El reto de Honduras lo es también del pueblo latinoamericano

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Están dispuestos a ir más lejos. El proceso de lucha se ha radicalizado y nuevos sectores se unen al Frente de Resistencia al golpe militar del 28 de junio. Campesinos, indígenas, cristianos, abogados, maestros, médicos y artistas, hombres, mujeres y jóvenes recorren a diario las calles hondureñas. “Habrá que hacerle un museo a los zapatos y a las chancletas”, sugirió alguien en medio de tanto caminar, entre tantos pies rajados, pero no cansados.

Se olvidan las diferencias al escuchar las voces juntas, de miles y miles de personas, empoderadas de esas consignas que tanto han de disgustar a sus adversarios: “nos tienen miedo porque no tenemos miedo,” “aquí no se rinde nadie”, “el pueblo unido, jamás será vencido”.

Cuentan que las paredes también gritan con graffitis rebeldes, como aquella sentencia de Fidel Castro en una de sus Reflexiones recientes: “el pueblo hondureño es el que va a decidir su destino” y que ahora se lee en un muro de Tegucigalpa.

Berta Cáceres, trajo su testimonio de lucha y llenó de más esperanzas, al templo de la iglesia bautista Ebenezer de Marianao, que en la noche de este 2 de septiembre, recibió en la capital cubana, a hermanas y hermanos de fe, a vecinos del barrio Pogolotti y a participantes en el VIII Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios.

“Sabemos que esa es la dictadura contra el ALBA, contra los procesos de integración de los pueblos del continente que hemos decidido caminar hacia la emancipación…” Ante esta maniobra las hondureñas y los hondureños han develado los intereses que afloran –aunque traten de ocultarlos- como parte de la estrategia de dominación y control imperial.

La lucha será larga y difícil. Dice Berta que estos “son los inicios, porque ahora más que nunca hemos entendido que es necesario transformar nuestro país, e instalar una Asamblea Nacional Constituyente, democrática, con participación directa del pueblo.”

Por encima del podio desde donde se dirigió al auditorio, se podía leer sobre su pecho: “Ni golpes de Estado, ni golpes a mujeres.” El pullover de Berta también le hablaba al auditorio, sobre esta lucha que ellas han hecho suya, porque no es solo asunto de líderes políticos. Esta es la hora de conquistar los derechos de las mujeres, el derecho a la tierra, al uso sostenible de la energía y de las riquezas, que les han sido expropiadas por siglos.

“Hemos enriquecido la resistencia con esa diversidad de la que venimos. Hemos roto el esquema de los golpistas de querer uniformar no solo el pensamiento, sino hasta los colores (utilizando el blanco). La creatividad ha vencido. Éramos un pueblo invisibilizado. Y puede ser que los medios internacionales se olviden de Honduras. Pero nosotros sabemos que esa solidaridad militante, tanto de nuestros pueblos y de los movimientos sociales, no nos va a abandonar,” apuntó.

Con su expresión serena y firme, denunció la represión selectiva y racista, que se ha ensañado con los jóvenes, con las mujeres y las comunidades indígenas. Pero a pesar de ello –aseguró- “el pueblo hondureño ha alzado su voz y no nos van a callar,” e hizo un llamado en nombre del Frente de Resistencia Popular, a formar comités de solidaridad con Honduras y a visibilizar las realidades de ese pueblo centroamericano.

Las lecciones
Entre el canto y la poesía que compartieron los trovadores Hugo Ferreira, de Paraguay y los cubanos Vicente Feliú y Eduardo Sosa, llegaron las palabras del reverendo Raúl Suárez, director del Centro Martin Luther King.

El además diputado a la Asamblea Nacional comentó tres lecciones que ha confirmado con la crisis actual de Honduras. Hay dos tipos de iglesias: la que se asienta “a la sombra del trono, que todo lo que hace es a favor de su sobrevivencia, que cuando da alguna migaja de solidaridad, al final reclama espacios para la hegemonía, para la influencia…La otra es la iglesia-comunidad, la iglesia de Jesús de Nazaret, que prefiere vivir bajo la sombra de la cruz, antes que traicionar al pobre”.

La propia Berta lo ratificaba al referirse a las élites eclesiales que apoyan a la dictadura, ante quienes se ha alzado la condena popular y un frente de cristianos contra el golpe, que desde las mismas bases de las iglesias denuncian esas actitudes.

Suárez insistió en que la situación en Honduras no puede entenderse desligada de la política histórica de la Casa Blanca hacia la región. “No podemos ser ingenuos. La ingenuidad teológica, política, ideológica, termina con un alto costo social para nuestro pueblo (…) El sistema es el mismo, que ha sido responsable máximo de la miseria y de la pobreza en el mundo entero. No podemos confiar en ellos, ni darles un tantico así, como dijera el Che.”

Con la certeza de que “la fuerza de la transformación es la organización popular” y de que “los verdaderos cambios son los que vienen de abajo hacia arriba”, Raúl alentó a las hondureñas y hondureños a continuar su lucha. Y si en algún momento sintieran la tentación de la fatiga, “les aseguro que también habrá quienes les ayudarán a levantar los brazos”, como se sostuvieron en alto los de Moisé, cuando el pueblo de Israel luchó por la tierra prometida. “Pueden tener la completa seguridad que aquí a la izquierda estará el pueblo de Cuba y a su derecha, el Comandante en Jefe, Fidel,” culminó.

Asistieron al acto Juan Ramón Elvir, embajador en Cuba del gobierno legítimo de Honduras y Kenia Serrano, presidenta del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), así como autoridades locales y representantes de organizaciones eclesiales y ecuménicas cubanas.

Este encuentro solidario coincidió con la jornada inaugural del evento sobre Paradigmas…, que sesiona en La Habana hasta el próximo 5 de septiembre.

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