Dónde va el FSM o a dónde llevaremos el FSM

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Con el proceso de discusión sobre estrategias en el Consejo
Internacional se entra en una nueva oportunidad de que el valor de
revisión constante de sí mismo, intrínseco del FSM, le permita avanzar
cualitativamente. La discusión entorno a este evento/proceso es, a la
vez, alentadora y preocupante. Mucho puede depender del resultado de los
análisis actuales. De un lado surgen argumentos sobre las tareas que aun
le queda por cumplir. De otro lado no se apagan las voces que le
anticipan la defunción.

El evento/proceso FSM da cuenta del surgimiento y maduración progresiva
de una nueva cultura política basada en la inclusión de sujetos
políticos múltiples, la diversidad en condición de igualdad, la
democracia cognitiva, entendida en que la comprensión del mundo y la
fuente de creación humana exceden ampliamente al saber occidental
colonizador (incluso el de izquierda), sin excluirlo.

El FSM no creó esos valores, estos resultan de un acumulado de varias
centurias en la búsqueda de la emancipación de los oprimidos, que
desborda con creces el intenso siglo XX. Pero es precisamente este
evento/proceso el que permitió visualizar las magnitudes de ese
acumulado, ofrecer espacio para su re-creación y apropiación por miles
de seres humanos, cuando parecía que todo quedaría en los oscuros fosos
de olvido donde la dominación imperialista quiere ocultar cualquier modo
de su contrario.

Es ahí donde vemos el fundamento más sólido de la idea/consenso de que
el FSM representa hoy, en términos de proceso, la expresión más
innovadora de la globalización de un sentido contrahegemónico y que
muestra señales nada desdeñables de una potencial superación
civilizatoria. Siendo así, si el FSM no existiera sería urgente inventar
algo que, al menos, cumpla su función visualizadora y de ámbito de
encuentro y celebración para la articulación.

*Encaminar lo que se tiene *
¿Podrá el FSM contribuir a que los valores que entraña se expandan y
corporeicen de manera sistemática y sistémica en otro mundo posible sin
concretar caminos claros, objetivos precisos, estrategias y tácticas
vinculantes? ¿Que necesita el FSM para que toda su potencialidad no
quede en el baúl histórico de las buenas intensiones sin realizar? El
centro del cuestionamiento se concreta en ¿qué futuro se le quiere dar
al foro? La respuesta a esta entraña mucha responsabilidad para los
miembros del Consejo Internacional.
Una constante en las valoraciones sobre el FSM afirma que este es un
espacio facilitador de la articulaciones de diversas luchas en todo el
mundo. En ese sentido pueden entenderse las innovaciones metodológicas
que han tendido a la descentralización del evento mundial, lo que tuvo
en el reciente Día de Acción Global su expresión más significativa y con
resultados alentadores si se piensan y recrean los límites y
oportunidades de su implementación.

Como parte de la redefinición de las estrategias futuras pudiera
asumirse una mayor intencionalidad en el sentido articulador del proceso
del FSM y una mayor eficacia de sus eventos al servicio de este. Para
ello es preciso que no se asume al FSM como un fin en si mismo y que el
vínculo con su tiempo histórico no se reduzca a mero referente retórico.

La pregunta de si el FSM ha agotado su capacidad como un referente para
las organizaciones sociales de todo el mundo debe ser la principal
variable política evaluativa que marque los signos vitales del mismo. El
dilema entonces sería ¿a quién se parece el evento/proceso, a sí mismo o
las luchas contra todas las formas de dominación del capital a cuyo
servicio pretender estar?

No es ocioso retomar para este análisis la tensión en la que Josu
Egireun pone asunto, referida a que el FSM, que surge como resultado de
las luchas precedentes contra el orden neoliberal con el reto de
fortalecer el movimiento, devora las energías, tiempos y recursos que se
precisan para combatir ese orden, y esto hace que se abra una grieta con
los sectores más activos del movimiento.

Lo anterior exigiría un diálogo serio y responsable entre los
movimientos globales, los espacio de coordinación y facilitación del
FSM y de los foros regionales, subregionales, temáticos y nacionales. De
esta manera se podría armonizar cronológicamente sus eventos al interior
de este proceso. La respuesta en el sentido de servicio a las luchas
puede ser concretada en el siguiente ciclo: un año se celebra una
Jornada de Movilización y Acción Global, coordinada, interconectada,
autogestionada y descentralizada. En el segundo año se encuentren las
luchas y organizaciones regionales, subregionales y temáticas. En el
tercer año se produce un encuentro global alimentado por los resultados
previos.

Este diseño propiciaría una mayor centralidad y dedicación a las luchas
mismas y el FSM demostraría su capacidad real como espacio y proceso
para la articulación y coordinación entre iniciativas muy diferentes y
dispersas. Además, estaría ante el desafío de buscar un mecanismo de
mayor o mejor inclusión de representantes de las luchas sociales en el
Consejo Internacional (CI) del FSM.

Si la función de articulación parece ser central para la buena salud del
FSM, lo que permitiría resolver al mismo tiempo metodológica y
políticamente la relación evento/proceso, debemos dar tiempos, energías
y recursos para enraizar el FSM en las luchas nacionales y regionales
concretas como lo han hecho foros regionales, subregionales, nacionales
y temáticos y más recientemente, el Día de Movilización y Acción Global.
Visto así, la periodicidad trienal propuesta estaría efectivamente al
servicio de las luchas a las que el evento mundial propicia que se
encuentren, se visualicen y se festejen.

Al trabajar en esa dirección se atacarían dos de las tensiones presentes
en todo este proceso: de un lado se atenuaría la disparidad de lo
alcanzado hacia dentro del FSM (evento) y lo alcanzado hacia afuera
(proceso) y por otro, se buscaría que el CI se parezca cada vez más a la
diversidad de luchas y actores que puede englobar el proceso del FSM.

Una demanda latente es lograr espacios dentro del FSM para combinar la
“metodología” de autoorganización, con toda la horizontalidad y respeto
a la diversidad que exige y, a la vez, organizar algunos puntos de
encuentro sobre temas que contribuyan a visualizar los rasgos comunes
de las diferentes luchas y propuestas alternativas como base
imprescindible para ganar en articulaciones más productivas.

En relación con lo anterior, el FSM ha logrado un levantamiento de
información impresionante sobre los más diversos asuntos, con una gran
carga de denuncias concretas a las aristas diversas de la dominación
imperialista. Falta entonces el espacio que permita constatar, desde
todo ese acumulado, la integralidad de esa dominación múltiple y de las
alternativas que se le oponen desde las luchas.

Otras cuestiones asumidas con poca intensidad en intercambios comunes
apuntan la discusión hacia: el vínculo entre gobiernos con agenda
progresista y los movimientos sociales; el problema del poder político y
su rol en los cambios para realizar ese otro mundo posible; la
sistemática criminalización de las protesta sociales en los cuatro
puntos cardinales. Frente a estos y otros asuntos, ¿deberá el FSM asumir
o no el diseño de una estrategia global de lucha común contra el enemigo
global?
Cassen ha destacado que /en todas partes del mundo, los ciudadanos
aspiran a cambios radicales. Si los Foros no son el lugar donde se
elaboran y donde los socios de su aplicación se encuentran, otras
estructuras lo harán en su lugar/. No necesariamente esta debe ser la
función del FSM, pero si esos “nuevos modos de organización global de la
resistencia y la transformación”, se generan “por fuera del FSM” si nos
corresponde preguntarnos ¿como este se pudiera poner eficazmente al
servicio de los mismos?

El FSM, en la nueva cultura política que quiere enraizar y expandir debe
privilegiar una política de cooperación inter-movimientos; el desarrollo
de una visión integradora del poder y la opresión, y la conciencia
intensificada de la necesidad de confrontar el capitalismo global con un
anticapitalismo global. Este último aspecto da luces sobre un tópico
subyacente en los debates sobre el FSM, aunque no asumido por el momento
en toda su crudeza: ante el sacrificio extremo de los seres humanos y
la naturaleza, el calentamiento global, el cambio climático, la
mercantilización de los bienes comunes, el racismo, la exclusión y el
patriarcado ¿Es posible realizar el otro mundo posible dentro de los
límites de la lógica sacrificial del capitalismo? Belem do Para, en
enero de 2009, ofrece un escenario oportuno para este debate. **

Apoyado en una idea destacada por Buenaventura de Sousa, la contribución
del FSM que afianza sus posibilidades históricas está en asumir como
sentido la entronización de sus contribuciones en los movimientos
sociales en todo el mundo, y particularmente en aquellos involucrados en
las luchas más avanzadas.

  • *

¿No pudiera ser la búsqueda de esa interiorización un objetivo
estratégico para los años venideros del proceso del FSM?* *¿No sería
posible intensionar la polinización política de esos valores y no
contentarse a los probables arraigos espontáneos?* *Si desde las
instancias facilitadoras del FSM no se trabaja estratégicamente para
esta interiorización en los actores sociales del mundo, el FSM habrá
perdido una preciosa oportunidad de aportación a las luchas globales.

Concretando las ideas aquí presentadas, de lo que se trata es de lograr
que el FSM sea un proceso interconectado y en permanente
retroalimentación que tenga como centralidad su expansión y
enraizamiento para favorecer las articulaciones y visualización de las
luchas contra el capitalismo global. Este proceso debe generar de manera
creciente, que millares de seres humanos participen y comulguen con los
valores y la cultura política que el FSM ha contribuido a emerger. Y no
es concentrando, como expresáramos en los consensos registrados en la
reunión del CI en Parma, que se logra. Asumamos el desafío de distribuir
ecuménicamente nuestras energías, tiempos y recursos entre los eventos,
—y estos colocados allí los más cerca posible donde están las gentes—,
y las luchas, las resistencias y las movilizaciones.

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