Diálogo por nuevos paradigmas emancipatorios

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Cuando fuera de Cuba se apostaba por los días que le quedaban a la Revolución Cubana, en 1995, uno de los años más duro del Período Especial, nacieron los talleres de paradigmas emancipatorios. Parecía un acto utópico porque el neoliberalismo, expresión de la reacción conservadora, señoreaba en el planeta. Entonces el Dr. Gilberto Valdés Gutiérrez, coordinador Grupo GALFISA del Instituto de Filosofía y un grupo de investigadores hicieron un reto por el futuro.

El Grupo GALFISA del Instituto de Filosofía de La Habana ha lanzado el primer aviso-convocatoria del VII Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios para los días 27-30 de abril de 2007. ¿Cómo surge esta propuesta de los talleres?

―En 1995 el Grupo América Latina: Filosofía Social y Axiología (GALFISA) del Instituto de Filosofía, institución académica cubana perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, convocaba al Primer Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios en América Latina en el que participaron académicos, activistas sociales y políticos, educadores populares y personas interesadas en aportar, desde diversas prácticas de resistencia y creación, acerca de los problemas de la emancipación social y humana en nuestra región. Desde entones hasta la fecha se vienen realizando, cada dos años, estos encuentros.

Hay que apuntar que desde 1995 en que se convocó al primer taller (en conjunto con la Asociación de Pedagogos de Cuba y otras organizaciones) hasta 2005 en que se realizó el VI, el escenario nacional, regional y mundial se modificó. En Cuba, fueron duros años de resistencia, de desafíos de todo tipo y de continuidad de la Revolución, en medio de los más adversos avatares internacionales. Pero no estuvimos solos.

La presencia de una amplia y diversa corriente alterglobalizadora devino nuevo fenómeno político mundial, visible en las resistencias y luchas multivariadas que convergen a partir de este siglo en la experiencia del Foro Social Mundial en Porto Alegre y sus sucesivas ediciones regionales y mundiales, como el realizado en Caracas este año. Millones de personas en todo el planeta reaccionaron asqueadas ante el Nuevo Orden del capitalismo salvaje, globalizando las resistencias y la esperanza en otro mundo posible.

En nuestra América el panorama se modificó también: ahí están la revolución bolivariana en Venezuela y el trascendental e histórico triunfo de Evo en Bolivia.

Nuestro papel en estos talleres ha sido colocar un mínimo granito de arena para propiciar el intercambio entre discursos que no siempre hallan el modo de articularse entre sí: debates entre activistas y líderes de redes y movimientos sociales, académicos e investigadores, intentando revelar, construir el sentido político amplio de las reflexiones confrontadas.

¿Cómo se trabaja en estos talleres?

―La modalidad de trabajo del taller difiere de la de los eventos académicos habituales, ya que se privilegia la reflexión grupal y las aportaciones en los debates plenarios, con el ánimo de favorecer la construcción colectiva y la mayor horizontalidad posible de las participaciones. No resulta nada fácil lograrlo, pues exige, a diferencia de los eventos en los que se leen ponencias, un esfuerzo mayor de coherencia metodológica y de claridad en las metas y objetivos propuestos. No siempre hemos acertado en ello, pero seguimos apostando por estas maneras, que no son excluyentes, ni mejor ni peor que otras formas de confrontar y construir saberes.

Hay también, por supuesto, paneles y otras modalidades organizativas que propician momentos de profundización, pero estas intervenciones se asumen como aportes para la discusión colectiva.

Por ahí van, tal vez, los principales desafíos que tenemos: cómo construir sinergias, ayudar a superar prejuicios y desconfianzas, propiciar el diálogo de saberes, renunciar a protagonismos, aproximarse —de forma más clara y directa— a la realidad, al conocimiento de los problemas y necesidades reales, implicar e implicarse, abrirse a la participación creativa.

Debo confesarte que estos talleres han constituido un aprendizaje extraordinario, porque lo más valioso no es el evento en sí, sino el proceso previo de participación y la continuidad del mismo. No te oculto que también lo disfrutamos mucho, lo que no está reñido con la responsabilidad que asumimos.

“Es necesario avanzar hacia un nuevo internacionalismo abierto y plural que articule, unitaria y eficazmente, los diversos sectores y las luchas en curso”, se afirma en la convocatoria del VII Taller internacional sobre paradigmas emancipatorios. ¿Qué lugar tiene el marxismo en ese llamamiento?

―En los talleres de paradigmas favorecemos la crítica a las prácticas de dominio acendradas en la sociedad contemporánea y el examen de los problemas actuales de la articulación de las demandas libertarias en el movimiento social y popular de América Latina y el Caribe. Partimos de admitir la diversidad de actores y, en consecuencia, formas de lucha y resistencia, culturas, identidades, cosmologías y perspectivas libertarias que hoy se enfrentan al neoliberalismo globalizado y a los poderes imperiales.

El gran tema es cómo superar la atomización y construir modos de articulación política para todas esas vertientes del sujeto social-popular. Precisamente, en este VII Taller se producirán debates sobre cómo entender esta relación entre Diversidad, Identidad y Articulación en los movimientos sociales.

Por supuesto, la visión del marxismo es clave para realizar estos análisis, asumida en el espíritu revolucionario de sus creadores. Resulta necesario contextualizar, a la luz del imperialismo transnacional, aquellos conceptos teórico-críticos surgidos de Marx: explotación económica, exclusión social, opresión política, alienación individual y colectiva, con el propósito de sistematizar las múltiples perspectivas de lucha y demandas emancipatorias que se dan a diario y simultáneamente en los lugares más diversos del planeta, y determinar las bases de una voluntad proyectiva mundial que otorgue condiciones de posibilidad a la superación de la dominación capitalista.

¿Por qué se afirma que “el futuro tiene que ser de mujer para que sea de hombres y mujeres”?

―Bueno, la expresión vale como metáfora, que no pretende saltar de la “dominación” de los hombres a la “dominación” de las mujeres, pues solo invertiríamos la ecuación. Es la “no dominación”, el cese de la violencia, la afirmación de la justicia y la igualdad social y de géneros lo que queremos resaltar.

Más allá de la frase, que puede suscitar equívocos, la idea es enfocar crítica y radicalmente el edificio patriarcal, potenciado por el capitalismo a su máxima expresión, desde lo económico y político hasta lo cultural y simbólico. Si concordamos en que el orden económico y político del capital está ligado íntimamente a una civilización excluyente, depredadora y patriarcal, que impulsa la cultura de la violencia e impide el propio sentido de la vida humana, habrá que reconocer que la absolutización de un tipo de paradigma de acceso al poder y al saber, centrado en el arquetipo “viril” y “exitoso” de un modelo de hombre racional, adulto, blanco, occidental, desarrollado, heterosexual y burgués (toda una simbología del dominador), ha dado lugar al ocultamiento de prácticas de dominio que, tanto en la vida cotidiana como en otras dimensiones de la sociedad, perviven al margen de la crítica y la acción liberadoras.

Nos referimos, entre otros temas, a la discriminación histórica efectuada no solo sobre las mujeres, sino sobre los pueblos indígenas, los negros, los niños y niñas, y otras categorías sociodemográficas que padecen prácticas específicas de dominación.

En este y anteriores talleres, ¿han tenido cabida las exigencias de otros grupos como gays, indígenas, negros…?

―Convocamos a todas las personas interesadas en avanzar en el diálogo de saberes y prácticas para construir un mundo justo y humanizado, más allá de la lógica y la hegemonía del capital, que respete la dignidad y la diversidad cultural de los pueblos y los distintos grupos humanos, libre de explotación, discriminaciones y exclusiones, con equidad de género, raza, edad y responsabilidad ecológica. Entra, por supuesto, el respeto a la diversidad sexual como valor humano, que es una bandera de muchos movimientos que luchan contra el Pensamiento Único.

Michael Löwy y Frei Betto expresaron algo que resume este punto de vista: “La civilización con que soñamos, será ‘un mundo en el cual caben muchos mundos’ (según la bella fórmula de los zapatistas), una civilización mundial de la solidaridad y de la diversidad. De cara a la homogeneización mercantil y cuantitativa del mundo, de cara al falso universalismo capitalista, es más que nunca importante reafirmar la riqueza que representa la diversidad cultural, y la contribución única e insustituible de cada pueblo, de cada cultura, de cada individuo”.

¿Cuál es la participación de expertos de América Latina en esos debates?

―Siempre invitamos (y asisten) a personas que tienen gran reconocimiento en los medios académicos del hemisferio y de otras regiones, pero también a intelectuales que pudiéramos definir como orgánicos a los movimientos sociales y políticos. Te insisto en que la metodología de trabajo en los talleres es participativa sin exclusión alguna. No hacemos un parteaguas entre “teóricos” y “prácticos”, pues nos interesan todas las visiones que apunten hacia la transformación radical de nuestras sociedades y que aporten experiencias y reflexiones valiosas en esta dirección.

A partir de los temas generadores se organiza el debate y la reflexión en grupos y plenarios en los que todos y todas tenemos derecho y posibilidades de participar. Tender puentes y sumar voluntades entre personas provenientes de prácticas, discursos y epistemologías diferentes, pero con idéntica voluntad emancipatoria, es, tal vez, el resultado que pretendemos, modestamente, presentar.

El VII taller está dedicado al XX aniversario del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr, (CMMLK), ¿qué piensan hacer para ese homenaje?

―Con el Martin Luther King tenemos una muy productiva relación de trabajo y amistad, propiciada a partir del VI taller de Paradigmas y en especial con la realización conjunta de la Corte Internacional de Mujeres “Contra la violencia patriarcal del neoliberalismo”, evento efectuado en el pasado Foro Social Mundial Policéntrico en Caracas. Ese fue un proyecto impulsado por GALFISA en estrecha relación con la Federación de Mujeres Cubanas, la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad, la Central de Trabajadores de Cuba y otras instituciones y organizaciones cubanas y hemisféricas, en especial con la Organización El Taller Internacional, cuya secretaria general, Corinne Kumar, es la Coordinadora internacional de las Cortes de Mujeres.

La Corte de Mujeres, junto a los talleres de Paradigmas Emancipatorios, son las dos “obsesiones” de GALFISA, en las que nunca estamos solos, porque son proyectos que concitan una alta participación y acogida entusiasta de muchas personas y organizaciones, como te he dicho. Deberías entrevistar a las dos mujeres de nuestro grupo, Gina y Yohanka, no por ser mujeres, sino porque tuvieron un protagonismo, callado y constante, en esta aventura liberadora, de denuncia al feminicidio físico, económico y cultural que genera la violencia patriarcal capitalista, pero sobre todo de articulación de voces de resistencia y de creación.

La convocatoria conjunta de este VII Taller sobre Paradigmas Emancipatorios entre GALFISA y el CMMLK puede resultar simbólica, en el sentido de que un grupo de investigación académica, como el nuestro, se articula con la labor desplegada durante años por los compañeros y compañeras del Luther King en el terreno de la solidaridad y el acompañamiento de los movimientos sociales del hemisferio en numerosas acciones, campañas y programas. Habrá, como es obvio, un momento para celebrar, entre amigas y amigos, ese aniversario.

¿Existe algún compendio —impreso o en el ciberespacio— de las memorias de los debates?

GALFISA. De izquierda a derecha: Gilberto Valdés, Humberto Miranda, Georgina Alfonso, Alberto Pérez, Yohanka León. Lo integran además José R. Fabelo y Maritza Hernández ―En la pasada Feria del Libro fue presentado el texto Paradigmas Emancipatorios en América Latina. Diversidad y articulación de pensamientos y prácticas. (Editorial Academia. La Habana. 2005) que recoge una sistematización de los seis talleres realizados. El puntaje de la letra es muy chiquito… pero quien desee enterarse, está en las librerías cubanas. Hay otras compilaciones y documentos que podemos entregar a quienes lo soliciten por el correo: galfisa@ceniai.inf.cu

¿Podrías definir qué es para ti un paradigma emancipatorio en el contexto de la globalización? ¿Qué vínculo tiene con el socialismo del siglo XXI?

―Me metes en un rollo epistemológico con los académicos… Prefiero no adelantar ahora una definición teórica sobre la noción de paradigma emancipatorio. En nuestro grupo asumimos el término como un instrumento de trabajo, un concepto operativo, susceptible de enriquecer desde las diversas prácticas y corrientes contestatarias de pensamiento que se enfrentan a la hegemonía del capital.

Si asumimos que el capitalismo es un sistema de dominación múltiple, en el que se entrelazan las formas de explotación y exclusión, la opresión política, la discriminación sociocultural, la enajenación mediático-cultural y la depredación ecológica, resulta imprescindible que los paradigmas emancipatorios a construir den cabida a todas las visiones que muestran su inconformidad con ese orden y que sueñan, prefiguran y luchan por una sociedad justa y humanizada, la que podemos llamar, al menos lo que vienen de la tradición que profesamos, como socialismo.

La expansión y acumulación capitalista en el planeta, desplegada bajo la figura mediática desmovilizadora de la globalización, ha estado y estará cada vez más ligada al genocidio humano. La dimensión destructiva que acompaña este desarrollo instala en la agenda de la humanidad, como nunca antes, la memorable dicotomía de “socialismo o barbarie”.

En tal sentido, el debate sobre el llamado socialismo en el siglo XXI no es un mero ejercicio de futurología académica, sino una cuestión de sobrevivencia de la propia especie y su entorno, lo que hace superfluo, cuando no negativo, intentar asumirlo desde una preceptiva que vuelva a presentarnos la fórmula “mágica” de su naturaleza (acabada de salir del gabinete del sabio de turno), lista para ser aplicada en toda circunstancia histórico-política.

El socialismo en América Latina no vendrá de ningún libro iluminado sobre “el socialismo del ni en el siglo XXI”, vendrá, en primer lugar, de los movimientos radicales de masas (y de la intelectualidad orgánica a ellos) en pro de alternativas social políticas que recuperen la soberanía y la dignidad de los pueblos y enfrenten con decisión e inteligencia estratégica a los instrumentos de dominación (de recolonización) del imperio (OMC, ALCA, TLCs, militarización y deuda externa).

Estas alternativas surgen hoy de manera multivariada en nuestra región, algunas podrán ser mediatizadas y encapsuladas por un tiempo, pues las luchas no siguen un curso lineal y ascendente siempre. Lo cierto es que si no se conforman gobiernos con voluntad política que expresen esas alternativas populares de resistencia y lucha, las transnacionales (y las políticas de sus centros imperialistas) seguirán su saqueo y depredarán nuestros recursos naturales y biodiversidad y nos lo seguirán devolviendo como mercadería y patrones macdonalizados de consumo mediático, generador de tensiones insoportables para una enorme masa de trabajadores precarizados y excluidos.

Volviendo al paradigma, creo que el ideal de justicia distributiva y de equidad social, irrenunciable para cualquier proyecto de socialismo, tendrá que acompañarse de nuevos desafíos relacionados, por ejemplo, con el cuestionamiento del patriarcado en todas sus formas (económicas, políticas y simbólico-culturales), del modelo productivista y depredador de desarrollo, no solo vigente a nivel mundial, sino deificado como aspiración y única alternativa de progreso humano (o metamorfoseado con el apellido “sostenible” para el Sur, o de expresas alusiones a la reducción de la pobreza, siempre que estas escondan el proceso real de empobrecimiento que la produce).

No se trata de renunciar al bienestar, sino de comprender que el mito del bienestar centrado en el consumo desenfrenado del industrialismo moderno y sus variantes actuales, es causa del camino acelerado hacia un punto de no regreso para la posibilidad de la propia vida. En nombre de ese bienestar en los países centrales, se lanzan y lanzarán guerras genocidas por las reservas de hidrocarburo y los recursos hídricos del planeta.

El socialismo en el siglo XXI, para que su nombre sea lo que soñó Marx como sociedad emancipada, desenajenada, autogestionaria, no puede reproducirse en los marcos de la actual civilización excluyente, patriarcal, discriminatoria y depredadora que heredamos de la modernidad y que la globalización imperialista potencia a límites insospechados.

De los pequeños, continuos y diversos saltos que demos hoy en nuestras luchas cotidianas y visiones de sociedad, emergerá el salto cultural-civilizatorio que nos coloque en esa deseada perspectiva histórica que rescatará y dignificará al socialismo en este siglo.

  • Tomado de La Ventana

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