Clara Rodés y Raúl Suárez: testimonios de una vida pastoral en Revolución

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Clarita hubiera cumplido 80 años el pasado 2 de mayo, y Suárez llega a sus 85 este 14 de mayo.

Por: Liliana Sierra Sánchez

Matrimonio de Raúl Suárez y Clara Rodés

Hay nombres que llevan en sí una gran carga de mística y simbolismo, que con solo pronunciarlos inspiran gratitud, admiración, respeto. Es el caso de Clara Rodés González y Raúl Suárez Ramos, dos personas que unieron sus vidas en matrimonio y en el compromiso del trabajo pastoral, vidas que también estuvieron transversalizadas por la vocación de servicio y el compromiso con la sociedad cubana. Sus historias personales son testimonios de una fe cristiana y revolucionaria, de un verdadero ecumenismo por el bien de nuestra casa común: la Tierra toda.

Es difícil escribir algo que no se haya contado sobre ellos, pero vale la pena revisitar un tanto sus experiencias para comprender mejor los aportes que hicieron a la concepción de la pastoral en nuestro país.

Partiendo de la semilla*

Suárez (segundo de derecha a izquierda) se gradúa en el Seminario Bautista

Independientemente de los estudios realizados en el Seminario Bautista por Clara Rodés, la Convención Bautista Occidental de Cuba no ordenaba a las mujeres al pastorado, lo cual representaba una triste realidad.

Clarita en el Seminario Teológico Bautista

Después de un pastorado inicial en la Ciénaga de Zapata, Raúl Suárez fungió como pastor en la Iglesia Bautista de Colón, desde 1963, en los años más complejos para las relaciones Iglesia- Estado, creyentes- Revolución en Cuba. Ya en aquellos tiempos, por la biografía personal de ambos, empezaron a tener inquietudes a partir de su experiencia de fe, de cómo canalizar desde ella su simpatía por la obra revolucionaria, entrando en contradicciones con la formación teológica que habían recibido, la cual era muy espiritualizante, con el criterio de que el cristiano no se mezcla en las cosas del mundo como la política.

Suárez convaleciente después d ela sheridas recibidas en Playa Girón

Allí se aproximaron a través del hermano de Clarita, el pastor Paco Rodés, a la teología que se estaba produciendo y divulgando en el Seminario Evángelico de Teología de Matanzas. Además se vincularon con personas como el maestro René Castellanos, una figura emblemática de la Iglesia Presbiteriana. Comenzaron entonces un proceso de reconsideración de la experiencia de fe cristiana a la luz del proceso revolucionario. Sin embargo, estaban conscientes de que por determinados factores esa experiencia les iba a resultar muy difícil en el pastorado de Colón, por eso aceptaron en el año 1971 el llamado a que Suárez ocupara el pastorado en la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao.

Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao, años 70

Ya en La Habana, continúan con más fuerza este proceso personal, involucrándose en organizaciones ecuménicas como la Coordinación Obrero Estudiantil Bautista de Cuba (COEBAC), el Movimiento Estudiantil Cristiano (MEC), y a través de ellas en la vida del entonces Consejo Ecuménico de Cuba.

Esa experiencia no la vivían ellos solamente, sino que fue central para las organizaciones ecuménicas: cuál debía ser la relación entre fe y responsabilidad social, entre fe y compromiso político, la gran inquietud sobre la misión de la iglesia en una sociedad socialista.

Raúl y Clarita

Al mismo tiempo, este proceso también lo estaban viviendo complejamente miembros de las iglesias, replanteándose el involucramiento en la vida del país y las tareas de la Revolución,  desde el deseo y la necesidad de que fe cristiana y compromiso revolucionario pudieran andar juntos, sin contradicción, y no participar de aquella dicotomía a la que invitaban tanto el fundamentalismo religioso como el fundamentalismo marxista al considerar que la fe era un asunto privado que debía quedarse entre las cuatro paredes del templo. A esto tampoco ayudaban los conflictos que se habían producido principalmente con la jerarquía católica, y el creciente consumo en Cuba del marxismo de factura soviética, el cual condujo a un reduccionismo donde marxismo era sinónimo de ateísmo y religión era sinónimo de contrarrevolución.

Por tanto, la experiencia personal de Raúl Suárez y Clara Rodés, la compartían con las que estaban viviendo otros cristianos y cristianas, y que orientaban el quehacer y la reflexión de las organizaciones ecuménicas. En aquella situación, tuvieron la posibilidad de seguir ese recorrido de manera personal, con un activismo en las organizaciones ecuménicas sin afectar la pastoral y la vida de su iglesia local. Sin embargo, en el caso de ellos era muy difícil, primeramente, porque había miembros de la iglesia que estaban sintiendo lo mismo y querían que la pastoral se orientara por ese camino y, por otro lado, por el tipo de gobierno o eclesiología de los bautistas, el gobierno congregacional, donde la iglesia es soberana para todos sus actos, incluyendo la elección de sus pastores y el celo por las actuaciones de los mismos.

La elección de un camino: coherencia y compromiso

Raúl y Clarita

El rumbo que deciden Raúl Suárez y Clara Rodés, de vivir la experiencia ecuménica con toda la comunidad de fe, era un camino largo y complicado, con exigencias pedagógicas para la cual no tenían todos los recursos, dado que en la iglesia veían al pastor como el que sabe todo, el que orienta. Más allá de eso, fue una decisión nacida de la propia vocación pastoral que les acompañó durante toda su vida, del celo y la preocupación por su iglesia, su comunidad de fe, y por su vocación ecuménica, por la vida de la iglesia en Cuba y su misión.

De esta manera, el proceso involucró a toda la comunidad, y no estuvo exento de tensiones, porque implicaba, entre otras cosas, una relectura novedosa de la Biblia a luz de la situación que estaban viviendo, poner todo sobre la mesa y revisitar su comprensión sobre la fe cristiana y la misión de la iglesia.

En esos años, muchos cristianos y cristianas fuera de Cuba se hallaban en contextos revolucionarios y de conflictividad social y atrevesaban experiencias similares, de las cuales nació la teología de la liberación, pero por el mismo aislamiento en que vivía Cuba debido en lo fundamental a la política de EE.UU., no se tenía demasiado conocimiento sobre esto en la isla. Raúl, Clarita, su comunidad cristiana, caminaron prácticamente solos, junto a algunos hermanos y hermanas de otras iglesias en el país y con miembros y militantes, pastores y laicos, de las organizaciones ecuménicas.

A este proceso de reconversión, como ya mencionamos, le fue central leer la Biblia sin los espejuelos de los misioneros, dejar de lado la formación recibida y permitir que la palabra de Dios les hablase en la nueva situación, y a partir de ahí tomar las decisiones.

A finales de los 70, la experiencia se enriquece: muchos hermanos de la iglesia, principalmente jóvenes, se involucraron en organizaciones ecuménicas como la COEBAC y el MEC; se abrieron puertas de intercambio con América Latina, sobre todo a través de la Comunidad Teológica de México, donde Suárez pudo hacer una pasantía en teología latinoamericana; a partir de esa experiencia se comenzó a recibir bibliografía actualizada; y significó una luz inmensa la vida, la obra y el pensamiento de Martin Luther King. Para la mentalidad bautista sureña, que marcaba las visiones de las iglesias de dicha denominación en el occidente del país, cualquier referente del cristianismo comprometido que no fuese también bautista, era muy difícil pedagógicamente que tuviera algún uso e impacto, por el carácter sectario y antiecuménico de esta tradición bautista del sur de los EE.UU. Martin Luther King vino entonces como anillo al dedo, porque era un pastor bautista de esa parte de la geografía norteamericana, que a causa de su fe y de un proceso de movilización y compromiso social y político, optó por la justicia en sus diferentes aristas.

En los 80 las organizaciones ecuménicas propician intercambios con cristianos/as de otras partes del mundo, que traían experiencias similares, en condiciones más difíciles para sus propias vidas. Ahí tuvieron peso los primeros años de la revolución sandinista, donde fue notorio el vínculo sin contradicciones entre cristianismo y revolución. Hermanos/as de las iglesias participaron en brigadas de trabajo voluntario en Nicaragua, en el café, el algodón y en encuentros con iglesias de ese país. Muchos de esos cristianos nicaraguenses, también salvadoreños, vinieron a Cuba a las jornadas de trabajo voluntario que organizaban la Brigada Frank País y la COEBAC en esos años. Fue una experiencia internacionalista que también marcó la vida de la iglesia.

Encuentro de Fidel con líderes ecuménicos

Los bautistas comprometidos con el proyecto revolucionario, venían reuniéndose en campamentos nacionales de la COEBAC desde 1973, reflexionando sobre la responsabilidad social del cristiano. Las personas que estaban involucradas a lo largo del territorio cubano comenzaron a tener problemas en sus iglesias locales, y en el caso de la Convención Bautista Occidental, a mediados de los 80, varios pastores e iglesias son expulsados: la Primera Iglesia Bautista de Matanzas, la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao y la Iglesia Jordán del reparto Mañana en Guanabacoa. Posteriormente, en el ´89, estas iglesias fundan la Fraternidad de Iglesias Bautistas de Cuba (FIBAC), que tuvo su primera asamblea en la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao, de la cual llegó a ser presidenta Clara Rodés, una de las tres primeras pastoras bautistas ordenadas en Cuba.

Campamento de la COEBAC sobre la responsabilidad social del cristiano

Una pastoral que se reconfigura

La experiencia ecuménica no solo fue vivida por la iglesia en una reconsideración de su comprensión de la fe cristiana y su misión en el contexto que estaba viviendo; para que el proceso fuera sostenible en el tiempo, tenían que producirse otras profundas transformaciones al interior de la iglesia, por ejemplo, la organización misma del trabajo eclesial para el cumplimiento de su tarea evangelizadora, diacónica, para su existencia como comunidad de fe en misión para el mundo.

La Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao había heredado, como toda iglesia de la Convención Bautista Occidental, estructuras de organización que eran calco y copia de las de las iglesias bautistas del sur de los EE.UU. Todo esto se transformó a partir de la nueva visión de la fe y de la misión de la iglesia. En esta concepción de la pastoral, el trabajo de la iglesia no es solo del pastor, sino que la tarea pastoral es de toda la comunidad. Lo que antes eran departamentos, comenzaron a llamarse pastorales. La pastoral educativa, en esa coyuntura, se convirtió en central para la organaización del trabajo de la iglesia. La nueva educación cristiana tenía que estar presente en cada ámbito de actuación. A su vez, los departamentos de niños, de jóvenes, de adultos, se convirtieron en pastorales. También aparecieron otras pastorales que no estaban en las concepciones previas de la iglesia, vinculadas con la vocación ecuménica, con su responsabilidad social, con el rol de la mujer en la iglesia, con la importancia de la familia…

Culto de homenaje a Martin Luther King en la IBEM

Resultado de esa comprensión de la pastoral, de una iglesia que se reconoce como un movimiento pastoral insertada consciente y proféticamente en la realidad que le tocó vivir vivir, es que en determinado momento y para ampliar la presencia desde la identidad cristiana en la sociedad, la IBEM decide parir el proyecto que es hoy el Centro Memorial Dr. Martin Luther King Jr. (CMMLK), marcado por esta concepción del trabajo pastoral que tiene también un sello en la contribución inicial de Raúl y Clarita.

Clarirta en un campamento para niños y adolescentes de la IBEM

Como aseguró en una entrevista Raúl Suárez: “Nuestro Centro nació de una profunda inspiración cristiana y sustenta su quehacer en los valores del Reino de Dios y del proyecto revolucionario cubano: la justicia social, la paz, la solidaridad, una participación consciente y una comunicación liberadora que invita al diálogo de saberes y toma en cuenta la diversidad de rostros y pensamientos que nos caracteriza como cubanos para seguir construyendo, juntos, espacios de servicio y participación comprometida con nuestra sociedad.

La Iglesia Bautista Ebenezer fue el espacio institucional que nos permitió hacer realidad este sueño. El inicio de nuestro pastorado en Marianao fue el punto de partida de una nueva pastoral. Sin la comprensión y el acompañamiento consecuente de los hermanos de nuestra iglesia jamás hubiéramos logrado lo que ha sido y es nuestro Centro.

Fue en el interior de nuestra congregación donde se fraguó la motivación, el compromiso y las primeras acciones en nuestro barrio. Pogolotti se convirtió, con su acogida y su firmeza solidaria, en el espacio social que nos permitió una nueva visión sobre el ministerio diacónico de la iglesia. Su población sencilla y humilde nos ofreció la conciencia y convicción de sentirnos parte esencial del pueblo.”

Suárez presentando a un recién nacido a la iglesia

De ahí es que el CMMLK tiene como pilar desde su surgimiento, la participación y el involucramiento de todos y todas en el cumplimiento del horizonte, en la organización, en la toma de deciones, al punto de que cuando ya tenía un buen despliegue de trabajo, a inicios de los 90 decide ir a su registro legal como una institución con vida propia (aún reconociendo la paternidad y maternidad de la IBEM) y lo hace eligiendo el modelo de asociación. De esta manera implementa formas organizativas de acuerdo al derecho asociativo, es gobernado por una membresía que es soberana, que se reúne en una asamblea general periódicamente y que es democrática y colectivamente responsable de la vida de esta organización; cuando eso no lo ejerce directamente y lo delega, lo hace en cargos que son elegidos por esa asamblea y sometidos a la rendición de cuenta y la revocación de mandatos; es decir, se heredó ese espíritu de vocación democrática que viene del gobierno congregacional y la pastoral de la iglesia bautista.

Por otra parte, a los procesos de transformación que vivía la iglesia, contribuyó el progresivo acercamiento a las ideas de Paulo Freire y la educación liberadora. Freire, pedagogo y cristiano, que había trabajado en el Consejo Mundial de Iglesias, es la piedra angular del movimiento de la educación popular latinoamericano, muy cercano a la experiencia de la teología de la liberación. En no pocos lugares, sobre todo en Brasil, la educación popular estuvo vinculada a los procesos de reflexión bíblica. En el diálogo que se había producido entre la dimensión pedagógico- metodológica de la educación popular y la hermenéutica bíblica, nacieron principios interpretativos a la hora de enfrentar el texto bíblico que marcaron la hermenéutica de la teología de la liberación, lo cual hoy se conoce como la relectura popular de la Biblia. La misma plantea una lectura no literalista del texto bíblico a partir de la situación del creyente, de su experiencia cotidiana como hombre y mujer de fe, reconociendo la historicidad del texto bíblico como producto cultural y de fe en la formación del pueblo de Dios, la vida de Jesús y las primeras comunidades cristianas. También la educación popular en la propia experiencia brasileña contribuyó al trabajo organizativo y misiológico de las comunidades eclesiales de base.

Clarita participa en un encuentro con Lula da Silva en el Curso para Militantes Cristianos del CESEEP en Brasil

No resultaba entonces extraña esta influencia para la IBEM. Por ello fue natural la contribución al trabajo educativo de la iglesia de Mara Mansoni, quien había sido parte del Centro de Educación Popular del Instituto Sedes Sapientiae (CEPIS) de Brasil, y había venido a colaborar al CMMLK durante un año en septiembre de 1993.

De izquierda a derecha Ofelia Pérez (teóloga cubana) , Mara Monsoni, Raúl y Clarita

Esto acentuó las transformaciones que reforzaron positivamente la propia comprensión eclesiológica de la iglesia en su tradicion bautista, al fortalecer los procesos de participación y de gobierno de la comunidad.

No es secundario rescatar que este proceso afectó la liturgia, la manera en que la iglesia se juntaba y celebraba, una renovación litúrgica pertinente a la nueva teología que la acompañaba.

Todo esto son huellas de la experiencia de la Iglesia Bautista Ebenezer en el CMMLK desde su fundación y primeros años, que llegan directamente a través de sus pastores, los cuales tenían un rol significativo, en el caso de Suárez como director del Centro, y Clarita en la concepción pedagógica del mismo y en los espacios de formación en los que estuvo involucrada hasta su fallecimiento en 1994.

Raúl Suárez intercambia con el Obispo Federico Pagura y su esposa

Aquel Centro inicial se gestionaba desde el voluntariado y la contribución de la iglesia y sus pastores. En la primera etapa, muchos de los cursos eran impartidos por los propios pastores y teólogos y biblistas latinoamericanos. A inicios de los 90, dejándose desafiar por la realidad del período especial, en las actividades de servicio a la comunidad, entran personas a tiempo completo para asumir estas tareas.

La labor ecuménica y el trabajo en el CMMLK afectaban, en el caso de Suárez, su trabajo pastoral, pero ello se equilibraba con una organizaciónen la iglesia cada vez menos pastocéntrica, y que descansaba en la comunidad.

Suárez ofreciendo la bendición apostólica durante un culto en la IBEM

Iglesia, CMMLK, comunidad

En la comunidad de Pogolotti, el Centro tuvo una actuación muy intensa a principios de los 90, con proyectos de reanimación del alumbrado público, de reparación y construcción de viviendas, entre otras acciones de beneficio social, que contribuyeron a un cambio en la percepción de la comunidad, de arraigadas tradiciones culturales y religiosas de origen africano, que hasta ese momento veía a la iglesia como algo ajeno.

Hubo una aproximación a la comunidad a partir de este trabajo del CMMLK y de las Caravanas de Pastores por la Paz, no solo con la ayuda material que se ofrecía, sino por la presencia en actividades culturales y celebrativas en el barrio. Con mucha modestia, pero hay que reconocer que Fidel llegó a esta comunidad gracias al trabajo de solidaridad internacional del CMMLK y estas caravanas.

Encuentro de Fidel con el Reverendo Lucius Walker y la Carvana de Pastores por la Paz en Marianao

Dicho testimonio en la localidad coadyuvó al natural proceso de postulación y elección de Raúl Suárez como diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular por el municipio Marianao, con amplios niveles de reconocimiento en la comunidad y después en el país.

Un proyecto vivo

En el CMMLK y las Redes que hoy anima, hay presencia de la inspiración cristiana, hay un trabajo con la espiritualidad, la celebración, la mística, independientemente de la confesión o no de sus miembros. De igual modo, sigue siendo un componente fundamental la formación socioteológica y pastoral como vía de concientización a cristianos y cristianas para que desde la fe asuman su responsabilidad social en el país, la labor diacónica, y la mirada hacia América Latina.

Vale la pena releer las siguientes palabras de Raúl Suárez refiriéndose a la fundación y el trabajo del CMMLK, que también son un reflejo exacto de las experiencias vividas por él y su esposa Clarita: “Hemos hecho una opción con inspiración cristiana, por el proyecto socialista. ¿Por qué lo hacemos? Porque entendemos que hay valores en el proyecto socialista cubano que son también nuestros valores. (…) a partir de ahí, nos lanzamos a hacer nuestro trabajo. Tú vas a ver el trabajo comunitario, que para mí eso es esencial. Nosotros podemos tener todo lo demás, pero si no hay un trabajo comunitario en la base con el pueblo, esto no significa nada.”

Se trataba, como también afirmaba Suárez, de que la fe cristiana no se convirtiera en algo etéreo, abstracto, sino como dijera el Che al hablar del amor: hay que expresarlo en acciones concretas. Nosotros decimos lo mismo de la fe: podemos convertirla en algo visible, palpable, cercana a las múltiples y complejas realidades materiales y espirituales de las personas, de nuestro pueblo.

Para Raúl y Clarita, el pastorado fue el ámbito donde juntaron sin ninguna contradicción su compromiso revolucionario y su militancia cristiana, reflejando una coherencia ética, política y axiológica entre lo que creían, decían y querían para el mundo y para la vida cotidiana.

*Este reportaje contó con la colaboración de Joel Suárez Rodés. Coordinador Ejecutivo del CMMLK.

0 comentarios sobre “Clara Rodés y Raúl Suárez: testimonios de una vida pastoral en Revolución

  • Yamilka Hernández Guzmán dice:

    Inspiradora la historia de un ministerio pastoral comprometido con las convicciones de esta pareja. Bendiciones.
    Ahora a continuar su legado.

  • Elizabeth Soto dice:

    Saludos desde Lancaster, Aprecio mucho al Rev. Raul Suarez somos amigos desde 1989. Me encantaria investigar si esta informacion esta on-line in ingles, o si el Centro tiene una version al ingles. Para asi compartir con mis estudiantes americanos y darle mayor visibilidad al Centro MLK Jr.
    Elizabeth Soto

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