Enseñar la Historia de Cuba desde otra mirada

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Para acercarnos al aprendizaje desarrollador en el terreno de la educación es imprescindible un cambio educativo. Pero, ¿qué se entiende por cambio educativo?, pues bien es un proceso de transformación gradual e intencional de las concepciones, actitud y prácticas de la comunidad educativa escolar, dirigido a promover una educación desarrolladora, en correspondencia con el encargo social a la escuela y las condiciones histórico– concretas.

En la actualidad, la escuela cubana aspira básicamente a lograr el desarrollo integral de la personalidad en los estudiantes del nivel medio para que sean sujetos activos en la construcción de sus propios conocimientos, que se manifesta en la enseñaza los tres aspectos básicos que sustentan el aprendizaje desarrollador: estimular el desarrollo integral de la personalidad, potenciar el tránsito progresivo hacia la autonomía y promover la capacidad para realizar aprendizajes durante toda la vida.

Sobre este particular la Historia de Cuba es prioridad en nuestro país por su importancia en la formación humanista y de relaciones de significación que ofrece grandes posibilidades tanto al estudiante como al profesor ya que implica indagar en el conocimiento histórico en general, acercándose a su entorno para trabajar la historia local. Para ello, los profesores generales integrales deben profundizar en su preparación en el conocimiento histórico y la metodología que son los responsables de la enseñanza tanto individual como colectiva.

En nuestra práctica cotidiana la realización de clases desarrolladoras y la aplicación de los postulados del aprendizaje desarrollador contribuyen al desarrollo del pensamiento histórico de los estudiantes, que posibilita perfeccionar la calidad de la enseñanza de la historia patria y local.

Además permite la aproximación de los estudiantes a la investigación, es decir, a la búsqueda activa, a desarrollar la relación afectiva a partir de lo más cercano a ellos produciéndose la vinculación de la teoría con la práctica a la vez que permite mostrar al estudiante como los hechos o fenómenos se materializan, se objetivan e influyen en su propia vida.

El proceso de enseñanza-aprendizaje responde a la política educacional de cada país y a su sistema imperante. En un mundo globalizado bajo el signo neoliberal, en la sociedad capitalista se privatiza la enseñanza y se promueve una concepción elitista y excluyente de la educación. A diferencia, en la sociedad socialista se aspira, básicamente, a lograr el desarrollo integral de la personalidad a partir de una educación sustentada en valores. Por tanto se precisa preparar a los alumnos para enfrentar y resolver los problemas del aprendizaje; entre ellos: cómo realizar preguntas inteligentes, elaborar por sí solos las tareas docentes que propicien el logro de los objetivos propuestos, bajo la dirección del profesor y en un clima interactivo, reflexivo y dialógico.

Es necesario que los adolescentes se sientan parte integrante del proceso y no sólo sujetos al los que se les transmiten juicios, como una especie de “reservorios” para guardar conocimientos de manera mecánica; todo lo contrario, es necesario estimular su propia capacidad pensante a partir de un diagnóstico fino, con un tratamiento diferenciado, utilizando medios de enseñanza novedosos como las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.

En este sentido en el Congreso Internacional Pedagogía 2001 se expresó que el aprendizaje escolar, en el continente latinoamericano, presenta problemas, signos alarmantes. Uno de esos problemas es que no se propicia que los estudiantes adquieran una cultura y una posición científica ante el mundo que garantice la responsabilidad frente a la problemática global que afecta a la humanidad, así como el desarrollo de habilidades para la búsqueda de conocimientos y el empleo de la información científico-técnica.

En la actualidad, la escuela cubana da pasos firmes en la implementación de transformaciones en las diferentes enseñanzas a partir del contexto histórico cubano, consolidando un modelo para la Secundaria Básica en el que se observa a través del intercambio y la atención de los docentes y los estudiantes, que existen deficiencias en el proceso de enseñanza-aprendizaje de los contenidos de la historia nacional y local en secundaria básica, dentro de los cuales se destacan: aprendizaje memorístico, fragmentado, atemporal con insuficiente valoración de personalidades históricas, desconocimiento de hechos históricos que resultan necesarios para el dominio y comprensión de nuestra historia patria, no se vinculan los conocimientos precedentes con los de la clase, no se aprovechan las potencialidades educativas de todos los temas y no se desarrollan motivaciones intrínsecas para el estudio.

Todo esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Los profesores de Secundaria Básica estaremos cumpliendo con estos propósitos?
Reflexionar teórica y metodológicamente sobre el aprendizaje desarrollador desde la enseñanza de la historia nacional y local en secundaria básica es, a la vez que una necesidad, un desafío al que podemos vencer.

La escuela está llamada a estimular el intelecto y formar valores, a crear capacidades y habilidades para que los estudiantes estén actualizados y comprometidos con la sociedad y su transformación creadora, a formar adolescentes más sensibles, capaces de comunicarse adecuadamente, motivados por el estudio, que sientan la necesidad de aprender las nuevas situaciones que se les presenten.

La implementación de una educación desarrolladora es, por tanto una necesidad actual. El aprendizaje desarrollador es el que garantiza en el individuo la apropiación activa y creadora de la cultura, propiciando el desarrollo de su autoperfeccionamiento constante, de su autonomía y autodeterminación, en íntima conexión con los necesarios procesos y la responsabilidad social.

Ahora bien ¿en qué se sustenta el aprendizaje desarrollador? Se trata de estimular el desarrollo integral de la personalidad, potenciar el tránsito progresivo hacia la autonomía y la independencia y promover la capacidad para realizar aprendizajes durante toda la vida.

El proceso de enseñanza-aprendizaje precisa de una renovación que le enriquezca en su concepción y en alternativas que estimulen el desarrollo intelectual y los procesos de valoración del estudiante y ofrezcan, en general, una mayor atención a su educación.

Existen diversas dimensiones que deben tenerse en cuenta para potenciar un aprendizaje desarrollador. Entre ellas podemos mencionar la activación-regulación, la significatividad y la motivación.

Veamos de qué parten cada una de ellas. La activación-regulación tiene como objetivo designar la naturaleza activa, consciente e intencional de los procesos y mecanismos intelectuales en los que se sustenta y de los resultados que produce.

Con este propósito se pretende propiciar una actividad intelectual productiva y creadora ya que esta constituye el componente cognitivo del aprendizaje activo, a partir del sistema de conocimientos, hábitos, habilidades, procedimientos y estrategias de carácter general y específico que deben desarrollarse en cada nivel y edad. La actividad cognoscitiva se encuentra en la base de este sistema y se expresa mediante los procesos, funciones y operaciones del sistema cognitivo humano que incluye la percepción, la memoria, el pensamiento, el lenguaje y la imaginación. En ella se puede distinguir el aspecto procesal referido a las particularidades de los procesos y propiedades intelectuales, y a la calidad de los mismos. Indicadores importantes de este aspecto son: su independencia, profundidad, racionalidad, flexibilidad, originalidad, fluidez y economía al desplegarse en la solución de problemas y tareas.

Una subdimensión importante dentro del proceso de activación-regulación es la metacognición, que constituye el componente del aprendizaje activo e interviene en la actividad intelectual y de los procesos de aprendizaje, ya que garantiza su expresión como actividad consciente y regulada en mayor o menor medida, de acuerdo a su grado de desarrollo.

Dentro de esta subdimensión debe distinguirse la reflexión metacognitiva que incluye el desarrollo de la capacidad para ser objeto de análisis y tomar conciencia de los propios procesos y desarrollar metaconocimientos, o conocimientos acerca de los mismos, y de la necesidad de realizar esfuerzos o desplegar una estrategia para solucionar determinada tarea. El estudiante debe aprender a reflexionar sobre cómo pensó para llegar a una respuesta, para resolver un problema. Implica, además, el desarrollo de habilidades y estrategias para controlar el proceso de aprendizaje y la solución de tareas. Todo ello conlleva la planificación, el control y la utilización de la retroalimentación así como la evaluación y conexión pertinente de las actividades que se realizan y el propio proceso de aprendizaje.

Otra dimensión del aprendizaje desarrollador es la significatividad que engloba la necesaria integración de los aspectos cognitivos, afectivos y valorativos y el impacto que este tienen en la personalidad de los educandos.

La tercera dimensión es la motivación para aprender que tiene como objetivo las particularidades de los procesos que estimulan, sostienen y dan una dirección al aprendizaje que llevan a cabo los estudiantes y condicionarán su expresión como actividad permanente de autoperfeccionamiento y autoeducación. En esta dimensión encontramos motivaciones intrínsecas y extrínsecas.

Las motivaciones predominantes intrínsecas hacia el aprendizaje se sustentan en la implicación e interés personal por el propio contenido de la actividad que se realiza y en la satisfacción y los sentimientos de realización personal que el sujeto experimentó al llevarla a cabo. Constituye la fuente de la que surge de manera constante los nuevos motivos para aprender y la necesidad de realizar aprendizajes permanentes a lo largo de la vida.

En la enseñanza de la Historia de Cuba se aspira a trabajar a partir de un modelo donde no se vea la materia como la simple reconstrucción del pasado, sino en estrecha relación con el presente y relacionando los elementos más generales con los particulares, de manera que formen parte de la vida de los estudiantes y los acerque a lo más bello de su historia patria que es rica en ejemplos de acontecimientos históricos y de cubanos y cubanas que han defendido a cualquier precio su dignidad tanto en el plano nacional como a nivel local; que propicie la responsabilidad, el compromiso social mediante acciones para ser sujetos independientes y protagonistas de manera creadora de la cultura historico–social de la nación.

A juicio del profesor Horacio Díaz Pendas, la enseñanza de la Historia de Cuba vinculada a la historia local ayuda al docente a formar en el estudiante sentimientos de pertenencia y de amor a su patria, garantizando así la continuidad del proceso revolucionario cubano. De ahí que se le atribuya una vital importancia a la vinculación de estos dos aspectos del trabajo con el programa de Historia de Cuba de 9no grado aunque, las posibilidades de acceder a este conocimiento no son privativas de los estudiantes de este grado.

Como hemos venido reflexionando hasta aquí, todo aprendizaje debe dejar una huella en el estudiante de manera tal que perdure lo aprendido. El sistema de autovaloraciones y expectativas con respecto al aprendizaje incluye el logro o fracaso respecto a esta actividad, en la medida en que el individuo toma conciencia de la necesidad que tiene de aprender, de los pasos que da para ello y de la forma que regula y autovalora ese proceso. En esa medida serán más certeras las metas que se trace para alcanzar mayores éxitos en su vida.

Para la concepción humanista, el sujeto ocupa el primer plano dentro del fenómeno educativo y del proceso pedagógico en general. Es imprescindible, entonces, que el profesor que trabaje el programa de Historia de Cuba en 9no grado tenga conocimiento de las particularidades de la localidad donde residen y estudian sus estudiantes en estrecha relación con la historia nacional.

De modo que cada vez más se necesita un sujeto (en este caso los propios estudiantes) más activo capaz de enfrentar la problemática global mundial, la nacional y también la local a partir de potenciar capacidades y habilidades para que interprete por su propia cabeza las realidades de su entorno, que son cada vez, más complejas y urgentes.

Todo lo anterior nos lleva a la siguiente interrogante: ¿Estaremos aplicando en nuestra práctica cotidiana como docentes en las aulas de Secundaria Básica el aprendizaje desarrollador en tanto “proceso de apropiación activa y creadora de la cultura, que propicia el desarrollo del autoperfeccionamiento constante de la persona, de su autonomía y autodeterminación en íntima conexión con los necesarios procesos de socialización, compromiso y responsabilidad social”, tal y como lo define la doctora Doris Castellanos?

Nos encontramos, pues, ante uno de los mayores desafíos para la enseñanza de la Historia de Cuba en el nivel medio.

  • Las autoras son Licenciadas en Historia de Cuba y profesoras de Secundaria Básica en la ESBU Argelia de Cuba, de La Lisa. Actualmente cursan la Maestría Didáctica de las Humanidades en el Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”.

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