Disidencias y coincidencias en la Bienal de La Habana

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Ya un cable de EFE, del pasado 27 de marzo, se había referido a la supuesta actitud “contestataria” de unos artistas jóvenes cubanos y de “los brochazos políticos” que introdujeron con sus obras en la Bienal de la Habana. Al día siguiente, circuló un cable de la agencia ANSA con el título de “Villa Marista y ESMA, Arte y Represión en Bienal de Cuba”. Se trata de un caso de manipulación informativa, que revela el afán precipitado y torpe por cumplir con la agenda anticubana. ANSA pretende reseñar la exposición “La Enmienda que hay en mí” del artista cubano Carlos Garaicoa, que forma parte de la muestra del Museo Nacional de Bellas Artes en esta Bienal.

Podemos entender que ANSA omita que ese día, a la misma hora, en el propio Museo, se inauguraron, junto a la exposición de Garaicoa, otras dos de los artistas cubanos Roberto Fabelo y Esterio Segura y una tercera que entrelaza las poéticas de Wifredo Lam, Raúl Martínez y José Bedia. Pero hay otra omisión de ANSA que resulta del todo injustificable y que sólo se explica por el interés de ofrecer un titular efectista contra la Revolución Cubana. Esta agencia fue capaz de leer (y de citar) únicamente “el rótulo explicativo” correspondiente a una sola pieza, Villa Marista, y de modo sorprendente olvidó leer y citar los que escribió el artista para caracterizar, por ejemplo, a la “ilegal base que Estados Unidos mantiene en Guantánamo ahora convertida en cárcel, o mejor dicho en campo de concentración en su llamada lucha mundial contra el terrorismo, (donde) se aplican torturas contra los prisioneros. El ejército norteamericano utiliza la coerción física y psicológica contra los detenidos en ese centro. Los uniformados estadounidenses emplean, según miembros de la Cruz Roja Internacional “actos humillantes, encierro solitario, temperaturas extremas y el uso de posiciones forzadas/; /los métodos usados son cada vez más refinados y represivos. El sistema empleado en la base de Guantánamo es cruel, raro y degradante y una forma de tortura./”/

Tampoco cita ANSA “el rótulo explicativo” del artista para calificar al Estadio Nacional de Chile, que /“/fue utilizado como campo de concentración de prisioneros políticos entre el 11 de septiembre y el 9 de noviembre de 1973 (…) Por el recinto deportivo pasaron aproximadamente 40.000 prisioneros, de los cuales cerca de 1.850 personas fueron asesinadas después de crueles torturas por fuerzas del régimen militar, a los que se suman 1.319 prisioneros que dieron por desaparecidos.”

Tanto en las notas al pie de las distintas piezas como en el catálogo de la exposición, Garaicoa ha resuelto claramente la diferencia radical entre Villa Marista y la DGI del MININT y las demás “joyas de la corona” trabajadas por él. Se trata de una obra rigurosa, de lectura compleja, con un altísimo nivel de elaboración conceptual y artística, que es reducida en el cable de ANSA, de manera vulgar, a un paralelo insostenible, grotesco, ofensivo, entre dos instituciones cubanas consagradas a la defensa del país, ajenas por definición a toda violación ética, y los más tenebrosos centros de tortura, crimen y represión.

Hay “disidencia”, sí, en la exposición de Garaicoa, porque sostiene una mirada penetrante, crítica, no domesticada, frente al pensamiento único, frente a la globalización de la tontería, frente a un mercado del arte asociado a concesiones y a estafas. También hay “disidencia” en las muestras de los ya mencionados Fabelo y Segura y en las de René Francisco Rodríguez, José Ángel Toirac, Lázaro Saavedra y Kadir López, entre otros muchos.

La Bienal ofrece incontables ejemplos de “disidencia” anticapitalista y antihegemónica en el mensaje de los 300 artistas de 54 países que se han dado cita en la Habana. ¿Por qué ANSA no reporta sobre eso?

¿Por qué esas agencias no reportan que la capital cubana se ha convertido en una gigantesca galería? ¿Por qué no denuncian la negación del permiso para viajar a Cuba a la escultora Setsuko Ono y a dos grupos de amantes del arte de Estados Unidos? ¿Por qué no hablan de “disidentes” como la sudafricana Sue Williamson, del puertorriqueño Antonio Martorell, del canadiense Hervé Fischer y de la chilena Nelly Richard? ¿Por qué no reflejan la estremecedora obra del uruguayo Luis Camnitzer sobre los condenados a muerte en Texas? ¿Por qué no reportan la primera exposición en homenaje a Shigeo Fukuda que se realiza fuera de Japón después de la muerte de este gran artista?

Tampoco son noticia los miles de personas que acuden a los espacios del Parque Histórico Militar Morro Cabañas y del Pabellón Cuba, ni los centenares de pobladores de los municipios capitalinos de Playa —donde la Casa de Cultura exhibe una excelente muestra de arte contemporáneo— o de La Lisa, que ha sido sede de un logrado proyecto de intervención y participación en la comunidad. (Se trata de LASA, experiencia de arte contextual en el espacio público, donde a partir de la investigación de los rasgos de identidad del reparto San Agustín, artistas y curadores buscan impulsar y promover la vida cultural de la localidad e involucrar activamente a sus habitantes.)

Evidentemente, para los autores de estos despachos lo importante no es la realidad, sino el modo en que esta puede ser manejada para encajar en el enfoque que sus agencias privilegian sobre Cuba. La Bienal desmiente día a día este punto de vista, este dogma. Es un evento que ha convertido a la Habana en una plaza fuerte del arte universal y en especial del Tercer Mundo, tal y como lo soñó Fidel cuando en 1984 inauguró la primera edición. Contra viento y marea, frente a crisis y huracanes, hemos seguido haciendo nuestra Bienal. El periódico mexicano /La Jornada/ usó para abrir su cobertura sobre el evento un titular que, lamentablemente, las agencias de la llamada “prensa libre” no pueden permitirse: “La Bienal de La Habana cumple 25 años de dictar agenda en el arte”.

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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