Ellas estaban allí

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Por Joel Suárez Rodés

ahora creo, Señor, en tu mirada / en mi obra y su oscuro sacrificio / con esa fe que se alza de la nada.

Fina García Marruz

(A Raquel, Graciela y Patricia, siempre están allí)

El día de la Resurrección, acá en el patio de mi casa, los pájaros cantan y sus trinos alternan con la ocasional sirena de una ambulancia. No lo olvides, aún es viernes. Un viernes que será demasiado largo. Los cadáveres en las calles de Guayaquil esperan por su domingo.

Revisité los evangelios. Siempre me atrae el misterio del dato de segundo plano, el no frecuentemente citado, o el que la tradición bloquea.

“Muchas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús estaban allí”. “También otras muchas mujeres, que habían ido con él a Jerusalén”.

No es un simple dato de segundo plano.

El ambiente está tenso en aquella colonia romana que ni el poder religioso, cómplice, logra totalmente domesticar. No es poca la sedición y los sediciosos en tiempos de “mercaderes, de Legión Romana”. Uno de ellos, “El Cristo”, “El Nazareno” lo llamaban. Se dice que la chusma lo seguía, que en su palabra sencilla se lavaba la mañana.

El Rey de los judíos, El hijo de los hombres.

Fue enemigo del Imperio y amigo de la palabra, decía que todo era para todos:

Se dice que enseñaba a los pastores a compartir las ovejas y a cuidarse de los lobos. Tanta enseñanza hizo ruido en el poder de los templos”. Le torturan.

“Y en la madera lo clavaron recio.”

El asesinato por muerte en la cruz de un perseguido y prisionero político.

A Jesús, el nazareno, lo están ajusticiando. Y las mujeres estaban allí.

Los del Camino, sus seguidores, temen por igual suerte; se encierran en una casa por temor a los judíos. Pedro es incriminado. Lo niega tres veces. Y las mujeres estaban allí.

José de Arimatea le da sepultura. Mientras tanto, ellas miraban dónde ponían el cuerpo. A María Magdalena y su tocaya, no les importaron los guardias que vigilaban el sepulcro. Estaban allí.

Al tercer día el domingo, muy temprano, ellas regresan. La piedra que cubría la entrada había sido removida. ¿Qué ha pasado?  Cuando entran un joven, vestido con una túnica blanca les dice: No se asusten. Ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí. Ha resucitado.

Ellas se espantaron. Temblando de miedo salieron corriendo del sepulcro y con mucha alegría fueron a dar la noticia a los discípulos. No les creyeron. El relato de las mujeres les pareció una locura.

Domingo, 12 de abril de 2020

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