¿Conducta de quién?

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Ania Mirabal Patterson

No soy crítica de cine, nada más alejado de semejante experticia la mía. Lo que comparto aquí tiene que ver con mi modesto aprendizaje de reflexión crítica y el compromiso con Cuba; con la testarudez de la “revolucionaria crítica” como hace unos días me autodenominaba ante un nuevo amigo. Comparto esto que me brotó recién salí del cine…

Aún con calor en el cine Acapulco, “Conducta” y Ernesto Darana junto su equipo, reivindicaron, a mi juicio, el cine cubano de los últimos tiempos. La propuesta es exquisita en al abordaje coherente y complejo de temas álgidos y sagrados de nuestra sociedad: la educación y desde mi percepción en contraposición a esta, el sistema educativo.

La primera reflejada como verdadera “lucha” de formación de valores -logrado hoy por muy pocos/as-dentro de la vida cotidiana desgarradora que muchos/as descreen e ignoran existe. Porque “La Habana profunda” (como dice una amiga) o cualquier barrio popular, nos es cercana a muy pocos/as. Entonces esa aula de primaria es pretexto atrevido para darle los matices de blanco y negro a una de las conquistas de la revolución.

El segundo, el sistema educativo y quienes les dan vida; nos lo muestra incoherente, rígido, hipócrita y cuna del burocratismo tal cual sistema arcaico. Sistema que deseduca y quiere sacar de su ámbito, a toda costa y con todos los ardides, la realidad “pura y dura” donde se desarrolla y donde habitan la religiosidad, la discriminación territorial, el abuso de poder, el racismo, el juego… Feliz de ver expuestas las brechas del sistema educativo.

Conducta premia la autenticidad de niñas y niños, casi adolescentes, en la solución de conflictos varios que se presentan a través de la trama y lo hace desde la naturalidad, la ingenuidad, la picardía, el desenfado, el vocabulario propios de la edad y aprendido en el entorno. Demuestra que las cargas negativas y los prejuicios nos son dados a los/as adultos/as.

Carmela, la maestra, es de este planeta, más bien de esta isla; llena de conflictos también sistémicos. Se mueve entre la dureza, la severidad y el humanismo desbordante que no se espanta y recibe sin sustos, pero con retos, las respuestas “mundanas” de sus estudiantes frente a sus preguntas.

Ella deja que los niños y las niñas sean el sujeto y no el predicado, no el objeto vacío donde deposita sus años de experiencia. Asume la diversidad que le circunda dentro y fuera del aula porque también es parte de ella. No ceja cual Mariana Grajales ante las causas justas y las convicciones.

Y hay más, la maestra testaruda y fiel, es el símbolo de muchas personas de cualquier ámbito o sector a quienes hay que “desconectar del sistema” porque se atraviesan al decir lo que piensan y hacer aquello que creen justo, yendo en contra de los dogmas y lo políticamente correcto o establecido…

Conducta nos regala de protagónico la inigualable actuación de un niño mestizo- que para algunos/as puede ser blanco- y de este modo no reproduce el estereotipo de que el mal portado, el malo, el sufrido es el negro, ¡que bien! Y quizá alguien tenga otra mirada racial a la película en la que de seguro coincidimos, pero este hecho merece mención.

Esa es “la calle” de La Habana y de tantos otros barrios del país cada uno con sus matices. La calle que muestra el reto a la paternidad que busca equilibrios entre la buena educación y la sobrevivencia diaria…la calle que muestra la enajenación de una madre alcohólica y dependiente…la calle que también es tranquila para la infancia…

Es delicioso el tratamiento que se hace a las relaciones interpersonales de los niños y las niñas; las complicidades entre ellas, los desafíos y los retos entre ellos mostrando todo el tiempo su masculinidad en formación, el desafío del amor primero y desenfrenado. La mística de la película en este sentido es excelente.

Si algo me dio tristeza fue reconocer que aun cubanas y cubanos dejamos que la voz individual sea mostrada por los filmes u otras manifestaciones artísticas. Los aplausos del público ante el argumento que critica a la longevidad de quienes dirigen el país bien utilizado dicho sea de paso demuestra el reconocimiento del asunto como secretos a voces. La película debe ser la propuesta a asumir desde lo individual las luchas que nos tocan lejos de depositarlas en otros/as.

Ser espectador/a ¡claro que es más cómodo! hacer nuestra propia película, convertirse en hacedor/a y parte de las transformaciones que necesitamos ¡claro que es más difícil! lleva sacrificios, renuncias y valor ¿cuántos/as estaremos dispuestos/as?

Pero, ¡cuidado! como bien dice un refrán popular: “el pueblo es como un viejito, que para escuchar lo que dice hay que acercarse mucho a él” ¡Sirva a quienes deben aguzar los oídos también esta película! Conducta es fuerte, es dolorosa, es directa, es real…

Y finalmente, la pregunta sería, ¿Conducta de quién?: ¿del niño?, ¿de la madre?, ¿de la maestra?, ¿de la policía? ¿de las representantes del municipio de educación? O ¿de quienes fuimos espectadores/as?

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