeros trabajadores del campo de la comunicación, expresamos nuestro más enfático repudio a cualquier práctica que suponga la restricción o limitación del ejercicio de la libertad de expresión y opinión en el Paraguay y solicitamos, una vez más, a los organismos internacionales que impulsen rápidamente todas las acciones posibles en bien de la democracia y del derecho a la comunicación en el país hermano”.

Es importante tener en cuenta que –como también lo señalan los firmantes de la declaración antes mencionada– los despidos de periodistas del sistema de medios públicos no representan sólo un atentado contra estos trabajadores, sino que en el escenario de la comunicación en Paraguay constituyen un grave obstáculo para el ejercicio del derecho a la información y del derecho a la comunicación de todos los ciudadanos. Los grandes medios no garantizan la expresión diversa y tampoco informan sobre lo que sucede en el país, particularmente en el interior, donde los campesinos y sus dirigentes han comenzado a sufrir las consecuencias del atropello de los nuevos gobernantes y sus aliados económicos y políticos.

Existe en Paraguay un número importante de radios comunitarias, pero hay entre ellas muchas diversidades y matices y no pocas de las autodenominadas “comunitarias” responden a caudillos de los partidos políticos tradicionales. Por otra parte, las radios comunitarias –cuya legalidad promovida por Lugo fue obstruida por el mismo congreso que luego destituyó al presidente democrático– carecen de organización que las aglutine a nivel nacional y que pueda expresarlas.

En Paraguay, el golpe también es contra el derecho a la comunicación.

Carta a un joven que se va

Seguro no recuerdas la caída del muro de Berlín, pues quizás naciste en ese mismo año o cuando más terminabas la primaria. Para ti y tus amigos, la muerte del Che es un acontecimiento tan remoto como lo era la Revolución rusa para los que nos fuimos a alfabetizar en 1961. Tan remoto como el siglo pasado.

Aunque celebraste el nacimiento del nuevo milenio, te sientes más del siglo XXI que del XX. Si alguien te dijera que eres un cubano de transición, lo mirarías con extrañeza. (Te comento que esa frase despedía cierto resplandor en los años 60; ahora no tanto). En cambio, si alguien te preguntara si eres un ciudadano del Periodo especial, quizás te encogerías de hombros o le harías un comentario mordaz, pero en el fondo estarías más de acuerdo. La mayor parte de tu infancia y adolescencia han coincidido con ese Periodo especial, que a diferencia de los viejos, a ti no te ha tocado vivir como malos tiempos o incluso derrumbe de ilusiones, sino como único horizonte de vida. En estos 22 años, que vienen siendo como una generación y media, según los expertos, no has recolectado epopeyas como Playa Girón o la Crisis de Octubre, ni siquiera la guerra de Angola. Sientes que la mayor diferencia con los viejos, sin embargo, no ha sido la falta de aquellas gestas, sino de aquellos sueños.

Esa épica revolucionaria se aleja más de ti mientras más la televisión vacía sus imágenes repetidas en la pantalla, las has visto tantas veces que no te dicen nada. Pero no es tanto eso lo que te falta, sino los proyectos que otros antes de ti pudieron hacerse. Cuando llegaste, todo estaba hecho, armado, por los que habían demolido lo viejo (lo que para ellos era “el pasado”), construido y reglamentado el orden nuevo. Tú, que no llegaste a tiempo para aquellas edificaciones, piensas que aquel país inventado por otros (para ti, “el pasado”) ya no existe, y solo sobrevive un orden viejo, más bien irremediable.

Lo peor, sin embargo, no es haber nacido en un orden preestablecido, porque eso le pasa a todo el mundo, sino tus inciertas posibilidades de cambiarlo. En todo caso, no quieres invertir tu vida intentándolo, porque no tienes otra que esta; y aspiras a conseguir un techo propio, un empleo que te guste y te permita lo que puedas con tu capacidad y esfuerzo, sin penurias de transporte y luz, y planear para irte de vacaciones a alguna parte una vez al año, aunque tengas que quitarte de otras cosas. Piensas que la única manera de asegurarte esa vida es saltar por encima de este horizonte y buscar otros.

No sé cuándo lo decidiste –y quizás una parte de ti todavía duda. Puede ser que se te haya ocurrido la primera vez cuando supiste que un amigo tuyo ya no estaba aquí; cuando, en un encuentro con viejos compañeros de clase, se pusieron a inventariar al grupo, y ahí se dieron cuenta de que muchos se habían ido. O porque a tu pareja se le ha metido en la cabeza y no para de hablar de eso el santo día. O porque esa misma pareja se ha hecho ciudadana española, y con ese pasaporte ya pueden irse a vivir a Europa o a cualquier país, hasta los mismos Estados Unidos. O porque tus parientes en Miami, Madrid o Toronto pueden darte una mano. O porque simplemente necesitas respirar otro aire.

Esta carta parte de creer que piensas con tu propia cabeza. Mi intención no es disuadirte, ni hacerte advertencias, ni mucho menos endilgarte un discurso patriótico. No pretendo hablarte como tu padre, consejero o guía espiritual; ni como mensajero de una fe religiosa, verdad revelada, voz de la experiencia o autoridad de maestro. Te invito a pensar entre los dos tus razones, pero sobre todo el contexto y significado de tu decisión de irte del país. A poner en situación tus argumentos, para sacar algo en limpio que, tal vez, pueda servirte. No creas que lo hago solo por ti. Tengo mis propios motivos, porque tu decisión de partir nos implica a todos, y sobre todo a los que no hemos pensado nunca en irnos.

Te propongo primero que miremos juntos lo que tenemos alrededor.
Oyes decir que los jóvenes no tienen valores, reniegan del socialismo, se quieren ir del país y no les interesa la política. Quizás los que así piensan identifican valores con sus valores, la política con movilizaciones y discursos, la defensa del socialismo con determinados mandamientos –entre otros, que este sistema es solo para los revolucionarios comprometidos, que un ciudadano cubano solo lo es mientras resida en la tierra donde nació, o que disponer de otro documento de viaje equivale a ponerse a las órdenes de una potencia extranjera.

Te advierto que los que así razonan no son nada más “algunos funcionarios”, sino muchas otras buenas personas, íntegros ciudadanos, para quienes defender la patria no es una declaración. De hecho, cuando estos hablan de defender las conquistas sociales de la Revolución, la mayoría piensa en educación y salud gratuitas, y –si esa es la medida de la Revolución y el socialismo en el plano social–, es lógico que muchos digan que tú deberías pagarlas, si te quieres mudar a otra parte “donde no vas a defenderlas”.

En cambio, tú crees que esos derechos los conquistó la Revolución para todos, y por eso mismo son tuyos, sin más condiciones que haber nacido en esta isla. Has escuchado que, según la Constitución, los derechos básicos de un cubano están más allá de su manera de pensar; y que la justicia social y la igualdad son precisamente eso: principios y valores que hay que ejercer de verdad, sin sujetarlos a clase, raza, género, orientación sexual, religión o ideología, porque representan la conquista más importante de todas, la de la dignidad plena de la persona. Bueno, si tú estás de acuerdo con eso, quizás te sorprenda escuchar que eres una criatura del socialismo. Si te importan el bienestar de toda la sociedad, la democracia de los ciudadanos, la libertad (incluida la de todos los que te rodean) y la independencia nacional, te advierto que eres un ser más polítizado que muchos habitantes del planeta –incluidos probablemente la mayoría de ese país para donde vas.

También tú tienes, como esos otros buenos ciudadanos que acabo de mencionar, tus propias verdades asumidas, que compartes con tus amigos, y que ustedes tampoco ponen nunca en tela de juicio. Por ejemplo, piensan que son un cero a la izquierda, y que nada pasa por ustedes. Sin embargo, te comento que este sistema nuestro te consulta y te pide que te movilices, porque tu movilización y tus opiniones le son necesarias para que la mayoría de las políticas funcionen—aunque ni tú ni muchos burócratas lo entiendan así. En efecto, aunque ellos sigan pensando que lo decisivo es aceitar la cadena de mando y cumplir el plan, y tú creas que eres una nulidad en el sistema, cuando pides la palabra para criticar los Lineamientos, reclamas tus derechos en cualquier parte, protestas ante desigualdades y privilegios, aplaudes una crítica dicha sin pelos en la lengua, pides que las políticas no solo se enuncien sino tengan resultados –e incluso cuando acudes a la Plaza refunfuñando, para hacer quórum en la misa de Joseph Ratzinger– estás contribuyendo activamente a la política, y a mantener vivo un tejido sin el cual este sistema languidecería, y que los sociólogos llaman consenso.

Por cierto, ese tejido es lo que sostiene también al capitalismo. La diferencia consiste en que este no requiere que participes activamente, basta con que no intentes subvertirlo, tengas la sensación de estar informado y poder decidir quién gobierna, yendo a votar (o no) cada cierto tiempo. Naturalmente que allá puedes expresar muchas opiniones y escuchar otras miles, elegir entre varios candidatos, enterarte de quiénes son y cómo piensan, sus planes y propuestas para los grandes problemas del país, e ir a votar (si eres ciudadano) por el que te parezca.

Quizás te hayas preguntado a veces por qué este sistema nuestro, que tiene sus elecciones, no puede darle a la gente que piensa como tú la posibilidad de expresar sus opiniones políticas en la televisión, proponer tantos candidatos como quiera (no solo abajo, sino a todos los niveles), escucharlos, hacerles preguntas y saber lo que tienen en la cabeza, antes de votar por ellos y sus propuestas. Siempre has oído que la confrontación política en la televisión, una lista abierta de candidatos y el debate entre ellos no es otra cosa que la politiquería del capitalismo. Que si abrimos ese espacio, los americanos, la mafia de Miami y los disidentes se van a aprovechar para usar sus dineros y confundir al pueblo. Y al enemigo “no se le puede dar ni tantico así”. Etc.

También debes haber oído, sin embargo, que nosotros mismos podemos acabar con esto que tenemos más probablemente que ese enemigo. Y que este y sus planes no pueden ser la causa de que dejemos de hablar de nuestros problemas, porque al final, la verdad se impone. Lo has oído, en la voz de los principales dirigentes, una y otra vez, pero es como si nada, los argumentos de siempre siguen ahí. Estás cansado de escuchar anuncios de cambios que no acaban de llegar, y que no dependen de “factores objetivos”, sino de una “vieja mentalidad” que sigue sujetando las riendas.

Por cierto, ahorita que mencioné una frase suya, me pregunto si alguna vez has leído al Che Guevara. Hasta no hace mucho saludabas todas las mañanas recordando su nombre. Me figuro que lo admiras como protagonista de mil hazañas de guerra, y sobre todo, haber sido capaz de morir por sus ideas. Te es familiar el guerrillero heroico, pero lo que sabes del pensador político del socialismo es apenas unas frases sacadas de contexto en vallas y muros despintados, y ciertos lugares comunes, como el tema del “hombre nuevo” y los “estímulos morales versus materiales”. ¿Por qué será que nunca te hicieron leer en clase “El socialismo y el hombre en Cuba”? El Che no creía en la infalibilidad del gobierno o de lo que él llamaba la vanguardia. “Sin embargo, el Estado se equivoca a veces. Cuando una de estas equivocaciones se produce, se nota una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a cantidades insignificantes; es el instante de rectificar”. También advertía que la participación ciudadana era esencial: “el hombre en el socialismo, a pesar de su aparente estandarización, es más completo; a pesar de la falta del mecanismo perfecto para ello, su posibilidad de expresarse y hacerse sentir en el aparato social es infinitamente mayor. Todavía es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva en todos los mecanismos de dirección y de producción».

Tú también piensas que la participación no puede ser solo cosa de marchas, actos y reuniones, donde tu presencia no cambia nada ni incide “en los mecanismos de dirección”, sino por el contrario, se diluye en “cumplimiento de metas” y otras formalidades. Sientes que en esa participación falta compromiso, sinceridad, espontaneidad. Si te piden que pongas un ejemplo de formalismo, tal vez menciones a las organizaciones juveniles y los medios de comunicación, cuyo estilo y retórica te hacen “desconectar” a ti y a tus amigos; o los CDR y la FMC, donde tampoco te sientes participante de nada sustancial.

No sé si sabes que, en un país donde puedes votar y ser elegido para cargos en el Poder Popular desde los 16 años, la presencia de jóvenes delegados en municipios y provincias ha ido bajando, desde 22 % (1987) hasta 16 % (2008). En la Asamblea Nacional, esa presencia promedio cayó al 4% en los años 90; y aunque creció en las últimas elecciones, sigue siendo inferior a 9% de los diputados. Como habrás oído, el porciento de viejos en el país ha aumentado y hoy es el más alto que hayamos tenido nunca (17,73 %); mientras el de niños y jóvenes ha disminuido. Sin embargo, los de tu edad, 16-34, son todavía el 31,41 % de toda la población que puede participar en el sistema político –muy por encima de los mayores de 60, que son solo el 21,6 % de los que tienen ese derecho. Obviamente, la presencia de jóvenes en cargos elegidos por voto está muy por debajo de su peso en la población adulta. Sea cual sea la causa de ese bajísimo perfil, está claro que mientras más jóvenes como tú salgan del país, menos será su presencia en cargos políticos; y si resides afuera no vas a poder votar ni mucho menos ocupar ninguna responsabilidad. Como ves, tu decisión de irte tiene hondas implicaciones también para los que nos quedamos.

Esto de irse del país no es nada nuevo, claro. Desde antes del 59, cada vez más gente se iba, sobre todo al Norte; de hecho, ya íbamos en camino de alcanzar una cifra como la de hoy, con más de un millón de nacidos aquí en el exterior. Cientos de miles, incluida la clase alta y muchos profesionales, se fueron en los 60. Cuando el Mariel (1980) y los balseros (1994), partieron otras decenas de miles, entre ellos muchos que no trabajaban, administrativos y obreros. En esas oleadas de los últimos treinta años, no había tantos jóvenes, profesionales y mujeres como ahora. Algunos te dirán, sin embargo, que de otros países –México, Centroamérica, el Caribe, para hablar solo de los vecinos— se va más gente que de esta isla y no pasa nada. Que hay más dominicanos, jamaicanos y guatemaltecos tratando de llegar a EEUU o adonde sea, que cubanos. Y que en definitiva, las remesas de los que se han ido mantienen a flote la economía de sus parientes y de su país. ¿Por qué tanto trauma con el caso de Cuba, si eso le pasa a otros muchos? ¿No habría que empezar a pensar que somos otra isla del Caribe, en vez de asumirnos como los raros y de vivir esta experiencia tan normal como una tragedia nacional?

Otros consideran, en cambio, que somos un caso diferente, porque aquí la gente sale por razones políticas, no económicas. Algunos incluso nos miran como una isla rodeada de caña de azúcar por todas partes, donde nadie sabe lo que pasa afuera. Pero seguro tú sí te has enterado de lo que se dice sobre Cuba y los cubanos en el mundo. Aunque no tienes Internet en tu casa, conseguiste un buzón de correo electrónico, u oyes la BBC o Radio Caracol o Radio Exterior de España u otra de las muchas estaciones en español que se cogen desde cualquier radio. Es probable que hables con alguno de los millones de turistas que caminan por nuestras calles; que tengas un primo en Hialeah o Alicante; un amigo que viaja porque es médico, académico, músico o funcionario. Por alguna de estas vías, o por discursos que escuchas aquí mismo, habrás notado que se ha puesto de moda hablar del éxodo y de la diáspora cubanos. ¿Te has fijado que nadie se refiere a los japoneses en Sao Paulo, los turcos en Alemania o los gallegos en toda América Latina desde que llegó Colón como un éxodo o una diáspora –y son muchísimos más que nosotros en cualquier parte? ¿Por qué será? Estas palabras resonantes vienen de la Biblia, donde se usan para describir el éxodo desde Egipto a “la tierra prometida” del pueblo de Israel; y su posterior dispersión por el mundo. ¿Acaso seremos los judíos de estos tiempos? ¿Otro “pueblo elegido”, que paga la culpa por sus pecados? ¿Debería tocarle entonces a la iglesia, vicaria de Dios y ajena a los éxodos, la misión de reconciliarnos? Como ves, el lenguaje no es totalmente inocente. En todo caso, esa afición a creernos excepcionales y esa marea de palabras no nos ayudan mucho a ganar claridad sobre lo que somos y nos está pasando realmente.

A fin de cuentas, dentro de poco, tú también serás “un cubano de la diáspora” –lo que siempre será mejor, por cierto, que si te llamaran “exiliado”. Cuando llegues allá, verás con tus propios ojos que algunos se fueron a la diáspora y han terminado en el exilio. Las causas de esa enemistad radican allá y aquí. En ciertos países, la industria del anticastrismo, con ramificaciones en muchos sectores, ha creado un mercado laboral, donde es posible conseguir un cierto empleo o modo de vida, si uno se radicaliza en contra. Como podrás comprobar, al revés que aquí, lo políticamente correcto allá es hablar mal de todo lo que pasa aquí, y esa norma, en ciertos lugares, puede ser muy estricta, ya lo verás. Otros, en cambio, se han puesto así porque del lado de acá les han hecho pagar costos elevados, no solo en dinero. Se han sentido castigados, sujetos de prohibiciones y separaciones, obligados a pagar una multa personal que les resulta injusta y onerosa, solo por haber decidido probar fortuna en otra parte. No importa que se haya reconocido oficialmente el origen económico y familiar de la emigración, se sigue cultivando insensiblemente entre muchos de los que parten un encono, cuyo costo rebasa todas las recaudaciones y contabilidades de corto plazo, porque deja una huella indeleble en las personas, y por lo mismo, en el cuerpo real de la nación. El precio de esa enemistad, naturalmente, es inestimable.

Como ves, aunque tu decisión personal parece solo eso, tiene un significado social y político mayor. Te reitero que nada de lo comentado hasta aquí intenta cambiar tus planes. Estoy seguro de que si te quieres ir, no hay papeleo, ni trabas, ni condicionamientos familiares, ni tarifas, ni medidas punitivas que te detengan. Eso lo saben bien aquellos cuyos hijos se han ido, experiencia que incluye a todos los grupos y jerarquías.

Algunos parecen olvidar, sin embargo, que sobre este tema de la política migratoria ha habido experiencias provechosas, que deberían tener un efecto demostrativo. Por ejemplo, en el sector de la cultura. Justamente, si fueras artista o escritor, no tendrías el dilema de quedarte aquí para siempre o irte para siempre. Podrías decidir trabajar afuera durante años, y finalmente regresar a tu lugar, para salir cada vez que quieras –como han hecho muchos. O seguir allá, mantenerte en contacto y colaborar con proyectos aquí, retornar una y otra vez –como hacen otros. Lo cierto es que la mayoría de nuestros artistas y escritores no se ha ido del país de modo definitivo. Si se tratara solo de términos “estrictamente económicos”, está claro que, para los intereses del país, su valor como capital humano es muchas veces superior a las gabelas migratorias. Esa política alternativa ha dado frutos no solo para ellos, sino para todos nosotros.

No me vuelvas a decir entonces que la política no te interesa, porque la verdad es que todo esto te importa mucho –igual que a la mayoría de los jóvenes como tú, que viven afuera, pendientes de lo que pasa aquí. Si te preguntaran por tus sentimientos como cubano, quizás digas que estás orgulloso de que seamos así como somos, de nuestra herencia cultural, tradiciones, luchas por la independencia, creencias, valores, patriotismo.

Ya ves que tu “apoliticismo” es muy dudoso, digan lo que digan o lo que pienses de ti mismo. Ahora bien, probablemente sí te va convenir mucho conectarte en directo con las realidades del mundo, y aprenderlas por ti mismo, cosa difícilmente alcanzable solo con Internet, la antena o el mp3. Salir de Cuba, además de probar fortuna, te da el chance de crecer por ese lado. Nada contribuye más a la educación política que viajar, conocer otras gentes y culturas, valores y creencias ajenas, palpar directamente y hasta experimentar los problemas de otros, para darse cuenta de dónde uno está. Si hubieras tenido la oportunidad de viajar y regresar, una y otra vez, el contexto en el que tomarías tu decisión ahora sería diferente.

Quiero terminar esta carta, naturalmente, con una despedida. No queremos que te vayas. Pero si ya lo decidiste, ninguna talanquera burocrática te lo impedirá, y lo que más cuenta ahora es que no te vayas para siempre. Queremos que no partas del todo, y para asegurarlo, lo primero es poner un calzo para que la puerta siga abierta. Donde quiera que estés, piénsate uno de nosotros, y que perteneces aquí, pase lo que pase. No rompas ni nos dés la espalda ni te dejes provocar por nadie, de allá o de aquí, que pueda convertirte en un enemigo. Levántate cada día recordando esta nave donde seguimos remando, que solo se mueve si todos la empujamos.

También tú puedes remar desde allá, para que siga a flote y se encamine a buen puerto. No dejes que te entre el bicho de la soledad o la nostalgia, que no sirve para nada; ni te resignes a la idea de que estás lejos; ni dejes de estar pendiente de todo lo que nos pasa.

Nosotros seguimos contando contigo. Te esperamos siempre, como al que vuelve de un viaje. Lleva con orgullo que eres un ciudadano de este país, porque la cubanía no es un documento de viaje, ni la patria un pedazo de tela. Habrá quienes te digan que somos una isla virtual o imaginada, un territorio diaspórico y otras metáforas. Tú y nosotros sabemos que Cuba es el espacio real donde compartimos cosas tangibles como riesgos y resultados, costos y aspiraciones, entre todos.
Así debe ser; y será, si nos lo proponemos duro. Buena suerte y hasta pronto.
La Habana,31 de mayo de 2012.

Rafael Hernández.
Director de la revista Temas
Especial para La Joven Cuba