Cuba: entre continuidades y rupturas generacionales

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Tamara Roselló Reina

María Isabel Domínguez, doctora en Sociología y directora del Centro de Investigaciones Sociales y Psicológicas (CIPS), estudia a la juventud desde la década del 80 del pasado siglo. A partir de su experiencia cree que hay que potenciar la participación juvenil y aprovechar más sus potencialidades para transformar el modelo cubano.

¿Responde el nuevo escenario cubano a las demandas y aspiraciones de la juventud?

La juventud identifica entre las fortalezas de la sociedad cubana: las altas posibilidades educativas y la garantía del empleo -aunque no siempre esté en correspondencia con sus demandas. Al insertarse por vez primera en la vida independiente, este grupo exige vivienda, ingresos para crear su propia familia…, en esencia, un camino claro que les posibilite acceder a la satisfacción de sus necesidades.

En los 80 era clara la línea de movilidad que les permitía combinar sus aspiraciones más individuales con las del proyecto social. Ese modelo fue muy golpeado durante la crisis económica de la década siguiente. El empleo calificado no siempre generó la satisfacción de necesidades básicas y aparecieron otras alternativas de obtener ingresos. Ese fenómeno está aún vigente. Una de las principales demandas, declarada insistentemente por la juventud, es que quien más trabaje tenga mayores posibilidades de satisfacer sus necesidades.

Socialmente nos hemos habituado a lo que “nos toca”. Esas concepciones tenemos que modificarlas e impulsar la participación real de las personas en labrarse sus propios caminos y acceder a maneras de vida según su esfuerzo y dedicación individuales. En ese sentido la actualización del modelo socialista satisface en lo esencial las principales aspiraciones de los jóvenes. Ahora cada cual debe aportar y recibir según sus posibilidades, lo que no significa que el Estado desampare a quienes no puedan hacerlo.

Con los Lineamientos se amplía el empleo no estatal y se enfatiza el sector agropecuario, ¿cuál pudiera ser la presencia juvenil en ellos?

Quizás en un inicio puede haber una demanda de personas jóvenes que valoren el trabajo por cuenta propia como una oportunidad para obtener ingresos más altos que en el sector estatal y eso les estimule. Sin embargo, no creo que sea un espacio de mayoría joven, sobre todo porque las opciones disponibles, no tienen exigencias profesionales y eso puede ser una limitante para la juventud, por lo general, con niveles altos de capacitación.

En cambio, al sector agroindustrial se le ha asignado un papel central dentro de la estrategia de desarrollo económico del país. Una manera de compensar la situación económica actual es sustituir importaciones a partir de la producción de alimentos.

Muchas de las acciones de cambio incluidas en los Lineamientos ya se venían gestando, como la reorganización de la agricultura y los sistemas de pago a los productores, o la estimulación a producciones específicas como la de la leche, entre otras.

Está ocurriendo un proceso intenso de migración rural – urbana, en el que la juventud tiene un peso importante. Además el promedio de edad de la fuerza de trabajo agropecuaria es relativamente alto. A esto hay que sumarle que ha faltado durante muchos años una política real de incentivo para este sector. Dentro de él, tampoco se ha atendido a la juventud, que por ejemplo, apenas cuentan con recursos iniciales para preparar las tierras que se están entregando en usufructo y ponerlas a producir. Por eso hay que ofrecerles ciertas facilidades que estimulen su permanencia en la actividad agrícola.

¿Hasta qué punto esa prioridad hacia la juventud impactará en el imaginario de una parte de ella que ha colocado su proyecto de vida fuera de Cuba?

Ya no es posible hablar de ningún proceso al margen de lo que sucede en el contexto global y en él hay una migración creciente de los países del sur hacia el norte, a causa de la brecha de desarrollo entre unos y otros. Cuba está protagonizando un proceso similar, ni más ni menos de lo que sucede como tendencia en otros sitios. Pero el tema migratorio ha tenido aquí una connotación política, se ha visto como abandono de un proyecto y por tanto se ha leído con preocupación. En verdad no es un problema menor que las juventudes del sur se marchen pues lo que se compromete es el futuro de este lado del hemisferio.

La juventud cubana no tiene como aspiración intrínseca emigrar,-al menos eso no es lo que hemos encontrado en nuestros estudios. Buscan espacios donde realizar su proyecto de vida, muy vinculado a proyectos familiares y sociales, por lo que prefieren desarrollarlos en sus propios contextos. También han manifestado sus deseos de viajar, conocer, probar mundo -aspecto bastante difícil en la sociedad cubana. Transformaciones en cuanto a estas políticas vigentes no solo en lo económico, pueden tejer un cuadro diferente de cara a los intereses juveniles, que conforman un abanico diverso en términos territoriales, de género, de niveles educativos, de procedencias e inserciones sociales…

¿Este podría ser un momento de continuidad pero también de ruptura generacional?

Las generaciones jóvenes siempre buscan espacios diferentes, proyectos de vida en correspondencia con su momento histórico. Ahí puede haber mucho de continuidad y ruptura con las generaciones anteriores.
La actual generación joven tiene que definir sus intereses, cómo es el proyecto de sociedad en que quiere vivir. Eso tampoco lo hará al margen del resto de las generaciones. El presidente Raúl Castro en su discurso en la Asamblea Nacional (diciembre/2010), dijo que su generación tiene la responsabilidad de resolver un conjunto de problemas, pero las nuevas generaciones también deberán ponerle su impronta a ese proyecto.

Se está produciendo el cambio generacional en medio de una fuerte tendencia al envejecimiento poblacional y con generaciones jóvenes más reducidas numéricamente. A eso se añade que la generación histórica de la Revolución, está saliendo de la vida activa y entran en ella, otras generaciones que nacieron durante la crisis de los 90, con miradas al mundo y procesos de socialización distintos. Todo eso conforma intereses y perspectivas diversas que hay que poner en diálogo, complementarlas, para que confluyan en un proyecto común de nación, de sociedad inclusiva para todas y todos.

¿Cómo cree que se podría reencantar a las personas más jóvenes para que participen activamente en este momento crucial de la Revolución?

A nivel social desde las instituciones más formales o estatales hasta las más cotidianas como la familia, se ha entronizado una concepción muy paternalista del tratamiento a la juventud. Muchos padres dicen: “yo no quiero que mis hijos pasen los mismo trabajos que yo.” Pero con esos buenos deseos, a veces se cortan las alas. En vez de que busquen sus propios caminos que tropiecen, se levanten, que sigan adelante por sí mismos, les indicamos cómo hacerlo y eso les resta entusiasmo, porque no tuvieron que imaginar nada. Si tú no participas, si no generas, si no te imaginas cómo será, no es igual.

Ese es otro reto fundamental que tiene la sociedad cubana para materializar los nuevos Lineamientos: reencantar, motivar a las personas y eso pasa porque haya una participación real, que la gente sienta que si no se involucran, que si no tienen creatividad en la búsqueda de soluciones, no se logrará.

Hay que aprovechar con efectiva los espacios de participación que tiene nuestra sociedad, que generen compromiso y constatación de resultados, que involucrarme o no, tenga impactos personales, porque hoy da lo mismo y paradójicamente, mientras más te involucras puedes encontrar impactos negativos para ti y eso frena la participación. Son temas en los que la Conferencia del PCC (enero/2012) tendrá que profundizar.

¿Qué recomendaciones hace con respecto a las políticas de juventud para impulsar ese cambio de mentalidad que la dirección del país ha pedido?

La juventud tiene demandas fuertes para poderse emancipar y convertirse en una ciudadanía con autonomía real. De ahí que sean tan importantes las políticas integrales dirigidas a este sector-educacionales, de empleo, de salud, de recreación, etc. Tienen que ser políticas de abrir oportunidades, no para darlas. Cuando tú participas en la definición de las políticas, las valoras, mientras que si te las dan acabadas, las tomas o las dejas, porque nadie te preguntó si las querías. Para que las juventudes se inserten y aprovechen los espacios, hay que contar con ellas. Nuestra juventud ha estado socializada en espacios muy colectivos y en el sentir que puede pensar y opinar. Esas son potencialidades para el cambio de mentalidad que hoy se requiere y hay que aprovecharlas más.

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