Cuba, el bloqueo y la poliomielitis

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BLOQUEO CONTRA CUBA OBSTACULIZA NOBLES INTENCIONES

Poco importa ahora si en tal o más cual momento la política de bloqueo practicada hacia Cuba por los Estados Unidos de América, obstaculizó u obstaculiza programas de inmunización u otros de salud que benefician a los hijos de la tierra de José Martí. Sobre este particular, exhíbase a los efectos de estas líneas no solo la magnanimidad de los vencedores, sino además la capacidad de honrar a quien honor merece, pese a todo. La elegancia es buena… la altivez mejor.

Cuba ofrece al mundo una probada experiencia en diseño y ejecución de programas de inmunización masiva, donde la extinción en su territorio de la poliomielitis es el paradigma de cómo actuar para eliminar un flagelo en condiciones de país pobre. Pero los Estados Unidos de América, hágase justicia, han mostrado un compromiso tan claro como el de Cuba en iniciativas para extinguir a la parálisis infantil.

La nación del Potomac, entre otras numerosas acciones, ha aportado cerca del 28% de los 5 000 millones de dólares donados hasta la fecha para llevar adelante la Iniciativa Mundial de Erradicación de la Poliomielitis, incluidos los 126 millones concedidos en lo que va del 2006, según datos oficiales estadounidenses.

Sin embargo, paradojas, curiosas paradojas: mientras la Subsecretaria de Estado norteamericana Paula Dobriansky pide un compromiso con la erradicación de la poliomielitis y afirma que “es un objetivo clave de política exterior y una de las máximas prioridades internacionales de la Administración Bush en materia de salud pública”, dicha administración no parece querer saber de Cuba respecto a la posibilidad de aunar esfuerzos que sin dudas beneficiarían a toda la Humanidad.

Enorme, gigantesca contradicción, muy especialmente si se parte de que la principal queja norteamericana respecto al fracaso en la erradicación de la polio —mala ejecución de programas de inmunización masiva – es un tema donde la capacidad cubana para HACERLO BIEN se considera proverbial.

Como de paso, sería interesante saber qué piensan los contribuyentes estadounidenses acerca del desprecio de semejante oportunidad para invertir más eficazmente el dinero que a fin de cuentas están tributando para tan noble causa, porque ya aquí no se trata del daño provocado a Cuba por la política de bloqueo de Estados Unidos, sino del malgasto de fondos públicos destinados no ya a un loable objetivo, sino incluso a evitar la inmoralidad de que un niño enferme de poliomielitis. ¿O acaso no es ya una inmoralidad?

Entretanto, poliomielitis en contraofensiva.

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