El barrio, el Centro…

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La tarde del 22 de febrero se abrió con rumba, guaguancó y baile, toque de tambor y un “ache” macroecuménico que unió a negros, blancos, chinos, a evangélicos y creyentes de las religiones cubanas de origen africano en una mezcla criolla de emociones y sabores que distingue nuestra manera de ser y sentir la cubanía vivida desde un barrio popular donde se junta historia y leyenda, se canta, se blasfema y se vive entre la contradicción y la esperanza.

Gente sencilla, de hablar franco y gesto sincero, quiso reunirse para homenajear a nuestro Centro por sus veinte años de fundado (25 de abril). Allí estaba la gente del Taller de Transformación Integral del Barrio (TTIB) de Pogolotti, las abuelitas y abuelitos, jóvenes, y niñas y niños de las escuelas cercanas, las/ los representantes del Consejo Popular, el Partido y las organizaciones sociales.

La ocasión sirvió para dar testimonio de las mutuas contribuciones y de la historia común que nos une. La memoria trajo, a vuelo de pájaro, hechos, anécdotas y símbolos que hemos compartido juntas y juntos durante estos veinte años. Se mencionó a Clarita Rodés desde su vocación pastoral, su espiritualidad y su cercanía y ocupación con los proyectos de la comunidad, la contribución del Centro al mejoramiento de la vida material y espiritual de las y los pogolotienses: el alumbrado público, la construcción de viviendas, la Casa Comunitaria, el TTIB siempre desde una profunda vocación de servicio y respeto al barrio y a sus habitantes. Y también, en un singular desfile de “modas”, cuyos protagonistas fueron niñas y niños de las escuelas del barrio, se mostró esa otra fundacional faceta que ha caracterizado al CMMLK: su espíritu solidario con el mundo y, en especial, con las luchas y esperanzas de América Latina y el Caribe.

Y tampoco faltó el momento para reconocer la labor espiritual y trascendente del Centro y sus trabajadoras y trabajadores por mantener vivo en cada proyecto, pensamiento y acción la esencia profundamente humana de la Revolución y el legado del pastor negro norteamericano Martin Luther King.

La amiga y realizadora Lisette Vila, en representación del Proyecto Palomas, que ella dirige, entregó al reverendo Raúl Suárez una paloma esculpida en bronce que simboliza la vida, la espiritualidad y la necesaria cuota de libertad que el Centro Memorial Martin Luther King representa para la cultura y el pensamiento cubanos.

Momento especial fue la entrega de los premios del Concurso “El CMMLK en mi barrio” que correspondieron en la categoría de cuento a: Jéssica Mustelier y Laura Jorge, de la escuela “Hermanos Montalvo”;y en artes plásticas a: Jonh Garrido, de la escuela “Pedro Albizu Campos”.

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