Celebremos la vida de Lucius

Comparte
Tamara Roselló Reina

Al parecer a la pequeña Luna le han contado quién fue ese amigo, que desde 1992, impulsó 21 Caravanas de solidaridad, tendiendo un puente entre los pueblos de Cuba y EEUU. Su empeño año tras año no solo por romper el injusto bloqueo estadounidense a la isla, sino por dar a conocer la realidad cubana en tierra norteamericana, le ganó el cariño de muchos aquí. Por eso, la Iglesia Ebenezer de Marianao, sitio al que acudió múltiples veces, quiso traerle de nuevo, con su voz calmada y firme, con sus gestos de honestidad y compromiso cabal.

El testimonio de quienes le conocieron fue la mejor manera de recordar su paso por el país y la huella que dejó para siempre en detalles cotidianos, que daban muestra de su coherente manera de decir haciendo, de su integralidad como pastor, como revolucionario, que no pone límite a su amor ni escatima esfuerzos ni peligros en su lucha por la justicia y la dignidad humana.

Cuando Lucius inició el proyecto de las Caravanas hacia Cuba, en pleno Período Especial (1992), muchos reducían su solidaridad a las donaciones o ayudas al desarrollo, dijo el reverendo Raúl Suárez, director del Centro Memorial Martin Luther King (CMLK). Pero para él no era cuestión de paternalismo, ni asistencialismo, sino su identificación y compromiso con el proyecto social cubano. “Su opción por Cuba y la Revolución” fue expresión de la originalidad y la creatividad” con la que practicó “su amor al prójimo”, añadió el también diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Javier Domínguez, del ICAP, Alberto González, el traductor de tantos intercambios y Estela Hernández, pastora de la Fraternidad de Iglesias Bautistas de Cuba, compartieron algunos de esos momentos especiales grabados para siempre gracias a sus vínculos con Walker. Al Culto asistieron además otros representantes de varias denominaciones, directivos del Consejo de Iglesias de Cuba, de la Liga Islámica de Cuba, de la Asociación Cubana de Naciones Unidas y de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAL).

El Coro Entre Voces, bajo de dirección de Digna Guerra, también rindió su homenaje al fundador de Pastores por la Paz. A esas interpretaciones se unieron otras, como el tema Quiero que me digas amor, del trovador Silvio Rodríguez, el Solo le pido a Dios, del argentino León Gieco y el himno de lucha We Shal Over Come. Un coro informal, con las voces de los participantes, entonaron estas letras, con la misma armonía con que batieron las palmas cuando se leyó el mensaje ante la noticia de la muerte de Lucius, redactado por René González, uno de los Cinco Cubanos presos en EEUU. La causa de libertad de estos patriotas fue otro lazo firme que enlazó a Walker con el pueblo cubano y su Revolución socialista.

Caridad Diego, jefa de la oficina de Asuntos religiosos del Comité Central del Partido Comunista (PCC), relató aquellos días de la huelga de los caravanistas en Laredo para que liberaran la guaguita amarilla y no pararon hasta poderla traer a la isla, “convirtiéndose en un símbolo de la solidaridad entre nuestros dos pueblos. Hoy, decenas de guaguas amarillas traídas por los Pastores por la Paz como nuestro pueblo los conoce, transitan por nuestras calles”. Lucius trajo “no sólo una gran carga material, sino sobre todo, una carga mucho más valiosa: la solidaridad”, expresó.

“El hombre nuevo, ese fue Lucius”, aseguró Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. “Hizo realidad ese mandato cristiano de amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Alarcón reconoció el humanismo del líder religioso norteamericano, que en su último encuentro con Fidel, en el Memorial José Martí el pasado julio, preguntó acerca de la situación de Haití, otra nación por la que estuvo preocupado décadas antes del fatal terremoto de enero.

En el templo bautista se le oyó nuevamente a Walker. Esta vez no predicó. Estaba sentado entre hombres y mujeres a las que quiso y que le admiraron hasta el último aliento. En la pantalla, las imágenes del documental Los rostros de la solidaridad, del realizador Rolando Almirante, le devolvían la vitalidad habitual. “Vemos en Cuba un ejemplo de solidaridad mundial. Queremos imitar ese ejemplo,” dice.

Ahora este hijo que le nació a Cuba un poco más al norte, entrega razones a sus dos pueblos que actualizan y revivan la fe, el compromiso y la fidelidad con la justicia, con la paz, que no solo enarboló desde la prédica, sino sobre todo, en cada paso que dio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes usar estas etiquetas y atributos HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>