Construyendo alternativas

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¿Cuál es ese mundo que soñamos posible? ¿Cómo continuar avanzando hacia su construcción? La utopía nos dibuja un mundo en el que caben muchos otros y, por tanto, los senderos se bifurcan, son disímiles y válidos todos los modos de erigirlo. Ni siquiera nuestras prácticas comunes nos limitan a un único camino.

Si bien la llegada de los nuevos tiempos nos obliga a mirar atrás, a buscar en las memorias de luchas anteriores experiencias que puedan también hoy ser eficaces, tenemos el reto de la renovación constante en medio de un complejo universo del cual cada uno/a de nosotros formamos parte.

Entender nuestra diversidad como riqueza, rescatar los valores de las culturas originarias, rurales, de identidades aún más jóvenes, e incluso, incorporarlas a la lucha de clases significa romper exclusiones, dicotomías, autosegregaciones, y resulta una manera de crear un sujeto colectivo y a la vez heterogéneo, de dirigirnos hacia una unidad auténtica.

Asimismo esa integración debe comprender que la vida cotidiana constituye un espacio de confrontación donde emergen relaciones de poder. De ahí las luces que se arrojan sobre la necesidad de sistematizar esas experiencias, de aunar lo micro y lo macro, lo privado y lo público, y que el vocablo glocalidad no quede encerrado en el discurso académico.

Los últimos años han demostrado que la combinación de lo local y lo global además de contribuir a una mejor visibilidad de las luchas populares, fortalece sinergias y el trabajo en red. Constituye un principio para sentir como propias otras reivindicaciones.

De todo este proceso surgen las agendas de los movimientos sociales. Su efectividad depende de una mirada profunda hacia las diferentes realidades, de una representación y participación creciente de los actores sociales, de la horizontalidad para las propuestas y de que cada día dejemos las puertas más abiertas a las nuevas generaciones.

El diálogo intergeneracional sistemático para garantizar la continuidad también debe ser consecuente con este otro momento histórico y tener en cuenta que en el pasado y todavía hoy, las jerarquizaciones, el dogmatismo y la burocracia han enterrado numerosos proyectos.

En ese sentido, es un objetivo ganar autonomía y desligarnos tanto de paternalismos estatales como de una cooperación internacional que flirtea con la dinámica capitalista.

Los procesos de formación permanente son espacios para fortalecer esta concientización, a la vez que permiten el intercambio crítico, el diagnóstico de problemas comunes, la articulación de estrategias y la creación de nuevos liderazgos. Estos espacios, que privilegian la educación popular, no son un mero instrumento sino un elemento clave en la lucha contrahegemónica.

Acciones como campañas alfabetizadoras, el estudio de los centros de preparación dedicados a los movimientos sociales se imbrican en una praxis política, en el camino de reflexión-acción-reflexión, que debe transitar cada uno de nuestros movimientos.

Un conocimiento amplio sobre estos pasos de las luchas populares depende también de nuestra creatividad comunicativa. Hoy contamos con nuevas tecnologías que debemos aprovechar para construir una red de comunicación efectiva. Los medios alternativos son nuestra voz, la forma de compartir y divulgar lo que hacemos hacia la emancipación.

Los movimientos sociales hemos arribado a un momento en el que el sistema capitalista se vuelve insostenible. Como refería Gustavo Castro, representante de la coordinación de la Red de Convergencia de los Pueblos (COMPA), la transición de una crisis del estado de bienestar al modelo neoliberal hasta la instauración de un modelo corporación-nación con hondas grietas nos reclama una ofensiva, pasar de la concientización a la lucha y de la protesta a la alternativa. Para ello, bajo una ética de la solidaridad que supere todo sesgo de competencia, nuestro trabajo debemos pensarlo como misión de vida.

Somos mayoría. Nuestro pensamiento, basado en la dialéctica, apuesta por una solución antisistémica. Un socialismo que nazca desde abajo, desde los pueblos, un mundo sin capitalismo sigue siendo el que soñamos.

*por: Aleida Tovar, Isabel Soto y Miriela Fernández *

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