Paz para la Casa Común

Aleida Concepción Triana

Los días 19 y 20 de junio sesionó en la Sala Multipropósito que lleva por nombre Martin Luther King en la Biblioteca Provincial Martí de Santa Clara, una jornada denominada “Paz para la Casa Común”.

Esta se convirtió en espacio de confluencia para los miembros de la Red Ecuménica Fe por Cuba y la Red de Educadores/as Populares, así como otras personas invitadas que creyeron encontrar en este rincón santaclareño un lugar para acercarse, compartir vivencias, aumentar saberes y cultivar la paz.

El programa estuvo encaminado a analizar cómo contribuir a la transformación de conflictos sociales y contemporáneos mediante diferentes técnicas participativas. Compartieron sus saberes sobre el tema las pastoras April Backer de Estados Unidos y nuestra hermana y también Pastora de la FIBAC en Santa Clara Niubes Montes de Oca Pernas.

Los participantes pudieron consultar libros y publicaciones seriadas de la Editorial Caminos, que forman parte de la minibiblioteca existente en la sala para la libre utilización de usuarios asistentes a la institución y especialmente para los estudiantes de la carrera de Gestión Sociocultural como aula de formación, y apreciar el mural de la anterior jornada que muestra la unidad y hermandad de los niños y jóvenes de bien por un futuro de paz para todos.

Dialogar sobre la Paz, conmemorar el 30 aniversario del CMMLK socializando nuestra misión, hacer comprensible el ecumenismo, compartir e intercambiar con diversidad de hermanos y amigos cubanos y de otras latitudes, fueron objetivos que se cumplieron para cultivar valores inherentes a toda sociedad.

Actividades como ésta, que por tercera ocasión celebramos en la ciudad de Santa Clara, reflejan e irradian las experiencias de dos Redes que tejen juntas para reafirmar que “Un mundo mejor es posible”.

Mensaje del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil por los 30 Años del Centro

Estimadas compañeras y estimados compañeros del Centro Memorial Dr. Martin Luther King Jr.;

Reciban nuestro caluroso abrazo desde Brasil.

El Movimiento Sin Tierra viene a través de esta carta a expresar su máxima estima, consideración y respeto al CMLK y felicitarlos por sus 30 años.

La solidaridad y el internacionalismo son los valores más grandes que Cuba nos ha enseñado y estos valores son lo que nos unifica en esta larga trayectoria de lucha y resistencia.

Gracias al CMLK, la militancia del MST que estudió o pasó por Cuba, tuvo la oportunidad de conocer el proceso revolucionario cubano desde otra mirada, la mirada más crítica y cercana a la realidad de su pueblo.

Son 30 años de construcción e incansable lucha para mantener y fortalecer la Revolución Cubana.

El intercambio mutuo basado en la solidaridad y la justicia social ha fortalecido nuestros lazos de hermandad y compañerismo y queremos seguir en este camino que nos lleve a la emancipación humana.

Enviamos desde acá un saludo especial en conmemoración a vuestros 30 años y reiteramos que el MST estará siempre a la orden de la Revolución Cubana para lo que sea. Nuestra Escuela Nacional Florestan Fernandes siempre estará de puertas abiertas para recibir sus militantes, igual que nuestros campamentos y asentamientos.

Reiteramos también la necesidad de seguir fortaleciendo nuestros intercambios de experiencias para que el proyecto socialista se mantenga en nuestro horizonte estratégico.

Gracias Cuba, gracias CMLK por enseñarnos tanto en este tiempo. Sigan fuertes y convencidos de que el socialismo es el camino para la liberación del ser humano.

Hasta La Victoria Siempre!

Dirección Nacional del MST

Una economía que apuesta por la vida

Mónica Lezcano

El espacio constituyó punto clave para la reflexión en torno a las realidades económicas actuales y la problematización de aspectos puntuales del modelo de mercado imperante. De ahí la búsqueda de alternativas más socialistas como el cooperativismo, viéndolo como un modelo de gestión empresarial, diseñado para funcionar de la forma más democrática posible para sus asociados y asociadas, y otras personas externas a ella, en la cual sus integrantes tienen el mismo poder de participar en la toma de decisiones y sus ingresos o beneficios dependerán del trabajo realizado y los criterios que ellas y ellos decidan.

La riqueza de los debates estuvo protagonizada por la diversidad de experiencias presentadas. Entre ellas, la iniciativa de la Iglesia Presbiteriana Reformada de Taguasco, Sancti Spíritus, que se organiza desde la participación y busca la transformación de la comunidad. Para ello, mantiene una constante articulación con entidades estatales, lo que ha permitido un diálogo con las estructuras de gobierno municipal. Además de involucrar los altos directivos, la Iglesia abre sus puertas a todo el que quiera sumarse, sea creyente o no. Cuentan con proyectos de lavado de ropa, talleres de costura y de alimentación a las personas de la tercera edad, y un proyecto destinado al trabajo con las niñas y los niños. Todo esto sumado a la constante formación y superación bíblico-teológica, y las inmensas ganas de hacer de sus integrantes.

Desde la Unidad Básica de Producción Cooperativa “Orlando Canals Santos” de Las Tunas, compartieron que, desgraciadamente, la participación en la toma de decisiones es casi nula. La planificación de las actividades se hace de modo verticalista y el colectivo obrero tiene muy poco espacio para plantear sus ideas.
Otra de las visiones que se aportaron llegó desde instituciones comprometidas con la Economía Popular y Solidaria (EPS). Tanto las Facultades de Comunicación y Derecho de la Universidad de La Habana, como el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociales (CIPS) proyectan como meta la sensibilización de sus directivos con los temas del cooperativismo. Otra de las actividades relevantes que realizan es la asesoría y acompañamiento a procesos, además de investigaciones que tributan al fortalecimiento teórico y práctico de la EPS.

Las vivencias de los Talleres de Transformación Integral del Barrio (TTIB) de La Habana sirvieron para analizar la puesta en funcionamiento de los presupuestos de esta modalidad económica. Se presentaron las experiencias de mujeres formadas en diferentes oficios y temas de crecimiento humano, con mayor impacto en los municipios de Marianao, Plaza, Cerro, Habana del Este, Centro Habana, La Lisa y Arroyo Naranjo. De todas las iniciativas que llevan a cabo, tres están funcionando ya en forma de cooperativa (una para el cuidado de niños y niñas, una peluquería y una de textiles) y cuatro están en vías de lograrlo. No obstante, reconocen que a nivel general tiene una participación limitada debido al desconocimiento de las leyes económicas que rigen el trabajo cooperativista.

El taller también permitió un encuentro con Luis del Castillo, académico de la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana, quien mostró un mapeo de los emprendimientos económicos locales y la Economía Popular y Solidaria en América Latina, y las experiencias para el desarrollo local en Cuba.

Conscientes de las necesidades de apostar por el trabajo en conjunto y transformador, e incentivados por los momentos de intercambiados propiciados en el taller, las y los participantes llegaron al acuerdo de establecer continuidades que permitan la comunicación y articulación entre las diversas experiencias.
En los TTIB se propone realizar talleres de formación en Economía Popular y Solidaria con adolescentes y jóvenes de las comunidades, así como con mujeres emprendedoras, además de ampliar el radio de acción a los otros municipios de La Habana e involucrar paulatinamente a los decisores de los gobiernos municipales.

El CIPS trabajará en pos de lograr la mediación entre las empresas y las comunidades, insertar las empresas en los principios de la Economía Popular y Solidaria y realizar talleres de factibilidad económica de conjunto con la Facultad de Economía.

Por su parte, desde el Instituto de Filosofía, GALFISA propone el acompañamiento a cooperativas y emprendimientos que estén trabajando de forma cooperada y la realización de talleres de formación y seguimiento a las personas relacionadas con dichas experiencias.

De otro lado, la Iglesia Presbiteriana Reformada de Taguasco, intentará crear un proyecto de conjunto con la comunidad y en forma de cooperativa con los principios de la EPS, alrededor de la producción de una máquina de aceite. También ofrecerá talleres de formación y de factibilidad económica a todas las personas involucradas e interesadas.

La Red de educadores y educadoras populares en Las Tunas, impulsada por los obreros de la UBPC, propone realizar un mapeo con las posibles experiencias y alianzas para expandir la idea del cooperativismo, y de esta forma sensibilizar a todos los actores de la Red con los principios de la propuesta. Además, se insertarán en todos los espacios posibles sobre este tema que el CMLK convoque.

Otro de los ejercicios que ponderó el taller fue la construcción colectiva de ideas para el desarrollo de una campaña de comunicación sobre la Economía Popular y Solidaria que realizará el Centro Martin Luther King de conjunto con estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Modelo económico y social cubano: a debate en el CMLK

Miriela Fernández Lozano

Otra vez en Cuba tiene lugar un proceso de consulta popular en torno a los destinos del país. Ya se sabe que estos son tiempos difíciles, que encuentran en la palabra decisivos su mejor sinónimo.
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Entre discusiones esperanzadoras y propositivas y otras más neutrales en cuanto a propuestas ha ido transitando el documento del Partido Comunista de Cuba (PCC), con sus dos partes: Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista; y Plan Nacional de desarrollo económico y social hasta 2030, propuesta de visión de la nación, ejes y sectores estratégicos. Trabajadoras y trabajadores, colaboradores/as e invitadas/os se juntaron durante dos jornadas a los militantes del núcleo del PCC del Centro Memorial Dr. Martin Luther King Jr. (CMLK), para debatir ambos textos.
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La vinculación del CMLK a las luchas políticas, sociales y eclesiales en América Latina; su inspiración cristiana desde un movimiento ecuménico revolucionario; su apego a la educación popular; su quehacer en la cotidianidad cubana a partir del trabajo comunitario y diacónico, y el propósito de contribuir al proyecto socialista del país fueron recursos importantes en este debate. Las intervenciones abarcaron no solo una visión integral del país, sino que se anclaron en lo local. Asimismo privilegiaron “la cuestión social” y la necesidad de que lo económico encuentre en ella su correlato, su función, sus propósitos.
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Por eso, uno de los planteamientos más importantes fue el de colocar como objetivo general y no específico como se encuentra en el documento la atención de manera diferenciada a los sectores vulnerables. Igualmente se puso énfasis en acápites sobre la preservación de políticas universales y gratuitas y en la satisfacción de las necesidades de la población para una vida digna. De igual manera, se habló de variar el vocablo capital humano por potencial humano, lo cual está a tono desde su valor simbólico con las propuestas, políticas y prácticas de un proyecto que beneficia, en primer lugar, al ser humano, sin olvidar la naturaleza. De hecho, este fue otro aspecto relevante en la discusión.
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Claras posiciones en torno al cuidado de la naturaleza y a la convivencia en armonía con esta quedaron reflejadas. Se destacó la importancia de que existan criterios que regulen las políticas en función de la sostenibilidad de las mismas. En ese sentido, la innovación científica y tecnológica deberá tener en cuenta el cuidado medioambiental y se deberán valorar proyectos de gran envergadura destinados al turismo o promovidos en otros sectores, a partir de medidas de protección ambiental.
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En el tema de la infraestructura se aludió a las localidades, proponiéndose que estas cuenten con recursos y herramientas para su desarrollo, y que se les garantice a los gobiernos locales el acceso a esos medios. De esa forma, la descentralización y la creatividad en cada territorio posibilitarán solucionar determinadas problemáticas y sopesar las desventajas o inequidades territoriales evidentes en el país.
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Con respecto a las tecnologías, se abordó igualmente la necesidad de un amplio acceso social, la importancia del uso de tecnologías libres que creen comunidad y la educación tecnológica desde metodologías participativas. En relación con este tema, hubo planteamientos abocados a elevar la cultura donde encuentren posibilidad de desarrollo las diferentes expresiones culturales que hacen la cultura nacional; también se incluyó aquí el trabajo con los valores y la educación para todos y todas.
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El rescate de otros referentes y paradigmas de liberación se abordó como necesidad en el estudio de la Historia en Cuba. Igualmente se habló de enfatizar el carácter anticapitalista que debiera tener el proyecto social cubano, independientemente que dé espacios a diferentes formas económicas. Frente a los negocios privados se destacó la importancia de que aporten socialmente desde servicios u otras formas, que exista una coherencia entre su gasto social que generan y su contribución en este ámbito.
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La empresa socialista también recibió recomendaciones. En ese sentido, se habló de que en ellas no son los empresarios y empresarias, sino los trabajadores y las trabajadoras quienes deben alcanzar un nivel cada vez mayor de participación en la gestión y control de ese espacio, lo cual muchas veces se distorsiona en la actualidad.

Cada intervención, al menos, en el CMLK, se dirigió a poner en blanco y negro propuestas que pudieran contribuir con una sociedad próspera y democrática, llenando también de sentidos esos conceptos y señalando disímiles retos que tiene la Cuba de hoy.

Un plato llamado “relaciones de paz”

María de las Mercedes Rodríguez Puzo

Este plato auguraba quedar delicioso, jóvenes artistas profesionales y otros aficionados al arte junto a un equipo de la Red Ecuménica Fe por Cuba – todos santiagueros- se reunieron para hacerlo. La Casa Museo Memorial Vilma Espín sirvió de cocina.
Como estaban en julio y en plena Fiesta del Fuego, pensaron en algo fresco, fácil de elaborar, que sirviera como alternativa de enfrentamiento a la violencia, desde una cultura de paz. “Sí, quiero que combata los conflictos en el hogar, el maltrato a la mujer, la discriminación etaria, por raza y étnica”, comentó Daniel, el chico que escribe poesía.
Maité Álvarez cambió su bata de psiquiatra y sexóloga por un sombrero de chef. Habló sobre las causas y consecuencias de la violencia en los diferentes ámbitos, y cómo se pueden prevenir estas situaciones.
Algunos pensaron en un cangrejito, otros querían un cake. En un gran caldero, llamado corazón, mezclaron un saco de amor y chocolate, cinco onzas de respeto, seis cucharadas de comprensión, una libra de harina cariñosa, siete pizcas de sueños felices, comunicación al gusto y aceite de tolerancia. El plato quedó tan rico que supo a poquito.

Soy protestante, presbiteriana y reformada

El panel “500 años de la Reforma Protestante” abrió paso a las publicaciones de la Editorial Caminos en la Feria Internacional del Libro con sede por estos días en La Cabaña habanera. El espacio comenzó con testimonios de cristianas y cristianos, integrantes de la red ecuménica Fe por Cuba, que contaron qué representa ser protestante, cómo lo viven desde su fe. Caminos comparte ahora las razones de Adriana, una mujer que dice con orgullo que es presbiteriana y reformada.

Se me pregunta: ¿por qué soy protestante o por qué prefiero la iglesia protestante?, y eso me hace mirar hacia atrás en el tiempo, mucho tiempo y verme de la mano de mi madre, ferviente ex católica romana que conoció el Evangelio a través de una sencilla mujer cristiana, incansable visitadora de enfermos y necesitados, Rosita Acosta y de un seminarista dominicano, Raúl Blondet. Ellos le mostraron una manera distinta de creer.

De la mano de mi madre fui aprendiendo en la iglesia presbiteriana aquello de “el justo por su fe vivirá”; la fe en Jesucristo que nos es dada por su gracia y no por vivir una falsa religión, llena de preceptos agobiantes y al mismo tiempo, inútiles. También aprendí algo más: “la fe sin obras es muerta”.

Con el surgimiento del protestantismo se abrieron las puertas a los excluidos y excluidas, oyendo las voces de las personas más necesitadas.

La iglesia protestante tiene muchos ejemplos de sacrificio, de amor al prójimo, de amor práctico y desinteresado. Un ejemplo sencillo lo conocimos tres años antes de la campaña nacional de alfabetización ,en una misión campesina cercana a nuestro pueblo el pastor de la iglesia comenzó a alfabetizar a todos los que no sabían leer, pues decía: “¿cómo leerán la palabra de Dios si no saben leer?”.

A lo largo de todos estos años me he sentido con la libertad que nos da Jesucristo, porque aunque en la iglesia se nutre mi fe, puedo yo sola leer la palabra e interpretarla, guiada por el Espíritu Santo, encontrando así la voluntad de Dios para mi vida.

La iglesia nunca me ha defraudado porque sé que no es la institución formada por hombres y mujeres la que puede salvarme, sino Dios mediante Jesucristo, que usa la iglesia, con defectos y virtudes, para servir al ser humano.

En la actualidad la iglesia ha reafirmado su sentido de solidaridad y de amor al prójimo en hechos concretos, haciéndose presente en situaciones de desastres y permaneciendo también junto a cada una y a cada uno de los miembros de sus comunidades, haciendo suyos sus problemas y vicisitudes.
En muchas de nuestras iglesias protestantes y evangélicas, mediante la lectura popular de la Biblia, todos reflexionamos, opinamos y aprendemos y nuestra fe se fortalece en el trabajo colectivo, al mismo tiempo que oímos y respetamos criterios. Sin lugar a dudas la iglesia hace esfuerzos para que cada miembro esté más capacitado y pueda desarrollar los diferente dones que ha recibido: la diaconía,la enseñanza, la adoración y la predicación del Evangelio.

Desde mi experiencia de humilde cristiana, de un pequeño pueblo-Los Palos en Nueva Paz, Mayabeque-, puedo decir que la Iglesia Presbiteriana, marca la diferencia, porque camina con los tiempos, se integra a la comunidad en sus tristezas y alegrías, pone su empeño en ayudar a quienes la necesitan. Sus puertas se abren sin distinción de color, edad, sexo y situación económica, porque todos y todas necesitamos la gracia de Dios.

Sí, yo seré siempre, Protestante, Presbiteriana y Reformada.

Caminos 50. Poder y género

Presentación

Poder y género

D**s obra entre nosotros. De una política de identidad a una política de lucha. Elisabeth Schüssler-Fiorenza

Hombres al desnudo: de la mirada a la re-creación. Yoimel González

Jesús y la tradición de las transgresoras. Ivoni Richter Reimer

Privatizaciones y relaciones de género. Katja Strobel

“Creada a imagen de Dios”. Imágenes de Dios para una nueva creación. Amós López

Documentos

Llamado a la acción. Cambiar la vida de las mujeres para cambiar el mundo. Cambiar el mundo para cambiar la vida de las mujeres

Otro mundo es necesario y posible. Declaración sobre la crisis financiera

Declaración de la III Asamblea de las mujeres de la Vía Campesina

50 años de la Revolución cubana

El Jach´a Uru de Bolivia. Alejandro Dausá

El aporte del Che a la formación política de militantes. Claudia Korol

El primer reto es no olvidar. Participación juvenil contra el TLC en Costa Rica. Lisett Gutiérrez

Perspectivas

Notas sobre la crisis mundial del capitalismo João Pedro Stedile

Caminos 49. Participación

Presentación

Participación

La esencia del diálogo. Paulo Freire

Debatir es participar, participar es intervenir. Julio César Guanche

Formar para la participación social, un imperativo de estos tiempos
María Isabel Romero y Ania Mirabal

Lo popular en el horizonte de nuestra participación. Abel Moya

Rostros y huellas de la participación Martha Alejandro

Confesiones de una docente universitaria. Por una pedagogía diferente
Julia M. Fernández

Claves dialógicas para interpretar la realidad cubana (entrevista a José Ramón Vidal). Anneris Ivette Leyva y Abel Somohano

Teología

La pedagogía de Jesús. Una propuesta sentipensante para construir sujetos participativos. Boris Tobar

Lecturas

La participación en la historia y el destino de Cuba. Yaima Morales

Pasado y futuro

El racismo proteico. Rogelio Martínez Furé

El diálogo tiene siempre una potencialidad revolucionaria. Entrevista a Gabriel Kaplún. Sonia R. Pérez y Jesús Arencibia

Caminos 48. El legado de Martin Luther King

Presentación

El legado de Martin Luther King

Algo más que un amigo. Vincent Harding

El segundo martirio de Martin Luther King. Mumia Abu-Jamal

Martin Luther King: una voz profética vigente. Raúl Suárez

El legado de Martin Luther King. Gerald Lenoir

Entrevista a Cornel West. Henry Louis Gates, Jr.

Katrina afectó a los pobres. (entrevista con Ashanti Alston)

Martin Luther King hoy. Esther Pérez

Impugnando al capitalismo y al patriarcado (entrevista con bell hooks)

Perspectivas

Capitalismo: en el comienzo de la segunda etapa de la crisis global. Jorge Beinstein

“Porque esta vez no se trata de cambiar un presidente…”. Diálogo con Fernando Lugo. Claudia Korol

Pasado y futuro

La mezquita, núcleo del Islam. Yulianela Pérez

La Iglesia Católica en Santiago de Cuba en el tránsito de la colonia a la república. Humberto Leyva

Nuestra ceguera blanca. Yusimí Rodríguez

Lecturas

1968: una mirada retrospectiva. Hiram Hernández

Caminos 47. Otra vez raza y racismo

Presentación

Otra vez raza y racismo

Centenario de la fundación del Partido Independiente de Color. Fernando Martínez Heredia

De mi abuelo “francés de Francia” (segunda descarga familiar). Rogelio Martínez Furé

Cómo surgió la cultura nacional. Walterio Carbonell

Los ñáñigos y los sucesos del 27 de noviembre de 1871: Memoria histórica, dinámicas populares y proyecto socialista en Cuba. Mario Castillo

Desafíos de la problemática racial en Cuba. Esteban Morales

José Martí. Apuntes sobre su antirracismo militante. Leyda Oquendo

Me afro-conozco. Grupo de rap Obsesión

Fotos y documentos del PIC

Pasado y futuro

Historia y religión etíopes en el tercer milenio. David González

Propuesta de debate: la formación política en el contexto actual de la América Latina. Claudia Korol

Teología

La crisis de la religión en la cristiandad. José Comblin

Lecturas

Los jacobinos negros, maestros de revolución. Graciela Chailloux

Cuando pasares por las aguas. Francisco Rodés

Caminos 46. Pedagogía y teología

Caminos en Internet

Pedagogía y Teología

Dos enfoques sobre el hacerse humano: encuentros y desencuentros entre teología y pedagogía. Danilo Streck

Acercarse, oír, preguntar, leer, explicar. La lectura popular de la Biblia en Cuba. Alejandro Dausá

Pedagogía del texto bíblico en el trabajo grupal. Abel Moya

Encuentros con los discípulos. Yoimel González

Lectura popular de la Biblia: la búsqueda de la moneda perdida. Nancy Cardoso Pereira

Política-Teología-Iglesia. Michael Ramminger

Pasado y futuro

Ecumenismo en Cuba

Lecturas

Un libro contra el entusiasmo. Julio César Guanche

La teología cubana desde la perspectiva martiana

Agradecemos profundamente esta invitación, sobre todo por el tema que se nos ha escogido –no digo que se nos ha impuesto, pero sí escogido–, que, realmente, es un tema en el cual tendremos que dar, tanto Fina como yo, los primeros pasitos, como el niño que empieza a caminar. Me refiero al tema de la teología cubana. Pero lo que nos ha animado a aceptar esta invitación, es sobre todo lo que dice la invitación después, el título que se nos propuso: “La teología cubana desde la perspectiva martiana”. Y en ese aspecto, sí pudiéramos, quizás, abordar algunas ideas.
La posibilidad de una teología cubana comienza, a mi juicio, cuando el presbítero José Agustín Caballero publica en el Papel Periódico de La Habana, entre el 5 y el 8 de mayo de 1791, un artículo instando a los cosecheros de azúcar a mejorar las condiciones de los calabozos de sus ingenios. El presbítero firmaba ese artículo con el seudónimo “amigo de los esclavos”, y terminaba en lo esencial con las siguientes palabras:

Quiera Dios que esta hojilla produzca los buenos efectos que me propongo y espero ver coronados, en los que me sigan cuando oigan del Supremo Juez, estaba encarcelado y me visitaste, me aliviaste redimiendo de estrecheces tan amargas [esto en la fecha que fue escrito y publicado, fue muy notable] a unos entes de nuestro mismo calibre [ nuestros hermanos], a nuestros hermanos y prójimos que debemos tributar la más sincera compasión y benevolencia [dense cuenta lo que era esto dirigido a los esclavistas, a los dueños de esclavos, de ingenios en aquel momento]; a unos brazos que sostienen nuestros trenes [en el sentido de pompas, de ostentación], mueblan nuestras casas, cubren nuestras mesas, equipan nuestros roperos, mueven nuestros carruajes, y nos hacen gozar los placeres de la abundancia [y habla en primera persona y en plural porque se trata de la clase a la que él mismo pertenecía, no podía evitarlo].

Como puede comprobarse, el pasaje aludido por el presbítero Caballero es aquel de Mateo 25 en que el Supremo Juez, respondiendo al asombro de los justos, cuando son llamados al Reino por haberse compadecido de Él (del supremo Juez, de Cristo, de Dios, de la Trinidad), les res-ponde: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños [desde luego, quiere decir más desvalidos, más perseguidos, etc.] a mí me lo hicisteis.”
Este es un pasaje tremendo, como todos sabemos, de Mateo 25. Ochenta años más tarde, en El presidio político, después de describir las torturas a que era sometido el anciano Nicolás del Castillo, escribe José Martí (que como sabemos venía de leer o releer la Biblia en El Abra, en la casa de la familia Sardá, a quienes debió el indulto, en Isla de Pinos):

Ese, ese es Dios; ese es el Dios que os tritura la con-ciencia, si la tenéis; que os abraza el corazón, si no se ha fundido ya al fuego de vuestra infamia. El mar-tirio por la patria es Dios mismo, como el bien, como las ideas de espontánea generosidad universales. Apaleadle, heridle, magulladle. Sois demasiado viles para que os devuelva golpe por golpe y herida por herida. Yo siento en mí a este Dios, yo tengo en mí a este Dios; este Dios en mí os tiene lástima, más lás-tima que horror y que desprecio.

Hasta aquí, este pasaje, para mí siempre estremecedor de El presidio político, y dando un paso definitivo hacia su liberación espiritual, venciendo definitivamente el odio, escribirá: “Si yo odiara a alguien, me odiaría por ello a mí mismo”, e incluso llega a confesar que siente piedad por aquellos flageladores, lo que certifica la veracidad de esta declaración en su primer cuaderno de apuntes también de 1871, recién llegado de España:

Cristiano [autodefiniéndose], pura y simplemente cristiano.- Observancia rígida de la moral,- mejoramiento mío, ansia por el mejoramiento de todos, vida por el bien, mi sangre por la sangre de los demás;- he aquí la única religión, igual en todos los climas, igual en todas las sociedades, igual e innata en todos los corazones.

Palabras donde ya asoma la intuición de una religión innata, natural, que Martí atribuirá también a la prédica paulina de José de la Luz en el que llamó “el santo colegio de El Salvador”. El mismo apunte juvenil, continúa:

Cuando yo era niño, muy niño, la idea no adquirida de Dios se unía en mí a la idea adquirida de adoración.- Hoy, que se ha obrado en mí por mí mismo, esta revolución que acato porque es natural [fíjense como ya era el revolucionario que empezaba a revolucionarse a sí mismo], y me regocija porque deslinda y precisa, la idea de Dios ha sobrevivido a mis an- tiguas ideas,- la idea de adoración ha pasado para no volver jamás.

En realidad no podemos estar totalmente seguros de esto último, si recordamos la experiencia contemplativa de lo que en un apunte llamó “la tarde de Emerson”, cuya lectura, a los que no la hayan hecho todavía, les recomiendo encarecidamente. Y lo que en otro apunte (apunte para sí mismo, que no pensó nunca que se llegara a publicar) dijo: “Soy un místico más… He padecido con amor”.
De todos modos, aquellas líneas nos devuelven al aroma familiar hogareño de otra frase suya inolvidable: “el Pa-dre nuestro es la niñez”, testimonio en el fondo alusivo al padre que llevaba en la médula (como dijo), la honradez, y a la madre, en la que en su última despedida dice: “y ¿por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio?”
El sacrificio redentor adquiere en Martí un sentido histórico, incluso político. A una generación de esclavos, por ejemplo, piensa, tiene que suceder una generación de már-tires. En todo caso, Mateo 25 resonará definitivamente en los más fundamentales versos de José Martí:

Con los pobres de la tierra
Quiero yo mi suerte echar

En cuanto a la religiosidad, que, según él, está en la esencia de nuestra naturaleza, y en cuanto al cristianismo puro y al que podemos llamar histórico, he aquí su juicio entero, tal como aparece en las páginas 391-392 del tomo 19 de sus Obras completas. A aquellos que ya lo hayan leído pienso que no les molestará en absoluto que lo releamos:

Hay en el hombre un conocimiento íntimo, vago, pe-ro constante e imponente, de UN GRAN SER CREADOR: [y estas palabras las escribe todas con mayús- culas] Este conocimiento es el sentimiento religioso, y su forma, su expresión, la manera con que cada agrupación de hombres concibe este Dios y lo adora, es lo que se llama religión. [Es como una clase que está dando, en una escuela invisible, en la que todos seguimos estando] Por eso, en lo antiguo, hubo tantas religiones como pueblos originales hubo; pero ni un solo pueblo dejó de sentir a Dios y tributarle culto. La religión está, pues, en la esencia de nuestra naturaleza. Aunque las formas varíen, el gran sentimiento de amor, de firme creencia y de respeto, es siempre el mismo. Dios existe y se le adora.

Entre las numerosas religiones, la de Cristo ha ocupado más tiempo que otra alguna los pueblos y los si-glos: esto se explica por la pureza de su doctrina mo- ral, por el desprendimiento de sus evangelistas de los cinco primeros siglos, por la entereza de sus mártires, por la extraordinaria superioridad del hombre celestial que la fundó. [Sabemos también que en otro apunte escribió de Cristo que era el hombre de mayor idealidad que había existido en el universo.] Pero la razón primera [de esa perduración, de esa universalización del cristianismo] está en la sencillez de su predicación que tanto contrastaba con las indignas argucias, nimios dioses y pueriles argumentos con que se entretenía la razón pagana de aquel tiempo, y a más de esto, en la pura severidad de su moral tan olvidada ya y tan necesaria para contener los indignos desenfrenos a que se habían entregado las pasiones en Roma y sus dominios.

Pura, desinteresada, perseguida, martirizada, poética y sencilla, la religión del Nazareno sedujo a todos los hombres honrados, airados del vicio ajeno y ansiosos de aires de virtud; y sedujo a las mujeres, dis-puestas siempre a lo maravilloso, a lo tierno y a lo bello. Las exageraciones cometidas cuando la religión cristiana, que como todas las religiones, se ha desfigurado por sus malos sectarios; la opresión de la inteligencia ejercida en nombre del que predicaba precisamente el derecho natural de la inteligencia a libertarse de tanto error y combatirlo, y los olvidos de la caridad cristiana a que, para afirmar un poder que han comprometido, se han abandonado los hijos extraviados del gran Cristo, no deben inculparse a la religión de Jesús, toda grandeza, pureza y verdad de amor. El fundador de la familia no es responsable de los delitos que comenten los hijos de sus hijos.

Todo pueblo necesita ser religioso. No sólo lo es esencialmente, sino que por su propia utilidad debe serlo. Es innata la reflexión del espíritu en un ser superior; aunque no hubiera ninguna religión todo hombre sería capaz de inventar una, porque todo hombre la siente. Es útil concebir UN GRAN SER ALTO; porque así procuramos llegar, por natural ambición, a su perfección, y para los pueblos es imprescindible afirmar la creencia natural en los premios y castigos y en la existencia de otra vida, porque esto sirve de estímulo a nuestras buenas obras, y de freno a las malas. La moral es la base de una buena religión. La religión es la forma de la creencia natural en Dios y la tendencia natural a investigarlo y reverenciarlo. El ser religioso está entrañado en el ser humano. Un pueblo irreligioso morirá, porque nada en él alimenta la virtud. Las injusticias humanas disgustan de ella; es necesario que la justicia celeste la garantice.

Hasta aquí este credo de José Martí, que aparece en sus Obras completas, donde tantas cosas no aparecen porque se perdieron. Pero esta, afortunadamente, se salvó, y para nosotros es esencial.
Desde luego, como ya advertí en una reunión que tuvimos y en la que estuvieron presentes el reverendo Raúl Suárez y otros hermanos y compañeros en el Centro Me-morial Dr. Martin Luther King, Jr., nada más lejos de José Martí que pretender que aquellas cosas que él pensó deben ser obligatorias, ¿está claro? Porque lo más grande que nos enseñó José Martí es a pensar por nosotros mismos, a ser dueños de nuestros pensamientos. Esa absoluta libertad es la esencia de la enseñanza martiana.
Ahora bien, una de las tres fuentes cubanas de la religiosidad de Martí fue, sin dudas, creo yo, el presbítero Caballero, a quién llamó “padre de los pobres y de nuestra filosofía”. No sabemos si él llegó a leer el artículo que cité antes del presbítero Caballero en El Papel Periódico, pero seguramente conoció la gran obra social que realizaba en la Sociedad Patriótica de La Habana. Lo llamó “padre de los pobres y de nuestra filosofía”, esto último, de nuestra filosofía, por su eclecticismo militante, y por haber sostenido (esto tiene que ver con la observación que hice antes) que es vano atentado, dijo el padre Caballero, poner prisiones a un entendimiento, eso no se puede hacer, sencillamente no, porque el entendimiento es, per se, libre.
La otra fuente fue, sin duda, el padre Félix Varela, que no sólo fue nuestro primer gran independentista, sino que, en sus Cartas a Elpidio, recalcó (y es algo que yo estoy continuamente subrayando en defensa de la buena Edad Media, que no toda fue ni mucho menos oscurantista) el mensaje evangélico de justicia social de los padres de la Iglesia.
Recordamos, por ejemplo, a San Basilio el Magno, en el siglo iv, cuando les dijo a los ricos abiertamente: ustedes dan limosnas. ¿Cómo limosnas? Ustedes lo que tienen es que devolver lo que han robado. Este es uno de sus ar-gumentos citado, entre otros, en San Agustín y Santo To-más, y también en las Cartas a Elpidio. A Varela, Martí, como sabemos, lo llamó el santo cubano.
La otra fuente fue José de la Luz, maestro de su maestro Mendive y de la generación que inició la guerra del 68, a quien llamó el padre, el silencioso fundador que quiso hacer hombres antes que libros. De él escribió en Patria Martí que “la piedad que regó en vida, ha creado desde su sepulcro, entre los hijos más puros de Cuba, una religión natural y bella [vuelve sobre este concepto], que en sus formas se acomoda a la razón nueva del hombre, y en el bálsamo de su espíritu a la llaga y soberbia de la sociedad cubana”.
Todo lo dicho prueba, si no lo probara concluyentemente toda la vida y obra de José Martí, que el revolucionario y el creyente sin iglesia eran en su persona, en su acción y en su palabra, inseparables. Y que, por tanto, una teología de inspiración martiana tendría que incluir la patria que ya en otras páginas he llamado un misterio, porque no es el país, no es la nación, y mucho menos el Es- tado. Esa patria debe incluir la justicia y el amor entre los hombres como valores absolutos y trascendentes. Nos dijo también Martí que la patria no es el juguete de unos cuantos tercos, sino cosa divina.
Considerando, además, que él fue y es, en verso, prosa y actos, nuestro mayor poeta, y que desde José María Heredia hasta nuestros tiempos la expresión poética ha sido la vía más fiel del alma cubana, no debemos excluir los testimonios líricos que, de algún modo, se han movido en una dimensión teológica. Basta recordar entre otros a José Jacinto Milanés y a Juan Clemente Zenea, Luisa Pérez de Zambrana, Dulce María Loynaz, Emilio Ballagas, José Lezama Lima, el presbítero Ángel Gastelu, Gastón Baquero, Eliseo Diego, Fina García Marruz, Roberto Friol, Rafael Almanza (poeta camagüeyano bastante desconocido). Tampoco podemos olvidar aquellos chispazos de nuestro Apóstol cuando, a propósito de la excomu- nión del padre McGlynn, excomunión que por fortuna no llegó a consumarse, escribió que: “… la religión no muere, sino que se ensancha y acrisola, se engrandece y explica con la verdad de la naturaleza y tiende a su estado definitivo de colosal poesía”, y que “las religiones, en lo que tienen de durable y puro, son formas de la poesía que el hombre presiente; fuera de la vida, son la poesía del mundo venidero” (sentencia que sirvió de título a un libro ya memorable de nuestro hermano Reinerio Arce).Como un mínimo aporte a nuestro tema, ya que el ma-niqueísmo, que fue una tentación teológica durante siglos para los cristianos, que se ha ido agazapando tenaz en el fondo de la conciencia humana, no dejó de visitarme después del triunfo de la Revolución; y ya que la raíz inevitablemente cristiana por martiana de la propia Revolución me dio la mejor respuesta, quiero sencillamente compartir con ustedes estos breves versos escritos el 23 de septiembre de 1963, que se titulan “Respuesta al examen del maniqueo” (porque de pronto me di cuenta que era lo que estaba haciendo: un autoexamen maniqueísta):

Si tú mismo te examinas, el examen no es válido.
Las reglas no son esas, ni siquiera el asunto.
Al medirte con la vara de tu fanatismo
te conviertes en una víctima, no en un penitente.
Pero el asunto es el amor,
sobre el que no hay definiciones ni escrutinios,
el amor que está viviendo en ti
(como en toda criatura)
una vida sufriente y misteriosa.
Por él serás juzgado, y tú no sabes
dónde están los tesoros,
los desiertos, las miserias, los espantos,
ni las silenciosas comuniones, ni las grandes alegrías
del amor que en ti padece.

Nada sabes, salvo que
tenemos, simultáneamente,
que velar y confiar.
Espera. Vive.

Sirve.

Muchas gracias

Desafíos actuales de la teología de la liberación

Primero, me gustaría agradecer a Dios por este encuentro, por la posibilidad de comunión de fe y esperanza –como hemos cantado aquí ahora–, por esta demostración de amor al pueblo de Cuba. Quiero agradecer en especial al reverendo Juan Ramón1 por la acogida que nos ha dado en su iglesia. Y también al Consejo de Iglesias de Cuba, que promueve este encuentro intergeneracional sobre teología cubana. Lo único que siento es la ausencia del comandante Fidel Castro, pero él comprenderá perfectamente los motivos que hacen que estemos aquí. Y además, como estamos en una comunidad acostumbrada al perdón, quiero que me perdonen mi espangués o portuñol.
En verdad yo había pensado hacer una reflexión teológica basada sobre tres puntos. El primero es que si nosotros los cristianos, y sobre todo nuestras iglesias, somos portadores del mensaje de Jesús, entonces la pregunta sería quién es Jesús para nosotros. Porque una de las trampas que hay en la teología, y sobre todo en la predicación pastoral, es la abstracción del lenguaje. Por ejemplo, yo como cura en Brasil, en una zona de latifundistas y campesinos, llego a una misa de domingo y afirmo: “Hermanos y hermanas, tenemos que amar a Dios y al prójimo”. Todos están de acuerdo, no hay nadie que se oponga, ni los latifundistas ni los campesinos. Pero si el próximo do-mingo afirmo: “Y amar al prójimo es hacer justicia a estos campesinos pobres”, empieza el lío. Seguro que un latifundista va a ir a decirme después: “Mire, padre, yo soy más pobre de espíritu que ellos”, y va a utilizar otros eufemismos. Pero si el tercer domingo afirmo: “Amar al prójimo es crear condiciones para la liberación de estos campesinos y la erradicación de las diferencias de clases”, ya me crucifico.
La primera pregunta, entonces, cuando hablamos de Jesús, es de quién estamos hablando, porque podemos tener en la cabeza un Jesús muy abstracto. Yo puedo mirar a una persona, a Raúl Suárez, por ejemplo, y lo veo baji-to, moreno, simpático, y hacer una serie de deducciones sobre él en mi imaginación. ¿Será la mejor manera de conocer a Raúl Suárez? Seguramente no. ¿Cuál es la mejor manera? Hablar con él y preguntarle cómo es su vida, su historia, su pensamiento, su práctica. De esta manera sí voy a tener un conocimiento de Raúl muy distinto de las impresiones subjetivas que puedo tener de él. Entonces, hay que tratar primero de saber quién es Jesús desde lo que Jesús dice de sí mismo. Como prólogo a mi reflexión voy a tomar lo que Jesús dice de sí mismo.
Todos estos pasajes ustedes los conocen muy bien, pero siempre es bueno recordarlos. En el capítulo 25 de Mateo leemos lo que Jesús dijo de sí mismo, y no lo que nosotros creemos de él. ¿Y cuáles fueron sus palabras?

Venid, benditos de mi padre, heredad el reino pre-parado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que cuanto le hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.

En otras palabras, si queremos saber quién es Jesús, tenemos que mirar a los pobres. Jesús se identifica con los excluidos, con los marginados; de ahí que liberar a los pobres es liberar a Jesús. No hay posibilidad de conocer a Jesús si no es conociendo a los pobres. Entonces, como prólogo a esta intervención, tomo este pasaje. Es curioso, pero cuando yo, cristiano, creyente, estaba rodeado en la cárcel por comunistas ateos, muchas veces les decía: mi-ren, yo estoy seguro de que ustedes van todos al cielo, porque en Mateo 25 dice que fueron los justos, no los cris- tianos, no los creyentes, los que le respondieron al Señor. Y hay mucha gente que no es creyente, pero es justa, y todo el que sirve a los pobres sirve a Jesús, a Dios. Hay mucha gente que cree en Dios, que piensa que sirve a Dios, pero está de espaldas a los pobres. Esa gente está equivocada.
De los tres puntos que tengo, el primero es que, desde mi punto de vista, la Iglesia jamás debe sacralizar un ré-gimen político, sea capitalista o socialista. ¿Por qué? Porque cada vez que la Iglesia ha sacralizado un régimen político o identificado la perennidad de la propuesta del Evangelio con la temporalidad de una propuesta política, ha comprometido su misión.
Otro cuento de la cárcel. Nosotros, el pequeño grupo de cristianos que estaba allí, les decíamos a otros compañeros: miren, el problema es que cuando lleguemos a la so-ciedad comunista, todavía nosotros, los cristianos, ten- dremos el deber evangélico de seguir luchando para ir más adelante. ¿Y qué quiere decir más adelante? Nuestra propuesta es muy ambiciosa, no porque queramos, sino por la fuerza del Evangelio: es el reino de Dios en la tierra, o sea, la culminación de la historia como rescate del mensaje inicial de la Biblia. Recordemos que en las primeras páginas de la Biblia se dice que Dios nos ha creado para vivir en un paraíso, en un jardín. ¿Hay cosa mejor que un jardín con lagunas, flores, pájaros, árboles, un clima suave? Esa es la imagen de la Biblia: hemos sido creados para vivir en un jardín. Pero con nuestro egoísmo y nuestras ambiciones hemos frustrado este proyecto de Dios en la historia humana.
Entonces, nos toca a nosotros recuperarlo, porque cuando Jesús habla del Reino de Dios no habla de algo que está arriba, sino de algo que está adelante. Los cristianos hemos verticalizado la culminación de la historia huma-na; o dicho de otra manera: ¿por qué fue asesinado Jesús?, ¿por qué sufrió Jesús la pena capital en el imperio romano? Cuando me preguntan: ¿Betto, usted no cree que se mete demasiado en política?, yo respondo: mira, yo soy cristiano, soy discípulo de un prisionero político. Jesús no murió en su cama, no murió por ningún choque de camellos en una esquina de Jerusalén. Murió en conflicto con los poderes de su época; entonces, por exigencia evangélica, tengo que luchar por la justicia y seguir el camino de Jesús. El compromiso de luchar por la vida de los po-bres es el centro del mensaje de Jesús.
Primer punto entonces: la Iglesia no puede y no debe sacralizar ningún régimen político, y pobre del régimen político que necesita de la sacralización de una iglesia. Miren a Franco en España, a Salazar en Portugal, a la dic-tadura en Argentina. Los dos juntos, iglesia y régimen, se van a un hueco negro. ¿Por qué? Porque un régimen que necesita de una sacralización de su actuación política es muy débil.
Tomemos como referencia el capítulo 6 de Marcos, a partir del versículo 30: “Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado”. Marcos no cuenta lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Es como si uno regresara de noche a su comunidad, y a la pregunta de cómo fue la charla de Frei Betto se respondiera “buena” o “mala”, y punto. La verdad es que en ningún momento en el Evangelio se habla de ideas; se habla siempre a partir de hechos. Marcos describe hechos: Jesús ha ido con sus discípulos a un lugar donde se le unió gente que venía de las ciudades.

Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. Cuando ya era muy avanzada la hora, sus dis-cípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desier- to, y la hora ya muy avanzada. Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer.

Jesús había predicado palabras espirituales, alimento para el espíritu, para el alma, pero la gente tenía hambre. ¿Y cuál era la actitud de los discípulos? Les hemos dado alimento espiritual, pero ahora tienen hambre; despídelos, porque el hambre del pueblo no es un problema de la Iglesia. ¿Y cuál fue la reacción de Jesús? “Dadles vosotros de comer”. Ustedes están equivocados; no hay en mi mensaje una división entre cuerpo y espíritu. En Jesús no hay dualismos platónicos. El problema del hambre del pueblo es un problema nuestro también. “Ellos le dijeron: ¿que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?” Esa es una solución socialdemócrata: tenemos que hacer dinero para después compartirlo. Y como el dinero nunca es suficiente, la gente sigue muriendo de hambre en muchos países. En Cuba no, porque este país no tiene dinero, pero el poco alimento que tiene lo comparte con todos, y no hay gente que muere de hambre. Pero la concepción socialdemócrata de los discípulos les hizo decir: ¡comprar pan para toda esta gente va a costar dinero! Hicieron un cálculo en la maquinita y llegaron a la conclusión de que necesitaban doscientos denarios de plata para dar de comer a todos. ¿Y cuál fue la reacción de Jesús? Les preguntó: “¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo”. Yo no estoy preguntando cuánto dinero o bienes tienen ustedes, eso qué importa.
En el mundo hay hoy seis mil doscientos millones de personas. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), hay comida para el doble de la población mundial, lo cual significa que no hay exceso de bocas ni falta de comida. Hay falta de justicia. Y cuando el presidente Lula propone el combate contra el hambre como prioridad en Brasil y el mundo, está poniendo en el centro del debate algo muy interesante. Hay cinco factores de muerte precoz en nuestros días: las enfermedades (como el SIDA y el cáncer), los accidentes de trabajo y de tránsito, el terrorismo, la guerra y el hambre. Las víctimas de los cuatro primeros factores no llegan ni a la mitad de las víctimas del hambre. Pero en todo el mundo hay movilizaciones –justas y necesarias, no estoy en desacuerdo– contra el SIDA, contra los accidentes de trabajo y del tránsito, contra el terrorismo, y muy pocas contra el hambre. ¿Y por qué, si el hambre es el principal factor de muerte precoz? Según la FAO son veinticuatro mil cada día, mil por hora, los que mueren de hambre. Y cada año, cinco millones de niños menores de cinco años. No se trata de un derecho humano, sino de un derecho animal: tener un poco de bebida, un poco de comida es un derecho animal. A veces en Europa me preguntan: ¿cuál es la lucha en Brasil por los derechos humanos? Y yo digo: los derechos humanos son un lujo, todavía seguimos luchando por derechos animales: que la gente pueda alimentar y educar a sus hijos, abrigarse del frío o del calor. Esos son derechos animales que una tercera parte de la población de mi país no tiene garantizados.
La única explicación que he encontrado para explicar por qué hay poca movilización contra el hambre es una respuesta cínica: porque de los cinco factores es el único que está asociado a las clases sociales. Solamente los mi-serables mueren de hambre. Es como si nosotros, los bien alimentados, dijéramos: mira, yo me puedo morir de SIDA, de guerra, de terrorismo; ahora, esto del hambre no es con-migo; son los miserables los que mueren de hambre, y yo no lo soy. Es la única respuesta que tengo para explicar por qué hay tan poca movilización contra el hambre.
Jesús no les preguntó a los discípulos cuánto dinero te-nían, sino cuántos bienes. Y respondieron los discípulos: cinco panes y dos peces. Recordemos esta aritmética: cinco + dos. Entonces Jesús les pidió que recostaran a todos, por grupos, sobre la hierba verde. Aclaro que este Nuevo Testamento no ha sido impreso en los talleres de la teología de la liberación, sino que se encuentra en cualquier Biblia, en Marcos 6, a partir del versículo 30. Para que el pueblo encontrara la solución a sus problemas, Jesús trató de organizarlo. Les mandó a los discípulos que hicieran recostar a todos por grupos sobre la hierba verde, de cien en cien, y de cincuenta en cincuenta: organización popular para enfrentar el problema del hambre.

Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen de-lante; y repartió los dos peces entre todos. Y comieron todos, y se saciaron. Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces. Y los que comieron eran cinco mil hombres.

Aquí entre nosotros, entre amigos, debo decir que eran más o menos doce mil personas, porque Marcos era un poquito machista, y no contó a las mujeres y los niños, si-no solamente a los hombres.
Después de la cena quedaron doce canastas llenas de restos de panes y de peces. ¿Qué hacían esas canastas allí? Pudieron quedar más canastas llenas de peces, pero solamente quedaron doce. ¿Qué hacían allí? Hay dos explicaciones. La primera es que en aquel tiempo la gente, preo- cupada por su aspecto físico, tenía la costumbre de llevar canastas vacías en la cabeza para mantener la columna recta. Esa hipótesis es absurda.
La segunda explicación es la siguiente: ¿qué pasa en una plaza donde se reúnen mil, dos mil o tres mil personas? Vienen carritos de helados, de dulces, ¿no es verdad? ¿Y por qué ahí con cinco mil personas no iba a pasar lo mismo? Alguien me puede decir que estoy negando el milagro de la multiplicación de los panes. No, estoy negando la ma-gia: Jesús hacía milagros y no magia. ¿Y cuál es la diferencia? La magia consistiría en que Jesús hubiera tomado cinco panes y dos peces, puesto por encima un pañuelo y dicho: “atención, abracadabra, que de este lado aparezca una panadería, de este una tienda de pescado y hagan co-la”. Eso no fue lo que hizo Jesús.
No hay un solo milagro en los cuatro Evangelios en que Jesús le restituya un miembro a una persona. Los ciegos tenían sus ojos, los sordos sus oídos. Todos sus milagros son de revitalización. Por ejemplo: en la resurrección de Lázaro, Jesús revitaliza su cuerpo. Entonces, ¿por qué, ex-cepcionalmente, en la multiplicación de los panes iba a pasar eso: una multiplicación física de los cinco panes y los dos peces? Y si no fue eso lo que pasó, ¿cuál es el mi-lagro? Pues es el poder de Dios para actuar en nuestros corazones, y cambiar el rumbo natural de las cosas. Ese es el milagro: los dueños de los panes y los peces, motivados por Jesús, compartieron sus bienes. Ese el sentido de la eucaristía: compartir los bienes. Por esta razón, desde el punto de vista teológico, la sociedad socialista es mucho más eucarística que la capitalista. Todo el fenómeno de la vida es un fenómeno eucarístico. Por ejemplo, en el almuerzo de hoy, comimos vegetales, carne de animal y frijoles que habían muerto, pero que, en cambio, nos dan vida. Necesitamos aspirar el oxígeno que producen las plantas, y les retribuimos con gas carbónico, útil para su alimentación. O sea, vivir es un acto eucarístico, porque demuestra que hay una profunda comunión, que todo lo que exis- te, a la vez, subsiste y coexiste.
Este fue el primero de los tres puntos, y paso al segundo. La Iglesia no necesita sacralizar a ningún régimen po-lítico, porque si ese régimen logra que el pueblo comparta sus bienes para la vida, entonces, a ese régimen, por su pro-pia naturaleza popular, no le hace falta la sacralización pa-ra legitimarse. Un verdadero régimen popular no necesita de ninguna iglesia para bautizarse. Debemos luchar para que todos los sistemas políticos tengan legitimidad popular. Los gobiernos capitalistas usan a las iglesias para engañar al pueblo. El pueblo, que es muy religioso, va a de- cir: yo no puedo criticar a la autoridad, porque, a pesar de que soy pobre, mi obispo bendijo al presidente. En ese ca-so, la Iglesia sacralizó al presidente; disimuló la falta de le-gitimación popular del gobierno. Este es el segundo punto.
Vamos a leer el pasaje de Lucas 18, en el que un hom-bre rico encuentra a Jesús. “Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vi- da eterna?”
Un detalle, antes de continuar la lectura: en los cuatro Evangelios sólo aparecen dos preguntas hechas a Jesús; la primera es esta: ¿qué haré para heredar la vida eterna? Debemos prestarle atención a esta pregunta, porque nunca sale de la boca de un pobre, sino de la boca de alguien que tiene garantizada la vida terrenal, y que quiere saber cómo invertir en la celestial. Es la interrogante de Raquel, Nicodemo, el doctor de la ley en el Buen Samaritano. Nun-ca un pobre le pregunta a Jesús esas cosas. La segunda pregunta, precisamente, es la de los desposeídos: Señor, ¿qué debo hacer para tener vida en esta vida? Mi hija enfermó y quiero verla sana; mi mano está seca y necesito trabajar; mis ojos están ciegos y quiero mirar. Los pobres le piden a Jesús vida en esta vida, y la actitud de Jesús es muy distinta cuando se trata de la pregunta de los ricos o de la pregunta de los pobres. Cada vez que escucha la pregunta de boca de un rico se irrita, y cada vez que escucha la pregunta en los pobres, con misericordia se acoge a ellos.
Entonces el rico preguntó. A Jesús no le gustó la manera en que fue saludado: Maestro bueno… Y respondió: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino só-lo Dios [como diciendo: no vengas con adulaciones, porque eso no te va a servir de mucho]. Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre”.
En la catequesis de mi iglesia me enseñaron que son diez mandamientos. ¿En la de ustedes también? Entonces, ahora voy a repetir la lista de Jesús, y ustedes, por favor, cuenten con los dedos: no adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu ma- dre. Son cinco, ¿no? Eso es una prueba cabal de que Jesús no hizo una buena catequesis, porque si la hubiera hecho, se habría sabido la lista completa. Ay de mí, si en mi catequesis hubiera contestado con esa lista. El cura de mi pa-rroquia me habría expulsado, con la orden de estudiar más y volver la próxima semana.
Ahora bien, hay algo más grave en el hecho de que Je-sús no conociera la lista completa, y es que en su lista no aparece ni un solo mandamiento que exija respeto a Dios; no hay un solo mandamiento que hable de Dios. Yo habría sido reprobado como hereje en mi catequesis de niño, porque, ¿cómo olvidar los mandamientos de Dios, cómo entender que el cristianismo es una religión en la que, si uno sirve al prójimo, incluso al que no tenga fe, sirve al propio Dios?
Hay mucha gente que piensa que sirve a Dios, pero, en realidad, le da la espalda al prójimo. Jesús no necesitaba citar la lista completa, porque le bastaba con tener claros los mandamientos de relación con el prójimo para que la lista estuviese completa. ¿Y cuál fue la reacción de aquel hombre? “Todo esto lo he guardado desde mi juventud.” Lo cual prueba que no era un joven rico, sino una perso-na de más edad. Según lo que el hombre dijo, era un santo, porque, ¿quién de nosotros puede decir que desde su juventud pudo cumplir todos los mandamientos? Yo no puedo. Jesús le respondió: “Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.”
La mala suerte del hombre era que Jesús no había nacido en mi provincia en Brasil, donde la gente es conocida por ejercer la tolerancia. Si Jesús hubiera nacido en Minas Gerais, le hubiera dicho al hombre: mire, usted es un santo; quédese con nosotros, y, con el tiempo, mejorará. Pero a pesar de que era un santo, Jesús le dijo que le fal-taba una cosa: el compromiso con los pobres. Es como si Jesús quisiera decir que para hacerse discípulo hay que llegar antes a los pobres. “Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.” Y se marchó. Jesús no salió corriendo detrás de él, no lo quiso tener de dis-cípulo, porque a pesar de su integridad moral le faltaba servir a los necesitados. Entonces, para terminar el segundo punto, diremos que un régimen político se legitima por su poder popular, y la Iglesia por su servicio al pueblo. Esa es la legitimación de los discípulos de Jesús: son quienes sirven a la justicia para el pueblo.
El tercer punto tiene que ver con la convergencia y la sinergia entre una iglesia y un régimen político, las cuales no se dan por acuerdos, por protocolos, por diálogos, por ceremonias; quizás, por la mediación de un servicio al pueblo. Si una iglesia quiere tener buenas relaciones con un régimen político, sólo debe haber de punto de contacto: el servicio al pueblo. Si el régimen está contra el pueblo, la Iglesia, precisamente por estar en comunión con el pueblo, tiene que estar en contra del régimen. Pero si el régimen está al servicio del pueblo, la Iglesia encontrará al régimen y se identificará con él. Este es un punto clave que está en la parábola del buen samaritano, en Lucas 10.

Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? [Este también ya tenía la vida terrena garantizada.] Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? [Era un teólogo Jesús, era muy experto y devolvió la pregunta: ¿y por qué viene a preguntarme a mí?] Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. [Abstracción total del lenguaje.] Y le dijo: Bien has respondido; haz es-to, y vivirás. [¿Para qué me preguntas? Tú has pasa-do algún curso de teología; tienes la respuesta en la punta de la lengua.] Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: [miren la diferencia de calidad entre la respuesta del doctor de la ley y la respuesta de Jesús, que es una respuesta de la praxis, no es una teoría, no es un enunciado, no es un principio teológico, sino una acción concreta.] Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladro- nes, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano [Jesús toma como ejemplo de verdadera praxis evangélica a un enemigo de los judíos, que lo consideraban hereje total], que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. [Jesús le pregunta al doctor de la ley:] ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. [Interesante que no respondiera que era el samaritano; ¿por qué? El odio que le tenía a los samaritanos era tan grande que pronunciar la palabra “samaritano” era cometer un pecado de la lengua. Tuvo que usar un eufemismo.] Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

Un escándalo total porque Jesús da como ejemplo de quien cumple la voluntad de Dios a un samaritano. Yo debo añadir algunos puntos, de los cuales Lucas no tenía conciencia, pero yo tengo informaciones privilegiadas. Ustedes han visto que Jesús hizo una dura crítica a dos reli- giosos, primero al sacerdote y después al levita, que era, como yo, un fraile. Según Lucas, Jesús dijo que el sacerdote, a pesar de ver a un hombre desamparado, siguió de largo su camino. Las informaciones que tengo confirman que el sacerdote no era mala gente, que bajaba de Jerusalén con rumbo a Jericó, miró al hombre a la orilla de carretera, tuvo mucha pena de él; pero eran las cinco de la tarde, y tenía una misa a las seis. Por eso no se detuvo, aunque al llegar a la misa dijo: yo he encontrado a un hombre en muy mala situación en la carretera y queremos pe-dir a todos oraciones por ese señor. Es que Lucas no tuvo en cuenta esas informaciones.
Hay algo más grave, y es que quizás Lucas estaba bajo la influencia de la teología de la liberación y no consideró las intenciones del sacerdote, sólo la praxis del samaritano. Miren qué peligrosa es la teología de la liberación, porque el sacerdote, con buenas intenciones, pidió a la comuni-dad que orara por el hombre que había visto en el camino. Incluso supe después que el sacerdote había llamado por teléfono al director del policlínico de Jericó para pedirle que mandase una ambulancia a recoger al hombre en la carretera. Lucas no quiso incluir ninguna de estas informaciones, que yo ahora privilegiadamente les digo. Y eso es muy grave, porque hay que considerar también las intenciones de la gente. Lo mismo pasa con el levita, que hacía el camino al revés; pertenecía a una comunidad religiosa en Jerusalén y tenía sus oraciones a las siete de la tarde. Iba un poco atrasado. De igual modo, cuando llegó a su comunidad, pidió a todos que oraran por el hombre de la carretera, que estaba muy malo y había sido asaltado por ladrones. Todos oraron mucho.
El samaritano actuó de una manera distinta. No conocía al hombre, pero bajó de su caballo. Ese gesto significa conversión. La conversión no es un sentimiento o una emo-ción, sino cambiar el rumbo de la vida, hacerse prójimo de aquellos que más lo necesitan, y que son los oprimidos. Mi vida iba por aquel camino, ahora va por este. Digamos que es una categoría de tránsito y no de sentimientos. Je-sús quiso mostrar ese tercer principio. No importa que un hombre sea sacerdote y que sepa teología; no importa que otro sea muy religioso. Lo importante es la praxis, lo que se hace efectivamente para salvar vidas. El don mayor de Dios es la vida. No es la teología de la liberación ni el Opus Dei ni el Vaticano. ¿Y quién está a favor de la vida? Yo he venido para que todos tengan vida, y vida en plenitud. Esa es la causa de Jesús en el proyecto de Dios en la historia.
Para resumir mis tres puntos:
La Iglesia no puede, no debe, sacralizar ningún régimen político.
Un régimen político se legitima por su accionar popular; no necesita de la Iglesia. Si la necesita es porque no va bien, algo pasa que no va bien.
La convergencia entre la Iglesia, una comunidad religiosa y el gobierno se da por el servicio al pueblo y su liberación.
A la luz de estos principios debemos preguntarnos: ¿qué significan los derechos humanos? Los derechos humanos son preservar el don mayor de Dios, que es la vida para todos. Eso significan los derechos humanos. En el caso de Cuba, vemos un país que defiende los derechos humanos de una manera que, lamentablemente, ningún otro país de América Latina pone en práctica. Aquí se es-tableció un régimen político que no favorece a una pequeña minoría de la sociedad a partir del sufrimiento de la mayoría. Un régimen político que trata de cuidar la vida. No importa que este régimen se diga ateo, no creyente, eso no tiene ninguna importancia. Importa la praxis, como en el caso del samaritano, que no importaba que no fuera judío, sino que tuviera el gesto de cuidar la vida de un hombre. Es curioso que Jesús no hiciera en ningún momento una crítica a los ladrones que lo asaltaron, posiblemente desempleados de la época que trataban de robar para mantenerse, y que al ver que el hombre no traía dinero, decepcionados, le entraron a palos. En Brasil pasa mucho eso.
Para terminar, me gustaría agregar algo más. Ustedes saben que en estos momentos vivimos el proceso de elección de un nuevo Papa. Quizás ustedes no sepan que yo soy candidato a Papa, y no es una broma. Según el derecho canónico, todo hombre bautizado por la Iglesia ca-tólica es virtualmente candidato a Papa. No necesita ser sacerdote, incluso ni siquiera soltero; sólo necesita que la familia esté de acuerdo con que se vaya de la casa. El pa-pado no es una orden eclesiástica, sino un servicio al conjunto de la comunidad católica; por eso hay dos títulos para el papado: uno, tomado del imperio romano, que es el de Sumo Pontífice, y otro que lamentablemente es menos conocido, pero más evangélico, que es el de Siervo de los Siervos de Dios.
Entonces, yo soy candidato a Papa, y si por casualidad fuera elegido, el primer cambio que haría sería el de tratar de cambiar la cruz, el símbolo principal de nuestra confesionalidad, por el pan. La cruz es un símbolo de muerte y el pan es un símbolo de vida. En ningún lugar de los Evangelios Jesús resalta la cruz como algo positivo. Sin embargo, dijo: Yo soy el pan de la vida. Jesús compartió los panes con la multitud, y después de la resurrección preguntó si había algo de comer, lo que prueba que la muerte debe dar un hambre terrible. Quizás por eso los indígenas de Brasil entierran a sus muertos con bastante comida. En el pasaje de Emaús, los discípulos reconocen a Jesús cuando comparten el pan, porque compartir el pan es com-partir a Dios. Nosotros, los cristianos, deberíamos ponernos de rodillas cada vez que entramos a una panadería, porque ahí está el símbolo de nuestro Dios. Además, el pan es el único alimento universal que se come todos los días sin aburrir.
Quería compartir con ustedes estas reflexiones, porque creo que tenemos una labor teológica muy importante para ayudar a comprender mejor el papel de nuestras comunidades y nuestras iglesias en medio de los cambios que se dan hoy en el mundo y en la América Latina. Ser iglesia en un país como Brasil, como El Salvador, como Guatemala, es distinto a ser iglesia en Cuba, porque en esos países el pueblo todavía no tiene garantizado, ni estructurado políticamente, el derecho a la vida. Si bien en Brasil se han dado pasos muy importantes con Lula, los problemas nuestros son tan grandes que no se van a resolver en cuatro años. Y en este país, después de cuarenta años, se ha logrado garantizar la vida a todos, o sea, aquí se comparte el pan. No significa esto que nuestras iglesias tengan que sacralizar el sistema político de Cuba. Más bien, lo fundamental e importante es que las iglesias se pongan al servicio del pueblo cubano para que la gente tenga vida, y vida plena. Si la Revolución va en esa dirección, la Revolución va en la dirección de Jesús. La Revolución ayuda a construir en la historia el Reino de Dios.
Y termino con esta pregunta: ¿por qué Jesús fue asesinado en la cruz? Porque predicó un Reino de Dios en el reino del César. Hoy nos debe sonar subversivo, y es que el César era sacralizado como divino; tenía un título de “hijo de Dios” pero vino Jesús y dijo: No, no es hijo de Dios.

Notas

1—Juan Ramón de la Paz, deán de la Catedral Episcopal Santísima Trinidad.