CUBA: La mirada de Baldrich

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Un amigo y colega suyo de toda una vida en el
diario cubano Juventud Rebelde escribió un día que, haciendo un cálculo
conservador, Ángel González Baldrich debe haber tirado más de 70.000 fotos
y publicado unas 10.000 en diferentes medios de prensa de esta isla del
Caribe.

“¡Respetable estadística!”, comentó Luis Hernández Serrano, el periodista
que publicó la única entrevista concedida en sus más de 50 años de
ejercicio por quien, en el momento de su muerte el miércoles 31 de
octubre, era es considerado uno de los mejores fotógrafos de prensa en
este país, además de un verdadero artista de la imagen.

Pero el problema no es numérico. Así lo han comprobado un grupo de
periodistas que, en los últimos días, se empeñan en hurgar en los archivos
fotográficos para seleccionar las 70 imágenes que piensan incluir en una
exposición que Baldrich fue postergando por un motivo tan humano como
extraño en estos tiempos, su modestia.

Organizada en conjunto por la corresponsalía en Cuba de la agencia
internacional de noticias IPS (Inter Press Service) y Juventud Rebelde, la
exposición titulada “70 x setenta”, en homenaje a su cumpleaños 70, está
previsto que se inaugure el día 12 de noviembre en La Habana y en 2008
será llevada a otras ciudades cubanas.

“Nunca pensamos que fuera tan difícil. Cada vez que tenemos lista la
selección, aparecen nuevas fotos que vale la pena incluir, entre ellas
algunas que ni siquiera han sido publicadas”, comentó Elsa Methol,
directora de la oficina de IPS en Cuba y una de las principales impulsoras
de la iniciativa.

Un edificio destruido de La Habana con un añejo cartel que ha resistido
el paso del tiempo y donde se puede leer: La Maravilla. Soldados que, a su
regreso de África, observan maravillados la ciudad desde la proa de un
barco. Utensilios de cocina, un perro por una calle solitaria, una mujer
cargando girasoles.

Paisajes urbanos y rurales, detalles de la cotidianidad, pero sobre
todo gente. Rostros y más rostros de mujeres, niños, jóvenes y ancianos,
que muestran una línea de trabajo en la que se le reconoce, sin duda, su
mayor maestría. “Adoro el retrato, porque el ser humano para mí es lo más
importante”, reconoció Baldrich en una ocasión.

Acreditado como fotógrafo-corresponsal de IPS en Cuba desde 2006, nació
el 29 de julio de 1937 y a los 20 años, después de limpiar pisos en la
ruta en la que trabajaba su padre como “guagüero” (chofer de ómnibus),
entró de aprendiz de fotografía en una agencia publicitaria.

Sus primeras fotos de prensa las publicó después del triunfo de la
Revolución Cubana, el 1 de enero de 1959, en las revistas Pionero y Mella.
En 1965 se convierte en uno de los fundadores de Juventud Rebelde, el
segundo periódico de alcance nacional más importante de la isla, donde
trabajó hasta mayo de este año.

En 1988 fue corresponsal de guerra en Angola y, como parte de su
trabajo en el diario, también viajó como reportero a la hoy desaparecida
Unión Soviética, a Italia, Canadá, Alemania, Islas Canarias y España.
Recibió varios premios y distinciones, además de la orden Félix Elmuza por
su obra de toda una vida en la prensa cubana.

“¿Requisitos para ser fotógrafo? Observarlo todo con detenimiento, ser
muy sensible ante lo bueno y lo malo, lo triste y lo alegre, lo pintoresco
y lo grotesco. Querer llevar a la gente imágenes de lo que nosotros
conocemos y muchos por su trabajo no tienen el privilegio de ver”,
aseguraba.

De todas las fotos que tiró, prefería un contraluz que le hizo al
presidente cubano Fidel Castro una noche de invierno, a una distancia de
15 metros, antes de subir a la tribuna. La imagen estuvo 10 años sin
publicarse y, cuando finalmente apareció, ocupó toda la primera plana de
Juventud Rebelde.

También adoraba la foto de unos botes en Cojimar, poblado pesquero de
las afueras de La Habana. La tomó para un reportaje sobre el escritor
estadounidense Ernest Hemingway del periodista y novelista cubano Leonardo
Padura, y la conservaba en una pared de su pequeña casa de La Palma, un
barrio de la periferia habanera.

Casi 20 años después de que Padura dejó su puesto en Juventud Rebelde,
uno de los escritores contemporáneos más leídos en Cuba recuerda que “en
cada una de las cientos de ocasiones” en que trabajó con Baldrich,
ocurrieron “dos cosas que son paradigmáticas de su capacidad y oficio”.

“La primera sucedía cuando me atrevía a preguntarle si había tomado
determinada foto del personaje o el lugar que el desarrollo de la
entrevista o el reportaje reclamaba como indispensable. Y la respuesta
siempre fue la misma: ya está hecha” y la segunda, cuando Baldrich
“entregaba las fotos tomadas al calor del trabajo”.

“Además de corroborar que estaban todas las que yo necesitaba,
comprobaba que siempre eran mejores de lo que había imaginado, dotadas de
una capacidad de penetración y de una calidad de composición y manejo de
la luz poco frecuentes en la prensa diaria cubana”, cuenta Padura en las
palabras al catálogo de la exposición.

“No sé cuántas veces lo he visto con su cámara, en un rincón, mirando
fijo desde el lente. Nunca alardea, ni se pelea por estar delante, ni tira
100 fotos para sacar una buena. Baldrich mira y mira por el lente y,
cuando tira, esa es”, dijo a IPS Raquel Sierra, periodista del semanario
capitalino Tribuna de La Habana y vieja amiga de Baldrich.

“Me encantan sus fotos, pero más aprecio su amistad. Hubo un tiempo, en
los peores momentos de la crisis de la pasada década, en que andábamos
siempre juntos. Otra amiga y yo le decíamos ‘super Baldrich’, porque
siempre estaba cuando lo necesitábamos. Lo mismo limpiaba una lente que
arreglaba una cocina”, cuenta.

Padura, Sierra, Amado de la Rosa, Alex Fleites, Angel Tomás, José
Antonio Evora, son sólo algunos de los periodistas que encontraron en
Baldrich el colega ideal, pero, sobre todas las cosas, la lealtad del
mejor amigo. Un hombre silencioso y observador que reservaba para las
amistades la agudeza de la palabra y su incomparable buen humor.

A pesar de su calidad profesional y humana, el foto-reportero sufrió en
carne propia las consecuencias de la envidia, el oportunismo y la
mediocridad. Sin embargo, recuerda Padura, nunca se dejó “ganar por el
resentimiento y la frustración” e hizo “lo único que sabía hacer: trabajar
cada día y hacerlo del mejor modo posible”.

“Más que al fotógrafo a tiempo completo, estamos reconociendo al hombre bueno y leal, demasiado modesto, que nos regaló su amistad y su compañía”, afirmó el escritor.

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