Día de la resistencia

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Honduras, hogar de la civilización Maya durante el primer milenio de nuestra era, invadido por los Aztecas y luego los Mosquitos, fue posteriormente sometida por Cristóbal Colón en 1502, donde los pueblos originarios fueron asesinados por la cruz y la espada, como sucedió en el resto del continente. La mezcla dio origen al grupo étnico dominante en el país, mientras los invasores se debatían, en los primeros años, en una guerra por la búsqueda del oro. Después vino la época de la colonia, que en el final de su periodo, generó una población dedicada a la agricultura y la ganadería. Para finalmente alcanzar su independencia en 1838, agrupada en una confederación junto a El Salvador y Nicaragua, bajo la mirada de Francisco Morazán como su primer Presidente.

Honduras, durante el pasado siglo tiene una larga historia de Dictadores “liberales” que dominó la vida de este pueblo pacífico. En 1981, Roberto Suazo del Partido Liberal marca el retorno de los civiles al poder, bajo la influencia de los militares, que fueron una pieza clave en contra de la lucha de liberación de Nicaragua, ofreciendo el territorio como base de los contras. Las huelgas y las protestas sociales fueron la tónica de estos años, también los muertos, los desaparecidos y los prisioneros.

Honduras, es el segundo país más pobre de América Latina (después de Haití) con un índice del 70% de la población en estado de pobreza. Con esta mezcla de saberes indígenas, la población mayoritariamente campesina, ha sobrellevado la mantención de una oligarquía local vigilada por los militares, los que a su vez no han dado un solo paso sin consultarlo con su verdadero comandante en jefe, los Estados Unidos.

Con la llegada de Manuel Zelaya (Mel para su pueblo), llevado hasta el poder por el Partido Liberal, las cosas cambiaron. Zelaya, empresario, domador de caballos, hijo de la oligarquía local, tuvo el atrevimiento de recitar a poetas como el chileno Neruda o el salvadoreño Roque Dalton en las cumbres internacionales, junto a su amigo el presidente de Venezuela Hugo Chávez, y no contento con eso, fue más allá aún, al incluir a su país en la otrora Alternativa, hoy Alianza ALBA e intentar hacer transitar a su país, a su pueblo, por mejores caminos hacia la estabilidad, la tranquilidad y la justicia social.

Los “eternos conspiradores” siempre están viendo los peligros de los procesos revolucionarios, siempre buscándole la quinta pata al gato, atentos contra magnicidios y campañas mediáticas, anunciando como Casandra que el golpe viene, por algún lado, pero viene, que las medidas de precaución nunca son suficientes, incluso acusados por algunos de exceso de celo, de paranoicos traumatizados por los golpes de estados en sus respectivos países, siguen adelante con sus llamados de atención. Y es que una cosa es clara, esta batalla que se lleva a cabo en América Latina por la Segunda Independencia, es una batalla con enemigos claros y definidos que no se detendrán ante nada. La Segunda Independencia que hasta ahora se ha lidiado a través del voto, en las urnas, en conciliaciones tras bastidores para disminuir los “costos sociales”, se ha visto fortalecida con un claro rumbo hacia el Socialismo, llevado de la mano por la construcción del Poder Popular real, efectivo y sin marcha atrás.

Mientras en Venezuela se llevaba a cabo la inauguración de la VI Cumbre Extraordinaria del ALBA, la tarde del 24 de junio, que tuvo como tema central la incorporación de Ecuador, Antigua y Barbuda y San Vicente y las Granadinas, al bloque regional de los países progresistas, en Honduras, ya se cimentaba las bases de un nuevo golpe de Estado en Latinoamérica.

Por todo lo anterior, no representa una sorpresa lo fraguado el 24 de junio en Honduras, es doloroso, toca a varios revivir experiencias truculentas, pero no puede, ni debe ser en el futuro, una sorpresa que el golpe viene.

Esta vez es un golpe de estado “benévolo” como lo bautizó el propio usurpador Micheletti, en sus primeras horas detentando el poder, parafraseando tal vez a uno de sus ídolos golpistas, Pinochet, uno de los dictadores más sangrientos que registra la historia latinoamericana, quién dijo también que lo suyo no era una Dictadura, sino una “Dictablanda”. Y si se trata de frases, tenemos para llenar miles de hojas con estupideces que intentan justificar lo injustificable, donde los medios de comunicación privados constituyen otro de los brazos armados, tan peligrosos y mortales como los militares fascistas. Sus armas: la imagen, la palabra y el sonido que se encarga de eliminar conciencias y moldear el miedo a su antojo.

La noche del 24 de junio, quedó al descubierto los planes que ya tenía trazado el fascismo, cuando el Congreso de ese país, pidió sin ningún descaro a la OEA retirar de Honduras, una misión encargada de observar la consulta que estaba prevista para el 28 de junio. Dicha consulta tenía como objetivo saber si la población deseaba tener en los comicios de noviembre una cuarta urna para votar la posibilidad de llamar a una Asamblea Constituyente, que modifique la actual Constitución, que ya cuenta con 27 años. Fue el propio usurpador, ya a la cabeza de la conspiración, quién bajo su cargo de Presidente del Congreso, leyó la declaración “Expresamos al secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, nuestra profunda indignación por enviar esa misión al país”. En la conspiración estaba el Parlamento, la Corte Suprema, las Fuerzas Armadas y por supuesto los grandes empresarios del país. El día anterior, el 23 de junio, el Parlamento aprobó la ley que rechazaba la consulta, recibiendo el apoyo del Tribunal Supremo Electoral y del Ejército. El jefe del Estado Mayor, general Romeo Vásquez, se negó a distribuir el material electoral para llevar a cabo la consulta, Zelaya ante esto, lo destituye de su cargo, recupera el material que se encontraba en un recinto militar, apoyado por las organizaciones sociales del país. El material luego es repartido por voluntarios en los respectivos centros de votación. Posteriormente, el 27 de junio, se suma el Clero y la burguesía nacional, junto a sus voceros de la “sociedad civil” (las ONGs) y hacen un llamado a no sufragar y quedarse en sus casas. El golpe de Estado es ya una crónica anunciada.

La madrugada del 28 de junio, fuerzas especiales de militares encapuchados destrozan la casa de Manuel Zelaya, quién es maltratado, detenido y expulsado de su país en pijama (como dijo Zelaya ayer 5 de julio, “todos los presidentes tendrán que dormir a partir de hoy vestidos y con la maleta lista por si vienen por ellos”) y recibido en Costa Rica por el presidente Oscar Arias. A partir de allí el “golpe benévolo”, sui generis, siguió el camino que ya todos saben, el que muchos han vivido, el que muchos tendrán que vivir en estas largas horas de oscuridad y mordaza comunicacional en Honduras, con estado de excepción incluido.

Tras el golpe de Estado, la OEA llama a una reunión Extraordinaria, que fue a todas luces lo más extraordinario que hemos visto en la historia de ese organismo, los países en forma unánime rechazan el golpe de Estado, y establecen una Asamblea Extraordinaria para el 30 de junio. El ALBA se reúne en Nicaragua y se realiza la cumbre del ALBA y del SICA (Sistema de Integración de Centro América), mientras el usurpador Micheletti es proclamado presidente por el Parlamento de su país.

Todos los presidentes de Latinoamérica, sin excepción, repudian el golpe de Estado, se pronuncian bloques regionales como Grupo de Río, Unasur, Mercosur, también declaran el Movimiento de países No alineados, la OEA, la ONU, la Unión Europea. Estados Unidos llama a la calma y la estabilidad. Se toman medidas políticas, diplomáticas y económicas, se retiran los embajadores, algunos son llamados a consulta, y comienza las sanciones económicas, que surten efecto en algunos empresarios que ya comienzan a descolgarse del usurpador.

Zelaya insiste en volver a su país a tomar el mando, y se da plazo de dos días, es demorado primero bajo la excusa de reuniones y negociaciones necesarias por la vía diplomática, que no fructifican y terminan declarando que el gobierno de facto no está dispuesto a negociar. La pregunta aquí surge de forma espontánea ¿qué se puede negociar con las fuerzas golpistas que han llegado tan lejos para impedir el avance de su país, a la senda de la justicia social? Zelaya ha recibido muchas presiones a nivel diplomático para no regresar a su país. Curiosamente y de forma inexplicable su vuelo hacia Honduras fue demorado varias horas en el aeropuerto de Washington.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, con toda lucidez ha declarado que es necesario ponerse al frente de las manifestaciones de resistencia en Honduras, pero también es necesario convocar a una Corte Penal Internacional que sancione lo que está ocurriendo en ese país, para que la impunidad no sea la puerta de entrada a todos los fascistas de Latinoamérica, que en el amanecer golpista de Honduras, ven consumadas sus esperanzas de arrebatarle el poder a los presidentes progresistas de la región. Así como Chile fue el laboratorio para implantar las políticas neoliberales en todo el continente, también Honduras es el laboratorio para ver los resultados de un golpe, de un freno al avance que se ha ido conquistando lentamente en distintos países, como es el caso de Venezuela.

En tanto el presidente Hugo Chávez en el marco de las conmemoraciones del día de la Independencia en ese país, ha expresado “Se ha dicho, con verdad, que el golpe de Estado hondureño es contra todo lo que se encarna en estas cuatro letras: ALBA. La Alianza Bolivariana no sólo es una urgencia histórica sino la vía inexorable para hacerle frente a la crisis estructural del capitalismo y, por eso mismo, el instrumento unitario de mayor voluntad política a la hora de actuar en función de la impostergable unidad de Nuestra América. De allí que buscarán golpearla, así lo he dicho, por su flanco más débil.”

El llamado “Día de la Resistencia” en Honduras, cuando las organizaciones sociales, mujeres, obreros, campesinos, indígenas y estudiantes, esperaban con toda la valentía que ha demostrado ese pueblo, que aterrizara el avión donde venía Zelaya, el presidente de la ONU D’escoto, la canciller Patricia Rodas, el embajador de Honduras en Estados Unidos, un médico y dos pilotos venezolanos, armados solo con toda la dignidad de América Latina, cuatro vidas fueran cegadas en medio del horror y el desconcierto. Los militares una vez más apuntaron sus fusiles contra un pueblo desarmado que marchó en una gran manifestación pacífica, hacia el aeropuerto Toncontín de Tegucigalpa, y vimos esa escena tantas veces repetidas en nuestra historia, PIEDRAS contra BALAS, Jóvenes a los que se les disparó directamente a la cabeza, entre ellos uno que solo contaba con 16 años, vimos heridos, la sangre del pueblo derramada en ese aeropuerto. Vimos la imposibilidad de un Presidente de retomar el mando de su nación, vimos la impotencia de miles de ciudadanos indefensos. Pero también vimos a un pueblo que se volvió a reunir junto a la cerca, empecinadamente aferrados a sus esperanzas de libertad. El 5 de julio, Día de la Resistencia en Honduras, es otro día para agregar a las conmemoraciones. Y una vez más citaré a un hermano y compañero “No es necesario detenerse a pensar mucho… La lógica y la operación del imperialismo no son transparentes.”

Hoy el pueblo hondureño sigue Resistiendo, se moviliza, protesta y espera la vuelta de su Presidente elegido democráticamente.

El pueblo hondureño ha dicho BASTA, la opinión internacional ha dicho BASTA, los pueblos de América Latina han dicho BASTA. ¿Cuántos muertos más, cuántos detenidos, maltratados, cuanta barbarie más hay que esperar? Es hora de actuar, hay un pueblo en la calle dando el ejemplo, levantando las banderas de dignidad, de coraje, de fuerza, a nombre de toda esta América. Es hora de que la consigna se haga realidad “Los pueblos unidos jamás serán vencidos” y renazca un ejército de libertadores en esta, la Segunda Independencia de América Latina.

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