Entre valores espirituales y un cabal testimonio evangélico

Amigos y colegas presentes.
Hermanos todos:

La obra que hoy presentamos es fruto del empeño loable de la Cátedra de Filosofía e Historia del Seminario Evangélico de Teología, presidida por el doctor Adolfo Ham, y de la Editorial Caminos, del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr., comprometida en la difusión de estudios que contribuyan al mejor conocimiento de la iglesia cubana.

Permítaseme reconocer, especialmente, a la agencia ecuménica ICCO & Kerk in Actie, de Países Bajos, cuyo generoso subsidio hizo posible la producción de esta obra; y a Mayra Beatriz Martínez Díaz, por la edición gramatical y estilística del texto; a Olmer Buchholz Espinosa, por el diseño gráfico; y a José Ramón Vidal, por su coordinación editorial excelente.

Como es bien sabido por muchos, la iglesia cubana, en general —y el protestantismo como parte de ella—, ha vivido un complejo proceso de vertebración, debido, por un lado, a modelos de pensamiento y acción internos y, por otro, a las difíciles circunstancias históricas en que le ha tocado vivir.

En el caso de la tradición protestante, su existencia y su naturaleza han sido exploradas por más de un destacado especialista. A la vez, diversas hipótesis se han ofrecido para explicar si intervino el factor político en la decisión de las juntas misioneras estadounidenses de establecer obra en Cuba; o si fueron las escuelas diarias los instrumentos más eficaces para educar en los principios del Evangelio; o qué aportes sustanciales al desarrollo humano integral han realizado las iglesias evangélicas.

Acéptese la que se quiera, lo cierto es que el protestantismo está ahí y ha llegado hasta nuestros días, cuajando, a veces, en agrupaciones que ya sobrepasan un siglo de existencia.

Ciertamente, no puede afirmarse que el movimiento evangélico enraizó en la Isla como mayoritaria expresión de fe —más arraigó la tradición católico-romana, instaurada por el régimen colonial español—; pero tampoco puede creerse, como lo han hecho algunos, que haya carecido de existencia real.

En Cuba, el estudio del devenir evangélico no se produjo de manera sistemática hasta la segunda mitad del siglo XX. Hubo, sin embargo, desde finales del siglo anterior, un sostenido interés por preservar la memoria histórica del cristianismo protestante.

La primera generación de historiadores del protestantismo cubano, integrada esencialmente por extranjeros, no tuvo como propósito escribir una historia eclesiástica, sino más bien recopilar datos para la redacción posterior de una historia de las misiones. En esta significativa hornada pueden incluirse, entre otros, Manuel Deulofeu Lleonart, Howard B. Grose, Eugene Dean Stroud, Clarence G. McClean, Alfredo S. Rodríguez García y Albion W. Knight.

Obviando el inveterado anticatolicismo de estos autores —lógico en el protestantismo de su época—, su marcado estilo descriptivo y el enfoque mayormente denominacional de sus obras, su labor tuvo como resultado la proliferación de intentos por desentrañar, cada vez con mayor rigor, los caminos del protestantismo cubano.

Así, con el avance del siglo XX, la producción historiográfica se diversifica, al tiempo que se dan los primeros pasos para desarrollar un liderazgo protestante nativo. Como parte de esa experiencia intelectual, el género biográfico despertó especial interés dentro del quehacer investigativo. En paralelo a esto, se iniciaron los estudios sociológicos sobre el movimiento protestante, con la publicación de La iglesia cubana en una economía azucarera (1941), de la autoría de John Merle Davis. Otros escritores que proseguirían la investigación histórica, de manera reflexiva y crítica, serían Guillermo Cabrera Leiva, Rafael Cepeda Clemente y Theo Tschuy.

Continuador de estos esfuerzos precursores, Marcos Antonio Ramos ha sido quien más ha escrito y difundido la historia y manera de ser de los evangélicos cubanos. Aunque su Panorama del protestantismo en Cuba (1986) es la obra con mayor peso dentro de la historiografía protestante contemporánea, otros autores, algunos de considerable estatura, han investigado el protestantismo insular en las últimas décadas. Entre ellos, pueden ser citados los cubanos José O. Garrido Catalá, Juana Berges Curbelo, René Cárdenas Medina y Luis Martínez-Fernández, así como los estadounidenses Margaret E. Crahan, Louis A. Pérez, Jr., Jason M. Yaremko y Theron E. Corse.

En el panorama editorial cubano de los últimos años, y tras un largo período de inactividad, han aparecido libros, ensayos y artículos —gran parte de la autoría de historiadores y sociólogos—, capaces de abordar el hecho protestante con carácter científico y académico, y con un hondo sentido humanístico, sin olvidar que la religión constituye una importante fuente de ética y una parte ineludible de la praxis antropológica. Amén de que muchos de ellos han sido apenas divulgados —cuando no ignorados—, el desconocimiento de las raíces, historia y tradiciones protestantes cubanas ha estado signado por otros tres importantes factores: 1) la dispersión de los documentos fundamentales del protestantismo insular, 2) la escasez de información en torno a los mismos, y 3) la no existencia de la historiografía protestante nacional —como un corpus unitario— en fondos y colecciones bibliográficas.

Este libro que ahora se presenta —sin intentar convertirse en una historia general del movimiento protestante en Cuba, sino más bien exponer una síntesis interpretativa de carácter multidisciplinario— procura servir de acercamiento a la variedad de expresiones del protestantismo cubano, recorriendo el quehacer de algunos autores que se han aproximado a su estudio. En sus páginas, hemos realizado un esfuerzo por presentar los más diversos enfoques, acudiendo para ello a las tradiciones historiográficas, confesionales e ideológicas desde las cuales se ha abordado el tema.

La antología, de la cual hoy presentamos el volumen 1, reúne trabajos de veintidós autores cubanos, siete estadounidenses, dos suizos, y un estadounidense nacido en Japón. Esta diversidad implica ciertas particularidades, en primer lugar, porque, entre los cubanos, se hallan tres escritores que han residido alrededor de medio siglo en los Estados Unidos. Además, entre los estadounidenses, tres laboraron en Cuba como misioneros durante varios años, y otros cuatro han sobresalido por su nivel de especialización en estudios cubanos. De igual modo, los helvéticos se distinguen por su vasta experiencia como latinoamericanistas, y al nipón le cabe el mérito de ser el pionero de los estudios sobre el movimiento protestante en la Isla.

Desde el punto de vista configurativo, la obra consta de tres volúmenes. Este primero, “Panorama general”, constituye, en cierto modo, un balance de la obra protestante insular. En él figura un amplio y selecto recuento de la presencia evangélica en la Isla, desde sus orígenes hasta la actualidad.

El segundo, de próxima aparición, titulado “Visiones y perspectivas”, presenta valoraciones críticas sobre la contribución ejercida por hombres y mujeres de fe al protestantismo cubano, y las formas en que este ha sido afectado por los cambios económicos, sociales y políticos acaecidos en la historia del país.

Cerrará el libro, en su tercer volumen —“Fuentes para el estudio”—, con un recorrido histórico y bibliográfico, que servirá de guía para conocer con mayor detalle el movimiento protestante cubano y así comprender la naturaleza y el alcance de sus organizaciones, instituciones y líderes.

En su conjunto, estos ensayos —que, suponemos, habrán de suscitar las más variadas y controvertidas opiniones— constituyen, en cierto modo, un balance de la obra protestante en la isla de Cuba. Confiamos, por tanto, en que la experiencia histórica apenas esbozada aquí, contribuya a resaltar, en toda su extensión, su memoria y su legado, y el importante rol de los creyentes en Dios dentro de la sociedad cubana.

Probablemente, representa un vacío importante no haber remarcado la contribución de los evangélicos a la cultura, ni el itinerario de sus relaciones con la iglesia católica, o la amplia aventura misionera de cubanos en la diáspora. Por fortuna, dichos temas han sido tratados —al menos levemente— en varios de los textos aquí reunidos. También hubiéramos deseado añadir otros autores, quienes han observado al movimiento protestante desde otros ángulos, pero ello ha sido imposible, en lo fundamental, por razones de espacio.

Si se nos pidiera, a partir de lo vivenciado durante este trabajo, sintetizar en una frase los orígenes y el desarrollo del protestantismo en Cuba, esta sería: “una aventura de fe”; si se quisiera una prueba de esa realidad, bastaría con leer este libro. Lo que nos parece arriesgado sería predecir el futuro del movimiento protestante, cuya historia y destino han estado —están— raigalmente unidos al de su país.

De todas maneras, los cristianos cubanos miran confiados hacia el mañana, porque ni tan siquiera los embates de la historia han podido extraviarles de su ideal primero: promover los valores espirituales y ofrecer un cabal testimonio evangélico.

Muchas gracias, y mi deseo de que esta obra les sea de gran utilidad.

La Habana, 16 de febrero de 2012

por: Carlos R. Molina Rodríguez

Importante libro sobre Protestantismo acaba de ser editado

Según la introducción que hace su compilador al tema, se plantea que la Iglesia cubana en general, y el protestantismo como parte de ella, “ha vivido un complejo proceso de vertebración, debido, por un lado, a modelos de pensamiento y acción internos y, por otro, a las difíciles circunstancias históricas en que le ha tocado vivir”.

Cuando en el caso de la tradición protestante –según Molina– su existencia y su naturaleza han sido exploradas por más de un destacado especialista, a la par que diversas hipótesis se han ofrecido para explicar si intervino el factor político en la decisión de las juntas misioneras estadounidenses de establecer obra en Cuba; o si fueron las escuelas diarias los instrumentos más eficaces para educar en los principios del Evangelio; o qué aportes sustanciales al desarrollo humano integral han realizado las iglesias evangélicas.

“Acéptese la que se quiera, lo cierto es que el protestantismo está ahí y ha llegado hasta nuestros días, cuajando, a veces, en agrupaciones que ya sobrepasan un siglo de existencia”, plantea Molina.

Este primer volumen, que se publica con el patrocinio de la agencia Organización Inter-eclesiástica para la Cooperación al Desarrollo (ICCO, por sus siglas en inglés) & Kerk in Actie, programa para el trabajo misionero y diaconal de la Iglesia Protestante en los Países Bajos, así como de la Editorial Caminos perteneciente al Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr, cuenta de 142 páginas y, además de su introducción general, presenta trabajos tales como Dos antecedentes del protestantismo en Cuba, de Guillermo Cabrera Leiva; Protestantes extranjeros en el siglo XIX, de Marco Antonio Ramos; Los misioneros patriotas revisitados, del doctor Rafael Cepeda y Molina; El protestantismo en Cuba: del arribo de las misiones estadounidenses al triunfo de la revolución (1898-1959), de Theo Tshcuy; y Cincuenta años de Revolución: la religión en Cuba, de Marco Antonio Ramos.

El estudio, a pesar de lo controvertido que pudiera parecer a partir de la diversidad de visiones que se tengan sobre el fenómeno, sin dudas contribuirá, de manera significativa, al conocimiento y al esclarecimiento del pensamiento y será una valiosa información para líderes, pastores y, sobre todo, estudiantes de los distintos centros teológicos del país como texto de consulta.

Carlos Molina, es de los pocos jóvenes egresados de seminarios evangélicos en Cuba que se dedica, con seriedad y sistematicidad, al análisis histórico de las iglesias, disperso y a veces olvidado, porque ha carecido, en muchas ocasiones, de ese espíritu indagador y compilador que aúne y concentre el conocimiento humano sobre temas de religión.

Actualmente ejerce la docencia en el Seminario Evangélico de Teología (SET), de la ciudad de Matanzas, donde enseña Historia de la Iglesia y del Protestantismo en Cuba. Su actividad investigadora y editorial –según reseña la contracubierta del libro– se ha centrado en aspectos históricos y bibliográficos del protestantismo insular, esencialmente en temas relacionados con la obra misionera, la educación teológica y el pensamiento protestante cubano del Siglo XX.

De su coautoría junto al ya fallecido doctor Rafael Cepeda, La siembra infinita: itinerarios de la obra misionera y la evangelización protestantes en Cuba, acaba de entrar a imprenta en Ecuador, como una coedición con el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), y el propio SET, el cual se espera sea presentado en la Jornada Teológica que se efectuará, en octubre próximo, por el aniversario conmemorativo de los 65 años de fundación de ese Seminario.

Por: José Aurelio Paz, Consejo de Iglesias de Cuba

Salvemos a Gerardo Hernández

Encerrado en una celda de castigo, un espacio mínimo que comparte con otro prisionero, carente de ventilación, soportando temperaturas superiores a los 35 grados centígrados y sin contacto con el mundo exterior.

En esta acción contra nuestro compatriota intervinieron oficiales del Buró Federal de Investigaciones (FBI) quienes dejaron claro que Gerardo está confinado por una decisión de esta Agencia.

A lo largo del prolongado proceso contra los Cinco las autoridades federales han empleado procedimientos semejantes para impedir su defensa y obstruir la justicia. En vísperas de cada decisión importante nuestros compañeros fueron aislados en el “hueco” para hacer imposible toda comunicación con sus abogados defensores. La historia se repite ahora cuando Gerardo ha presentado una demanda de habeas corpus, último recurso legal que le queda en el sistema norteamericano que lo condenó injustamente y le impuso la bárbara sentencia de dos cadenas perpetuas más 15 años de prisión. Durante los doce años transcurridos desde su arresto las autoridades norteamericanas han prohibido que lo visite su esposa, Adriana Pérez Oconor.

Gerardo mantiene su indomable resistencia, su voluntad irreductible, su optimismo y convicción en la victoria. Es un joven que acaba de cumplir 45 años de edad pero doce años de encierro en condiciones de extrema crueldad han comenzado a quebrantar su salud. Sufre varias dolencias que no son atendidas y causan profunda preocupación.

Alcemos nuestras voces, todas y todos, para salvar a Gerardo, un héroe admirable, un inocente que merece vivir en libertad.

Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba

La Habana, Agosto 1ro de 2010

Mensaje desde Cuba a los intelectuales y artistas afronorteamericanos

Así sucederá, estamos seguros, cuando se conozcan los argumentos que nos llevan a refutar las falaces afirmaciones sobre nuestra sociedad contenidas en un documento circulado el pasado 1ro. de diciembre a nombre de un grupo de intelectuales y líderes afronorteamericanos.

Decir que entre nosotros existe un “insensible desprecio” por los cubanos negros, que se coartan las “libertades civiles por razones de raza”, y exigir que se ponga fin “al innecesario y brutal acoso de los ciudadanos negros en Cuba que defienden sus derechos civiles”, parecería una delirante elucubración si no fuera porque detrás de esas ficciones se evidencia la aviesa intención de sumar a respetables voces de la comunidad afronorteamericana a la campaña anticubana que pretende socavar nuestras soberanía e identidad.

Si la Cuba de estos tiempos fuera ese país racista que se quiere inventar, sus ciudadanos no hubieran contribuido masivamente a la liberación de los pueblos africanos. Más de 350 000 voluntarios cubanos combatieron junto a sus hermanos de África contra el colonialismo. Más de 2 000 combatientes de la Isla cayeron en tierras de aquel continente. Una personalidad de indiscutible relieve mundial, Nelson Mandela, ha reconocido el papel de esos voluntarios en la quiebra definitiva del infamante régimen del apartheid. De África solo trajimos los restos de nuestros muertos.

Si la Cuba de hoy sintiera ese desprecio por el negro, más de 35 000 jóvenes africanos no hubieran sido formados en nuestras escuelas durante los últimos 40 años, ni 2 800 jóvenes de una treintena de países de esa región estudiaran ahora mismo en nuestras universidades.

Un pueblo enfermo de racismo se negaría a colaborar en la formación de médicos y recursos humanos en el área de la Salud en Facultades de Ciencias Médicas fundadas en Guinea Bissau, Guinea Ecuatorial, Gambia y Eritrea; daría la espalda a los programas de asistencia sanitaria que han salvado miles de vidas en varios territorios de América Latina y el Caribe donde resulta significativa la presencia de la diáspora africana, y se hubiera desentendido de los más de 20 000 haitianos y afrocaribeños de habla inglesa que han recuperado la vista mediante operaciones quirúrgicas practicadas gratuitamente en nuestro país.

Es muy probable que la mayoría de los firmantes del documento desconozca cómo a raíz de la devastación de Nueva Orleáns por el huracán Katrina, decenas de médicos y personal paramédico cubano se ofrecieron para asistir voluntariamente a las víctimas del meteoro en un gesto humanitario que no halló respuesta en las autoridades norteamericanas.

En otro orden, quizá también ignoren de qué modo, desde los primeros días que siguieron a la victoria popular de 1959, fueron desmanteladas aquí las bases institucionales y jurídicas de una sociedad racista. La Revolución Cubana encontró en 1959 una situación desesperada en la mayoría de la población. Los afrodescendientes cubanos, que estaban entre las más sufridas víctimas del modelo neocolonial imperante en la Isla, se beneficiaron de inmediato con la batalla que dio el gobierno revolucionario para erradicar toda forma de exclusión, incluido el feroz racismo que caracterizaba a la Cuba de entonces.

La política de Cuba contra cualquier tipo de discriminación y en favor de la igualdad tiene respaldo constitucional y se expresa en los capítulos de la Carta Magna que se refieren a los fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado y a los derechos, deberes y garantías de sus ciudadanos. Los derechos constitucionales, así como los mecanismos y medios para hacerlos efectivos y restablecer la legalidad ante cualquier violación de estos, se garantizan mediante una muy precisa legislación complementaria.

Como nunca antes en la historia de nuestro país, los negros y mestizos han hallado, en el proceso de transformaciones emprendido en el último medio siglo, oportunidades de realización social y personal, sustentadas en políticas y programas que han propiciado el despegue de lo que llamó el antropólogo cubano Don Fernando Ortiz la impostergable fase integrativa de la sociedad cubana.

Se trata, lo sabemos, de un proceso no exento de conflictos y contradicciones, sobre los que gravitan tanto desventajas sociales heredadas como prejuicios secularmente enraizados.

Hace seis años, Fidel Castro, al dialogar en La Habana con pedagogos cubanos y extranjeros, comentó cómo “aún en sociedades como la de Cuba, surgida de una revolución social radical donde el pueblo alcanzó la plena y total igualdad legal y un nivel de educación revolucionaria que echó por tierra el componente subjetivo de la discriminación, ésta existe todavía de otra forma. La califico como discriminación objetiva, un fenómeno asociado a la pobreza y a un monopolio histórico de los conocimientos”.

Quien observe la vida cotidiana en cualquier sitio del país, podrá advertir cómo se lleva a cabo un ingente esfuerzo por superar definitivamente los factores que condicionan tal situación mediante nuevos programas orientados a eliminar toda desventaja social.

Los intelectuales afronorteamericanos deben saber cómo sus colegas cubanos han abordado estos temas y promueven acciones desde el lugar prominente que ocupan en la sociedad civil. Algunos de los programas anteriormente aludidos surgieron a partir de los debates suscitados en 1998 durante el VI Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en diálogo franco y abierto con las máximas autoridades del Estado y el entonces presidente Fidel Castro.

Debe recordarse que la organización que agrupa a la vanguardia del movimiento intelectual y artístico cubano tuvo como presidente fundador a un poeta negro, Nicolás Guillén, uno de los más notables poetas de la lengua castellana del siglo XX, activo luchador contra la discriminación racial, y amigo personal de Langston Hughes y Paul Robeson.

En el seno de la UNEAC, organización que nunca estuvo a espaldas de esta problemática se ha creado un Comité permanente para luchar, desde una perspectiva cultural, contra todo vestigio de discriminación y prejuicios raciales.

En un país racista sería impensable la fundación y el funcionamiento de instituciones como la Casa de África, la Fundación Fernando Ortiz, la Casa del Caribe de Santiago de Cuba, el Centro de Estudios del Caribe de la Casa de las Américas y el Instituto Nacional de Antropología, que, entre otras, investigan a fondo el legado africano en nuestra cultura y las relaciones interraciales en nuestro país. Ni recibieran apoyo ni tendrían el más amplio reconocimiento social entidades artísticas de tanta jerarquía como el Conjunto Folclórico Nacional, el Ballet Folclórico de Camagüey, o el Conjunto Folclórico de Oriente. Ni existiera el Museo de La Ruta del Esclavo, primero de su clase en América Latina y el Caribe y uno de los principales resultados del compromiso de Cuba con el programa auspiciado por la UNESCO para vindicar el aporte de los africanos arrancados por la fuerza de sus tierras de origen a estas otras donde contribuyeron a la forja de nuevas identidades.

Si el odio racial fuera una tónica predominante en nuestra sociedad, no pasaría de ser un gesto retórico la conmemoración del centenario de la fundación del Partido Independiente de Color, sobre la base de recuperar la memoria histórica de una etapa de las luchas y afanes del pueblo cubano por sus derechos y su liberación de todas las dominaciones.

Genuinos portadores de la cultura musical tradicional, sumamente apreciados por públicos norteamericanos, como Los Muñequitos de Matanzas y los conjuntos Yoruba Andabo y Clave y Guaguancó tendrían que desempeñarse como braceros mal pagados en los puertos, parqueadores de autos, limpiabotas y empleados domésticos, de no haberse reconocido sus extraordinarios valores.

Una sociedad racista no se hubiera empeñado en traducir y publicar centenares de obras literarias de decenas de autores africanos y afrocaribeños. En una de sus visitas a Cuba, el Premio Nobel nigeriano, Wole Soyinka, declaró: “Es difícil encontrar otro lugar en el hemisferio occidental donde la avidez por conocer a los escritores africanos trascienda, como he visto aquí, el interés de las instituciones académicas”.

Los intelectuales y artistas cubanos agradecemos la solidaridad, la comprensión y el respeto que muchas personalidades afronorteamericanas han mostrado hacia la realidad cubana a lo largo de medio siglo. Nunca les hemos pedido compartir nuestras ideas políticas ni hemos condicionado el diálogo a algún tipo de respaldo o adhesión. Por un elemental sentido de la ética respetamos sus puntos de vista.

Tal vez fuera oportuno que los firmantes de la declaración que comentamos escucharan desprejuiciadamente esos criterios. Estamos convencidos de que al hacerlo, como proclama el refrán yoruba, la verdad tenga su día.

La Habana, 3 de diciembre de 2009

Nancy Morejón, poetisa y ensayista
Miguel Barnet, poeta y antropólogo
Esteban Morales, politólogo y ensayista
Eduardo Roca (Choco), artista
Heriberto Feraudy, historiador y ensayista
Rogelio Martínez Furé, africanista
Pedro de la Hoz, periodista y ensayista
Fernando Martínez Heredia, sociólogo y ensayista

Profecía bíblica y misión de la iglesia Hasta el fin del tiempo y hasta los fines de la tierra.

En los cuatro grandes temas: la venida de Cristo, la resurrección del cuerpo, el juicio final y la nueva creación J. Stam muestra la razón bíblica, lógica y ética para la vida y misión del pueblo de Dios. Muchos años de estudio ha dedicado el autor a los temas relacionados con la literatura Apocalíptica, una paciente labor con las lenguas bíblicas, el hebreo y el griego koiné. El diálogo pastoral que sostiene en este cuaderno con las iglesias evangélicas latinoamericanas es sin duda la provocación a un compromiso serio con el futuro de nuestros pueblos, un llamado a ser heraldos de un mundo nuevo.

Juan Stam B. de origen holandés y nacido en Nueva Jersey se graduó de historia en la Universidad de Wheaton, Illinois, y de teología en el Seminario Fuller, Pasadena, California. Desde 1954 reside en Costa Rica donde comenzó su ministerio en un pastorado rural en Santa Cruz. En 1957 inicia su labor de enseñanza en el Seminario Bíblico Latinoamericano. Desde 1973 hasta 1994 impartió teología en la Universidad Nacional de Costa Rica, además del Seminario Nazareno de las Américas y la Universidad Evangélica de las Américas. Es autor de numerosos artículos y varios libros: Las buenas nuevas de la creación, Apocalipsis y profecía, Haciendo teología en América Latina y Comentario bíblico iberoamericano: el Apocalipsis.

Los caminos originarios. Diversidad en las comunidades neotestamentarias

El propósito esencial de este cuaderno es alentar el debate sobre algunas de las raíces de la fe cristiana a fin de asumir, con mayor responsabilidad y mejores criterios, los desafíos de nuestra historia. Para esto, parte del análisis comunitario de pasajes bíblicos a modo de pórtico para la exposición de cada tópico e incluye, además, una serie de ejercicios de reflexión sobre la realidad socioeclesial. Sus contenidos se elaboraron a partir de un curso de Lectura Popular de la Biblia impartido durante el año 2005 en instalaciones del convento San Juan de Letrán, en Ciudad de La Habana, con el coauspicio del Aula Fray Bartolomé de las Casas y el Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr.

Ir más allá

En este cuaderno, Tony Brun nos propone la construcción de un camino, que en cierto modo todos buscamos, uno donde “entonces veremos cara a cara y entonces comprenderé como Dios me ha comprendido”.
Ser espiritual es también ingresar al encuentro de nuestro ser esencial, a la tierra santa que es nuestro corazón, en una nueva conviabilidad. Ser espiritual es “ir más allá”, se trata de un desplazamiento no solo a nuestro ser esencial, a la madre tierra y al hermano. Es agregar amor en el encuentro con el otro: aprender a vivir es aprender a amar.

Tony Brun Bessonart, Washington Miguel Brun Bessonart (Tony), (1957-) se graduó como bachiller en el Centro de Estudios Menonitas de Teología, Asunción, (1980). Cursó las licenciaturas en Ministerio Pastoral, Teología y Estudios Latinoamericanos así como la Maestría en Ministerio Pastoral. Ha sido Profesor del Instituto Metodista Bennett, Rio de Janeiro; de la Universidad de Iberoamérica (UNIBE); del Seminario Bíblico Latinoamericano (SBL), Costa Rica; del Seminario Anabautista-Menonita Latinoamericano, Guatemala; del Centro de Estudios Menonitas del Uruguay y Coordinador de programas de la Comunidad Evangélica de Teología Ecuménica de América Latina (CETELA). Trabajó como Pastor de la Iglesia Evangélica Menonita del Uruguay, Rector del Seminario Anabautista Latinoamericano, Gua-temala, y Rector Interino del Seminario Bíblico Latinoa-mericano (SBL), Costa Rica.
Ha publicado numerosos artículos en diferentes revistas y varios libros Humor y Paz. Cartillas de reflexión para la paz (1991); Realidad Latinoamericana (1995); Cartillas ecológicas para la comunidad (1999).

Rotundos invisibles. Ser jóvenes en sociedades adultocéntricas

La juventud es concebida por lo general como período de contradicciones y crisis que contados adultos son capaces de comprender. En ocasiones extremas se llega incluso a convertir a los jóvenes en meros receptáculos de ideas, costumbres y paradigmas, sin escuchar sus propias voces.

El material que ofrecemos en este cuaderno pretende servir como subsidio para el trabajo pastoral, proponiendo un marco teórico y herramientas hermenéuticas prácticas para la animación comunitaria. Es parte de los insumos entregados en el IX Taller Socioteológico organizado por el Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr. en julio del año 2002 bajo el lema “Voces y Clamores jóvenes: realidades-desafíos-utopías”. Los autores de estos dos trabajos son, Klaudio Duarte Quapper y Boris Tobar Solano.

Vida de las mujeres en la sociedad y la iglesia Una exégesis feminista de los Hechos de los Apóstoles.

En los Hechos de los Apóstoles no tenemos registradas muchas historias de mujeres; eso es común en la historiografía. Lo que tenemos son muchas fracciones de esos relatos. Hemos de criticar a Lucas en cuanto a su historiografía androcéntrica; pero, además, le debemos gratitud porque si no tuviéramos esas migajas de memoria histórica registradas, nuestro cuadro de experiencias de mujeres que nos precedieron en la fe sería aún mucho más restringido.

La tarea de reconstruir una parte de la gesta de nuestras antepasadas es ardua y urgente. Aunque es un trabajo muy difícil, resulta gratificante descubrir cómo las mujeres participaban, activamente, en todo el movimiento de propagación del evangelio, y percibir la forma en que ellas organizaban la propia vivencia cristiana en su mundo. A partir de ese re-descubrimiento podemos recibir mayores impulsos para la organización de nuestra propia vivencia de fe.

Historia sagrada, historia popular La historia de Israel desde los pobres.

Este cuaderno (número 6 de la serie) es una edición revisada del cuaderno número 2 que publicara la Editorial Caminos con el mismo título. Para los lectores, resulta un estupendo material de consulta que explica sucesos, personajes bíblicos y períodos históricos precisos, los cuales adquieren nueva significación en el marco del proyecto del grupo de “campesinos que quisieron ser libres bajo la soberanía de su Dios Yavé”. Deudor de investigaciones fundamentales en el universo de las ciencias bíblicas actuales, como las de Norman K. Gottwald, Martin Noth o Albrecht Alt, será, con toda seguridad, una herramienta indispensable para los estudios bíblicos y el trabajo pastoral en general.

Encuentros con el maestro La pedagogía de Jesús de Nazaret

Alejandro Dausá

Este cuaderno es una puerta de entrada al tema de la pedagogía de Jesús de Nazaret, paradigma inquietante y cuestionador, que bien puede servir como prólogo al quehacer teológico a partir de los desafíos que plantea, centrados no sólo en el acceso a nuevos datos, sino también en la resignificación de lo sabido, la valoración de sentimientos, el discernimiento permanente, la reconstrucción y recuperación de la memoria, la horizontalidad en las relaciones educativas, la sabiduría humanizadora y abierta a la ternura, y el discipulado auténtico.

Encuentros con el maestro es el número 9 de la serie Cuadernos Teológicos, edición revisada y aumentada del número 1 de la misma serie, impresión agotadada por la acogida en las comunidades.

Alejandro Dausá, argentino, realizó estudios de filosofía y teología. En la actualidad coordina el Programa de Reflexión / Formación Socioteológica y Pastoral del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr. Es autor de artículos en diferentes publicaciones y coautor del libro Los caminos originarios. Diversidad en las comunidades neotestamentarias.