En la antesala de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra

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No hay duda que finalmente la cumbre aprobará muchas proposiciones que orientarán a todos los hombres progresistas del Planeta en su lucha futura por la conservación ya no sólo del hombre sino de la propia vida en la Tierra.

La iniciativa del Presidente Morales al plantear que nuestro país sea la sede de esta cumbre sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, nos ha colocado a todos los bolivianos frente a una gran responsabilidad para con la Humanidad, porque nunca antes nuestro país, se atrevió siquiera a plantear alguna iniciativa para la solución de algún problema de la sociedad.

Por ello, es que cumpliendo con esta elemental obligación moral me permito efectuar ciertas reflexiones acerca de toda la problemática que involucra el actual desarrollo de la sociedad de manera que sea posible extraer de ellas, de manera sintética, orientaciones para la lucha de los pueblos sin que se oculte por otra parte ninguna de las consecuencias favorables y desfavorables de la evolución futura de la sociedad dentro de un programa de desarrollo sostenible que reconozca los derechos de la Pacha Mama.

1. No es preciso repetir en este documento los análisis que se han realizado por los científicos de diversas especialidades para concluir que el desarrollo de la sociedad humana: con el derroche de las materias primas, el derroche de la energía contenida en los combustibles fósiles, la tala de los bosques y las emisiones de gas carbónico, están provocando un deterioro del medio ambiente que se manifiesta en el calentamiento global y la extinción de miles de especies dentro de un cuadro poco atrayente de una sociedad con una gran inequidad social que, en casos extremos, causan la degeneración de ciertos grupos humanos por el hambre y la falta de una atención médica sostenida.

La parte más consciente de la misma sociedad que maneja todos estos datos integrados ha llegado hace ya mucho tiempo a la conclusión que la sociedad precisa replantear su organización y su crecimiento bajo nuevas bases que eviten en lo posible las consecuencias más negativas de la propia actividad humana

2. Uno de los principales problemas para encontrar las bases para esta reorganización es el sistema de producción capitalista que está basado en la acumulación de riquezas al margen de los intereses de toda la sociedad y, sobre todo, sin consideración sobre la protección del medio ambiente en el cuál se desenvuelve el hombre. El sistema capitalista si bien permite una dinámica acelerada de utilización de la tecnología para fines productivos, los intereses egoístas en que se sustenta esta producción causan:

o La acumulación de la riqueza en muy pocas manos
o Reinversión basada en los beneficios de una nueva acumulación privada
o El consumismo que conduce a la producción incluso de artículos superfluos para la sociedad
o La depredación de los recursos naturales, la mayor parte de los que son no renovables.
o El mantenimiento de una gran parte de la humanidad en condiciones de pobreza extrema

3. Para lograr la sociedad más equitativa y la conservación del planeta, nuestro hogar, es forzoso el paso hacia una nueva organización de la sociedad. Todo indica que la sociedad estaría madura para tales cambios no sólo por los adelantos tecnológicos y científicos logrados sino porque cada vez se muestra con mayor evidencia la necesidad de llegar a ellos, ante las señales de alerta que se pueden vislumbrar como son los problemas del agua, de recursos energéticos, el calentamiento global y de polución del medio ambiente que pueden hacer intolerable la convivencia humana.

Sin embargo, los intereses egoístas de una minoría pero también las exigencias ciegas de la supervivencia de los desposeídos empujan el carro de la historia hacia el despeñadero en que ya no sólo el hombre sino toda la vida sobre el planeta pueden ingresar a una época de retroceso y degeneración.

De acuerdo con Marx, esta nueva organización de la sociedad debe hacerse suprimiendo la contradicción existente entre la forma social de la producción y la apropiación privada de sus resultados. La superación de esta contradicción se lograría a través de la socialización de los medios de producción.

Sin embargo, la proposición de Marx, a pesar de su riqueza, no aclaró problemas de tanta importancia como la extensión, los ritmos, las formas que deberían abarcar los cambios y los modos de gestión de los instrumentos de producción, problemas cuya solución enfrentó por más de medio siglo a lo mejor de la intelectualidad de ese entonces.

Con relación a la extensión geográfica de los cambios, existieron y existen todavía criterios acerca de la imposibilidad de crear la nueva sociedad si no se produce el triunfo de la revolución a escala planetaria. Y es posible que tales posturas tengan un gran asidero debido a las interconexiones existentes entre las sociedades de distinto grado de desarrollo, especialmente ahora que el fenómeno de la globalización ha penetrado a casi todos los ámbitos del quehacer humano. Pero, más que todo, porque los cambios que exige la construcción de la nueva sociedad se basan en principios diametralmente opuestos a los que rigen actualmente el funcionamiento del sistema capitalista.

Recordemos que en esa época triunfó el criterio de la posibilidad de construcción del socialismo en un solo país y efectivamente, en 1917, se logró tomar el poder en un gran territorio que luego devino en la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Adicionalmente, en las interpretaciones sobre las formas en que la sociedad debería hacerse cargo de la administración de los medios de producción socializados, predominaron aquellas que condujeron a la creación de un estado omnipresente que, en lugar de buscar las formas más eficientes de gestión de estos medios mediante principios de productividad, eficacia, calidad y economía priorizó aspectos formales de esta propiedad descalificando cualquier otro camino diferente a la estatización centralizada y tildándolo como “revisionista”. Todo ello, condujo a la eliminación de cualquier otra alternativa y la imposición de una sola vía que estaba expresada en la empresa estatal que funcionó bajo el principio de cumplimiento de la cantidad de producción sin tomar en cuenta la calidad y sin incentivar el esfuerzo individual y penalizar la irresponsabilidad.

Algo semejante ocurrió con la experiencia yugoeslava de las comunidades productivas que funcionando bajo principios similares no logró garantizar la eficiencia de su gestión.

A tal punto llegó la situación interna en materia de bienes, libertades y desajustes sociales dentro de la mayoría de los países socialistas que se produjeron crisis políticas que terminaron por derrumbar a casi todo el sistema. Sigue enhiesto y con inusitado éxito el socialismo chino, cuyas modificaciones son objeto de un seguimiento cercano de las fuerzas progresistas.

Pero también existe una tercera posición que defiende la posibilidad que la evolución del sistema capitalista, con las consiguientes mejoras y perfeccionamiento de los instrumentos de producción, conduzca a la sociedad a un reacomodo interno que, sin modificar las bases privadas de la propiedad y teniendo como motor el interés individual, pueda transformarse en una sociedad muy cercana a la planificadora, eliminando los puntos más negativos de su funcionamiento.

Como se puede observar, la discusión teórica que involucra las vías, las formas y los ritmos de las transformaciones no son puramente de carácter especulativo ya que su solución acertada puede ahorrarle a la humanidad sacrificios innecesarios.

4. Sin embargo lo más importante es que, a pesar de la falta de claridad teórica sobre los caminos de las transformaciones varios pueblos, aprendiendo de los éxitos y fracasos de las experiencias anteriores, están recurrentemente intentando construir la nueva sociedad aunque sea dentro de los límites geográficos de sus territorios. Tal fenómeno evidencia que la realidad es más rica que toda teoría.

Sigue entonces vigente, por voluntad propia de los pueblos, el postulado de la transferencia de los medios de producción hacia la sociedad, reconociendo que la forma de su transferencia puede seguir los más variados caminos.

Sería ideal que esta transferencia pudiera hacerse por el reconocimiento de esta necesidad por parte de la mayoría de la población del planeta porque de esa manera, los cambios podrían realizarse sin demasiados traumas para la sociedad.

Por ello, la proposición del Presidente Evo Morales acerca del referéndum sobre el cambio climático tiene una transcendencia estratégica que demostrará al mundo que es posible llegar a acuerdos por la vía del consenso, la democracia y el mantenimiento de la paz mundial.

De manera práctica esta proposición obliga a las Naciones Unidas a cumplir con los grandes objetivos para los que fue creada y la catapulta hacia el reconocimiento de un verdadero gobierno mundial, proposición que ha sido ya emitida por importantes personalidades de prestigio internacional.

5. La experiencia de los ex países socialistas ha demostrado que la simple propiedad social de los medios de producción no garantiza su gestión exitosa destinada a la satisfacción de las necesidades de una sociedad. En otras palabras, no es automática la fórmula de “socialización = equidad”. Es forzoso que la sociedad investigue todos los caminos posibles conducentes al éxito económico y a la mejora permanente de los medios de producción.

Recordemos que en la sociedad andina, la tierra como el medio de producción fundamental del que disponía el Estado era adjudicada a los grupos familiares de acuerdo al éxito que tenían en las tareas productivas y que se reflejaban en sus contribuciones al Estado. Adicionalmente, mediante un complejo sistema de normas cuyo principio era la equidad, nadie se quedaba al margen ni del trabajo ni de la posibilidad de sobrevivencia así como tampoco se toleraba la irresponsabilidad social.

Por todo lo indicado, desde este lugar del planeta y basándonos en nuestros conocimientos ancestrales podemos decirle al mundo entero que es posible utilizar el principio del ayllu expresado en la entrega de los medios de producción a varios grupos sociales específicos, y que tomen en sus manos la responsabilidad de la producción destinada a la sociedad.

Actualizando este principio y aplicándolo creativamente a la sociedad actual podemos entonces postular como una solución posible al manejo eficiente de los medios de producción ya socializados el traspaso de su gestión a grupos y conjuntos de especialistas convenientemente agrupados, como son por ejemplo los denominados cuadros gerenciales del actual sistema capitalista que son, en los hechos, los que mueven toda la maquinaria de producción del mundo desarrollado. La responsabilidad entregada debería funcionar con la tarea obligatoria de garantizar no sólo la cantidad de los bienes encomendados, sino su calidad y menor costo de producción, de manera que una parte del ahorro logrado en la unidades específicas de producción sirvan para remunerar extraordinariamente a los responsables de su éxito, combinando de esta manera, la conciencia social con el interés individual.

Los gobiernos individuales podrían entonces planificar su producción de acuerdo a las necesidades de su población, necesidades que deberán irse igualando a escala planetaria por la planificación que debería hacerse a través de las NN.UU. siempre de acuerdo con los grandes lineamientos de obtener una sociedad más ahorrativa en recursos y protectora del medio ambiente.

6. El cambio que precisa la sociedad así como el cuidado del planeta, requieren forzosamente de un nuevo enfoque sobre la libertad de los hombres. La conceptualización de la libertad bajo los moldes ilimitados del individualismo liberal no podrá ser la base de la construcción del nuevo mundo ya que es preciso reconocer la existencia de una jerarquía de derechos que debe iniciarse con el reconocimiento de los derechos de la humanidad y del planeta como prioritarios, seguidos de los derechos de los conjuntos sociales, ambos formando los marcos jerárquicos que expresarán los derechos individuales.

La libertad concebida de manera integral con el reconocimiento jerárquico de derechos del planeta que es el derecho de la humanidad en su conjunto, de los grupos sociales y del individuo, es la que permitirá encontrar una solución racional a la organización de los hombres.

7. En esta misma línea de análisis objetivo de la realidad y sin ocultar ninguno de los problemas del desarrollo humano, es necesario constatar que el hombre se reproduce casi sin límite colocando a todo el sistema ecológico en un gran peligro ya que la satisfacción de sus necesidades grandes o pequeñas, avasallan cualquier frontera incluso la que pone en peligro su propia existencia en el mediano o largo plazo.

Actualmente existen algunas limitantes que el hombre conscientemente va tomando en consideración para su reproducción, pero ellas son todavía insignificantes frente al gran crecimiento poblacional que ocurre casi en todas las partes del planeta.

Al propio tiempo el hombre desaprovecha los conocimientos adquiridos y no los aplica creativamente hacia la mejora del propio ser humano como son los conocimientos sobre la genética. Al contrario se encuentra desarrollando sustitutos mecánicos y electrónicos del hombre que podrían incluso llegar a provocar su reemplazo total.

Los medios administrativos y los métodos estadísticos que están en manos de la ciencia y técnica actuales permiten al hombre hacer predicciones muy acertadas acerca del consumo necesario para todos los niveles de una sociedad con crecimiento regulado. Esto quiere decir que la sociedad debe trabajar sobre la consciencia de los hombres de manera de ampliar la voluntad de autoregular su crecimiento que es una forma democrática de toma de las grandes decisiones humanas.

Si la intelectualidad progresista y el propio hombre de la calle en todos los países del planeta no se dan cuenta del callejón sin salida en que está metido el presente desarrollo, los grupos de élite que poseen todos los medios de la ciencia y la tecnología más actualizados siempre podrían encontrar soluciones incluso aquellas muy perversas que signifiquen la eliminación parcial de la población del resto del mundo que no tiene ese nivel de conocimiento y ese manejo de la tecnología. Y aquí, lamentablemente hay que reconocer que los habitantes comunes de los países desarrollados apoyan conscientemente a sus clases dirigentes por recibir actualmente una parte de los beneficios del desarrollo diferencial de las sociedades nacionales en que se encuentran y por una desconfianza acerca de la posibilidad de que otro mundo es posible.

8. Las fuerzas impulsoras del cambio

En el análisis de Marx, se consideraba que era el proletariado, la fuerza destinada a producir los cambios, análisis que radicaba sobre la base de la postura de los distintos grupos sociales frente a la posesión de los medios de producción. En este análisis se consideraba que los proletarios al no tener medios de producción en propiedad eran los únicos objetivamente interesados en el cambio de sistema porque a decir de Marx “no tenían nada que perder”

Sin embargo, esta afirmación que es en gran parte correcta, prioriza la ausencia de propiedad como el único motor de los cambios. Sin embargo, como lo demuestran sus propios análisis, juega también un papel determinante la conciencia social, es decir componentes de la subjetividad que son muy propios del hombre.

Por lo señalado, no son únicamente los carentes de medios de producción en propiedad, lo únicos impulsores del cambio. Cada vez más entra en juego la comprensión del funcionamiento de la sociedad y su negro futuro que obliga incluso a poseedores actuales de los medios de producción a cuestionarse sobre el destino conjunto del hombre.

Los postulados de que las necesidades de los conjuntos sociales o de los denominados movimientos sociales producirán los cambios necesarios en la organización de la sociedad son verdaderos sólo hasta cierto punto. En efecto, los movimientos sociales tienen conciencia de sus necesidades sobre todo para el inmediato futuro y no así en el largo plazo. Por ello, la sociedad precisa de sus organizaciones políticas y, sobre todo, de la participación activa de su intelectualidad para que, junto a las primeras, planifiquen el desarrollo con miras al largo futuro.

Consiguientemente, los trabajadores, los grupos poblacionales disminuidos en sus derechos, las organizaciones sociales, pero también todo grupo social en posesión de herramientas de análisis se transforman en las fuerzas impulsoras del cambio, de manera que es posible afirmar con certeza que las fuerzas que impulsan las transformaciones conducente a la creación de la nueva sociedad se han multiplicado y seguirán creciendo para conseguir la organización más apropiada que salve al planeta, al hombre y a la vida con un desarrollo sostenible y planificado.

por Carlos Barragán Vargas

fuente: http://www.cumbrescambioclimatico.org

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