El contexto de nuestros sueños

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Ariel Dacal

Tener claridad de lo que se quiere como Red permite clarificar las interrogantes que se le hacen al contexto y las posiciones que en él se asumen. Eso permite reformular la pregunta de ¿a dónde va Cuba? por la pregunta ¿a dónde queremos contribuir que vaya Cuba? De ahí que los datos de nuestro contexto, vistos desde la Red, deben ser asumidos en clave de oportunidades y límites para caminar hacia nuestros horizontes.

Preguntarle al contexto deriva en hacerle preguntas a la Red.
Para obrar del modo soñado existe un dato muy alentador: nosotras y nosotros también somos el contexto. Nosotras y nosotros somos individuos, somos comunidad, somos barrio, somos trabajadores y trabajadoras, y además, somos Red que comparte sentidos y sueños, así como motivaciones para intentarlos.

Siendo así, miremos algunos datos generales de la realidad que nos permitan contextualizar la labor de la Red y perfilar sus posicionamientos.

Datos de partida
Cuba camina hacia su reconstitución. El proceso vivido en los últimos años al interior de la sociedad cubana, movido por la necesidad de que se hiciera una revisión integral de las estructuras económicas, políticas y sociales en la Isla, así lo confirma.

Cuba deja detrás formas de organización de la vida social en todos sus niveles y ámbitos, así como conceptos y referentes de la cultura política prevaleciente por décadas. Se da paso, en un proceso contradictorio y complejo, a otros modos de organización de la vida social que modifican estructuras y mentalidades asociadas.
Se avanza hacia un país en el que el Estado deja de ser el proveedor por excelencia de empleos y el controlador casi absoluto de los flujos productivos con la emergencia de nuevas formas de gestión de la economía.

Al mismo tiempo, los municipios y las comunidades modifican las formas de gestión. Se realizan experimentaciones en las administraciones de gobiernos municipales y provinciales, marcados por una mayor descentralización.

En este escenario, el PCC tiende a no ocuparse de los asuntos administrativos y concentra su labor en los aspectos políticos e ideológicos, al tiempo que anuncia una redefinición de su relación con las organizaciones de masa.

Otro dato de interés es que asuntos como la indisciplina social, así como las manifestaciones de violencia, de prejuicios por color de la piel, por género, por orientación sexual, por origen territorial, por creencias religiosas y cualquier otro que limite la dignidad y derechos de las personas, están cada vez más presentes en las discusiones públicas y en el discurso oficial.

Disputa de sentidos
Si bien se mantiene el consenso de que el cambio es necesario en todos los ámbitos y niveles de la sociedad cubana, las preguntas de ¿qué hacer? y ¿cómo hacerlo? abren un campo de diferencias importantes. Este hecho implica que las valoraciones sobre el proceso de reformas en curso sean variadas, como variadas las posiciones frente a los mismos.

Visto así, sería necesario, más que describir el contexto con sus vicisitudes y satisfacciones, con su cúmulo de medidas y nuevas leyes, con los datos más o menos accesibles, con la comprensión de los actores sociales y políticos que lo componen; compartir como pregunta central ¿por qué tipo de sociedad estamos apostando? y ¿cómo puede concretarse esta en nuestra vida cotidiana (familiar, barrial, eclesial, comunitaria, laboral y de Red?

Las comprensiones y las acciones afines sobre esa sociedad por la que se apuesta son diversas. Existen al menos tres escenarios cuyos rasgos conviven y se disputan en Cuba hoy: 1) una sociedad tendiente a hacer más “eficiente” el socialismo estatista centralizado, en el que desde las estructuras centrales se diseñan y deciden las políticas a todos los niveles sociales, cuya modificación esencial es una mayor liberalización económica; 2) una sociedad tendiente a una redefinición socialista basada en el autogobierno y la autogestión territorial/comunitaria, donde las cubanas y los cubanos diseñemos, decidamos y controlemos, de manera cooperativa y solidaria, las políticas comunitarias, territoriales y nacionales; 3) un modelo social que tiende a la asimilación creciente y acrítica de relaciones sociales de producción capitalistas donde el consumismo, el individualismo y la mercantilización de nuestras relaciones sociales ganan terreno; donde se acrecientan las inequidades sociales, al tiempo que el pueblo se mantiene en la periferia de las decisiones políticas fundamentales.

Dejemos una pregunta provocadora. ¿A cuál de estos escenarios tributa el empeño de la Red Ecuménica Fe por Cuba?

Sin pretender más que adelantar ideas respecto a cómo se concretan esos escenarios en disputa, develemos algunos procesos que pueden escapar a la mera descripción.
La reforma económica es un terreno de percepciones diferentes. De un lado sobresale un enfoque tecnocrático que reduce la economía solo a su componente técnico (cuánto invierto, cuánto pierdo y cuánto gano), suponiendo esta como el problema fundamental de Cuba. De otro lado, se lee la economía desde la ética, como parte de una relación social que también genera valores, no reducida a producir más y mejores bienes y servicios, y por tanto la coloca dentro del desafío esencial de Cuba: cómo nos organizamos para la producción material y espiritual que satisfagan, desde la equidad, las necesidades de las cubanas y los cubanos.

Otra provocación: ¿en cuál de estas visiones se posiciona la Red ecuménica Fe por Cuba?

Las percepciones acerca del trabajo privado, estatal y cooperativo brindan luces, entre otros ejemplos posibles, acerca de las compresiones contrapuestas sobre la economía. El caso del trabajo privado se basa en la ganancia individual y tiende a reproducir la lógica explotadora entre dueño decisor y empleado asalariado. En el caso estatal, como tendencia de las medidas en curso, se planifica desde arriba, con una participación formal de trabajadores y trabajadoras y la administración tiene el peso fundamental. El caso cooperativo implicaría un control colectivo de los recursos y las ganancias, y por tanto una forma de organización democrática de la producción que elimine las jerarquías y potencie procesos solidarios. Además, estaría en mejores condiciones para una planificación participativa de la economía territorial y nacional.

Lo mismo sucede con las visiones de desarrollo que dan base a muchas de las transformaciones en curso, los que en lo esencial refieren al crecimiento económico sin armonizar con componentes políticos y espirituales de la vida comunitaria en particular, y social en general. Esa necesaria armonía daría cuenta de un desarrollo comunitario desde el que la gente concientice sus capacidades de autotransformación al vivir cotidianamente otro tipo de relaciones en términos cooperativos y solidarios.

¿Con cuál visión de desarrollo comulga la propuesta de la Red?

Desde las perspectivas de desarrollo en disputa deberían ser discutidos, por ejemplo, los objetivos de la Zona de desarrollo especial del Mariel, con al menos dos preguntas: ¿En qué consisten las facilidades con que contará el capital extranjero en esa modalidad? ¿Qué relación tendrán las comunidades insertas en la “zona especial” con las decisiones que se tomen con pretexto de la misma?

Una variable determinante para evaluar lo que acontece en Cuba es la participación. Respecto a esta existen, al menos, dos tendencias: 1) reducir la participación del pueblo a la consulta e implementación de las políticas y proyectos locales y no a la formulación y control de estas; 2) apuntar a diseños de organización en el que la gente, en los colectivos laborales y en las comunidades, fomenten la participación decisora y se ejerza el control popular sobre la implementación de las decisiones.

¿Cómo se concretan las visiones sobre la participación? Si bien la tendencia apunta a una descentralización administrativa, esta otorga autoridad a quienes dirigen para que decidan y actúen en sus niveles específicos sin potenciar una participación directa de la gente, como lo ejemplifica el ante proyecto de Ley del código de trabajo donde se limita la participación del sindicato a ser “oído”, sin que la participación de este sea condición para la toma de decisión.

La descentralización para la gestión de los municipios tiene como desafío no reproducir a nivel local la centralización de las decisiones, sino propiciar una participación ciudadana local directa a través, por ejemplo, de experiencias de presupuesto participativo, de consulta pública y referendos locales.

Otros dos ejemplos, en clave de desafío, alimentan el tema de la participación. La prensa, que muestra avances en el flujo de información, ¿tenderá a mostrar la variedad de opiniones sobre el proceso de reformas? Por otro lado, ¿en qué términos se fijará la autonomía de las organizaciones de masa en sus relaciones con el PCC y de este y el Gobierno con el resto de la sociedad civil cubana organizada y legalmente constituida?

La participación tributa, igualmente, a temas como el de ciudadanía y al de los derechos, asuntos estos presentes con más frecuencia en diversos ámbitos y niveles de la sociedad. Por parte del Estado y el Gobierno se insta al conocimiento y respeto de las leyes, aún y cuando no se integra la participación popular (comunitaria, sectorial, asociativa) en la definición, en la decisión y supervisión de las mismas.

En materia de participación ciudadana sería deseable el uso del referéndum para la decisión de asuntos claves en la estructuración económica y social de la sociedad cubana, como por ejemplo la Ley del código de trabajo y las modificaciones que pudieran representar para nuestra soberanía la Zona de desarrollo especial del Mariel.

Para participar, respecto a estos temas específicos o cualquier otro, debemos tener un requerimiento mayor: participar con argumentos y propuestas. ¿Qué le dice requerimiento a la Red?

Luces en el camino
En el diálogo de los sueños como Red y el contexto se dejan ver algunas luces: existen mayores oportunidades de intercambio con los gobiernos a diferentes niveles. Emergen formas de producción más afín a nuestras propuestas solidarias y cooperativas. Existen organizaciones diversas con trabajo comunitario, formativo, de emprendimientos, y los procesos de articulación entre estas. Hay más oportunidad para la innovación social.

Aumenta, en instituciones y organizaciones, la demanda de formación sobre variados asuntos afines a la participación, la equidad, la justicia y la paz, al tiempo que una mayor convocatoria a procesos que integren esfuerzos de varios actores sociales para accionar desde estos temas.

Se perfilan con algo más de claridad voces diversas que leen y se posicionan en el contexto desde contenidos ideológicos diferentes.

Existe una gran reserva moral en nuestro pueblo como terreno fértil donde compartir los valores por los que apuesta la Red. Y en especial, no todo está dicho respecto a los cambios que vive el país; terreno fértil para las voces proféticas y humildes, que desde el testimonio de su obra también son fuentes de luz. Esto nos invita a volver a la pregunta ¿a dónde queremos contribuir que vaya Cuba?

Si la sociedad por la que apostamos es soberana, liberadora, dignificante, participativa, equitativa, comunitaria; condensada en formas de autogobierno y autogestión, entonces la economía, la participación, el derecho, la ciudadanía y el desarrollo no son asuntos desconectados. Por tanto, asumirlos en su compleja integralidad debe ser nuestro recurso metodológico para leer el contexto y oponernos al pragmatismo “ingenuo” que nos pide ocuparnos ahora de la economía y que la democracia (participación en el diseño, decisión y control de las políticas a todos los niveles) quede presumiblemente para después, como si en el socialismo fuera posible desligar una de otra.

Todos estos asuntos se concretan en la manera de ser Iglesia que promueve la Red Fe por Cuba, en las formas y contenidos que, desde las comunidades de base, asuman los proyectos de vida cotidiana. Lo significativo de esta Red, y más específicamente de los sentidos y valores que la movilizan, es tener conciencia de que potenciando una Iglesia que propicia la espiritualidad personal y comunitaria, enriquecida con la convivencia solidaria, segura e inclusiva; una Iglesia con compromiso social y que se arriesga a transformarse, se contribuye, humilde y proféticamente, a consagrar una de las cubas que hoy está en disputa.

Algo que leí hace poco puede ser útil para mostrar la esencia de lo que he querido compartir con todas y todas en este espacio.

La política es sucia, amigo mío, muy sucia. No se meta en eso. No se complique la vida. ¿Sabes quién dijo esa frase? Un político que no quiere competencia para seguir haciendo de las suyas.

Este mundo va mal, muy mal. Este mundo no lo arregla nadie. Así que, mejor no se metas en líos. ¿Sabes quién dijo esa frase? Un banquero que quiere que nada cambie para poder seguir robando a los ahorristas.

Así es el mundo y así seguirá siendo. Siempre habrá ricos y pobres. Es la voluntad de Dios. Así que, no te metas a redentor si no quieres salir crucificado. ¿Sabes quiénes dijeron esas frases? Un obispo y un pastor que viven muy cómodamente de la Iglesia.

La moraleja es que, si no te ocupas de la política, la política se ocupará de ti. Si no te ocupas de la economía, la economía se ocupará de ti. Si no te ocupas de la religión, la religión se ocupará de ti.

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