Dar testimonio, participar y transformar

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El intento de atribuir al pueblo cubano una religiosidad bien definida es artificioso, cuanto más, en la vida cotidiana el cubano y la cubana expresan una fe que se manifiesta de maneras diferentes y desde múltiples paradigmas. ¿Cómo explicar nuestro complejo proceso de creencias a personas que, aunque no alejadas de nuestro modo de vivir y hacer teológico, tienen otros referentes culturales? Esta pregunta estuvo rondándome durante el tiempo que duró el viaje hasta la hermosa ciudad de Matanzas donde se desarrolló todo el día de ayer otro de los momentos del “Encuentro de líderes cristianos comunitarios en procesos de cambio”, que desde el pasado día 6, sesiona en el Centro Memorial Martin Luther King de La Habana (CMLK), al que asisten pastores y pastoras, laicos y personas de fe que trabajan en espacios e instituciones de diversos países de América.

En el lomo de nuestro “amarillo” Rocinante, la guagua que trajo, en gesto solidario con el pueblo cubano, hace ya algunos años la Caravana de Amistad de Pastores por la Paz, nos fuimos hasta el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas (SET), situado en una elevación y desde donde se divisa la inmensa bahía de la ciudad, en otros tiempos también llamada “Atenas de Cuba”. El propósito del día fue reflexionar y compartir sobre cómo la teología ha respondido (y responde hoy) a los desafíos de la realidad cubana en estos cincuenta años.

Y claro, para “tamaña” tarea hacía falta echarle mano a las historias, a los testimonios de quienes, desde distintas generaciones y puntos de vista, han intentando sistematizar el tema. Por esa razón Kirenia Criado, teóloga e integrante del Programa de Reflexión/ Formación Socioteológica y Pastoral del CMLK, abrió el día con esta siempre vigente mirada del profesor y pastor presbiteriano Sergio Arce, autor, entre otros, del libro Teología en Revolución: “La teología sistematizada que no surja a partir de una estrecha vinculación de carácter comunitario con algún sector corporativo cristiano que el teólogo y la teóloga cultive puede ser una gran cosa desde cualquier punto de vista pero no será propiamente teología”.

Y le siguieron las intervenciones de los teólogos Adolfo Ham, quien puso sobre el tapete, en primer término, su concepto de teología al definirla como “la comprensión y la comunicación de la fe para apoyar y ahondar el compromiso de la cristiana y el cristiano con su realidad”. Y aseveró, “pero no basta con saber qué entendemos por teología sino quiénes la hacen y en qué contexto…”.

Por su parte Reinerio Arce, rector de SET, al caracterizar las décadas del 80 y 90 del pasado siglo XX, señaló que “desde mediado de los setentas y principio de los ochentas hubo un acercamiento muy fuerte a la antigua URSS y los países socialitas e ideológicamente la Revolución estuvo muy cerca el marxismo soviético con todo lo que significaba esta aproximación a la religión; pero, al mismo tiempo, en esta década triunfa la revolución sandinista en Nicaragua y se produce un fenómeno muy interesante cuando los marxistas cubanos comienzan a ver y vivenciar cómo participan los cristianos y las cristianas nicaragüenses en el proceso de cambios sociales en su país…Luego vienen una serie de hechos, entre ellos, uno muy importante el encuentro de Fidel con Frei Betto que desembocaría en la publicación del libro Fidel y la religión”.

“La teología que se produce en estas décadas —afirmó Arce— es contextual y al serlo, tiene que ser fundamentada bíblica y teológicamente, es decir, tiene que ser contrastada con la realidad de aquel momento donde se produjeron fuertes debates sobre el socialismo que estábamos construyendo y qué podíamos hacer, qué aportes podíamos dar los cristianos y las cristianas desde nuestro testimonio de fe”.

Para Amós López, pastor de la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao, “la teología de la década de los noventas está vinculada a la crisis económica, ética y cultural que vivimos las cubanas y los cubanos. Como resultado de esto se produce una reanimación sin precedentes del campo religioso cubano. En el caso específico de las iglesias protestantes, se produjo un crecimiento acelerado de su membresía. El quehacer teológico de esta etapa muestra algunas tendencias: la necesidad de poner en diálogo a la fe evangélica con lo más representativo del pensamiento cubano, estableciendo puntos en común entre los enseñanzas del Evangelio y los postulados de las figuras más decisivas en la formación y desarrollo de la nacionalidad y la identidad cubanas”.

A juicio del pastor cubano, “la teología de estos años experimenta un proceso de diversificación en el que convergen disímiles miradas, inquietudes y reflexiones y el impulso de varios proyectos de capacitación teológica, bíblica y pastoral desde diferentes espacios e instituciones como el CMLK en La Habana; el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, en Cárdenas, Matanzas; el Centro Cristiano de Servicio y Capacitación en Santiago de Cuba; además del propio SET y el Centro de Estudios del Consejo de Iglesias de Cuba”.

“En esta misma época, apunta Amós López, irrumpen los llamados “nuevos movimientos religiosos”, los ministerios transdenominacionales. Corrientes de pensamiento como la “teología de las prosperidad, la renovación carismática y el neopentecostalismo encontraron terreno fértil en una iglesia que crecía vertiginosamente”.

Para Daylins Ruffín, teóloga y profesora del SET, “hablar del quehacer teológico a partir de 2000 no es sistematizar sino dar noticia de qué estamos haciendo pues esta década aún no ha acabado”. En este sentido, dijo, “me gustaría dar noticia sobre los desafíos, tendencias y sueños que tenemos las personas que tratamos de hacer y de vivir también desde la perspectiva teológica nuestro contexto”. “Lo primero, acotó, es volver a una pregunta: ¿qué estamos entendiendo hoy cuando hablamos de quehacer teológico, qué lo legitima: lo escrito, lo que queda y también la práctica? pues a pesar de que repetimos que la teología se hace en la iglesia, que es importante tener el oído en la comunidad, algo que está muy claro para nuestra generación, hemos heredado el estigma de que si no se produce y sistematiza el conocimiento no se es teóloga, ni teólogo”.

“Otro de los grandes desafíos de nuestra generación, apunta Ruffín, es que nuestra formación metodológica es aún escasa en cuanto a herramientas para la producción teológica; es decir, se nos ha enseñado a escribir teológica pero no a hacer teología. Por otro lado, estamos atrapados entre la información que viene desde nuestra praxis: lo que vivimos y sentimos, y la información acumulada por la experiencia: los textos que hemos heredado y la teología de las personas que nos han antecedido”.

Para la teóloga “la praxis suele ser transgresora respecto a la experiencia acumulada porque esta última ha tenido un cierre y una clausura en el tiempo, en un contexto determinado y en una estructura eclesial que la ha acogido y legitimado, intenta, además, insertarse en un arco discursivo —y bien sabemos lo que pasa cuando intentamos mover una piedra angular de una determinada estructura—, de modo que atrapados entre ambos discursos, terminamos sucumbiendo a las tentaciones nocivas de las que el método no nos salvó. Primero el grito: escribimos de manera desordenada, medio histérica las demandas de nuestra comunidad o caemos en la repetición. En ambos casos se diluye la visión crítica y muere nuestra teología antes de nacer”.

“Construir el discurso de ahora haciendo ganchos con textos del pasado, dijo Ruffín, desplaza la visión crítica sobre nuestra realidad”. Finalmente señaló que su generación, la de los inicios de 2000 son “herederos de una visión, casi abismal, entre nuestra práctica y el quehacer teológico a pesar de que muchas y muchos somos conscientes de la necesidad de aprender a articular ambas cosas pues no están divorciadas, es decir hacemos teología porque somos iglesia y no al revés”.

“Nuestra generación, dijo Daylins Ruffín, tiene muchas más preguntas que respuestas porque vive en el hoy, en el ahora”. “Es urgente, acotó, rescatar ese metalenguaje ya que nuestros primeros destinatarios no son los editores de nuestras producciones teológicas sino las comunidades que dan razones de nuestra esperanza, de nuestra visión de Dios y en Dios”.

Celebrar en comunidad

Luego de un ejercicio bíblico de lectura popular, las y los participantes del encuentro debatieron acerca de “Ecumenismo y cambio”. Les acompañaron miembros de la comunidad de la Primera Iglesia Bautista de Matanzas y El Naranjal.

Y en la noche, nos fuimos hasta el Museo Provincial Palacio de Junco, donde integrantes del Grupo Gestor y coordinadoras y coordinadores del Proyecto de Animación Sociocultural del barrio de La Marina, nos contaron la historia y los desafíos de esta experiencia de trabajo comunitario, una de las primeras que acompañó el Centro Memorial Martin Luther King, y es referente en el país. Con Regla, Laydis, María Mercedes, Lila, Paquito, Samuel, Isis, Yudania y el Kimbo, compartimos la alegría de vivir en comunidad, también desde la fe y la esperanza.

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