enREDad@s por la fe: Mayo para las madres

Un encuentro dedicado a todas las madres de Cuba y en especial a las de la Red Ecuménica, tuvo lugar en el patio de la galería Hurón Azul de Manicaragua.

En el espíritu de recordar, a través de la lectura del pasaje 1ra de Samuel 1:1, la dignificación que DIOS hiciera a Ana, madre de Samuel, transcurrió el espacio, que esta vez contó con la presencia de educadoras y educadores populares que también dedicaron parte de su arte a las madres, la celebración conjunta fue toda una fiesta para ellas.

Esta vez asistieron personas de 4 denominaciones: Luz del mundo, Buenas nuevas, Evangélica independiente e Iglesia católica, concentrándose un total de 25 participantes en el espacio.

En el encuentro también se rememoraron a las madres cubanas, insignias de nuestra historia como Mariana Grajales, la madre de los Maceo, de quien dijera Martí: “¿Qué habría en esa mujer, qué epopeya y misterio habría en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en seno de madre, qué decoro y qué grandeza hubo en su sencilla vida que cuando se escribe de ella es como desde la raíz del alma, con suavidad de hijo y como de entrañable afecto?

Finalmente se agradeció a la Red Ecuménica que nos ha permitido encontrarnos para celebrar este heroísmo cotidiano de cada madre cristiana y comprometida con el proyecto social.

Homenaje a Martin Luther King en Santa Clara

Niubes Montes de Oca y Víctor Daniel Évora Mendoza (Bosnio). Equipo Comunicación Red Fe por Cuba Santa Clara

Con motivo del homenaje que cada año realizamos desde nuestras redes en memoria de Martin Luther King Jr. conmemorando su martirio, una veintena de hermanas/os nos dimos cita en el templo de la Iglesia “Alberto J. Díaz” de la FIBAC en Santa Clara el pasado 13 de abril.
Distintas fueron las dinámicas que dieron paso a la convergencia de ideas en torno a diversas temáticas como la misericordia (Hasta donde somos misericordiosos- Miqueas) y el ejemplo de resistencia pacífica que nos legara el Reverendo King.
Las reflexiones se enriquecieron desde la mística y la convocatoria a repensar la justicia desde la óptica cristiana, toda vez que estamos llamados y comprometidos desde y para el amor y la Paz hacia los demás.
Los asistentes concluimos que a 51 años del crimen de Menfis la voz profética de Martin Luther King continua resonando con más fuerza ante las multiformes manifestaciones de violencia que imperan en nuestro entorno, que van desde las más sutiles maneras, las cotidianas y aquellas provenientes de lo estructural e institucional.
Durante las 2 horas de Comunión y Ecumenía disfrutamos con fragmentos del filme SELMA, Imágenes de archivo que relatan la vida y obra del autor del Discurso Yo tengo un Sueño, mientras la Lectura Popular de la Biblia iluminó los momentos de debate. El cantautor Víctor Évora del dúo Círculo de Tiza nos recordó desde la canción Ansias del Alba que aún queda mucho por andar y por lo cual luchar.
El encuentro finalizó con un sencillo brindis que sin duda nos hizo evocar el tiempo que debe llegar, cuando todos y todas seamos un solo cuerpo y un mismo espíritu en la Presencia del Padre, sin distinciones ni prejuicios. Así agradecimos en oración colectiva a Dios por el tiempo que pudimos compartir.

Con la mano en el arado

Rudiel Paneque

Jesús le contestó:
El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás,
no sirve para el reino de Dios.
Lucas 9, 62 (DHH)

Conscientes de la responsabilidad que teníamos, un equipo del CMLK, del cual formé parte, salimos de nuestra sede para estar en el camino, para animar, acompañar y formar a las personas que integran la Red Ecuménica Fe por Cuba.

No teníamos la certeza de servir para el reino, pero una cosa teníamos clara, poniendo la mano en el arado, no miraríamos atrás, seguir era nuestro propósito, convencidos de que juntas y juntos podemos soñar una Cuba más justa, que podemos enfrentar los fundamentalismos en sus disímiles manifestaciones, que podemos promover el ecumenismo y servir a la iglesia cubana.

Nuestra utopía orienta el horizonte, labrar la tierra, abonar el camino hacia el reino de Dios, es parte imprescindible para nuestra misión. Así sortendo el mal tiempo que acompañó el recorrido, llegamos a todos los territorios donde se gesta y crece la Red ecuménica Fe por Cuba. La lluvia tampoco fue obstáculo para que las personas comprometidas con la red llegaran y de muy buenas ganas valoraramos el trabajo que los territorio han realizado.

Desde Cienfuegos hasta Pinar del Río nos acompañó la bendición de Dios a través de las precipitaciones. Y esta bendición se hizo visible en la voz de muchas personas que participaron en el taller Regional de Formación de Líderes (primera fase), quienes compartieron el impacto causado por la metodología y contenidos del taller. Asimismo cada equipo de trabajo fue muy crítico en su accionar hasta la fecha. Este espacio de encuentro también propició el análisis, el compartir responsabilidades y concretar acciones que son importantes para el trabajo en lo que queda de año.

El celebrar la vida, marcó algunos territorios de la red, quienes aprovecharon este labrar comunitario para festejar el cumpleaños de aquellos que nacieron en el primer semestre del año. Canciones, felicitaciones y dulces llegaron para bendecir a hermanas y hermanos. También desde aquí nuestras felicitaciones.

En Pinar del Río fue significativa la preparación del portal ecuménico que acontecerá el sábado 17 de noviembre de este 2018. Alegría, fuerzas para trabajar y mucha oración fueron los abonos en este territorio para que produzca red de personas comprometidas y dignas del Reino de Dios.

Para surcar con bueyes, dicen los que saben, es necesario mucha habilidad para maniobrar el arado; la concentración también es imprescindible. Pudiera parecer, que el evangelio es radical, pero en ocasiones para hacer bien el trabajo, no podemos mirar atrás. No podemos entretenernos en debates del pasado, ni en lo bien que se hizo. El encargo es caminar, surcar y sembrar, para cosechar, en su debido tiempo, los frutos del Reino.

Realizada quinta edición de Escuela Cubana de Diaconía

Rudiel Paneque

Con la llegada de junio también llegó a su fin la quinta edición de la Escuela Cubana de Diaconía. Espacio que auspiciado por el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas y el Centro Memorial Martin Luther King, jr. promueve la formación teórico – práctica en el campo de la Diaconía ecuménica.

La edición número cinco, estuvo marcada por el entusiasmo de sus participantes, quienes llegaron de diversas iglesias y territorios, sobresaliendo personas de la tradición pentecostal y bautistas, asi como la Iglesia de Dios en Cuba.

Este Diplomado fue propicio para profundizar en la formación biblico – teológica sobre la Diaconía, y a la vez fue un espacio de intercambio de experiencias ecuménicas y prácticas del servicio que realizan las Iglesias evangélicas en Cuba.

Después de mucho trabajo, esfuerzo, y crecimiento personal, el lunes 11 de junio, en el culto de acción de gracias que realizó el Seminario Evangélico de Teología en Matanzas, recibieron sus certificados de graduados quince personas que fueron comisionadas y enviadas a servir a la comunidad cubana.

De eso dan cuenta los interesantes proyectos que fueron presentados por las/los cursistas. Los trabajos expuestos trataban temáticas desde la atención a personas de la tercera edad, la personas discapacitadas, el trabajo con niñas y niños, la decoración de espacios festivos, hasta agricultura agroecológica y empoderamiento femenino.

Lleguen a estos incansables y esforzados diáconos, la felicitación y la bendición del Dios de la vida, que lucha siempre por la dignidad humana y la transformación hacia la justicia y la paz.

Ecos de un profeta mayor por la justicia

Dorisbel Guillén

(…) colectivamente somos más ricos que todas las naciones el mundo, alertó a la humanidad poco antes de morir Martin Luther King; cuyo ministerio profético devino ese tambor mayor por la justicia en Norteamérica y más países del mundo. Medio siglo después sus palabras acopian la fe de cristianos, pastoras/es y líderes religiosos de hermandades diversas.

Así quedó demostrado este 7 de abril cuando los integrantes de la Red Ecuménica Fe por Cuba del centro de la Isla recordaron el 50 aniversario del asesinato del premio Nobel de la Paz, al abrigo del Templo de la Iglesia Evangélica Ejército de Salvación, cuerpo Santa Clara.

La melodía del Himno Sublime Gracia unió a casi 30 personas de varias denominaciones, las iglesias Metropolitana, Presbiteriana, Cuáqueros, Fraternidad Bautista y oficiales del propio Ejército de Salvación. Bajo un solo canto de hermandad espiritual transcurrió este espacio de armonía y creatividad, del cual emergieron acciones concretas para llevar la luz del llamado profético a las familias, las comunidades y la sociedad santaclareña en general.

Trascendió también la necesidad de que los ministros del evangelio estén cada vez más cerca de los desposeídos y los necesitados, mediante predicaciones y formas de vida consecuentes, tal cual como convocó Luther King en Memphis, durante su discurso del 3 de abril de 1968.

A propósito de este y otros documentos legados por el líder antirracista, se debatieron ideas como su sentido de justicia social, el civismo en su propuesta de paz, la intensa lucha en contra de la discriminación racial que aun debemos librar en terrenos como el uso del lenguaje, y por sobre todo esto, el compromiso espiritual que siempre mantuvo con Dios, y que consideró como fuente de sabiduría e inspiración.

Subgrupos que representan la fe, la esperanza y el amor denunciaron situaciones que en la vida diaria requieren de una mayor sensibilidad de los cristianos, tales como la violencia intrafamiliar, de género y racial, así como la intolerancia y los vicios asociados al consumo de drogas y bebidas alcohólicas. A esto se le suma la indolencia ante el despotismo en las relaciones humanas, y la indiferencia frente a los problemas de los otros.

En esa medida se acordaron acciones concretas que la Iglesia pudiera desarrollar como el llamado a reflexión de quienes caminan separados del bien social, así como contribuir a la formación de valores que “muchas veces se enseñan en la Iglesia pero que no tienen una continuidad en el hogar”.

Técnicas de participación y otras prácticas grupales se sumaron a la proyección de materiales audiovisuales por parte del equipo que coordina el trabajo de la Redes del Centro Memorial Dr. Martin Luther King Jr. en este territorio que incluyeron temáticas como la obra del propio MLK, la presentación El Profeta, un canto a la edificación de la verdad, y las memorias del primer Encuentro Nacional de la Red Ecuménica Fe por Cuba, realizado en la ciudad de Holguín.

Antes de la despedida la pastora de la Fraternidad de Iglesias Bautistas Niubes Montes de Oca, miembro del Equipo de Coordinación de “Fe por Cuba” en Santa Clara, explicó que la Red aspira a una iglesia con compromiso social: “la soñamos y como Luther King creemos que nos podemos arriesgar para transformar el mundo; afirmar el amor, la misericordia, el respeto a las diversidades, la justicia, la equidad de género e integridad de la creación como valores del reino de Dios”, dijo.

Por su parte, el resto de los participantes e invitados, practicantes o no del cristianismo, se mostraron agradecidos por esta jornada de fraternidad en la que prevaleció el sentido renovador de la fe y agradecieron lo vivido con frases como “esto es tan hermoso como el momento de la creación misma” o “para Cuba y para los cubanos significa que tenemos que seguir profetizando, para y con los humildes”.

El homenaje al profeta de los segregados por su color de piel, concluyó con una ronda de manos diversas que se sostuvieron para orar y dar gracias por el accionar conjunto de esta Red en la cual, al decir de sus miembros, muchos más cristianos quieren caer por propia voluntad.

Acompañamiento a la Red Ecuménica en la región central

Adonys López y Roselid Morales

En los días 30 y 31 de marzo, como parte del acompañamiento a los territorios en formación, estuvimos compartiendo una reunión organizativa con el equipo de coordinación que viene surgiendo en el territorio Ciego de Ávila-Morón.

Contamos con un diverso equipo, integrado por las iglesias de Cristo, FIBAC, Asamblea de Dios y Episcopal; con muchos deseos de poner todas sus fuerzas para que la Red se haga presencia viva en este lugar. El tiempo de encuentro fue especial, animados/as por el deseo de conocerse un poco más para poder trabajar en una misma dirección y como equipo.

Algunos de los hermanos/as manifestaron que sienten que la red ya comienza a dar sus primeros pasos, pero que hay que seguir formándose, poniéndose metas cortas, alcanzables y que fortalezcan el trabajo en equipo.

Además, se visitaron iglesias que ya conocen el trabajo de la red y otras que no, para continuar sumando gente linda que pueda seguir siendo protagonista de un ecumenismo activo y comprometido.

Así quedó visibilizada la línea base para comenzar a revolotear por un territorio que ya rompe el silencio y comienza a echar a andar.

La Semana Santa, Teología e Historia

Orestes Roca

1. De la Pascua Semanal a la Pascua Anual
Para los cristianos, desde la antigüedad, el domingo no es un día como otro cualquiera, es el día del Señor. Esto se debe a la resurrección de Cristo; porque la presencia del Señor resucitado en la Iglesia es la razón de ser de la fiesta principal: el domingo.

Con el pasar del tiempo, además de esa celebración pascual semanal que era el domingo, los cristianos fueron viendo que había un domingo, que de alguna manera, era más especial que los otros. Así, los cristianos introdujeron una celebración anual de la Pascua, de la Resurrección.

Para la celebración anual de esta Pascua, la comunidad cristiana se inspiró en los festejos de la Pascua judía. Pero el contenido de las dos fiestas era bien distinto: Los judíos celebran la liberación que Dios realizó, sacándolos de Egipto y conduciéndolos a una nueva tierra. Los cristianos, por su parte, celebran la obra salvadora de Dios a través de la muerte y resurrección de su Hijo Jesucristo.
Hay que decir que la Pascua fue la primera fiesta en ser instituida por la comunidad cristiana y, por mucho tiempo, fue la única fiesta que se celebraba. Observemos que, mientras la Pascua es celebrada desde los primeros tiempos de las comunidades cristianas, la conmemoración de la Navidad surge unos 300 años después.

Desde fechas muy tempranas, la Pascua se convirtió también en el día anual del bautismo cristiano. (Algunos ven reflejos de una liturgia bautismal de Pascua ya en la primera carta de Pedro, pero es hipotético). De esta manera las comunidades cristianas expresaban la teología del bautismo desarrollada por el apóstol Pablo en su carta a los Romanos (6: 3-5):

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?, porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección”.

Debido a esa comprensión del bautizo, y por motivos prácticos, muy temprano en el tiempo se organizó lo que llegó a ser la Vigilia Pascual. Esta vigilia tenía lugar en la noche anterior al Domingo de Pascua, iniciándose al anochecer del sábado. Hay que recordar que los primeros cristianos seguían la tradición judía de iniciar la celebración en la víspera, en la noche del día anterior. Así, al caer la noche del sábado ya comenzaba el domingo. El objetivo primero de esta vigilia era catequético. En esta vigilia los candidatos al bautizo, después de un largo período de preparación, ayunaban y oraban con los líderes de la Iglesia, y recibían una serie de orientaciones como preparación para el acontecimiento del bautizo. En un inicio en esta vigilia participaban solamente los candidatos al bautizo, los líderes de la iglesia y algunos otros miembros. Con el paso del tiempo esta vigilia dejó de ser una celebración cerrada y pasó a ser una celebración de toda la comunidad. El bautizo era celebrado en ríos o en bautisterios fuera de las iglesias. Después del bautismo, las personas que habían sido bautizadas entraban a la Iglesia, donde la comunidad estaba aguardando.

2. Desarrollo de otras Celebraciones Alrededor de la Pascua: el Triduo Pascual
Jerusalén fue el escenario de los principales acontecimientos de los últimos días de Jesús, así como de su resurrección. Desde muy temprano, Jerusalén se volvió el destino de miles de personas que querían visitar los lugares donde Jesús había muerto y resucitado. Sobre todo, la mayor cantidad de peregrinos venía a Jerusalén en la época previa a la Pascua.

La comunidad cristiana de Jerusalén creó ritos litúrgicos alrededor de esos lugares importantes para ellos, ritos de los cuales muchos peregrinos participaban. Esos ritos unían el tiempo y el espacio, celebraban la muerte, sepultura y resurrección de Jesús en los días del año y en los lugares en que se dieron esos acontecimientos, como por ejemplo: la entrada de la ciudad (Domingo de Ramos), el monte de los Olivos (Jueves Santo), el monte Calvario (Viernes Santo), el santo sepulcro (Resurrección). Con estas celebraciones los cristianos y cristianas de Jerusalén no sólo se reconstruían los acontecimientos por los cuales pasó Jesús, sino que también se proporcionaban experiencias litúrgicas muy impactantes y renovadoras para la fe y la vocación cristianas de las personas que participaban de ellas.

Muchas de esas experiencias litúrgicas fueron conservadas en un documento escrito por una mujer llamada Etéria, o Egéria, posiblemente una monja española que viajó a tierra santa en el siglo IV y recogió y describió la liturgia de los días de Pascua en Jerusalén.

Las personas (provenientes de todas partes del mundo) que vivenciaban aquellas liturgias volvían a sus lugares de origen impresionadas y motivadas de que allí también se celebrase de manera significativa todo lo referente a la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Además de la Vigilia Pascual (única festividad anual en todas las comunidades cristianas hasta finales del siglo III), poco a poco se fueron cristalizando otras dos celebraciones litúrgicas: una el viernes anterior a la Vigilia Pascual (conocido después como viernes santo), que propone un alto para reflexionar y meditar sobre la crucifixión y muerte de Jesús, y otra el jueves anterior a la Vigilia Pascual, la cual rememora el último encuentro de Jesús con sus discípulos.

Así tenemos el conjunto que pasó a ser llamado Triduo Pascual. Triduo viene del latín tri: tres y dies: días. Cada uno de estos tres días, como hemos visto anteriormente, comenzaba en la víspera, esto es, en la noche anterior. Iniciar el nuevo día al caer la tarde del día anterior es una costumbre litúrgica judía que la Iglesia mantuvo. Por tanto, la noche del Jueves Santo da inicio al primer día del Triduo; la noche del Viernes Santo da inicio al segundo día, y la noche del sábado da inicio al tercer y último día que termina con el anochecer del domingo.
Estos tres días constituyen una unidad. Es como si fueran un único y gran día, una sola y gran celebración, un solo culto en el cual se condensa el evento de la muerte y resurrección de Jesús. La celebración del Triduo Pascual ya se encuentra establecida en la Iglesia en el siglo IV.

Hay otra celebración importante que también se desarrolla alrededor de la Pascua y es la conocida como Domingo de Ramos, que se celebra el domingo anterior al Domingo de Resurrección. Esta celebración data del siglo IV en Jerusalén. Los fieles entraban en procesión a la ciudad santa agitando ramas en las manos, iniciando así todas las celebraciones de la Semana Santa, pero no fue hasta los siglos VII y VIII que se hace más universal.

Como mismos los peregrinos fueron contagiados con las celebraciones de la iglesia de Jerusalén y las llevaron y adaptaron a sus comunidades, nosotros podemos también contagiarnos y nutrirnos con las experiencias celebrativas de otras comunidades cristianas.

Vamos ahora a centrarnos en las particularidades y características de cada celebración de la Semana Santa.

3. El Domingo de Ramos
La Semana Santa es inaugurada por el Domingo de Ramos, en el que se celebran, desde antiguo, las dos caras centrales del misterio pascual: la vida o el triunfo, mediante la procesión de ramos en honor de Cristo Rey, y la muerte o el fracaso, con la lectura de la Pasión. Debido a las dos caras que tiene este día, se denominaba “Domingo de Ramos” (cara victoriosa) o “Domingo de Pasión” (cara dolorosa). Por esta razón, el Domingo de Ramos comprendía dos celebraciones: la procesión de ramos y la eucaristía.

La procesión con ramos tuvo origen en Jerusalén, en el siglo IV, y se celebraba el domingo por la tarde. La asamblea se reunía en el monte de los Olivos, y desde allí iba en procesión hacia la ciudad llevando ramos de olivos.

La entrada triunfal de Cristo en la ciudad santa, que se cumplió según la profecía de Zacarías 9: 9 (¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Da voces de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu rey vendrá a ti, justo y salvador, pero humilde, cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.), había sido considerada ya desde el siglo II como una de las más grandes afirmaciones de su mesianidad; motivo por el cual al conmemorar la iglesia de Jerusalén este evento no lo hacían solamente por una razón histórica, sino que le daban también un carácter apologético singular.

A la procesión seguía inmediatamente la eucaristía. Del aspecto glorioso de los ramos pasamos al doloroso de la pasión. Esta transición no se deduce sólo del modo histórico en que transcurrieron los hechos, sino porque el triunfo de Jesús en el Domingo de Ramos es signo de su triunfo definitivo. Los ramos nos muestran que Jesús va a sufrir, pero como vencedor; va a morir, más para resucitar. En resumen, el domingo de Ramos es inauguración de la Pascua, o paso de las tinieblas a la luz, de la humillación a la gloria, del pecado a la gracia y de la muerte a la vida.

El Lutheran Book of Worship describe el sentido teológico de la procesión de este domingo de la siguiente manera:
“El servicio comienza con una procesión de los ministros y la congregación conmemorando la entrada del Señor a Jerusalén… En la procesión cada uno lleva palmas u otras ramas. Ritual y simbólicamente la iglesia se convierte en Jerusalén por el tiempo del servicio, y Jesús nuevamente entra en su ciudad. El pasado se convierte en presente, y se prefigura el futuro cuando Jesús guíe a su pueblo a la nueva Jerusalén, la ciudad celestial en la cual la celebración Pascual encontrará su culminación”.

4. El Jueves Santo
El culto del Jueves Santo es más que un recordatorio de la última cena de Jesús con sus discípulos. El tema del culto es aquello que Jesús dice y hace en las últimas horas de vida que le quedaban. Aquello que, conscientemente, dejó para su comunidad más íntima.

El centro de esta celebración es el mandamiento del amor. Esa noche este mandamiento fue dicho en palabras, fue dramatizado en el lavatorio de pies y se hizo rito en la institución de la Cena del Señor. La comunidad de los discípulos de Jesús es una comunidad que se deja servir por el Señor y como respuesta es una comunidad de servicio.

El culto del Jueves Santo se caracteriza por el rito del lavatorio de pies y por la celebración de la Santa Cena.

El rito del lavatorio de los pies se celebraba anteriormente como un rito secundario, fuera de la Eucaristía, con el nombre de “mandatum”, recordando el nuevo mandamiento de Jesús a sus discípulos. Más tarde se incluyó dentro de la celebración principal.

Antiguamente el culto terminaba sin la bendición, porque ese culto era el inicio del Gran Culto. Al final se realizaba lo que se conoce como el desnudamiento del altar. También, desde antiguo, todos los manteles del altar y del púlpito eran retirados al final de la celebración como símbolo que dramatiza el desnudamiento de Jesús de sus vestiduras en la hora de su muerte.

Todo el misterio del Jueves Santo y del Triduo Pascual se contiene en estas palabras de Juan 13: 1-2:

“Antes de la fiesta de la Pascua (Pascua judía), sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasara de este mundo al Padre (Pascua de Cristo), como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (muerte, Viernes Santo). Y cuando cenaban… (Eucaristía, Pascua cristiana)”.

En la eucaristía del Jueves Santo, la Iglesia revive la última cena de despedida de Jesús y celebra la caridad fraterna por medio de dos gestos: uno, testimonial (el lavatorio de pies); el otro, sacramental (la eucaristía).

5. El Viernes Santo
El Viernes Santo está marcado por la reflexión en la muerte violenta que sufrió Jesús. Es un día de meditación, de ayuno. Ese ayuno tenía lugar, en la Iglesia antigua, después de la Santa Cena del Jueves, y concluía en la Santa Cena de la Vigilia Pascual.

La iglesia desnuda, sin velas, sin flores. Símbolos como la cruz, la corona de espinas, expresan este clima de meditación en la pasión y muerte de Jesús.
Las lecturas bíblicas narran los hechos en que se vio envuelto Jesús en las últimas horas de su vida: cuando fue apresado en Getsemaní, la negación de Pedro, el interrogatorio hecho por los líderes religiosos (Anás y Caifás) y políticos (Pilatos), la opción del pueblo por liberar a Barrabás, la tortura física a la cual fue sometido Jesús, la caminata hasta el Calvario, la crucifixión, las últimas palabras de Jesús en la cruz, la muerte y sepultura (se basan normalmente en el evangelio de Juan, capítulos 18-19).

La liturgia del Viernes Santo era también una liturgia de intercesión. En este día se tenía una gran oración de intercesión por el testimonio de la Iglesia en el mundo, por los que sufren y también se intercedía por aquellos que no creían.
Un elemento que se introdujo en esta celebración fue el conocido como la contemplación de la cruz (en otras iglesias se conoce como adoración o veneración de la cruz), como lo atestigua Eteria. Casi al final de la celebración, se hacía entrar al templo una gran cruz que recordaba el sacrificio de Jesús, realizado por amor a la humanidad, y entonces se invitaba a la comunidad a meditar, a reflexionar en ese significado.

El culto terminaba retirándose todas las personas en silencio.

La peregrina Egeria, describiendo las ceremonias del Viernes Santo en Jerusalén en el siglo IV, nos ha dejado un relato vivaz y conmovedor de la reacción de los fieles ante las lecturas de la pasión:

“Es impresionante ver cómo la gente se conmueve con estas lecturas, y cómo hacen duelo. Difícilmente podréis creer que todos ellos, viejos y jóvenes, lloren durante esas tres horas, pensando en lo mucho que el Señor sufrió por nosotros”.
La acción litúrgica del Viernes tiene, pues, tradicionalmente tres momentos: a) una liturgia de la palabra que contiene tres lecturas y una larga oración de intercesión; b) la contemplación de la cruz; c) la comunión. Tras esta celebración, la Iglesia entra en el silencio.

En muchas iglesias, principalmente en las iglesias protestantes, es muy común tener este día el sermón de las siete palabras, basado en las últimas palabras de Jesús en la cruz. También es común, en las iglesias católicas sobre todo, tener, en algún momento de este día, el Vía Crucis, una meditación por el camino de Jesús al Calvario.

6. La Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección
La Vigilia Pascual es el punto alto del Triduo. La liturgia de la Vigilia reúne el mayor número de gestos, de símbolos, de elementos. San Agustín la llama “la madre de todas las vigilias” (Sermón 219). Es una noche de memoria y de esperanza, en la que los creyentes en Cristo velan con las lámparas encendidas.

La Vigilia Pascual más antigua que se conoce es del siglo III. Hacia el año 215, según la Tradición de Hipólito, el bautismo era celebrado, con la eucaristía, en la Vigilia Pascual. Esto se generalizó en el siglo IV. A finales de este siglo algunas Iglesias introdujeron la liturgia de la luz, que finalmente se extendió a todas partes.

Según las Constituciones Apostólicas, el pueblo se reunía en la iglesia hacia la puesta del sol. Ahí comenzaba la vigilia que se extendía hasta el amanecer del Domingo de Pascua. El sol es recibido como el símbolo de Cristo, sol de justicia que vence la oscuridad.

La Vigilia Pascual valoriza mucho los contrastes, como oscuridad-luz, noche-día, muerte-vida.

La Vigilia de Pascua se fue desarrollando en una celebración de cuatro partes: la liturgia de la luz, la liturgia de la Palabra, la liturgia bautismal y la liturgia eucarística.

a) La Liturgia de la Luz
Se desarrolla de noche, fuera del templo, en torno al cirio, símbolo de Cristo, al que siguen los bautizados con sus luminarias encendidas. El lucernario, o rito del fuego y de la luz, tiene su origen en la práctica judía y cristiana primitivas de encender una lámpara a la llegada de la noche, junto con una bendición. Los fieles, con los cirios apagados en la mano, son como los “exiliados”. Con el fuego se enciende el cirio pascual. Varios padres aluden a este cirio, pero el primer documento que nos informa sobre su existencia es el sacramentario Gelasiano (s. VII-VIII). El cirio encendido evoca la resurrección de Cristo.

Con éste cirio se encienden las velas que portan los fieles; de este modo, se entra en procesión en la iglesia, que permanece oscura, pero adornada. Esta procesión recuerda tanto al pueblo hebreo que fue guiado por una columna de fuego en las noches del desierto, como la condición de peregrinos de todas las personas que siguen a Jesús.

b) La Liturgia de la Palabra
En esta segunda parte se describe la historia de la salvación. Desde muy antiguos se leían textos que hablan de situaciones centrales en las que Dios actuó. Los textos hacen referencia a Dios, el Dios que oye el clamor de su pueblo y actúa en su favor. Son fundamentales las lecturas de la creación (Génesis), de la liberación de Egipto (Éxodo), de los profetas que anuncian una nueva liberación y el Evangelio (proclama de la resurrección). Todas estas lecturas son seguidas de cantos y oraciones que actualizan lo que fue oído.

c) La Liturgia del Agua
La liturgia bautismal celebra el nuevo nacimiento. En ella no sucede solamente el bautizo de los nuevos miembros sino también la renovación de las promesas bautismales de toda la comunidad.

Antiguamente el bautismo ocurría fuera de la iglesia (en ríos o bautisterios). Mientras los neófitos se bautizaban, la comunidad permanecía orando y cantando en la iglesia. Luego del bautizo se volvía a la iglesia donde eran recibidos con alegrías por los fieles y comenzaba entonces la eucaristía, donde participarían, por primera vez, los que habían sido bautizados.

d) La Liturgia Eucarística
Esta eucaristía celebra al Cristo resucitado y le agradece por la obra de salvación realizada por el infinito amor de Dios por la humanidad. La eucaristía es la cumbre de la vigilia. Los recién bautizados participan en ella por primera vez junto a toda la comunidad.

7. Conclusión
Los acontecimientos de la Semana Santa, más que un recordatorio, son un llamado a la Iglesia de hoy a reafirmar su compromiso con Cristo y con el mundo al cual servimos. Lo importante de estas celebraciones es desarrollar la capacidad de “hacer presente”, de actualizar el evento fundante de la fe cristiana y darle un sentido para nuestra vida hoy. Es vital propiciar celebraciones que rescaten todas las dimensiones del ser humano para que este tiempo sea realmente significativo y relevante.

Los cultos en la Semana Santa recuperan gestos corporales (como procesiones, ramas que se agitan, lavar los pies, compartir el pan y el vino, cargar una cruz…), acciones y comunicación no verbal, sobre todo aquella que se da por medio de los sentidos, de la sensibilidad. Pues las personas no somos solamente cerebro, sino también corazón, brazos, ojos, sentimientos, recuerdos, deseos y sueños.

Esperamos que todos nos sintamos motivados a empeñarnos y dedicarnos en una Semana Santa más significativa y ecuménica que recupere símbolos genuinamente cristianos y que manifieste la esencia del cristianismo.

Evangelización, sinónimo de mayordomía

María de las Mercedes Rodríguez Puzo

“Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”
Mateo 28:19

La evangelización está en crisis, predicadores ligeros con lecturas descontextualizadas y al pie de la letra junto a campañas masivas, casi maratónicas, tienen lugar en Santiago de Cuba como algo cotidiano del mundo eclesial. El fenómeno ha estado mucho tiempo frente a nosotros, pero ya es hora de abandonar la inercia y enfrentarlo.
Bautistas y episcopales así lo plantearon en el Espacio Teológico por la Semana de la Biblia, realizado los días 26 y 27 de septiembre en la Iglesia Episcopal Santa María. Convocados por la Red Ecuménica Fe por Cuba, los participantes –en su mayoría de la tercera edad- concluyeron que el evangelismo no es propiedad, sino mayordomía, un proceso permanente de conversión a la comunidad de fe.
“A veces tenemos los conocimientos y nos da miedo transmitirlos, también aparecen otros obstáculos como la ignorancia, el temor, la indiferencia y una mala experiencia. Somos cristianos y estamos llamados a evangelizar, con la sapiencia de que las acciones valen más que las palabras. Hemos de comunicar, compartir y encarnar el evangelio.
“Debemos aterrizar la evangelización en nuestro contexto, cada generación que la recibe y ejerce tiene sus propios términos. Las expectativas vienen con dos retos: aplicar lo aprendido y no estar ajenos a las injusticias”, expuso Esmeralda, facilitadora del espacio.
Aceptar al Señor no significa ser inmunes a los problemas y vicisitudes de la vida, sino enfrentarlos en el amor de Cristo, conscientes de que somos agentes de cambio en una sociedad que necesita transformarse en muchos sentidos.
Sensibilidad, flexibilidad, tacto, destreza, simpatía y determinación, enmarcados todos en la evangelización, pueden ser claves para la transformación.

Un plato llamado “relaciones de paz”

María de las Mercedes Rodríguez Puzo

Este plato auguraba quedar delicioso, jóvenes artistas profesionales y otros aficionados al arte junto a un equipo de la Red Ecuménica Fe por Cuba – todos santiagueros- se reunieron para hacerlo. La Casa Museo Memorial Vilma Espín sirvió de cocina.
Como estaban en julio y en plena Fiesta del Fuego, pensaron en algo fresco, fácil de elaborar, que sirviera como alternativa de enfrentamiento a la violencia, desde una cultura de paz. “Sí, quiero que combata los conflictos en el hogar, el maltrato a la mujer, la discriminación etaria, por raza y étnica”, comentó Daniel, el chico que escribe poesía.
Maité Álvarez cambió su bata de psiquiatra y sexóloga por un sombrero de chef. Habló sobre las causas y consecuencias de la violencia en los diferentes ámbitos, y cómo se pueden prevenir estas situaciones.
Algunos pensaron en un cangrejito, otros querían un cake. En un gran caldero, llamado corazón, mezclaron un saco de amor y chocolate, cinco onzas de respeto, seis cucharadas de comprensión, una libra de harina cariñosa, siete pizcas de sueños felices, comunicación al gusto y aceite de tolerancia. El plato quedó tan rico que supo a poquito.

Abriendo ventanas a la espiritualidad

María de las Mercedes Rodríguez Puzo

Para un cierre de lujo a una serie de cuatro encuentros, la Red Ecuménica Fe por Cuba invitó como facilitador a Rafael Cuellar Ceja, director del Colegio Lasalle en el territorio. El teólogo mexicano propuso un decálogo de acciones que conllevan al Buen Vivir, a continuación queremos compartirlo con todos y todas como regalo de fin de año:

1- Bajarse de la tarima de roles, títulos y máscaras. Ser solo un ser humano.

2- Con humildad entender que todavía no somos. Aceptar que estamos caminando hacia el crecimiento.

3- Hablar desde la experiencia y el corazón, no por definiciones, para eso están los libros.

4- No buscar culpables, los otros lo hicieron porque creían que era lo mejor atendiendo a lo que sabían.

5- Encontrarse con uno mismo antes de encontrarse con Dios. ¿Qué cosas hay en mí que no me dejan reflejar a Dios como él quiere?

6- No le creas cuando alguien te diga que no puedes.

7- El poder está en ti, búscalo. Economía, política y sociedad influyen, no determinan.

8- Busca tu singularidad, es mejor ser que parecer.

9- No sientas culpa al decir no. Cuidado con las relaciones condicionadas.

10- Aprovecha la capacidad de apertura a los otros, al medio ambiente, a Dios o lo trascendente de acuerdo a tus creencias, y sobre todo a ti mismo.