“Debemos convertir esa energía social en alternativa política”

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Miriela Fernández Lozano

La incertidumbre y la esperanza conviven en sus respuestas. “Mira, estos estallidos sociales pueden tener un carácter líquido y morir de momento, tan pronto como emergen”, expresa Alex Guillamón, activista de Entrepueblos, una organización española a la que considera “una especie de estrella en la galaxia de movimientos sociales” de su país, cuyos pies se afirman en la solidaridad con las luchas latinoamericanas de los ochenta y tiene hoy por horizonte la búsqueda de alianzas con actores en esta región y en España.

Su experiencia en diversos procesos sociales y la mirada a entrecortados entusiasmos de rebeldía vivida en Europa en los últimos años provocan esa primera sensación de desaliento que tienen sus palabras:

“Ha habido muchos grupos sin elementos para interpretar y encontrar mecanismos de reacción ante la situación económica, política y social actual. Creo que a la sociedad le está costando digerir que esta no es una crisis más, sino una muy profunda y una gran parte piensa que podrá vivir con este nivel de consumo. No hay conciencia de que estamos en un cambio de ciclo profundo.

“Por otro lado, en algunos sectores hay mucha impotencia ante estos poderes económicos y políticos, y los mecanismos de defensa de la clase popular se han mostrado incapaces de plantear alternativas, por ejemplo, desde los sindicatos clásicos, desde la izquierda política, que sufrió su big bang en la década del ochenta. La gente no ve referencias que hagan un análisis profundo y contemplen propuestas, lo cual no significa que sindicatos u otras organizaciones puedan jugar un papel en todo esto. Sin embargo, hasta ahora, no ha existido una perspectiva de cambio y se han dado estas erupciones sociales sin continuidad”.

Pero, como las propias movilizaciones juveniles que colman las plazas de España, Alex da un giro alentador a nuestro diálogo y se detiene en las posibilidades a la transformación que abren estas manifestaciones:

“Las cosas no suceden en el momento en que se prevén, a veces se dan instantáneamente, cuando se unen personas desde distintas partes, y es lo que ha pasado. Estas movilizaciones, tanto las más importantes en la puerta del Sol, en Madrid, como las de la Plaza Cataluña, en Barcelona, además de rechazar ajustes económicos, son un elemento de rebeldía hacia el sistema ´democrático´ y electoral en España. Y no constituyen hechos aislados, pues hubo protestas anteriores en el país. También tienen como fuente de inspiración las movilizaciones en el norte de África, lo que ocurre en América Latina, el movimiento en contra de la deuda en Islandia y el libro Indignaos de un activista francés (se refiere a Stéphane Hessel), sobreviviente de los campos de concentración nazis”.

“Por tanto, no es casualidad que surjan ahora, cuando pueden encontrar un ritmo de sucesión. Creo que las organizaciones sociales que llevamos tiempo y que no participamos en el estallido, podemos dotar este movimiento que acampa en las plazas de una continuidad, de una perspectiva política consistente, más global. Este es nuestro objetivo. Es importante que el sector de la juventud se manifieste, como los ecologistas, los campesinos. Hay cierto vacío político, y la tarea que tenemos, además de hacer crecer el rechazo al sistema, es convertir esta energía social en alternativa política”.

¿Cuáles son las causas que convirtieron al sector juvenil en protagonista de las movilizaciones?

“En España hay una valoración bastante pesimista del papel de la juventud. Primero se habló de los 1000 euristas como jóvenes que tenían poco futuro, escasas perspectivas. Los sueldos y trabajos se han ido degradando y el nuevo empleo que se ofrece es en condiciones muy precarias. Luego se habló de la generación ´ni ni`: generación que ni trabaja ni estudia y tiene que vivir junto a sus padres. España es una de las naciones de mayor desempleo juvenil en Europa, con un alto por ciento de población activa que no halla donde laborar. Por esas razones fundamentalmente los jóvenes han salido a la calle y ha nacido el movimiento Juventud sin futuro y sin miedo, que ha tenido como formas de organización y convocatoria las redes sociales y ha desembocado en la suma de voluntades para enfrentar este retroceso a nivel social y económico de lo que ha sido la concepción del estado de bienestar y de los derechos sociales”.

¿Cómo traduciría esa situación de crisis y regresión en diferentes ámbitos que vive España?

“El contexto de crisis económica y social que lleva varios años, desde el 2008 hasta acá, y el modelo de crecimiento dependiente, basado en rubros específicos como el negocio inmobiliario y la construcción han traído como consecuencia un grave problema social de acceso a la vivienda, el aumento del endeudamiento en las familias a través de las hipotecas que han sido imprescindibles para acceder a las viviendas.

Existe una gran parte de la población asalariada, incluso mano de obra inmigrante, dedicada a estos sectores, y justamente la crisis ha explotado por aquí, lo que ha evidenciado la vulnerabilidad del crecimiento de España.

“Ese crecimiento ha tenido como base el negocio inmobiliario, la especulación y el lavado de dinero asociado al primero. Antes de que estallara la crisis se sabía, a través de los medios de comunicación, que de los billetes de 500 euros físicos, en circulación por Europa, casi la mitad estaba en España. Todo ese negocio se desarrollaba no solo en el sector privado, sino en el público desde administraciones locales, municipales, autonómicas, y esto también se vinculó a la corrupción de cargos públicos.

“Por otro lado, desde el ingreso de España a la Unión Europea en 1986, se han sucedido varias ampliaciones con la inclusión, por ejemplo, de países de Europa del Este. Esto motivó un proceso denominado de cohesión social, cuyo propósito era la aprobación de fondos desde las economías más ricas hacia las zonas más deprimidas del sur del continente, pero con la crisis esto se paró en seco. A pesar que eran tímidas políticas, ahora aparece una Europa que se está rompiendo en dos y la receta por la que se apuesta es la que conviene a Alemania. Europa depende del crecimiento de Alemania, y si este país crece los otros también se verán beneficiados. Ese es el supuesto.

“Al mismo tiempo se ha abierto puertas a las políticas de ajuste, de recorte del presupuesto con el propósito de contener la deuda pública. La primera reacción ante la crisis fue estimular la economía a través del Estado con la creación de obras públicas, de una inversión social que generara empleo. Fue Sarkozy (Nicolas) quien puso en la agenda política, muy tímidamente, la necesidad de frenar estos movimientos especulativos. Y aunque su discurso significaba una domesticación del capitalismo, meses después vemos no solo que esto se incumplió, sino que estos intereses especulativos gobiernan más que antes y definen políticas de los estados.

“Lo que ha actuado son los organismos calificadores de la deuda, entes fantasmas que dan un valor a la deuda de cada país. Es una delincuencia financiera organizada que ha afectado gravemente a países como Grecia, Irlanda, Portugal y España. Es una mochila muy pesada que hace que estos Estados tengan que pagar más y restringir su gasto público. Como te decía, la carga la llevan los más deprimidos, los del Sur y no aquellos técnicamente considerados locomotoras económicas”.

En esas mochilas también pesa el gasto militar de España en distintas intervenciones como parte de la OTAN…

“Sí, lo primero que cuestionamos es el ajuste estructural pero hay otros gastos como las intervenciones en Afganistán, en Libia, y en otros países a las que supuestamente estamos obligados a llegar como integrantes de la OTAN, y, de alguna manera, para hacernos perdonar por la retirada de las tropas españolas de Iraq, que significó un momento tenso entre EE.UU y España, pero han sido muy caros los costos de estas intervenciones y no hay ningún actor político que esté cuestionando esto.”

Muchas personas han vinculado estos sucesos a aquellas movilizaciones que tomaron el Barrio Latino en Francia y extendieron su eco a otras ciudades europeas. ¿Coincide con esos que piensan que no están secas las flores del 68?

“Es difícil encontrar un vínculo directo a lo que fue la ola de movilizaciones de finales de los sesenta y principios del setenta. La situación era totalmente diferente, vivíamos al fin de un ciclo del capitalismo keynesiano por decirlo de alguna manera, tras la guerra mundial, y en un contexto de guerra fría. Con las recetas del neoliberalismo que comenzaron a entrar en los setenta tenemos un imaginario colectivo marcado por el consumo y hemos perdido el derecho a lo colectivo, es otra cultura que prevalece. Pero, en cierto sentido aquel 68 abrió un tímido cuestionamiento al modelo civilizatorio que se cortó. Tal vez esto sea un indicio y pueda reabrirse ese capítulo, desde lo económico, energético, civilizatorio. Habrá que rescatar las cosas importantes de esa etapa”.

A Alex también lo escuché hablar frente a estudiantes de la Universidad de Las Villas. Habíamos llegado a esa provincia del centro de Cuba como parte de las continuidades del Taller sobre Paradigmas Emancipatorios. Fue unos días antes que el descontento popular pasara cuenta al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en elecciones municipales. En ese momento decía que, de mantenerse las manifestaciones después de los comicios, organizaciones sociales españolas profundizarían su posicionamiento e intentarían consolidar alianzas entre ecologistas, campesinos, feministas, sectores juveniles. Y su frase podría hoy mover la balanza entre la ilusión de renacimiento y la posibilidad del ocaso que atravesaron, al mismo tiempo, nuestra conversación. Pues, pasadas las elecciones, “las protestas del Sol” siguen encendiendo los días y las noches de España.  

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