Estados Unidos, denuncias de guerra

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Prototipo de un periodismo ciudadano que le está ganando la partida a los propios medios de comunicación tradicionales [ninguna herramienta podría publicar simultáneamente en sus planas esos 400 mil archivos de un jalón; acaso generalidades], las evidencias contundentes de ahora se acumulan de por sí al descrédito ganado a pulso por el imperio estadounidense desde que se instituyó como nación, gracias al alcance y difusión vía la herramienta libre de Internet. Es decir, porque los contenidos son irrefutables, procedentes de los mismísimos reportes cotidianos de los militares de alto rango del Pentágono.

Y luego los voceros, dirigentes y gobernantes estadounidenses se preguntan ¿por qué nos odian tanto [por cierto que no se trata de la mala reputación hacia o para los ciudadanos en general]? Simplemente porque se lo han ganado a pulso, y no en el marco de un solo país sino en el mundo entero, porque salvo unos cuantos socios, en la mayor parte de sociedades son vistos como “enemigos”. Sus tantas arbitrariedades. En lugar de practicar la solidaridad, la coadyuvancia, la fraternidad o la libertad como precepto de convivencia; o la no injerencia en los asuntos internos, la autodeterminación y el respeto a los demás como principios mínimos para un orden internacional de respeto y armonía. En lugar de eso es la guerra.

Porque todo aquel, gobierno, país o pueblo que posee algún bien explotable se convierte en enemigo; entra en la mira del imperio. Eso sí. No le gusta ser descubierto en sus excesos, desenmascarado. Las autoridades se indignan porque otros los exhiben, así sean personas, pueblos enteros o aquellos países que no se someten a sus designios imperiales.

Es el caso ahora. Por varias razones. Denuncia de las atrocidades cometidas por un país que hace gala de su poderío militar; cuestionamiento de esas mismas acciones, sus secuelas, su crueldad, la sangre inocente derramada; la desnudez de sus acciones con el fin de apoderarse de los mantos petroleros de Irak.

El reporte ciudadano de Wikileaks publicado el viernes anterior describe tamaña crueldad. Las secuelas de muerte están a la vista ahora gracias a la denuncia pública. ¿Cómo y por qué un gobierno se cree con derecho de arrasar a todo un pueblo? Como sucedió con Vietnam, y tantos pueblos más arrasados. Como pasó en Afganistán también. ¿Romper sus instituciones, apropiarse de sus recursos naturales y matar a su gente, mucha de ella civiles inocentes? ¿Con qué derecho o autoridad? Nada más que por el uso de la fuerza. Por el ejercicio imperial y el atropello. La violación del respeto por la vida. No lo conoce.

Brutalidad al desnudo. Decisiones desde arriba. Del presidente imperial para abajo. George W. Bush hacia otros funcionarios menores [los llamados halcones] y alcanzar a los generales del Pentágono. A los operadores y estrategas responsables de las guerras modernas en Afganistán y hoy en Irak. Los 400 mil documentos revelados por Wikileaks, “muestran que el conflicto causó 285 mil víctimas, entre ellas al menos 109 mil muertos”, entre marzo de 2003 y finales de 2009. Un 65 por ciento de los muertos eran civiles, equivalente a 66.081 personas.

¿Bajo qué justificación, cuando los propios atentados terroristas son cuestionados, porque no falta quien señala que el evento criminal de las Torres Gemelas en Nueva York, aquél fatídico 11 de septiembre de 2001, fue orquestado por los propios Estados Unidos; es decir que fue un autoatentado? ¿En dónde quedaron las “armas de destrucción masiva” que fue el justificante para invadir el territorio iraquí? ¿Por qué el juicio contra Sadam Hussein y el posterior asesinato —luego de una captura aparatosamente divulgada por los medios televisivos gringos—, cuando nunca se le comprobó el presunto apoyo a los terroristas talibanes de Al Qaeda?

El Pentágono renegó tan pronto se enteró de la preparación para su publicación de los 400 mil archivos de informes sobre la guerra en Irak. “El Pentágono quería destruir totalmente esta información a fin de privar de ella a la población, a fin que las víctima sean privadas de justicia. Esta amenaza de atacar en justicia (a Wikilaeks) en virtud de la ley sobre el espionaje ha sido proferida contra la prensa del mundo entero. Nosotros —dijo Assange— no toleramos ese tipo de violencia de la libertad de prensa”.

El jede del Estado Mayor conjunto de EU, el almirante Mike Mullen, escribió en su cuenta de Twitter que la acción de Wikileaks había sido irresponsable. El coronel vocero de Pentágono, Dave Lapan, habría justificado, que los militares habían enviado a las autoridades iraquíes los informes de abusos en el momento en que ocurrieron [sic]. Pero el informe a los traidores de su pueblo no justifica para la historia. Mucho menos para un pueblo víctima como el iraquí.

Por eso incomodó a las propias autoridades de ahora en Irak, puestas porque fungen como títeres del mismísimo EU. Por ello dijo el primer ministro de ese país, Nouri al-Maliki, dijo que constituía una injerencia política para su país. Y acusó al portal que publicó el informe [quien aparte posee en los cajones 15 mil informes más sobre la guerra en Afganistán, reservados por su contenido “delicado”] de intentar sabotear su intento de formar un nuevo gobierno al avivar la ira “contra los partidos nacionales y los dirigentes, especialmente contra el primer ministro”.

¿Para qué son las verdades entonces? ¿Por qué la reacción si se trata de la denuncia del imperio invasor de su país y de la culpabilidad por los miles de asesinatos civiles? ¿Qué clase de gobierno es ese? ¿Por qué servir al imperio? Pero la difusión ampliada aporta elementos y pruebas para elaborar el juicio y repudio generalizado. Faltan los datos sobre la tortura, que no son despreciables. Guantánamo es apenas un botón de muestra.

Los gobernantes gringos podrán justificar que la guerra es la guerra. Pero la guerra difícilmente se justifica. Ahora se pide al gobierno de EU que investigue. No lo hará. Tampoco las Naciones Unidas. Es el repudio global antiimperial quien se encargará de condenar los abusos. EU, que ha construido un imperio cuya cumbre piramidal ocupa, le debe una explicación al mundo. Pero tampoco la dará.

por: Salvador González Briceño

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